FALTAN 73 DÍAS.
Faltan 73 días para el Domingo de Ramos. Las Cofradías ya están de los nervios y empiezan a limpiar la plata y los cofrades a recoser las túnicas, a quitar la cera, a buscar el capirote a ver si se ha escachifollado.
Pasas por las Hermandades y las bandas de tambores y trompetas resuenan por los patios y las azoteas, monótonas y repetitivas.
Quedan setenta y tantas noches de ilusión por que llegue la noche más grande. Para uno será la del Lunes Santo, para otros el Jueves, o el Miércoles...
Tiemblan muchos corazones y la sangre corre aprisa. Faltan setenta y... Los mayordomos de trono (¡ay, quien lo hubiese sido!) sueñan con los toques de campana bien dados en el momento oportuno, con el paso por la Tribuna (Callaitos tós y mirando al cogote del compañero y no a las chavalas), con la paradita en la esquina de la calle del viejo cofrade que murió este año y donde una niña cantará una saeta con la garganta de angustia y de pena llena. Ya hay que tallar a los hombres. Ojito allá por la cola que el año anterior las pasamos canutas, que había mucho novato y por poco rozamos el muro al encerrar.
Y el novato, 18 recién cumplidos, pregunta ¿qué me pongo en el hombro para que no me duela el varal? Y el padre le mira y le dice, ¡los cojones y el alma!
Faltan setenta y tantos días y a muchos el sueño no les deja dormir.
Pero es otra clase de sueño que sólo unos pocos, los elegidos, podran saborear.





