La receta del Estatuto catalán (II)
Opinión
Para una de esas noches de insomnio que muchos sufrimos aconsejo prescindir de cualquier ayuda médica, si como oyen, existe un remedio más rápido y eficaz que acudir a nuestro doctor o al farmacéutico. Yo les aconsejo una lectura relajada del Estatuto Catalán de Autonomía que, a partir de hoy, entra en trámite en la cámara de Madrid.
Este nuevo best seller desbanca completamente al tradicional B.O.E como libro de cabecera para las horas en las que el sueño se nos para. El motivo, se estarán preguntando ustedes, es que además de ser aburrido y difícil de entender en su esencia, como todo texto jurídico, tiene un punto divertido y lúdico. Divertido porque parece un manuscrito de caciques que empiezan pensando en los derechos del ciudadano y acaban el párrafo recortando las libertades. Por ejemplo, en el artículo 45, apartado 5, se afirma que la Generalidad debe favorecer el desarrollo de la competencia, la actividad productiva y emprendedora de las PYMES. Lo cual choca bastante con la planificación impositiva que sufrirían las empresas y los productos, para lograr una financiación del Estado Catalán.
Lo de lúdico lo digo porque, si la noche es larga, uno puede jugar a buscar las contracciones que hay en el texto, por ejemplo; el Estatuto declara a Cataluña como una nación independiente, bueno yo creía que era independiente para todo pero en el artículo 184, apartado 2, el texto íntegro dice: “El Gobierno del Estado (aquí se refiere a España) debe incorporar representantes de la Generalidad en las delegaciones españolas que participen en los procesos de revisión y negociación de los tratados […]”. Si tanta independencia se reclama, no tiene sentido este artículo que deja al Estado en posición de perrito faldero. Esta es una contradicción de las muchas que hay, pero sin duda la parte más enredada está entorno al uso del lenguaje. El Estatuto declara como lengua oficial el catalán, aunque también admite el castellano y el aranés, hasta aquí todo bien. Además los ciudadanos tiene derecho a trabajar en aquello que deseen, esto también es perfecto; el problema lo tenemos cuando trabajo e idioma entran en conflicto. Así leemos en el artículo 33, apartado 3, que solo podrán ser funcionarios aquellos que acrediten hablar catalán; algo bastante absurdo, qué pasará si un andaluz quiere irse a Cataluña a vivir y hacerse funcionario. Master en lengua catalana; ahora entiendo lo de favorecer al pequeño empresario.
Después de terminar las 111, de ejercicio lingüístico al lograr mencionar la palabra España sólo en dos ocasiones, a uno se le frunce el ceño. Uno comienza a preocuparse sobre lo que la clase política catalana pretende hacer.
Nicolas Maquiavelo es un aficionado comparado con nuestros políticos, y su libro El Príncipe una glosa frente al Estatuto. El taco de hojas, que sigue encima de mi mesa, no es sino un texto que presenta las directrices, maquilladas de nacionalismo, para ahogar a un territorio rico en recursos y cultura. Porque si esos artículos son la expresión del “amor” nacionalista, casi prefiero ser centralista. Al final de la lectura a uno se le pone mal cuerpo, empieza a desvariar como si tuvieras fiebres por malaria, y decide ir a esconderte de bajo de la sábana hasta que caer dormido. Acabas soñando con que la nueva crisis en el gobierno del tripartito catalán sea la manifestación de que existe una ruptura entre la clase política y el pueblo catalán. Pero cuidado con los sueños, que si se dicen no se cumplen. Un último consejo, aténgase de realizar este ejercicio nocturno toda aquella persona sensible, de derechas, con problemas cardiacos, con sentido común, fácilmente irritable o miembros de la R.A.E que escribieron la definición de nación.
Aviso
* Cualquier comentario o aportación entorno a este tema será bien recibido pero si tienes dudas o no dispones de una idea clara en torno al Estatuto, te recomiendo que te leas el artículo inferior donde se explica en que consiste este texto. De igual modo, si la información no te parece objetiva, dispones de varios links a los que puedes acudir para leer sobre el Estatuto. Una opinión formada vale y gratifica más a la hora del debate.
Para una de esas noches de insomnio que muchos sufrimos aconsejo prescindir de cualquier ayuda médica, si como oyen, existe un remedio más rápido y eficaz que acudir a nuestro doctor o al farmacéutico. Yo les aconsejo una lectura relajada del Estatuto Catalán de Autonomía que, a partir de hoy, entra en trámite en la cámara de Madrid.
Este nuevo best seller desbanca completamente al tradicional B.O.E como libro de cabecera para las horas en las que el sueño se nos para. El motivo, se estarán preguntando ustedes, es que además de ser aburrido y difícil de entender en su esencia, como todo texto jurídico, tiene un punto divertido y lúdico. Divertido porque parece un manuscrito de caciques que empiezan pensando en los derechos del ciudadano y acaban el párrafo recortando las libertades. Por ejemplo, en el artículo 45, apartado 5, se afirma que la Generalidad debe favorecer el desarrollo de la competencia, la actividad productiva y emprendedora de las PYMES. Lo cual choca bastante con la planificación impositiva que sufrirían las empresas y los productos, para lograr una financiación del Estado Catalán.
Lo de lúdico lo digo porque, si la noche es larga, uno puede jugar a buscar las contracciones que hay en el texto, por ejemplo; el Estatuto declara a Cataluña como una nación independiente, bueno yo creía que era independiente para todo pero en el artículo 184, apartado 2, el texto íntegro dice: “El Gobierno del Estado (aquí se refiere a España) debe incorporar representantes de la Generalidad en las delegaciones españolas que participen en los procesos de revisión y negociación de los tratados […]”. Si tanta independencia se reclama, no tiene sentido este artículo que deja al Estado en posición de perrito faldero. Esta es una contradicción de las muchas que hay, pero sin duda la parte más enredada está entorno al uso del lenguaje. El Estatuto declara como lengua oficial el catalán, aunque también admite el castellano y el aranés, hasta aquí todo bien. Además los ciudadanos tiene derecho a trabajar en aquello que deseen, esto también es perfecto; el problema lo tenemos cuando trabajo e idioma entran en conflicto. Así leemos en el artículo 33, apartado 3, que solo podrán ser funcionarios aquellos que acrediten hablar catalán; algo bastante absurdo, qué pasará si un andaluz quiere irse a Cataluña a vivir y hacerse funcionario. Master en lengua catalana; ahora entiendo lo de favorecer al pequeño empresario.
Después de terminar las 111, de ejercicio lingüístico al lograr mencionar la palabra España sólo en dos ocasiones, a uno se le frunce el ceño. Uno comienza a preocuparse sobre lo que la clase política catalana pretende hacer.
Nicolas Maquiavelo es un aficionado comparado con nuestros políticos, y su libro El Príncipe una glosa frente al Estatuto. El taco de hojas, que sigue encima de mi mesa, no es sino un texto que presenta las directrices, maquilladas de nacionalismo, para ahogar a un territorio rico en recursos y cultura. Porque si esos artículos son la expresión del “amor” nacionalista, casi prefiero ser centralista. Al final de la lectura a uno se le pone mal cuerpo, empieza a desvariar como si tuvieras fiebres por malaria, y decide ir a esconderte de bajo de la sábana hasta que caer dormido. Acabas soñando con que la nueva crisis en el gobierno del tripartito catalán sea la manifestación de que existe una ruptura entre la clase política y el pueblo catalán. Pero cuidado con los sueños, que si se dicen no se cumplen. Un último consejo, aténgase de realizar este ejercicio nocturno toda aquella persona sensible, de derechas, con problemas cardiacos, con sentido común, fácilmente irritable o miembros de la R.A.E que escribieron la definición de nación.
Aviso
* Cualquier comentario o aportación entorno a este tema será bien recibido pero si tienes dudas o no dispones de una idea clara en torno al Estatuto, te recomiendo que te leas el artículo inferior donde se explica en que consiste este texto. De igual modo, si la información no te parece objetiva, dispones de varios links a los que puedes acudir para leer sobre el Estatuto. Una opinión formada vale y gratifica más a la hora del debate.
Comentario:
Que un funcionario en Cataluña tenga que saber catalán es un problema de confrontación de derechos. Porque un catalán que quiera ir a cualquier institución pública tiene derecho a hablar en catalán y a que el funcionario correspondiente lo entienda. Y me parece lógico. Ejemplo: si un ciudadano tiene un juicio por cualquier asunto, tiene derecho a que, al dirigirse al juez, este le entienda en catalán, así también como pasaría en el caso contrario. Porque del caso contrario, estarías recortando los derechos fundamenales lingüísticos.
Lo que pasa es que muchas veces el egoísmo nos puede, y no nos acordamos que nuestros derechos y libertades terminan cuando empizan los de los demás.
Lo que pasa es que muchas veces el egoísmo nos puede, y no nos acordamos que nuestros derechos y libertades terminan cuando empizan los de los demás.





