A LA CHITA CALLANDO.
Han sido unos días francamente (¡¡Up, Spain!!) deliciosos. La primavera estalla hermosa y la guapura de las mujeres se desparrama por las calles para solaz de nuestros ojos. El deseo, sano e insano, corroe nuestros pensamientos –malos-. Así es la vida vista con ojos masculinos. Y así será la vida para el otro sexo, aunque digan que no. Tema para debatir con tranquilidad otro día.
Pero lo principal de estos maravillosos días es que el Granaditos no ha escrito ni media palabra. Que tranquilo estoy con su ausencia. Y mira que era pesado con su Málaga, con su presidente remendón, con sus ínfulas trasnochadas. Era más malo que las introducciones de Jesús Quintero a cualquier invitado.
Para un buen cóctel "Granaditos", mezclese un poquito de la estupidez de Chiquito de la Calzada, cinco -y es mucho- gramos de las narices de Paz Padilla, un buen chorreón de los discursos de Pepiño Blanco, unas gotas del blog de algún amigo/enemigo, agítese y sírvase en copa con mucho hielo. Y muerase de granaditis
En eso queda el Granaditos, ese que tanto nos hizo sufrir hablando de que no hay libertad. Mentira, mentiroso. Que vas a ir al infierno, Granaditos de los cataplines. No solamente hay libertad si no que en el Congreso, los padres de la patria, lo van a ratificar con un estatuto único en el mundo. Seremos más libres, tendremos nuestros derechos que ahora se nos niegan y te los pasaré por las narices una y otra vez. ¿Ves como Zapatero es bueno? Nadie en el mundo, nadie más que él, había pensado en nosotros que somos vosotros porque somos iguales. Toma genoma, pastillas de cromosomas que son para la composición alélica.
Ahí te quedes, Granaditos. Ha sido una delicia no tenerte que leer a diario. Esta primavera, entre mi libertad, mis derechos y tu ausencia soy muy feliz.
Y ahora, me voy con mi novia Chita que me está esperando para que hagamos monerias.





