CUANDO BRILLE EL SOL
Ayer salió el Sol. Ayer domingo, cosas y gente tuvieron, por un rato, sombras y luces.

Tras dos semanas de nubes y lluvias, un día de Sol ilumina. Ilumina hasta por dentro. Sobre todo en un sitio en el que los días adelgazan a la velocidad que lo hacen las páginas del calendario, un domingo luminoso es un gran regalo, y la gente se mueve en su busca de la misma manera que se retuercen los tallos de los girasoles en busca de la fuente de vida. Definitivamente un día de Sol es un gran regalo.
Ayer por tanto decidí aprovechar el rato de día que me quedaba tras levantarme tarde (y es que la bruja blanca que controla mis sueños no me dejó dormir bien hasta pasada las 4 de la mañana). Por fin he conseguido equiparme de alguna manera para salir a correr, y tenía ganas. Pero, por otro lado no habrá muchos día de Sol antes de que el invierno latente secuestre cualquier actividad humana de puertas para afuera, y no habrá muchas oportunidades de dedicar mi tiempo libre a una de mis grandes aficiones, la fotografía (por cierto, prácticamente todas las fotos que aparecerán en este blog son de producción propia, ¡así que espero que os gusten!). Todo a la vez podría ser difícil, pero no imposible. Así que salí afuera a hacer una nueva modalidad deportiva-artística, el foto-jogging. Hace dos sábados estuve en un mercadillo de segunda mano muy curioso, en el que puedes encontrar de casi todo y a casi todos los precios. Allí encontré una pequeña cámara Agfa semiautomática vieja que me miraba sin reparo asomándose entre cacharros de dudosa utilidad, así que tras poco regateo, me la traje a casa por un precio de 80 coronas, que viene a ser unos 8 euros. Con ella, y con mis zapatillas de correr me lancé a la calle a satisfacer mis caprichos, y me dediqué a tirar fotos mientras corría por las calles. No creo que los resultados sean una maravilla, pero estoy seguro que si los colocase todos juntos en un museo como una especie de obra de arte creativa, seguro que colaban. En cualquier caso si hay alguna que merezca la pena, os la enseñaré cuando las revele (aún mantengo mi fe en los viejos métodos fotográficos, aunque día a día la voy perdiendo...).
Añadiré a este trocito de cuento que esta noche he visto en el autobús de vuelta a un tipo con las patillas más grandes y espesas que he visto jamás. Le cubrían prácticamente toda la mejilla y les sobresalían de ellas más de 5 centímetros. No sé si eran muy estéticas, pero seguro que calentitas sí que parecían. Por ello me ha dado por pensar que si el invierno viene a abofetearme en mis mejillas, a lo mejor me las cubriré con una barba que me las proteja, no sé.
Hoy acabo, pero antes, quiero decir que ayer salió el Sol, pero hoy siento frío. Frío por fuera, y mucho frío por dentro...
Hasta pronto.





