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G R A N A D I T O S, o p i n a:
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FRENTE AL CÁNCER,

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¿XENÓFOBO YO? ¿TÚ NO?
Me podéis fusilar. O crucificar. O darme barrote vil. O ahorcarme. O guillotinarme. O mejor, colgadme de los testes, compañones, genitales, criadillas, escritillas, dídimos o huevos en la plaza pública y dejadme allá hasta la muerte para goce y satisfación del pueblo soberano que desde hoy me odiará a muerte, y por eso acepto que me la den de la forma más dolorosa y cruel que a bien tengan.

¿Qué a que viene esto? Os cuento.

Ayer sábado a esa hora poética de las cinco en punto en todos los relojes, asomé mi cuerpo serrano por la bocana del Metro que da a la Glorieta de Cuatro Caminos, acera de los impares para más señas.

Y la Glorieta de Cuatro Caminos ya es Glorieta de todos los caminos. Allí llegan los caminos que vienen de Colombia, Zambia, Guinea, Brasil, Argentina, Irán, Pakistán, la Biblia en pasta. Un nuevo Noé nos ha traído inmigrantes a punta de pala. Esta zona que antes era la de Tetuán de las Vitorias, es ahora Tetuán de las Desgracias. Lleno está de míseros extranjeros. No es que están, es que son. Cuatro Caminos es el país mísero; más mísero que el que dejaron allá de donde sean. No es que haya negros, es que es la negritud. No es que haya árabes, es que cientos de chadores cubren el resol de las calles y la puta libertad que aún tenemos.

Y hay que llamar a las personas por su nombre; a esa hora taurina de las cinco de tarde, mocitos o pibes o mierda se les veía en plan West Side Story, con ganas de navajear en el cachondeo democrático madrileño. A puñados los había. ¿Les llamamos pandilleros, o qué les llamamos? ¿Inmigrantes?

Entre esta gente que hoy se hacina en aquellos Cuatro Caminos, en aquel Tetuán, en cualquier barrio, pueblo y ciudad ¿están los que piensan lo bien que está lapidada la pobre Amina? Que la lapidaron ayer. No hace diez siglos, ¡ayer! ¿Estos también son inmigrantes?

Madrid. (Puede ser cualquier lugar). Semana primera de Mayo. (U otra). Dos asesinados. Uno, ajuste de cuentas entre bandas suramericanas, esas que nos hacen gracias verlos con sus gorras del revés, sus pantalones a mitad del culo, sus cadenas y sus pibas detrás con las tetas reventando suéteres y con las polleras pidiendo guerra. Y otro asesinato de un pobre currelante que salía de cenar camino del piso al que esa tarde se había mudado. Su pecado fue -era vigilante del 1º de Octubre- no haber dejado pasar fuera de hora a alguno de los asesinos.

Dejémonos de coñas, por favor. La vida en la gran ciudad se esta haciendo desagradable cuando no peligrosa. Inmigración, injusticia –o justicia lenta, es lo mismo-, demagogia, mucha demagogia.

No hay país libre que con tal cantidad de inmigrantes ilegales y ¡legales! no acaben por chirriar las xenofobias y si chirrían es síntoma de que algo va mal, muy mal. Sólo hace falta salir a las calles y oír a las gentes que callan. Ya hay manifestaciones en las calles contra “los de fuera”. Cada vez más y más violentas.

El ministro de la cosa esta se siente feliz y su jefe sonríe por donde tantos judíos murieron hace sesenta años. No me huele nada bien lo que está pasando. Sufrirán justos por pecadores me da en la nariz, y lo siento con pena y dolor.

Si, ya sé que nosotros, los españoles, también fuimos pobres emigrantes que salimos a tierras extrañas volviendo la cara llorando porque lo que más queríamos, atrás nos lo íbamos dejando. (Un saludo, Don Juan Valderrama allá en tu cielo de fandangos y bulerías). Sí, ya sé que la mitad de los bares que sobran en esta España fueron comprados con marcos alemanes sudados fatigosamente. Sí, ya sé pero este fenómeno es distinto. Demasiado. Y no sabemos resolverlo aún estando, ya, aquí.

Quiero equivocarme. Pero nos tocaran tiempos peores y ojalá la sangre no llegue al rio. Me llamaran por decirlo, racista, xenófobo, patriotero, intransigente y chauvinista. Por eso me colgaran en la plaza muchos que yo me sé.

Pues me he quedado muy a gusto diciéndolo, ¿qué lo voy a hacer?




 
Comentario:
Acabo de saludar ahora al subir a mi oficina que está en un portal de lujo a un inmigrante que estaba sentado en un sofá cojonudo y no se ha dignado contestarme.
(Sin palabras)
No