¡OÍDO; COCINA...!
Se reúnen en Madrid estos días, unos señores que dicen ser cocineros. Y de los mejores del mundo. La representación española nos ofrece, según dice La Razón:
MICROFILTRACION de Carmelo Bosque, que logra un gazpacho totalmente transparente pero que conserva su sabor. Se sirve en botellas de champán.
BOMBONES DE AGUA, de Miguel Sierra. Son una incógnita así como sus bombones a la plancha o ahumados.
PEPEL COMESTIBLE, de Homaro Cantu. Se fotografía una hamburguesa y luego se fotografía con una cámara digital; la imagen obtenida se imprime sobre papel comestible y finalmente se condimenta con aromas en polvo prensados en caliente que recuerdan al queso cheddar, la mostaza y la carne a la parrilla.
DESTILACIÓN, de Jordi Roca. Destilar tierra con trufa y aplicar el líquido sobre una ostra.
Esta y otras guarrerias se cocinarán en esta ciudad, hoy lluviosa (es que dan ganas de llorar con tanta chorrada), y ayer templo de los callos, los entresijos, las gallinejas... Y si nos ponemos más delicados, del besugo y la lombarda.
Será que mi paladar no sirve para esta nueva cocina de laboratorio, pero ¿a que sabrá uno de esos cochinillos fluorescentes o fosforescentes que se han inventado hace nada? Y, sobre todo, cuando exoneremos el vientre ¿también lo haremos entre estrellitas luminosas? ¿Nos veremos defecando, con perdón, entre tracas ruidosas y brillantes fuegos de artificio?.
Vamos que.
¡Oído, cocina, pincho de morcilla y bocata de calamares!
Y como dios.
Antes, un cocinero se dedicaba acocinar lo mejor para sus clientes. Alguna vez les sacaban en la tele, pero nada más.
Ahora los cocineros dicen: he inventado la tortilla que va envuelta en cápsula hecha con polvo de puta de asia, y luego van cuatro soplapollas a su restaurante a pagar 200 euros por comer esa tontería que de tortilla no tiene nada.
Los políticos mejor no hablar, porque ya no hablo de política; que sino!





