VEN A CÁ PA CA, PICHA.
El que sea lunes no quiere decir nada para que un servidor de ustedes vosotros, no tenga ganas –ninguna- de ponerse a escribir este blog cada día más estúpido, chuchurrío y esaborío.
Y no tengo ganas de escribir porque mi Málaga y mi Unicaja han perdido. Lo del Málaga se veía venir y hasta que ese malaje llamado Sáenz no se vaya, el equipo no levantará cabeza. Deben de irse él, y todo el entorno. Lo del Unicaja debió ser una mala tarde. Digo que debió porque hace ya años que no veo el baloncesto (¡ay, mi querido Estudiantes!) ni por la televisión ya que no quiero morir de infarto. Me apasionaría demasiado y a mi edad, tan provecta, es mejor tomarse las cosas como un ensayo de la calma infinita que me espera.
Pero sobre todo me quitaron ayer las ganas de escribir, las chirigotas, las comparsas y los coros de Cádiz. Me pasé el domingo oyendo las coplas, los tangos, y tanguillos de este año y de los anteriores. Hasta estuve oyendo antiguas coplas de ese genio: Paco Alba.
Ajolá estuviera ahora paseando por la Caleta, por la Viña, cansado, sin dormir mijita, todavía con el terenguedengue y el repeluco de haber oído la voz de jóvenes y viejos (¡qué delicia de Los Viejos con Glamour!) en esas coplas escritas por verdaderos poetas anónimos. Son el alma eterna de Cádiz, la tacita hermosa, la salada claridad. Y el Carnaval está empezando.
Cada año por estas fechas oigo el ven acá pa ca, y aún no he ido. Es una deuda que tengo con Cádiz y conmigo mismo. Espero, aún, poder hacerlo, picha.
Lo que me pasa, quillo, es que ir al Carnaval y sentarme a tomar un algo y que me pregunten ¿qué será? y yo diga un Sué o un Sevená... me da un jamacuco muy grande. Ya estoy oyendo a lo lejos al camarero susurrar: Que cabronazo este joioporculo.





