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R E V E L.


Se ha muerto y los socialistas quizás se hayan alegrado. Jean-Françoise Revel (1924-2006) nos dejó a solas con la libertad por la que tanto luchó.

¿Cómo le iban a oír los socialistas de pacotilla cuando gritaba a toda plana: “la primera de las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira”? ¿Y que mentira mayor que el actual socialismo?, pueden preguntárselo al Remendón.

Revel era claro como el agua. Por eso en su rococó país se le hizo poco caso. ¡Como iban a escuchar que la globalización, tan requetementada, es el chivo expiatorio de los imbéciles!

Era el paladín del no a las ideologías. Y nadie habló de la libertad como él. Era un neoliberal que respetaba por encima de todo la dignidad del ser humano. Decía que para ser liberal había que reconocer la realidad de las cosas.

En España, como en Francia, las ideas liberales, (que pueden calificarse de derechas, pero no de cualquier derecha), siguen siendo ultraminoritarias, dice Semprum hablando de Revel. Y añade: así nos van las cosas, así nos vamos hundiendo bailando sardanas.

Falta una corriente liberal en este país. No un partido político, ni unos ideólogos. Si no un sentimiento abierto y plural.

A comunistas y socialistas les dolía oírle cuando escribía: La certeza de ser de izquierdas descansa en un criterio muy simple, al alcance de cualquier retrasado mental, ser en todas las circunstancias, de oficio y pase lo que pase y se trate de lo que se trate, de ser antiamericano.

Y acabo con un parrafo de José García Domínguez sobre Revel: “Pero eso, el que no fuese un ideólogo, su principal virtud intelectual, es algo que los socialistas están fatalmente incapacitados para comprender; no pueden concebir que el liberalismo no sea también una ideología, otra que simplemente se opone a la suya. Castrados por la fe en sus dogmas apriorísticos sobre la realidad, siempre les resultó inadmisible la irreverencia de un pensamiento tan impertinentemente libre de prejuicios, como el suyo. Que la tierra les sea propicia. La obra de Jean-François Revel seguirá viva cuando ya nadie recuerde ni que existieron”.



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