FUMETEO.
Decía el viejo Sandro Pertini, Presidente de la Republica de Italia, “que de los fumadores podemos aprender la tolerancia”. Y razonaba: “todavía no conozco un solo fumador que se haya quejado de los no fumadores”.
Otro viejo, se ve que los viejos sabemos mucho, afirmaba que: “al cumplir los setenta años me he impuesto cierta moderación con el tabaco: no fumar mientras duermo, no dejar de fumar mientras estoy despierto y no fumar más de un cigarrillo a la vez”.
Bueno, pues el gobierno, este gobierno que tenemos, acaba de prohibir quemar la planta de la familia de las Solanáceas, originaria de América, de raíz fibrosa, tallo de cinco a doce decímetros de altura, velloso y con médula blanca, hojas alternas, grandes, lanceoladas y glutinosas, flores en racimo, con el cáliz tubular y la corola de color rojo purpúreo o amarillo pálido, y fruto en cápsula cónica con muchas semillas menudas. Toda la planta tiene olor fuerte y es narcótica.
O sea, que ha prohibido fumar en todos los sitios.
Y aquí vengo yo. Si hay Dios, será Dios el que me ha iluminado. O tal vez el Espíritu Santo, cansado de tanto trajín vaticanista, se ha posado sobre mi cabeza y me ha insuflado (del latín insufflàre) una idea genial para un negocio genial, que ni mi Mena del alma ha sabido ver, el que lo ve todo.
Ya que no se puede fumar en ningún sitio, ofrezco mi casa, mis salones para fumar. Si su mujer o su hombre no le deja fumar en su habitáculo, vengase a mi casa y fume, buen hombre o buena mujer. Por el mismo precio, le dejo ver la tele, leer los periódicos, poner un e-mail o cagar, dicho sea con perdón, con la colilla ( de Wiston, no la otra) en los labios.
Les ofrezco un hogar, dulce hogar, lleno de humos y colillas. Con sobreprecio pueden quemar un poquito los manteles y tirar la ceniza sobre el parqué.
Por una módica tasa, podrán Ustedes, (¿cómo estááááááán Ustedes, por cierto?), volver a los años felices en los que fumar era un placer sensual y cupletero. ¿Qué más quieren? En mi negocio nadie les regañará, nadie les recordará que el médico le ha prohibido fumar (con lo que fuman los médicos), nadie pondrá mala cara cuando encienda su Montecristo del número 4.
Hombre, reconozco que el negocio lo he copiado de los chinos. Sus fumaderos de opio fueron protagonistas de películas y novelas famosas. Pues eso. Yo voy a montar un fumadero de tabacos varios. No les digo que les invito por que la pela es la pela y el euro no digamos.
Sé que el negocio no será bien visto por esa gente pazguata y meapilas que tanto abunda. A mí no me importa. Ya dijo Turgot que la gente escrupulosa no es adecuada para llevar a cabo grandes negocios.
Además, también afirmó alguien que cuando la estafa es enorme, ya toma un nombre decente.
Otro viejo, se ve que los viejos sabemos mucho, afirmaba que: “al cumplir los setenta años me he impuesto cierta moderación con el tabaco: no fumar mientras duermo, no dejar de fumar mientras estoy despierto y no fumar más de un cigarrillo a la vez”.
Bueno, pues el gobierno, este gobierno que tenemos, acaba de prohibir quemar la planta de la familia de las Solanáceas, originaria de América, de raíz fibrosa, tallo de cinco a doce decímetros de altura, velloso y con médula blanca, hojas alternas, grandes, lanceoladas y glutinosas, flores en racimo, con el cáliz tubular y la corola de color rojo purpúreo o amarillo pálido, y fruto en cápsula cónica con muchas semillas menudas. Toda la planta tiene olor fuerte y es narcótica.
O sea, que ha prohibido fumar en todos los sitios.
Y aquí vengo yo. Si hay Dios, será Dios el que me ha iluminado. O tal vez el Espíritu Santo, cansado de tanto trajín vaticanista, se ha posado sobre mi cabeza y me ha insuflado (del latín insufflàre) una idea genial para un negocio genial, que ni mi Mena del alma ha sabido ver, el que lo ve todo.
Ya que no se puede fumar en ningún sitio, ofrezco mi casa, mis salones para fumar. Si su mujer o su hombre no le deja fumar en su habitáculo, vengase a mi casa y fume, buen hombre o buena mujer. Por el mismo precio, le dejo ver la tele, leer los periódicos, poner un e-mail o cagar, dicho sea con perdón, con la colilla ( de Wiston, no la otra) en los labios.
Les ofrezco un hogar, dulce hogar, lleno de humos y colillas. Con sobreprecio pueden quemar un poquito los manteles y tirar la ceniza sobre el parqué.
Por una módica tasa, podrán Ustedes, (¿cómo estááááááán Ustedes, por cierto?), volver a los años felices en los que fumar era un placer sensual y cupletero. ¿Qué más quieren? En mi negocio nadie les regañará, nadie les recordará que el médico le ha prohibido fumar (con lo que fuman los médicos), nadie pondrá mala cara cuando encienda su Montecristo del número 4.
Hombre, reconozco que el negocio lo he copiado de los chinos. Sus fumaderos de opio fueron protagonistas de películas y novelas famosas. Pues eso. Yo voy a montar un fumadero de tabacos varios. No les digo que les invito por que la pela es la pela y el euro no digamos.
Sé que el negocio no será bien visto por esa gente pazguata y meapilas que tanto abunda. A mí no me importa. Ya dijo Turgot que la gente escrupulosa no es adecuada para llevar a cabo grandes negocios.
Además, también afirmó alguien que cuando la estafa es enorme, ya toma un nombre decente.
Comentario:
Esa jilipollez del fumador pasivo es un invento de los americanos, que siempre inventan cosas para joder a los demás.
Bogart (creo que se escribe así, y sino es igual) no sería él sin un cigarrillo, Tarancón aunque no usara condones fumaba; y no hablemos de los puros que se metía Benavente por la boca, los otros no lo sé.
Voy a proponer a algún banco que cree un nuevo préstamo para pagar las multas que quieren poner por fumar, seguro que ganan más que con los personales para coche.
Díga usted qué día y hora recibe, para intosicar su salón, pues un salón sin las cortinas llenas de nicotina no es un salón.
Bogart (creo que se escribe así, y sino es igual) no sería él sin un cigarrillo, Tarancón aunque no usara condones fumaba; y no hablemos de los puros que se metía Benavente por la boca, los otros no lo sé.
Voy a proponer a algún banco que cree un nuevo préstamo para pagar las multas que quieren poner por fumar, seguro que ganan más que con los personales para coche.
Díga usted qué día y hora recibe, para intosicar su salón, pues un salón sin las cortinas llenas de nicotina no es un salón.





