COSAS DE SUECOS,...Y SE SUECAS, CLARO. Capítulo I
Yendo un día de éstos en el autobús con la pareja franco-brasileña que por aquí me he echado como amigos, los dos se volvieron en cierto momento porque habían reconocido a un amigo suyo en el autobús que cruzada en el otro carril. Los dos asombrados, los dos estupefactos por ver a un portugués en un autobús. Bien, me dije, cosa normal en Portugal, debe ser hecho digno de mención en estas latitudes... Los dos impresionados por la enorme cabeza de este portugués. Bueno..., la cosa va teniendo más sentido para asombrase, aunque sea extraños los motivos de asombro. Esta espléndida cabeza portuguesa debe ser realmente enorme para distinguirla en un autobús que pasa de largo. Impresionante hito de cabeza que se mueve en autobús, identificable al pasar como mojón de antigua carretera hispánica, de esos que ya no se ven. Pero el no pasó a mayores en nuestros discurrir de aquel día.
Fue sin embargo días más tarde cuando comentándolo entre colegas, el tema reapareció para dejarme más confuso. El brasileño le preguntaba a un amigo suyo que si había visto la cabeza del portugués en el autobús. Bueno, señores, el misterio subía varios grados de tensión; la gran cabeza portuguesa que aparecía como ente propio danzando de autobús en autobús como si esa fuera su mayor fuente de distracción, era amiga de ambos dos, y cómo era posible que una gran cabeza se suba por los escalones de un autobús, y cómo se las ingenia para picar el bonobús, eran preguntas que me rondaban ese momento por la mía... No sé, conozco algunos portugueses, pero si soy sincero, debo de haber visto poco mundo, porque aún no me había topado con ninguna cabeza portuguesa enorme que le guste viajar en autobús. Poco a poco la conversación fue derivando de una manera que empezaba a cobrar un sentido más racional, y todo terminó de estar aclarado cuando, una mañana no alejada en el tiempo de aquella conversación, me encontré con la cabeza portuguesa en un autobús. Dicho ente, de no-cuerpo y mucha testa, aparecía, simplemente, magnificada en un anuncio publicitario en el lateral del autobús.
El anuncio pertenecía a una agencia inmobiliaria, y, básicamente mostraba a un portugués (de ahí que la cabeza, como el resto del cuerpo, me imagino, fuesen oriundos de aquel país, siendo ambas partes incluso puede que de la misma ciudad lusitana) que había conseguido encontrar un apartamento en Göteborg con esa compañía, ¡y, en primera renta! Lo sorprendente de la cuestión era, más bien, el origen poco escandi-navo del arrendatario, lo cual, quería decir al resto de población poco dada a nacer en países nórdicos que, para ellos también hay posibilidad de encontrar un alquiler en primera renta. Aún sigo pensando si lo de alquilarle el piso a una cabeza portuguesa (me pregunto si al resto del cuerpo también se lo alquilarían) no entraba dentro de una estrategia programada para atraer clientes extranjeros.
Porque, sirva este relato del "Misterio de la cabeza portuguesa" para tratar de explicar lo difícil que supone encontrar un apartamento en esta ciudad. No sé si será más sencillo para una cabeza sola, pero, para la gente exquisita como yo, que prefiere que cuerpo y cabeza compartan el mismo apartamento, el tema resulta verdaderamente tortuoso. Lo primero que se ha de saber cuando se quiere alquilar un piso en Suecia es que, está totalmente permitido, es legal, y muy usual, que alguien que viva de alquiler subarriende el apartamento a un tercero, lo cual distingue así los contratos de alquiler entre los de primera renta, y los de segunda renta. Los de primera renta, piezas cotizadas de muy alto valor, y son comparables a los hoteles del Monopoly en pleno Paseo del Prado, porque, una vez que lo tienes, ya puedes respirar tranquilo que TÚ, tienes el poder. Es obvio que te lo dan vacío y lo tienes que amueblar, pero no olvidemos que en este país existe una Ikea-marca de Ikea-tiendas de Ikea-muebles ikea-lmente Ikea-conocida, y que no voy a nombrar para no hacer publicidad, y con la cual se cierra el círculo de negocio próspero. Una vez que has Ikea-mueblado tu casa, ya tu contrato de alquiler te pertenece de por vida, y no tienes que soltarlo. Es posible que te canses de la misma casa, y que te des cuenta un día, horrorizado, que ya no te quepan más Ikea-stanterias en tus paredes. Entonces vas, y te buscas a alguien con un contrato como el tuyo, y os lo cambiáis como los cromos repetidos: "Te cambio mi casa de dos habitaciones en X-gatan, por tu apartamento con terraza en X-place (Nota: conversación traducida del sueco para hacernos entender)", y con ello puedes re-Ikeda-decorar tu Ikea-vida.
Los suecos son muy dados a moverse por temporadas, especialmente en invierno, como ya comenté en un post anterior. Por eso, cuando se van, incluso aunque sea por años no se desprenden de su bien más preciado, el contrato de alquiler, así que subarriendan el apartamento a cualquiera que pase por allí en un contrato de segunda renta. Incluso, si el amor llama a tu puerta como hacía el Jesús Puente, y te arrastra apasionadamente a la convivencia en nido de amor común con tu pareja, es muy usual que no te desprendas de tu apartamento, porque, aunque es posible que tu pareja se de cuenta de la poca fe que le das al futuro de la relación, y te deje al final por poco entregado, es preferible perder al sueco o sueca de turno que tu apartamento de primera renta.
Pero dicen que es posible, y la gente al final, acaba encontrando algo..., dicen. Pero he aquí el modelo usual de búsqueda de piso en primera renta: Apuntas tus datos en una página web donde ofrecen apartamentos y que no pienso poner el link no vaya ser que os de por poneros a buscar piso y me hagáis competencia, que bastante elevada es, porque un apartamento medianamente en condiciones puede tener una lista de candidatos que, y es cierto, no exagero, supere las dos mil personas. Obviamente no todos son seleccionados para vivir allí (menudo "Gran Hermano" sería). Los seleccionados tienen la suerte de ir a ver el piso. Nada más. Lo ves, dices si te gusta, o no, y esperas con los dedos cruzados a que te toque la lotería, porque sólo puede quedar uno, y al resto, no le dan premio de consolación, ni siquiera un vale para comprarte un par de cucharillas de café en la ikea-tienda que antes ikea-nombraba.
Pero mucha gente sobrevive en el modelo de segunda renta, y es quizás, si tienes suerte, de encontrar estupendos chollos, aunque son los menos, y estoy un poco cansado de ver anuncios de pisos que sería de gran motivo de satisfacción para nuestra ministra Trujillo: Apartamento "casi amueblado", con "casi cocina", de 20 metros cuadrados (sí, 20 metros, sí. Vivir así es posible, y mira que la estatura de un sueco sobrepasa bastante la media de un españolito medio como yo, cosa que he tenido la oportunidad de comprobar en algún que otro concierto de músicos geniales de oir, pero imposible de ver, pero las enormes espaldas que llenan la audiencia y que dejan ver bien poco), para alquilar desde enero a marzo del 2006 (dos años es el máximo para un contrato de segunda renta, el mínimo es el que le de la gana al anunciante, pudiendo limitarse éste en alquilarlo durante el tiempo que se tarda en bajar a comprar el pan). Quizás es que, en mi limitado sueco, que de extiende a gestos y sonidos guturales (eso incluye la mitad del diccionario de sueco, creerme), no me haya percatado de que a lo mejor, el alquiler es sólo para cabezas, y no para el cuerpo entero.
Pero de acuerdo, es posible encontrar pisos muy decentes, aunque la casa esté a las afueras, entre masas boscosas, y que tus vecinos sean una encantadora familia de renos pocos dados a dejarte sal o azúcar cuando ésta se te acabe. Pero no olvidemos que esa casa está alquilada por alguien, y es muy probable que te la deje amueblada a su gusto, y con todos sus enseres. Eso puede suponer en ciertas ocasiones, un choque estético si el tipo que te lo alquila es de tendencias de rock-gótico, hippie de los 60, o mini-mini-minimalista. Gustos son colores, y son respetables, pero suponen un riesgo si éste no coincide con el tuyo. He estado en alguna casa donde me he puesto a mirar las fotos en las paredes, y al preguntar quien son los de las fotos me han contestado con un "no sé, estaban ahí cuando lo alquilé", lo cual viene a ser lo mismo que comprarte un marco y dejar la foto de la tipa que viene recortada dentro de él. Aunque el caso más extremo con el que me he topado es que pueda ser te deje a sus mascotas incluidas en el alquiler. Entrar en un apartamento y que tengas que hacerte responsable de dos bichos peludos a los que es posible que tengas alguna alergia, y que no son tuyos, supone a veces (solo a veces...?!?!?!), un inconveniente. Ahí me pregunto que si se te muere un gato durante el tiempo de tu estancia en esa casa tendrá el mismo valor que cargarte una silla o un espejo (¿habrá fianza para ello?).
Otro modelo de vivienda a la que puedes optar es al tipo residencia de estudiantes donde ahora reposo mis huesos cada noche, que puede ser bastante interesante en ciertas ocasiones si no fuera porque, en los intentos de reciclar todo lo reciclable, te des cuenta que tu residencia era la antigua cárcel de la ciudad (conozco a dos personas que han vivido en esa residencia) y que duermas en una antigua celda, con la única salvedad de que te han quitado los barrotes de las ventanas, y tú dispones de la llave para entrar y salir (que menos...). Existe también la modalidad de hospital psiquiátrico reconvertido en residencia, en el que nunca estarás seguro de si tu vecino estaba allí ya antes de la reconversión, pero tienes la ventaja de que los compartimentos frigoríficos donde se metían a los fiambres son estupendos para guardar la cerveza cuando vas a montar una fiesta (de nuevo, es un hecho verídico).

Toda ello supone una aventura inmobiliaria a la que me enfrento y que daré buena cuenta cuando encuentre algo en lo que meterme, aunque espero que sea mínimamente digna, y que no acabe echando de menos a mis tailandeses. De todas maneras, no pierdo la esperanza, y quien sabe, a lo mejor algún día aparezca mi cabeza magnificada en un autobús, aunque espero que cuando ésta aparezca, sea simplemente en un anuncio.
Hasta pronto.
PAINTED BLACK
Hoy, como la última vez que aparecí por aquí, es otro día especial. Y no es que sean así uno de cada dos. Es que estos días da la casualidad de que se concentran en una intensa semana. Una sola semana que resalta en mi calendario como vosotras lo hacéis en mi vida. Hoy de nuevo, otro diente del mecanismo de ese reloj en el que convivimos pasa sonoramente, imposible de olvidar en mi almanaque. Casualidades son circunstancias, y hoy vuelvo a repetir las mimas sensaciones de alegría y cariño que hace dos días describía. Hay muchas cosas que me pellizcan en el estómago. Con pellizcos que salen de lo más profundo, de lo incomprensible, aunque si existe uno de ellos que me deja totalmente débil, rendido, ese está claro que está dividido entre mis tres hermanas. Y si hace dos días tocaba a una de ellas recordarme lo mucho que cuentan para mí, hoy, hermana mía, ahora que te toca a ti cumplir años, hoy lo celebro, cerca de ti de un modo que no mide la distancia. Felicidades, con todo mi cariño, mi otra hermanita, muchas felicidades.
Estando aquí, uno mira muchas veces alrededor, tratando de recrear en los nuevos pasos los que un día daba por cualquier calle de una Granada extinta ya en mi caminar.
Todo es nuevo, distinto, deslocalizado en las cartas de navegación trazadas por mis rutinarios rumbos, o por los paseos de mis ratos de esparcimiento. Pero de nuevo, la rutina vuelve a instalarse en aquello que los ojos empiezan a amoldar lo que ven entre mis recuerdos más frescos, y todo va cubriéndose con un sentido de familiaridad, como los acaban haciendo los olores de una casa, o el perfume de una persona a los que se desvanece la atención, porque siempre están ahí. Es entonces cuando empiezas a tirar de tu vida sin acordarte de donde estás, aunque a veces, como me ha pasado hoy, hay ciertos detalles que no encajan por ahora en los esquemas trazados como lógicos en mi cabeza, y ese choque repentino te vuelve a situar en un plano distinto al ya empiezas a habituarte.
Hoy me he quedado mirando una parada de autobús cuando me bajaba de él, y me ha parecido observar una de las escenas más sobrias de las que hasta ahora he percibido por estas latitudes. Allí en la parada, en un día gris, donde los colores solo son tonos, había un grupo de personas, todas ellas, encerradas en sus abrigos, con los ojos colocados bajo su gorro, gorra, o capucha de chaquetón, todos en silencio, en el interior de su mundo particular y, en concreto, todos de negro. Todos de pies y estáticos como negras estalactitas de hielo. Y yo me pregunto porqué todo el mundo elige el negro para recibir el invierno, para aislarse del frío, pero también del resto de personas en un completo negro. Porqué en un sitio donde la luz y el color desaparecen súbitamente, antes de que puedas recordar de qué color se inventaba hoy el atardecer, todo el mundo decide ponerse de negro. Conste que yo, sin pensarlo lo he hecho, y mi abrigo de invierno, con el cual parezco, y además me manejo como un torpe astronauta novicio, con la única salvedad de que este astronauta viste, adivinen de que color. Y no puedo evitar preguntarme si restar la alegría a la vestimenta podría ser un reflejo de los estados de ánimo, y de cómo la gente da la bienvenida al invierno. No hay mucha alegría en las calles en un día de frío absoluto, de gris cielo, y de oscuras vestimentas. Espero con ansias que llegue la nieve y que contrarreste todos los colores negros, negros.
Hoy simplemente quería dejar en vuestras pantallas lo que he escrito. Mi primer episodio de "Cosas de Suecos (y de Suecas, claro...)" se va dorando en el horno. ¡Prontito estará aquí pegado!.
¡Hasta pronto!
SE ALQUILA...?!?!?!?!?!
Hoy es un día muy especial para mí. Hoy casi cumplo años porque hoy los cumple alguien muy especial, y como no puedo imaginarme lo que ha sido mi vida sin la suya, sin todo lo que pasamos, ratos a millones que dan para rellenar mi vida porque tú has estado ahí para hacerlo... Hoy celebro que cumplas años, porque con tu vida avanzando, la mía también lo hace. En el calendario de este blog me retrasé en un día en darte éste, mi pequeño homenaje, pero de sobra sabes que aquí no hay más que palabras, y porque mis verdaderos buenos deseos y abracitos volaron por allí donde no lo puede hacer ningún aeroplano, y aunque haya más kilómetros de los que nunca hubo, estoy seguro que estoy muy cerca de ti. Muchas felicidades, hermanita, de todo corazón.
Yo soy una de esas personas a las que le gusta la cocina. No es que sea una de mis actividades a las que dedico más tiempo. No es que me considere bueno, ni mucho menos, en tales menesteres y labores, pero cuando me meto, me meto. Me encanta el olor de esos primeros momentos, cuando echas algo al fuego y los aromas aun puros empiezan a colarse por tus fosas nasales, estimulando por completo la parte más física de tu organismo, y a veces, como los buenos olores que te llegan desde el pasado, estimulando el lado más emocional del subconsciente. Esa parte es la que adoro, porque me trae recuerdos de cocina compartida, de labores de pinche en casa, de estímulos familiares que se guardan como tesoritos dentro de la mente.
Pero, imaginen por favor ese momento en sus respectivas cocinas, cada una distinta, pero con un sello de identidad que las identifica. Imaginen esos momentos de laboriosidad relajada entre fogones y olores. ¿Se lo imaginan? Bien. Ahora por favor añadan algunos fogones más, y en los fogones, cacerolas, ollas y sartenes preparando a un ritmo acompasado, una copiosa comida tailandesa, y de todos estos utensilios cocineros saliendo aromas generosamente cargados de especias, y algunos de ellos difícilmente identificables como comida. Bien, sean entonces bienvenidos a mi cocina... Y no me entiendan mal, que adoro la comida de cualquier lado del mundo, y probar sabores nuevos que enriquezcan los que ya conocía. Pero, si resulta que, esas mismas esencias se mezclan con las de tu cena, cuando ésta no tiende ser más pretenciosa que una vulgar y enriquecedora cena, véase por ejemplo, una tortilla de patatas, es entonces cuando los conceptos culturales se alejan más allá del de "cocina fusión".
Y con todo este discurrir anterior no quiero decir otra cosa distinta que: "estoy buscando piso". Un piso, sí, un apartamento, una casa, un hogar-dulce-hogar, con una cocina propia, donde pueda cocinarme a gusto del comensal, el cual no deja de ser otro que aquí, un servidor escribiente. Y he aquí, tras este largo discurrir mío de mis principios, que comienzo mi serie artículos titulados tan originalmente como: "COSAS DE SUECOS..., (Y DE SUECAS, CLARO)." . Es mi intención, si el tiempo, y las autoridades oportunas dejan bajar a las musas del Olimpo hasta Righestgatan u allá donde me encuentre, la de realizar, a lo largo de varias entregas dichas crónicas variadas, que recibiran atentamente en sus pantallas una vez abonada la subscripción, la cual no sobrepasa más que la mera voluntad de querer leerlo, y describir así alguno de los aspectos más destacables del mundo en Ikealandia. Y me refiero que destacan, claro está, no por su brillantez o rango de perfección, ni mucho menos no por su mezquindad o absurda condición. No lo haré, no, porque no he venido a este país a juzgar a los suecos, ni a las suecas (pese a que a veces no pueda evitar hacer cierto tipo de comentario mental sobre alguna de estas mozas tan vikingas). Destacable serán por lo original, por la mancha de aceite no miscible con otra cultura como es la nuestra; el agua en la que nos movemos como peces, y que no es ni mejor, ni peor, simplemente distinta. Tan distinta, ni más ni menos, como la nuestra resulta en estas lindes, porque, exactamente la misma distancia cultural se recorre en el viaje que yo realizo, como el de vuelta por medio de un oriundo escandi-navo embutido en tierras y quehaceres ibéricos.

Así, queridos ustedes, me permito empezar dicha serie anunciando el lanzamiento en breve del capítulo: "COSAS DE SUECOS..., (Y DE SUECAS, CLARO): Arréglatelas como puedas para encontrar un piso, pero no vendría mal que empezaras por poner un par de velas a un Santo, y ya de paso le preguntas al Santo si tiene pensado dejar su piso en algún momento... " . Porque, Göteborg se convierte con el transcurso del tiempo que aquí paso, en una ciudad más interesante de observar, y ya me he descubierto en alguna que otra ocasión pensando en que me gusta..., lo cual no deja de ser una nota clara de que voy encontrando mi hueco. Pero lo de la vivienda es, dicho por todos, una auténtica tortura inmobiliaria. La odisea no acaba más que empezar, porque aún no pisé apartamento al que hacerme una idea, pero el tema, traerá cola, tanta como la de las listas de espera por hacerse con un apartamento en condiciones. Pero hoy, y viendo que se me fue el santo al cielo y dije bien poco, dejo de discurrir, porque ya van siendo horas, y no quiero hacerles sufrir con mis letras.

Pero, permanezcan atentos a sus pantallas, que el primer capítulo de la serie está al caer...
Saludos escandinavos
Ta'luego!
Göteborg, 16 de Noviembre 2005, a las 16:00 h

Y..., cuando sople el viendo frío del norte, no te escondas, no te refugies de él. Sal a la calle y respíralo, siéntelo, porque en el viajarán mis pensamientos, y exhalaré el aire cálido desde mis pulmones, para que el viento del norte te los transporte y así te lleguen. Así que, no te refugies del viento del norte, porque en él, viajaré yo.
CUANDO BRILLE EL SOL
Ayer salió el Sol. Ayer domingo, cosas y gente tuvieron, por un rato, sombras y luces.

Tras dos semanas de nubes y lluvias, un día de Sol ilumina. Ilumina hasta por dentro. Sobre todo en un sitio en el que los días adelgazan a la velocidad que lo hacen las páginas del calendario, un domingo luminoso es un gran regalo, y la gente se mueve en su busca de la misma manera que se retuercen los tallos de los girasoles en busca de la fuente de vida. Definitivamente un día de Sol es un gran regalo.
Ayer por tanto decidí aprovechar el rato de día que me quedaba tras levantarme tarde (y es que la bruja blanca que controla mis sueños no me dejó dormir bien hasta pasada las 4 de la mañana). Por fin he conseguido equiparme de alguna manera para salir a correr, y tenía ganas. Pero, por otro lado no habrá muchos día de Sol antes de que el invierno latente secuestre cualquier actividad humana de puertas para afuera, y no habrá muchas oportunidades de dedicar mi tiempo libre a una de mis grandes aficiones, la fotografía (por cierto, prácticamente todas las fotos que aparecerán en este blog son de producción propia, ¡así que espero que os gusten!). Todo a la vez podría ser difícil, pero no imposible. Así que salí afuera a hacer una nueva modalidad deportiva-artística, el foto-jogging. Hace dos sábados estuve en un mercadillo de segunda mano muy curioso, en el que puedes encontrar de casi todo y a casi todos los precios. Allí encontré una pequeña cámara Agfa semiautomática vieja que me miraba sin reparo asomándose entre cacharros de dudosa utilidad, así que tras poco regateo, me la traje a casa por un precio de 80 coronas, que viene a ser unos 8 euros. Con ella, y con mis zapatillas de correr me lancé a la calle a satisfacer mis caprichos, y me dediqué a tirar fotos mientras corría por las calles. No creo que los resultados sean una maravilla, pero estoy seguro que si los colocase todos juntos en un museo como una especie de obra de arte creativa, seguro que colaban. En cualquier caso si hay alguna que merezca la pena, os la enseñaré cuando las revele (aún mantengo mi fe en los viejos métodos fotográficos, aunque día a día la voy perdiendo...).
Añadiré a este trocito de cuento que esta noche he visto en el autobús de vuelta a un tipo con las patillas más grandes y espesas que he visto jamás. Le cubrían prácticamente toda la mejilla y les sobresalían de ellas más de 5 centímetros. No sé si eran muy estéticas, pero seguro que calentitas sí que parecían. Por ello me ha dado por pensar que si el invierno viene a abofetearme en mis mejillas, a lo mejor me las cubriré con una barba que me las proteja, no sé.
Hoy acabo, pero antes, quiero decir que ayer salió el Sol, pero hoy siento frío. Frío por fuera, y mucho frío por dentro...
Hasta pronto.