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Helios
Un espacio para la información y la reflexión de la actualidad.
Acerca de
Mi nombre es Beatriz Zúñiga, soy natural de Madrid y de la generación del 85. Estudio periodismo y justamente por esta vocación no puedo cerrar los ojos ante lo que ocurre en nuestra sociedad. Este es mi espacio donde caben todas las informaciones y todas las opiniones.
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DÍAS DE TREGUA

El anuncio del alto al fuego de modo permanente de ETA no deja de ser una buena noticia sin embargo me reservo mis dudas sobre la sinceridad de su anuncio, su conveniencia y su moralidad.
Roza lo sensato esperar que cualquier gobierno tenga contacto con los grupos terroristas siempre con miras de hacer caer sobre ellos el estado de derecho. Y es que esto último, el estado de derecho ha de ser la piedra angular que no podemos perder de vista en el aspecto político para analizar lo que hoy estamos viviendo.
Realmente creo que no hay mucho que negociar. La libertad y el respeto a la vida de los españoles, en especial a la sociedad del país vasco que sufren de primera mano este drama, no deben ser negociables. Qué todas aquellas personas que hayan participado en atentados, extorsiones, asesinatos y colaboración con banda armada, deban someterse a juicio y pagar como estipule la ley, tampoco es negociable.

Las llamadas “represalias políticas” no son tales, simplemente es hacer cumplir el estado de derecho. Es justamente el estado de derecho lo que garantiza que todos los españoles somos iguales, que tenemos los mismo derechos y deberes.
Al fin y al cabo, los terroristas son simples asesinos, extorsionadores y vándalos. Todo esto me lleva a pensar que, desde hace ya tiempo, ETA lleva preparando a la opinión pública para que creamos que debe existir un proceso de paz, una negociación, una mesa de conversaciones…. Creo firmemente que nos han asaltado con su lenguaje para crearnos una realidad semejante a la que se estudia en las ikastolas (en su sentido negativo).

Habrá que darle tiempo a todo esto pero desde luego hay una serie de principios básicos, inamovibles, que no podemos olvidar:
1.Los asesinos han de ir a la cárcel
2.El respeto a la vida no se negocia
3.El IRA no es la ETA, ni nacen bajo las mismas circunstancias
4.Zapatero se salva electoralmente con esto
5.Surge la oportunidad para que gobierno y oposición vuelvan a trabajar unidos
6.Los que están amenazados respiran con un poco más de libertad
7.Esta tregua no resucita a las personas que ha matado la ETA, más de 800 ya
8.¿Existe una causa real, social, que sostenga a ETA?

Estoy segura que el debate en los blogs será interesante y enriquecedor. Ante todo, felicidades para los que hoy pueden respirar con un poco más de libertad.


 
La corte de los Neocons
Tres años de guerra en Irak

A George Bush se la acumulan los problemas. Tras su caída ocho puntos en popularidad según las encuestas de la CBS, de un 42% en el mes de febrero de este año a un 32% en el mes de marzo del mismo, el respaldo de la sociedad americana a la política de su presidente sigue en descenso. La guerra de Irak, la marcha de la economía norteamericana, la incompetencia de la administración ante el Katrina o su papel en la reforma de la ONU, son algunos de los lastres que ha estado arrastrando y que ha querido distraer con un viaje a Afganistán para recordar a todos, en tono patriótico, por qué están allí: exportar la democracia como garantía de seguridad y estabilidad. Sin embargo, con su política exterior Bush se ha convertido en el ser más odiado allí donde quiso enseñar las claves de la libertad civil. Con una gran galería de caricaturas en los periódicos de todo el mundo, la política de la “guerra preventiva y el cambio de régimen”, como apunta Toms Burns en su artículo de Expansión (6/03/06), no se entiende.

La palabra clave de la Casa Blanca es neoconservador o neocons que es el principio político que rige en su mandato y en sus asesores (Cheney, Wolfowitz, Rumsfeld o Condoleezza Rice). Y cosas de la vida que ahora la corte de los Neocons se queda sin su Merlín particular. Francis Fukoyama, considerado fundador del pensamiento neoconservador, critica en su próximo libro After the Neocons: America at the Crossroads (Después del Neocons: América en una encrucijada) la gestión de la administración Bush. Así pues, el que fuera cabeza ideológica quiere advertir que el presidente americano se ha vuelto más papista que el Papa, entiéndanme bien la expresión. El banderín rojo marca el paso de una política neoconservadora realista, basada en el miedo a otro ataque contra EE.UU, a una política idealista en que George Bush cree ser el estandarte de la democracia y la libertad a imponer en los países que desestabilizan o son potencialmente peligrosos para el mundo.


El dominó de los EE.UU
En el caso concreto de Afganistán, a mi juicio, se creyó que si se lograba democratizarla el resto de los países caerían en democracia por efecto dominó. El siguiente paso sería Irak simplemente por cerrar una Guerra del Golfo incompleta, pero no sé contó con que al tirar de la manta de Sadam la opinión pública se encontraría con una guerra civil silenciosa. Así que partiendo de con la misma idea que Julio Cesar, “llegué, luché y vencí”, Bush llega, lucha y, a falta de un vender, opta por un discurso firme que es carta segura para ganar la guerra psicológica a los fanáticos primero. Eso de los discursos afables y populistas son más de un talante propio de Rodríguez Zapatero o de Gallardón.

La incertidumbre de cómo acabaran las cosas se escapa a mi visión y formación, pero antes de saber si estallará una guerra civil en Irak o si se precipitará la salida de Estado Unidos del país, creo que es necesario resolver una duda básica sobre los actores de esta contienda. Entendiendo que cada uno estará defendiendo su trinchera, ¿quién será más papista los neocons o los terroristas fundamentalistas islámicos? Hay una cosa clara hasta el momento, igual de peligroso es un idealista de cinturón occidental que un fundamentalista de explosivo cinturón. Los principios de un dogma llevamos a extremos se deforman y resultan incoherentes a la vista pero no podemos ignorar, en occidente y oriente, lo que se hace en nombre de la democracia, la libertad o la religión.