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CONGELADITOS.


No me refiero, ¡quiá!, a los de La Sirenita, La Cocinera o los de la madre que los trajo al mundo. Es otra bonita historia que paso a relatar como buenamente pueda.

Rémy Martinot es un aristócrata de Nueil-sur-Layon que tiene a sus padres congelados en los sótanos de su mansión. Permanecen en una nevera a 65 grados bajo cero esperando el santo advenimiento. Vamos, que está como una regadera.

Ahora ha perdido en los tribunales galos su batalla –ya emprendida por su padre- de la criogenización, que es, como todos saben, la conservación de los cadáveres con vistas a un eventual regreso a la vida.

El hijo cuida los cadáveres de los padres con mimo y dedicación. Mantiene la temperatura gélida y va suministrándoles anticoagulantes sanguíneos para tenerlos dispuestos cabalmente en espera de la resurrección de la carne.

Ahora los tribunales han dicho –lo comenta El Mundo- que a la fosa o a la incineración. Ya veremos en que acaban los que ya acabaron. Si en gusanillos locos o en pavesas grises deseosas de darse un paseito por los Champs Elysées.

Pero este sucedido, como francés, es chovinista y además, un gran delirio de grandeza. ¡La France! Pues toma ¡France!, Francia. Que en España también hemos tenido de eso y además más romántico y escabroso. Paso a contarlo que siempre habrá alguien que lo ignore.

Era allá por el reinado desastroso –otro más- de Isabel II a la que no voy a poner adjetivos calificativos porque hay señoras y podrían sonrojarse. Eran tiempos en los que cantábase a su marido lo de:

Vuestra noble faz empaña /el nublo del deshonor /deshaced presto esta niebla, /cortaos los cuernos, Señor; /que el mundo entero os señala,/la Europa os llama cabrón,/ y cabrón repite el eco/ en todo el pueblo español.

Pues sucedió que un famoso Doctor y gran antropólogo apellidado Velasco tenía una hija, por la que sentía un cariño desmesurado, enferma de tuberculosis. La muerte de esta hija le llena de infinita pena, como pena infinita también lacera al novio de la muchacha, Dr. Muñoz Ledeño, ayudante de Velasco.

Locos por la perdida, embalsaman el cadáver y lo mantienen en el domicilio durante mucho tiempo. Sentaban todos los días al cadáver en la mesa a la hora de las comidas. La paseaban, en coche de caballos, por el Paseo de Recoletos y se comentó por las lenguas de triple filo que su prometido, el Dr. Muñoz Ledeño, hacía vida marital con el cadáver.

¿Qué dirán ahora los gabachos? Ellos mucha congelación pero metidos en una nevera, y nosotros de bureo con el cadáver a cuestas.

Y es que hasta a la muerte hay que darle su poquito de imaginación, ¿no verdá?, que si no es triste y aburrida. Ya lo dicen los de la Legión: Viva la muerte. Pues que les den, vamos digo yo.



 
Comentario:
Solo una curiosidad sobre los padres congelados.
Los ha congelado antes o después de muertos?
Porqué en ambos casos, se nos presenta un dilema moral bastante espeluznante del que se podría hablar en un foro creado para la ocasión por Ud. mismo.

Y en cuanto al caso de los Madriles,prefiero no hablar ya que aun podrían quedar descendientes que me demandarían. Romántico!(Puah) Necrófilos!
Usted siempre con su vena patriótica.
No