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LA PAZ EMPIEZA NUNCA...

...es el título de una mala novela de un buen periodista que fue admirado y denostado; amado y odiado: Emilio Romero.

Pues ahora, en esta mi tierra, la paz empieza siempre. Todos hablan de paz. Los asesinos y los que tienen que apresar a los asesinos. Los asesinos y los jueces que deben condenarlos a la prisión eterna. Los asesinos y los políticos de mierda. Los asesinos y un presidente (no merece las mayúsculas) borracho por pasar a la posteridad, por ganar otras elecciones, por salir en los libros de texto.

Aquí lo digo. No quiero esa paz por mentirosa. No quiero esa paz por mendigante. No quiero esa paz.

Quiero a los asesinos en oscuras celdas. Y a los que han disparado o puesto la mano sobre el detonador. Y a los que les han cubierto las espaldas políticamente. Y a los que han mirado hacia otro lado, silbando cualquier chuminada.

No quiero esa paz que convierte en ganador al asesino y las victimas en derrotados. No quiero esa paz en contra de la mitad de los españoles. No quiero esa paz.

Quiero la paz de la justicia, de la condena, de la pena exacta. Quiero la paz pero sin olvidar el dolor. Quiero la paz sin perdón. Quiero la paz.

La paz no empezará nunca de esta forma zapateril, nunca. No estoy de acuerdo, qué va, con lo que decía Butler de que es preferible una paz injusta a una guerra justa. No, después de cientos de asesinados (no les llamemos simplonamente muertos) no puede haber una paz injusta. Porque sí seríamos injustos con los que ya no están junto a nosotros. Y eso es terrible para un país que se convierte en una tierra desagradecida, egoísta y olvidadiza.

Y yo no olvido.

Cicerón afirmaba que si queremos gozar la paz, debemos velar bien las armas; si deponemos las armas no tendremos jamás paz. Y Thomas W. Wilson pensaba, como yo pienso, que hay que defender la paz a todo trance; incluso con la guerra.

Lo pienso, lo escribo y lo firmo. Y tan a gusto que me he quedado.



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