...Y AL CUARTO DÍA, ¿QUÉ?
Vamos a ver.
El coche que va delante suyo -o mío- no pone los intermitentes, cosa harto frecuente, o el coche que va detrás suyo –o mío- quiere besarle el culo, es un decir, y no lleva la distancia adecuada, cosa más que harto frecuente, pues lo único que puede pasar es eso que Usted piensa: un accidente.
Supongamos, (es solo un suponer); supongamos digo que en ese accidente lamentable y evitable (más intermitentes, más guardar las distancias obligatorias), Usted –o yo- pues nos abrimos la cabeza, nos rompemos el bazo o nos sale un pulmón por la boca y vamos y nos morimos en el acto. Pues simplemente seremos la vigésima quinta victima –o la que sea- de la carretera.
Si en vez de morirnos en el acto, lo dejamos para el día siguiente o el tercero, seguiremos siendo una victima, otra más, de la carretera. Sumaremos o restaremos en las estadísticas. ¡Vivir para acabar siendo una cifra estadística con la que jugaran los políticos para tirársela unos a otros en la caradura!
Pero, si Usted, Dios no lo quiera, o yo, Satanás no lo permita, nos morimos de ese golpetazo al cuarto día, podemos ya ponernos a criar malvas tranquila y alegremente, que no nos hemos muerto de accidente de tráfico. Estamos borrados de las estadísticas. La Dirección General de Tráfico, feliz.
¿Qué le dirán a sus o a mis deudos, allegados, descendientes, o familiares en general? ¿Qué no fue un accidente de carretera, si no un accidente, desgraciado, eso sí, de almorranas? ¿En qué estadística le pondrán a Usted o a mí, (tate, tate, toco madera)?
Es un problema que me tiene en un sinvivir estadístico, muy preocupante.
Saben aquell que diu?





