Arsa, pilili, y olé.
Estoy abochornado. Supongo que sabrán el motivo. Otra vez la muerte, como expresión de un pueblo que tiene muchas otras cosas que hacer. Pero no. Nos regodeamos en la muerte, con la muerte, sobre la muerte. Sin punto medio. A plañideros y plañideras no nos gana nadie. Además ahora tenemos la televisión de gran ayuda. De gran depredadora. Y esto no hizo más que empezar.
Que salgan los que faltan. Los que están escondidos esperando una oportunidad. Unas perras (euros) para hablar perramente de la que en Gloria esté. Viejos amigos, viejos amantes, viejos confidentes a los que se les quedará la boca seca de tanta mentira y los ojos acuosos de tanto JB con el que guisquear de tele en tele.
Nunca los periodistas, quien lo diría, han caído más bajo. Son rastreros, despreciables y viles. Ayudados por la audiencia. ¿Somos esto los españoles de hoy? ¿Dónde me puedo desapuntar?
En esta sobredosis de mentiras, de mierda, de ratas, de alcantarillas, uno no sabe ni que escribir y entonces se pone a oír el último disco de un chaval que perdió a su padre, un hombrecillo pequeño, casi nada, con un sombrero siempre ladeao más grande que él y la Maestranza. Un hombrecillo pequeño pero tan grande que a bocados se comía todos los palos del cante. Como suena la vida, dice el hijo, cuando canta el corazón. Esa era la formula del otro Valderrama, vaya que sí.
Otra forma de ver la muerte. Como hay que verla. En blanco y negro. El technicolor, el sonido estereofónico es para las películas de Hollywood. Para la Metro Goldwyn Mayer. Basta del mayor espectáculo del mundo cuando un simple ser humano se muere como se mueren todos los muertos de la tierra. Basta de negocios macabros, de lágrimas falsas tan bien disimuladas, de páginas huecas, de horas perdidas. Por eso ni será más grande ni será mejor. Dejad tranquilos los muertos, que bastante tienen con haberse muerto.
Si la vida siempre es injusta ¡qué diremos de la muerte! Pero la muerte lo que nunca será es un circo alegre. Y en eso la hemos convertido. Viajes El Corte Inglés hará pronto otro negocio sublime, organizando entierros a donde se podrá asistir en primera fila a las exequias de cualquier artista si hemos tomado el lote conjunto de Avión, y Hotel de tres estrellas con media pensión. Aseguran un recordatorio firmado por los parientes más cercanos.
Estoy abochornado. Supongo que sabrán el motivo. Otra vez la muerte, como expresión de un pueblo que tiene muchas otras cosas que hacer. Pero no. Nos regodeamos en la muerte, con la muerte, sobre la muerte. Sin punto medio. A plañideros y plañideras no nos gana nadie. Además ahora tenemos la televisión de gran ayuda. De gran depredadora. Y esto no hizo más que empezar.
Que salgan los que faltan. Los que están escondidos esperando una oportunidad. Unas perras (euros) para hablar perramente de la que en Gloria esté. Viejos amigos, viejos amantes, viejos confidentes a los que se les quedará la boca seca de tanta mentira y los ojos acuosos de tanto JB con el que guisquear de tele en tele.
Nunca los periodistas, quien lo diría, han caído más bajo. Son rastreros, despreciables y viles. Ayudados por la audiencia. ¿Somos esto los españoles de hoy? ¿Dónde me puedo desapuntar?
En esta sobredosis de mentiras, de mierda, de ratas, de alcantarillas, uno no sabe ni que escribir y entonces se pone a oír el último disco de un chaval que perdió a su padre, un hombrecillo pequeño, casi nada, con un sombrero siempre ladeao más grande que él y la Maestranza. Un hombrecillo pequeño pero tan grande que a bocados se comía todos los palos del cante. Como suena la vida, dice el hijo, cuando canta el corazón. Esa era la formula del otro Valderrama, vaya que sí.
Otra forma de ver la muerte. Como hay que verla. En blanco y negro. El technicolor, el sonido estereofónico es para las películas de Hollywood. Para la Metro Goldwyn Mayer. Basta del mayor espectáculo del mundo cuando un simple ser humano se muere como se mueren todos los muertos de la tierra. Basta de negocios macabros, de lágrimas falsas tan bien disimuladas, de páginas huecas, de horas perdidas. Por eso ni será más grande ni será mejor. Dejad tranquilos los muertos, que bastante tienen con haberse muerto.
Si la vida siempre es injusta ¡qué diremos de la muerte! Pero la muerte lo que nunca será es un circo alegre. Y en eso la hemos convertido. Viajes El Corte Inglés hará pronto otro negocio sublime, organizando entierros a donde se podrá asistir en primera fila a las exequias de cualquier artista si hemos tomado el lote conjunto de Avión, y Hotel de tres estrellas con media pensión. Aseguran un recordatorio firmado por los parientes más cercanos.





