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¡¡¡CARACOLES!!!

De los caracoles me gusta su parsimonia. Su ir por la vida, tranquilamente. Sin prisas. Mirando el panorama. Viéndolas venir. Los caracoles, con su casa a cuestas, no tienen añoranzas ni recuerdos. Me gusta esto -piensan- y allí se quedan. Son nómadas en máximo grado. Esperan que llueva para después, fresquito el verde, comérselo vorazmente, mientras el recuerdo de las niñas con vestiditos rosas cantan lo de caracol, col, col, saca tus cuernos al sol. Cuernos, por cierto que lleva con una dignidad grandiosa. Como su padre y su madre que también los sacaron.

Hoy la vida, si esto es vida, deberíamos vivirla con la serenidad del caracol. No hay cosa más angustiosa que las prisas. Yo he tardado catorce horas en ir desde la capital a mi Málaga en aquellos viejos trenes. Ahora tardo cuatro y media ¿y qué? La catedral sigue manca para algunos y cojita para otros en el mismo sitio de siempre. Y la calle Larios y el Parque y los Percheles. ¿Para que ir a Málaga deprisa a ver a mi amigo-hermano Emilio si siempre le veo de perfil hablando por teléfono, conduciendo el coche de arriba abajo, pongo por ejemplo?

Lo dicho anteriormente: me gusta la parsimonia de los caracoles como me agrada la pachorra de la salamanquesa en la quietud del blancor de una pared. Lo siento, pero yo soy así. Templado. Sosegado.

¿A qué viene hablar de caracoles?, se preguntaran. Pues está claro. Ya se vende (79 €) Celltone, un extracto de baba de caracol que regenera y rejuvenece la piel. Combate el acné, elimina las arrugas, borra cicatrices y regenera las células.

Las babas del caracol tienen un componente llamado Alantoina que repara y reconstruye su duro caparazón y a nosotros la cara.

Este nuevo producto se está vendiendo muy bien. Divinamente. ¿O es que no se han dado cuenta de la cantidad enorme de caraduras que hay?


 


 
Comentario:
Los mejores caracoles son los que hacen en Casa Amadeo, con chorizo de Villancayo; según Joaquín Merino al que me encontré el otro día en el 27.
Nunca me ha gustado parar a los famosos, pero no me pude contener y le pregunté: "Buenas tades Don Joaquín, ¿Sigue usted siendo tan comilón?
Hombre vengo de Zalacaín, príncipe; me contestó.
Pues no viene usted de mal sitio, le respondí.

Y ya me baje.
 
Comentario:
Disculpi'm, pero a mi m'agradarían amb peus de porc.
No