¿PROBLEMA DE APARCAMIENTO?
Gillian Harris es una mujer emprendedora que vive en la ciudad de “El Pueblo de Nuestra Señora Reina de los Ángeles”, o sea, para entendernos, que vive en Los Ángeles, dicho sea más chabacanamente.
Los Ángeles no es una ciudad propiamente. Ellos, los californianos, dicen que Los Ángeles es una colección de comunidades individuales unidas por una complejísima red de caminos y carreteras y autopistas. Una de estas comunidades es Hollywood, famosa por ser donde moran los más afamados actores y actrices. Otra Comunidad es la de Burbank, que no es el Banco de Burgos en siglas, sino donde se ubican los grandes estudios cinematográficos.
Pero a mí lo que me gusta de ver en las películas son esas casas edificadas en la misma playa. Esas casas de madera y cristal a las que tienes que llegar subiendo unas escaleras que dan a una terraza desde donde se ve una playa solitaria y larga. Esas casas de dormitorios grandes con camas grandes y ventanales grandes que dan a un océano grande y en donde en paños menores de seda rosea y brillante esperan una largas, hermosas piernas que acaban en una vulgar americana tonta del culo.
Esas casas están por Malibú, Long Beach, o Vence Beach. Y también hay comunidades como Chinatown o Koreatown.
Lógicamente la movilidad ciudadana es muy grande. Hace falta el automóvil como el comer. El autos americanos son grandes, potentes, hermosos y cómodos. Sí juntamos muchos coches y muchos coches grandes, el lío es enorme. Así que los establecimientos importantes necesitan que los clientes les lleguen hasta la misma puerta y encuentren las mayores facilidades para aparcar; así que raro es el que no cuenta no sólo con parking, si no con personal que aparca el coche y luego te lo traen.
La mujer emprendedora del principio, Gillian Harris, se le ha ocurrido que en vez de aparcacoches varones sean hembras las que estacionen automóviles y limusinas.
El éxito ha sido total. Sus 140 mujeres antes de empezar a trabajar son maquilladas por Kumberley Bowie. Sombras de ojos por aquí, coloretes por allá, los labios pintaditos, gel en el pelo, etc. Y nada de uniforme. Unas veces van con pantalones Capri, otras con remeras -que no rameras- de encaje, polleras mini o disfraces según la ocasión.
La empresa de éxito se llama Valet de las muñecas. Y las chicas son amables con los clientes. Amables dentro del buen gusto y la profesionalidad. La gente de la ciudad de “El Pueblo de Nuestra Señora Reina de los Ángeles” puede presumir de algo original y agradable y que además les resuelve un problema bestial como el del aparcamiento.
Chicas jóvenes, amables, guapas, elegantes... Se llevan y aparcan tu coche y luego te lo traen (las llaves en una bandejita) y el Ford, o el Oldsmovile o el Cadillac queda impregnado por un sensual y sutil perfume a Chanel nº5. ¿Te daran también el número de su móvil?
Y ZP, tan antiamericano él, nos dará una lección llena de nada y vacio sobre la ciudadanía dedicada en nuestro país al noble arte de ayudar a estacionar el utilitario en una plaza de aparcamiento si es que la hay.
O sea: sobre los gorrillas.
Los Ángeles no es una ciudad propiamente. Ellos, los californianos, dicen que Los Ángeles es una colección de comunidades individuales unidas por una complejísima red de caminos y carreteras y autopistas. Una de estas comunidades es Hollywood, famosa por ser donde moran los más afamados actores y actrices. Otra Comunidad es la de Burbank, que no es el Banco de Burgos en siglas, sino donde se ubican los grandes estudios cinematográficos.
Pero a mí lo que me gusta de ver en las películas son esas casas edificadas en la misma playa. Esas casas de madera y cristal a las que tienes que llegar subiendo unas escaleras que dan a una terraza desde donde se ve una playa solitaria y larga. Esas casas de dormitorios grandes con camas grandes y ventanales grandes que dan a un océano grande y en donde en paños menores de seda rosea y brillante esperan una largas, hermosas piernas que acaban en una vulgar americana tonta del culo.
Esas casas están por Malibú, Long Beach, o Vence Beach. Y también hay comunidades como Chinatown o Koreatown.
Lógicamente la movilidad ciudadana es muy grande. Hace falta el automóvil como el comer. El autos americanos son grandes, potentes, hermosos y cómodos. Sí juntamos muchos coches y muchos coches grandes, el lío es enorme. Así que los establecimientos importantes necesitan que los clientes les lleguen hasta la misma puerta y encuentren las mayores facilidades para aparcar; así que raro es el que no cuenta no sólo con parking, si no con personal que aparca el coche y luego te lo traen.
La mujer emprendedora del principio, Gillian Harris, se le ha ocurrido que en vez de aparcacoches varones sean hembras las que estacionen automóviles y limusinas.
El éxito ha sido total. Sus 140 mujeres antes de empezar a trabajar son maquilladas por Kumberley Bowie. Sombras de ojos por aquí, coloretes por allá, los labios pintaditos, gel en el pelo, etc. Y nada de uniforme. Unas veces van con pantalones Capri, otras con remeras -que no rameras- de encaje, polleras mini o disfraces según la ocasión.
La empresa de éxito se llama Valet de las muñecas. Y las chicas son amables con los clientes. Amables dentro del buen gusto y la profesionalidad. La gente de la ciudad de “El Pueblo de Nuestra Señora Reina de los Ángeles” puede presumir de algo original y agradable y que además les resuelve un problema bestial como el del aparcamiento.
Chicas jóvenes, amables, guapas, elegantes... Se llevan y aparcan tu coche y luego te lo traen (las llaves en una bandejita) y el Ford, o el Oldsmovile o el Cadillac queda impregnado por un sensual y sutil perfume a Chanel nº5. ¿Te daran también el número de su móvil?
Y ZP, tan antiamericano él, nos dará una lección llena de nada y vacio sobre la ciudadanía dedicada en nuestro país al noble arte de ayudar a estacionar el utilitario en una plaza de aparcamiento si es que la hay.
O sea: sobre los gorrillas.





