EL DEL CULO EN POMPA.
Llegó y en un rincón vergonzoso, bajo la mirada cachonda de la cachonda Isabel II, se bajó los pantalones, después los calzoncillos blancos ilustrados con hermosos palominos marrones, y se inclinó apropiadamente para que su culo se viese bien.
Unos muchachos fuertotes que ayer daban patadas a los cristales de la Audiencia Nacional, se acercaron y admirando aquellas carnes que se ofrecían tan dadivosamente... disfrutaron plenamente de ellas.
El del culo en pompa, también disfrutó; después arrancó una página de la Constitución que había en una urna y se limpió los líquidos que le escurrían.
A lo lejos se oía una copla malagueña al viejo estilo Piyayo:
“La tierra sintió su muerte,
las campanas reoblaron,
la´sepulturas se´abrieron,
los muertos resucitaron”.
Ojalá resuciten los mil muertos y ojalá resucitemos nosotros, tan apáticos con estas cosas. Y vayamos juntos hasta la Moncloa y...
¡Dios!, si existes, no creo que fueses capaz de perdonarme lo que estoy pensando.





