VICENTE ESCUDERO.
Acabando de leer las Memorias de González Ruano, cuya existencia nunca se nos olvide, me recordó que en el año 1964, creo, Vicente Escudero, bailó por vez última en el Teatro Marquina de la calle del Prim de Madrid. Yo fui a verle, lo evoco perfectamente. Era una tarde madrileña en la que estaba sólo con mi soledad tan querida y necesitaba ver al viejo maestro tan arrogante él, tan incomprendido, del que tanto había oído hablar para bien y para mal. Yo entonces era un buscador del flamenco más puro. Investigaba en los libros lo que no podía aprender por mi mal oído; desgracia enorme que me acompaña y me duele desde siempre. Fui a verle, digo, aunque ya tenía más de setenta y cinco años. Y su baile se me quedó clavado en el alma oscura. Tan alto, tan viejo, tan flaco, tan sabio. Movía una mano y eso era el más hermoso baile. Un martinete de ensueño con el compás de un martillo sobre el yunque y ahí él. Solo en el escenario negro. Como dolía el alma ante tanta sabiduría. Y luego, nos dio una magistral lección explicando su famoso y olvidado decálogo del baile.
I. Bailar en hombre.
II. Sobriedad.
III. Girar la muñeca de dentro a fuera, con los dedos juntos
IV. Las caderas quietas.
V. Bailar asentao y pastueño.
VI. Armonía de pies, brazos y cabeza.
VII. Estética y plástica sin mistificaciones.
VIII. Estilo y Acento.
IX. Bailar con indumentaria tradicional.
X. Lograr variedad de sonidos con el corazón, sin chapas en los zapatos, sin escenarios postizos y sin otros accesorios.
Después de él, castellano viejo, nadie. Era la pureza virgen del baile. Hoy el flamenco es gimnasia, sudor y embestidas. ¿Cómo alguien me puede hablar de este o de esta, bailaora o bailaor? Hubo uno y fue él. Don Vicente Escudero. Un hombre nacido en Valladolid y muerto en Barcelona. Y ahora, ¿quién se acuerda del maestro?
Aprendí de él que, como en el baile, hay que vivir la vida asentao y pastueño. Y eso te da muchos disgustos seas bailaor o uno que pasaba por ahí, como yo por ejemplo.
I. Bailar en hombre.
II. Sobriedad.
III. Girar la muñeca de dentro a fuera, con los dedos juntos
IV. Las caderas quietas.
V. Bailar asentao y pastueño.
VI. Armonía de pies, brazos y cabeza.
VII. Estética y plástica sin mistificaciones.
VIII. Estilo y Acento.
IX. Bailar con indumentaria tradicional.
X. Lograr variedad de sonidos con el corazón, sin chapas en los zapatos, sin escenarios postizos y sin otros accesorios.
Después de él, castellano viejo, nadie. Era la pureza virgen del baile. Hoy el flamenco es gimnasia, sudor y embestidas. ¿Cómo alguien me puede hablar de este o de esta, bailaora o bailaor? Hubo uno y fue él. Don Vicente Escudero. Un hombre nacido en Valladolid y muerto en Barcelona. Y ahora, ¿quién se acuerda del maestro?
Aprendí de él que, como en el baile, hay que vivir la vida asentao y pastueño. Y eso te da muchos disgustos seas bailaor o uno que pasaba por ahí, como yo por ejemplo.





