UNA MAÑANA TONTA.
Ya no sé si es invierno o primavera. Lo del tiempo no lo arregla nadie. ¿Si es invierno porque me parece primavera?, me pregunto. Si no es tiempo de espárragos ¿porque hay espárragos?, y quien dice espárragos dice fresones, almendras garrapiñadas, o claveles reventones.
Que hay un boquete, dicen algunos, en el ozono. ¿Y eso que es? Yo solo recuerdo el ozononopino Ruy-Ran; con el que te regaba el acomodador en los cines de sesión continua del barrio. Y luego entrabas en cualquier sitio y decías, asombrado, huele a cine.
Así que con esto del inviernoprimaveral o la primaverainvernal, el caso es que no sabe uno que ponerse. Yo tengo una braga sin usar. Y un impermeable sin estrenar tampoco. (Mi braga es esa prenda que abriga el cuello -lo especifico no vaya luego a criticarme el Sr. Kynoleus-, y el impermeable no es lo que se pone en salva sea la parte. Quede claro).
Es que esto, la vida, ya no es lo que era. Anoche, sin ir más lejos, entre rumores negros sobre una folklórica, en el Parlamento se debatía un Estatuto que nadie sabe lo que dice. Es más. El texto no lo conoce nadie. No está en un papel. ¿Entonces qué debaten? ¿El sexo de los ángeles? Justificación de sueldos. Como lo justificaron, seis veces, en Zaragoza los galácticos. (Ni quiero hacer leña del caído ni herir a nadie; para que aprendan).
Hace sol en este invierno tierno y amariconado. Una dulce mañana para hacerse la pregunta vital: ¿y quien soy yo? Visto lo que veo, y sintiendo lo que siento, la respuesta, señores y señoras, es bien sencilla. Soy, somos una mierda pinchada en un palo que tienen en sus manos los políticos.
Tampoco se me preocupe mucho si es usted una mierda pinchada en un palo ni si el invierno se nos ha anariconado. Todo eso es algo insignificante. Mejor preocúpese de sus roscones que así a primera vista parecen... pues eso... aunque vayan sin palo.





