Cosas DE SUECOS,...Y DE SUECAS, CLARO. Capítulo V. Como diría Celia Cruz...
Nota inicial:
Lo primero es lo primero, y remitiéndome a mi post anterior, anuncio públicamente que el apartamento que encontramos es nuestro. He de decir también que, y remitiéndome más a mi pasado, que lamentablemente será así por un periodo de seis meses. No más. Cosas de los alquileres en Ikealandia. Y todo porque nuestra futura casera ha decidido pegarse los próximos seis meses viajando por el mundo, así que le ha colgado las dos hijas que tiene y el perro al padre de éstas (de las hijas, no del perro), y se larga. Y algún día deberé tocar con más este tema, sí. Pero en cualquier caso merecerá la pena, porque ayer respiré el mar desde la puerta de mi nueva casa (ayer fuimos a firmar, lo ocuparemos el 1 de junio) y, aparte de disfrutar de lo más obvio que se pueda hacer en una playa sueca, ayer nos contó nuestra casera que es la época de subida de los salmones desde el mar para desovar, y que podemos ir a pescar salmones salvajes en nuestra playa. Y yo, que lo más que he pescado en la playa no pasa de una mojarrita, pensar en atrapar un bicho para llevármelo a la boca de carnes suaves y rosadas me parece de lo más excitante... sea salmón... u otra cosa.
Fin de la nota inicial.
Salir de tu país para ir a conocer otro cualquiera de una manera pasajera, de esa forma que utilizamos para rellenar los álbumes de cromos de nuestras vidas; aquí estoy frente a la Torre Eiffel, aquí junto a la Estatua de la Libertad, aquí en el Barrio Rojo de Amsterdam, y juras y perjuras a tu novia por lo que más quiere que esa chica tan poca vestida que sale en la foto no tiene nada que ver conmigo..., esa manera de viajar que nos acerca a realidades de pantallas de televisor y de papel de fotos, aquella que sirve para darnos cuenta de que el mundo no tiene más que la extensión que puedas permitirte con tu bolsillo la considero totalmente imprescindible para curarse de algunos males que provoca el estancamiento de las cuatro calles, los siete tenderos, y los quince compañeros de trabajo con que los de una manera monótona recorremos nuestras vidas en su día a día. Lamentablemente, todo lo que hagamos durante una semana de contemplar monumentos, formas de calles, ruidos y olores de países distintos nos enseña muy someramente todo lo que aquella cultura distinta esconde. Es como tratar de describir a una persona, su forma de ser, sus cualidades y sus defectos simplemente describiendo los dos zapatos, el pantalón y la chaqueta que lleva puesta encima. Ni más, ni menos. Quizás sean los lugares más habituales y transitados por la masa humana de aquel país lo que nos de las pistas más acertadas sobre éste, pero normalmente, suelen ser los más vulgares, los menos atractivos para la vista de aquel que tiene que regresar a casa con los ojos y la tarjeta de memoria de la cámara (adiós carretes de fotos, adiós) llenas de experiencias que tiran con fuerza de las habituales del día a día, y sí, se entiende perfectamente que, entre visitar un supermercado o el Museo de Orsay, pues yo me quedo con lo segundo, salvo claro, que no haya probado bocado en un buen rato y necesite recuperar energías.
Pero he aquí que se inventaron los blogs, y dicen que antes que ellos, los expatriados. Y siempre los hubo que trataron de contar crónicas sobre países exóticos de nombres impronunciables, localizaciones imposibles, y mapas inexplorados, como Andorra. Y desde el principio de esas crónicas, siempre ha existido la necesidad de transmitir aquello que por su particularidad y rareza provocó el asombro a los ojos del que no tiene usos y costumbres. Y si se realizara una hipotética revisión bibliográfica de esas narraciones, y en especial sobre aquellas dedicadas a supermercados foráneos, dudando ya de partida que hubiera muchas a las que atenerse, quizás lo que más destaque del correspondiente sueco es que, vayas al que vayas, disponiendo éstos de carritos super evolucionados en mecánica o no, poseyendo un número más extenso de pasillos o no, repletos de productos más o menos conocidos, destacará ante todo, que siempre, por encima de otras necesidades más vitales, el supermercado sueco se caracteriza por tener un pasillo dedicado en exclusividad a chucherías, caramelos, regaliz, gominolas y chicles variopinto, y no deja de ser significativo ver que tras los huevos, pan y leche, siempre hay espacio para un par de bolsas de caramelos en la cesta de la compra sueca. Eso, entre otras cosas, tiene como repercusión el hecho de que Suecia sea uno de los países más adelantados en cuanto a técnicas odontológicas.
Ese gusto por lo dulce entre los suecos, y me refiero al sabor en la lengua, no a una forma de ser, carácter o personalidad, queda patente no sólo en el pasillo de las gominolas de cualquier supermercado, sino en otras secciones que recojan la relativamente variada gastronomía sueca. De hecho, es importante observar los tipos de panes, ya que en ciertas ocasiones, la diferencia entre un bizcocho y un pan para hacerte un bocata tienen una delgada línea de separación, a veces no muy clara. También en las conservas puedes llevarte a sorpresas al darte cuenta que arenques y pepinillos puedan ser tratados como si fuesen melocotones en almíbar. Y así, podríamos continuar, aunque admito que eso requiere una exploración más intensa de otros productos cuya asociación con el gusto dulce jamás se nos hubiese ocurrido.
Y tal hecho, que puede parecer una anécdota más, muestra al parecer un largo hilo en la historia de este país al que a mí resulta interesante engancharme y tirar. Es difícil encontrar los motivos para todos los comportamientos culturales de una sociedad como la escandinava, a veces tan reacia a abrirse. Aceite y agua, me decía un español de sus diez años seguidos de experiencia sueca. Aceite y agua con azucar donde tratar de sumergirse para encontrar datos que sacien la curiosidad del observador externo. Y sin embargo es posible encontrar una respuesta al uso desmedido de lo dulce en las secuelas que la historia va dejando. Una historia de inviernos largos, poca comida, hambrunas penosas que soportar por una población en general, pobre hasta hace no mucho tiempo. Azúcar era un lujo de pocos. Una marca de ostentación que hoy podría tener su alter ego en aparcar un Volvo en tu puerta, antes lo era el poder de utilizar el azúcar a su antojo, incluso como conservante para mantener sana las provisiones durante los largos inviernos, y eso, solo estaba en manos de los acaudalados, mientras que el resto soñaba con alcanzar tales privilegios. De ahí su uso fervoroso y hoy popularizando en todo el país. Un país donde la mitad se puede permitir un Volvo, un poco de azúcar ha dejado de convertirse en una necesidad, para transformarse un elemento de primer uso.
Y así, y viendo que este país, aparte de azúcar, se nutre de impuestos que gravan desde lo más mínimo hasta lo más lujoso para mantener las altas prestaciones de su estado del bienestar, y viendo que aquí suele ganar las elecciones aquel que garantiza y promete que es capaz de subir los impuestos,porque, y permitiéndome este símil, un impuesto en este país gusta más que un caramelo, y teniendo en cuenta la cantidad de toneladas de golosinas que pueden devorarse al cabo del día entre entre escandi-navos, a algún tecnócrata especializado en economía, no se le ha ocurrido mejor idea para obtener más que la de abrir el mercado de la chuchería a las tasas gubernamentales. Y hoy en día, es tema de debate en estas latitudes si es posible o no cargar de impuestos los caramelos sugus, los peta zetas, los pictolines, los chupa chups, el regaliz y como no, los palotes (véase por supuesto que me refiero a la versión sueca de todos ellos, no la familiar a la cual me permito el lujo de acceder para facilitar la comprensión de este tema). Y viniene mi extrañeza, no por el hecho en si mismo, sino por mis pocas entendederas en cuanto el porqué no lo han hecho hace tiempo. Y viendo por tanto que las chucherías "tax free" van a durar menos que, perdón de nuevo por el símil, un caramelo en la puerta de un colegio, estoy planteándome abrir un kiosko en el mercado negro donde poder forrarme más que como pobrecillo científico. Si es así, ya os iré avisando para crear una red encubierta de suministros de gominolas.
Hasta pronto.
Comentario:
Y la chica poco vestida... tenía que ver contigo?
Comentario:
Ya escribí una vez que es todo un lujo contar con alguien como tú para que nos descubra la vida en otro país tan certeramente cómo si estuviéramos allí. Espero siempre este tipo de post con verdadera curiosidad.
En cuanto al tema en cuestión, pues ya ves, otra cosa en la que no me parezco a los suecos. Por mí podrían no existir los caramelos, el regaliz, los palotes y todas esas cosas. Prefiero las cositas saladas: altramuces, frutos secos, etc... Y, eso sí, sobre todas las cosas, el chocolate, en todas sus variantes, pero cuanto más puro mejor.
Besos dulces o salados (como prefieras).
En cuanto al tema en cuestión, pues ya ves, otra cosa en la que no me parezco a los suecos. Por mí podrían no existir los caramelos, el regaliz, los palotes y todas esas cosas. Prefiero las cositas saladas: altramuces, frutos secos, etc... Y, eso sí, sobre todas las cosas, el chocolate, en todas sus variantes, pero cuanto más puro mejor.
Besos dulces o salados (como prefieras).
Comentario:
puf! no sé si yo podría hacer eso... tanto caramelo... estaría redondita igual que un barril!!!jajajaja
un beso
un beso
Comentario:
Que empacho por dios!!!! mi profe de economía nos contaba que un amigo suyo, empresario de gominolas, hacía su particular agosto por los paises nórdicos. Q conste que la empresa de capital español, eh????;)
Aquí el dulce.... va ha ser que helado, ya sabes. Disfruta de tu próxima vista al mar q está a la vuelta de la esquina.
Besos a 28º
Aquí el dulce.... va ha ser que helado, ya sabes. Disfruta de tu próxima vista al mar q está a la vuelta de la esquina.
Besos a 28º
Comentario:
...me apunto a la red encubierta, que la jodida primitiva se resiste!!!!!!...
besos catalanes
charo
besos catalanes
charo
Comentario:
Dulce post... teniendo en cuenta que soy diabética... creo que necesitaré extra de insulina.
;)
Sigue informando del tema, D. Telmo, que me produce mucho interés.
Besos de una maia.
;)
Sigue informando del tema, D. Telmo, que me produce mucho interés.
Besos de una maia.
Comentario:
Bueno qué disfrute entrar en un super de allí, vamos que sería incapaz de resistirme ante las golosinas. Un beso.
Comentario:
Esa capacidad tuya para contarnos como es ese pais partiendo de lo cotidiano es propio de un viajero eterno. Yo no tenía ni idea de que los suecos fueran tan fanáticos del azucar.Así que hemos aprendido algo nuevo. Te ha quedado un post muy "goloso".
Por cierto los arenques dulces...tienen que estar de muerte...ajjaja En fín, un abrazo muy fuerte. Y no te empaches de arenques.
Por cierto los arenques dulces...tienen que estar de muerte...ajjaja En fín, un abrazo muy fuerte. Y no te empaches de arenques.
Comentario:
Habla conmigo que mi cuñada trabajó toda la vida en Dulciora, hasta que tuvo un accidente laboral y la jubilaron. A lo mejor nos saca las chuches de extraperlo.
Y asi aumenta su pedazo de paga de jubilación que para mi la quisiera con 40 años que tiene la tia.
Besos comuneros.
Y asi aumenta su pedazo de paga de jubilación que para mi la quisiera con 40 años que tiene la tia.
Besos comuneros.
Comentario:
De acuerdo contigo.
Partir, en sí es bello, el destino cuenta poco, es bello ir hacia lo desconocido, por caminos todavia no recorridos.
Bueno amigo me voy unos días por el mundo.
Un saludo desde Barcelona.
Partir, en sí es bello, el destino cuenta poco, es bello ir hacia lo desconocido, por caminos todavia no recorridos.
Bueno amigo me voy unos días por el mundo.
Un saludo desde Barcelona.
Comentario:
Si los suecos son mu distintos. Si quieres yo t facilito las gominolas, susgus y demás chucherías d este lao de Europa. Un abrazo,





