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CORAZON SAHARAUI.


Ahora mismo –y luego- no tengo ganas de viajar. Me cansa y aburre. No me apetece en absoluto llegarme y conocer Nueva York. Me parece por las fotos y las películas, muy grandota, destartalada y llena de obesos americanos que van en busca de cursis americanas que siempre están en la cocina sacando algo del horno con una guateada manopla. O ensuciando el pan con mantequilla de cacahuetes; que guarrería. O tirando los birretes en las graduaciones o con el pompom para arriba o con el pompom para abajo cuando juega Gasol, tío.

Ni Grecia ni Italia me interesan porque están muy usadas, ajadas y viejas. Como las niñas de Montera, esquina a Jardines. Paris es muy francés y aparatoso. Muy napoleónico. De Londres, me daría miedo que por una esquina se me apareciese la Queen o cualquiera de los princes. A Bruselas hay que ir con cuidadín no vaya a ser que el Manneke Pisser, te ponga empapado. Los alemanes me importan un higo, igual que todos sus vecinos del norte. Son cerrados, hamburguesados, y bebedores o de cerveza o de Absolut Vodka bien helada. Que les den... pepinillos y en vinagre.

Vamos, que servidor como viajante es un asco. La verdad es que no me atrae nada en esta mi joven ancianidad. Quizás sí me gustaría ir a La Habana para ver si tenía razón mi querido Carlos Cano y comprobar in situ en lo que allí llaman el Malecón, si hay más negritos que en Cádiz, donde hay más salero. Y además conocer todos los estragos que por aquellas tierras hicieron viejos y queridos familiares y conocer, quizás, a muchas primas hermosotas que debieron dejar por allá tíos y abuelos, un pelín crápulas, disolutos y depravados.

Amante fui siempre de la mar mediterranea: de mirar, de mirarla; de hablar con ella; de sentirla; de abrazarla. De la mar y del agua. De las fuentes que arrullan, alimentan, dan vida a los arrayanes. Mar, agua, la nieve, al fondo, del Veleta. Y cruzando otro mar mediterráneo, el de Alborán. Y África y siguiendo la estrella, el viejo desierto, el Sahara, el que español fue. Allí en la arena caliente del día, hiriente en la noche; allí, digo, una nación saharaui que no dejamos nacer. Treinta años de promesas incumplidas. Ayudamos a unos y a otros y a estos los abandonamos. Políticos de mierda que no levantan un dedo contra la pobreza de un pueblo, bendito sea, que no quiere ser nómada, que no quiere ser súbdito de monarcas corruptos, que han sido durante treinta años los hombres y mujeres que han llevado, ¡en el mundo!, la cabeza más alta.

Allí si que me gustaría ir. Dormir oyendo el romper de las olas de arena contra el corazón pétreo de los saharauis.



 
Comentario:
había una vez una zorra que quería coger unas uvas....o ¿era un zorro?... el caso es que no estaban maduras. Cosa que no le ocurre a usted, señor Granaditos. Está usted muy maduro, usado, ajado y viejo.
Cualquier dia de estos le explicaré la diferencia entre "joven ancianidad" y vejez prematura que es realmente lo que padece usted.
También quiero recordarle que "la mar mediterranea" no moja solo las playas españolas. Tambien moja las costas catalanas, valencianas.. y hasta las de mi pueblo(casi). Y la isla de Santa Elena donde me gustaría recluirle a usted para que siga eternamente mirándola (la mar...),hablándole, sintiéndola y abrazándola.
Selo digo con cariño...pero es usted un viejo carcamal. Y gruñón!!!
No