SANTA LUCHY.
Hoy es martes. Y trece. Pero no sé de cuando. ¿Del ayer? ¿Del mañana? Abro el periódico. El Prestige. La guerra de Irak. El Estatuto. Otro Pujol, que aparece.
Pues sí; sí que es martes y trece. No hay más que verlo. Cruzo los dedos, toco madera, pero sigue siendo martes y trece. No lunes y nueve, o miércoles y veintisiete; no. Martes y trece.
¿Qué si soy supersticioso? ¿Yo agorero? ¡No sabe a quien está leyendo! No me gusta el amarillo, (¡oh, cielos, lo he escrito!), ni pasar por debajo de una escalera, ni levantarme con el pié izquierdo, ni romper un espejo, ni los gatos negros, ni los búhos y lechuzas, ni los paraguas abiertos, ni la sal derramada, ni las tijeras abiertas, ni las tostadas quemadas (¡alimento del diablo!)... Pero no soy supersticioso, que va.
Hoy es martes y trece y los de la ONCE dicen no ven claras sus cuentas, que se están arruinando, pues que Santa Lucía les conserve la vista.
Por que hoy, martes y trece, es, también, Santa Lucía. Aunque yo, por eso de la confianza, digo que es el día de Santa Luchy, que además de buena moza, es mi comadre, que no es moco de pavo. Así que aunque sea martes, aunque sea trece, aunque sea Santa Lucía, para mí, para muchos, es un día alegre en el que, año tras año, abro mi pequeño, humilde homenaje, a Santa Luchy. Y ahí me las den todas.
Y ahí va, querida Luchy, la oración popular a tu patrona. Que te conserve la vista y sepas, aún más, apreciar los colores para que los plasmes en esa hermosa marina que espero me regales próximamente.
¡Oh Bienaventurada y amable Virgen Santa Lucía, universalmente reconocida por el pueblo cristiano como especial y poderosa abogada de la vista, llenos de confianza a ti acudimos; pidiéndote la gracia de que la nuestra se mantenga sana y le demos el uso para la salvación de nuestra alma, sin turbar jamás nuestra mente en espectáculos peligrosos. Y que todo lo que ellos vean se convierta en saludable y valioso motivo de amar cada día más a Nuestro Creador y Redentor Jesucristo, a quien por tu intercesión, oh protectora nuestra; esperamos ver y amar eternamente en la patria celestial. Amén
Pues eso. Que así sea. Y el cuadro bonito, con su Mediterráneo, su barquito y su vela latina, si es que me puedo poner a pedir gollerías.
Pues sí; sí que es martes y trece. No hay más que verlo. Cruzo los dedos, toco madera, pero sigue siendo martes y trece. No lunes y nueve, o miércoles y veintisiete; no. Martes y trece.
¿Qué si soy supersticioso? ¿Yo agorero? ¡No sabe a quien está leyendo! No me gusta el amarillo, (¡oh, cielos, lo he escrito!), ni pasar por debajo de una escalera, ni levantarme con el pié izquierdo, ni romper un espejo, ni los gatos negros, ni los búhos y lechuzas, ni los paraguas abiertos, ni la sal derramada, ni las tijeras abiertas, ni las tostadas quemadas (¡alimento del diablo!)... Pero no soy supersticioso, que va.
Hoy es martes y trece y los de la ONCE dicen no ven claras sus cuentas, que se están arruinando, pues que Santa Lucía les conserve la vista.
Por que hoy, martes y trece, es, también, Santa Lucía. Aunque yo, por eso de la confianza, digo que es el día de Santa Luchy, que además de buena moza, es mi comadre, que no es moco de pavo. Así que aunque sea martes, aunque sea trece, aunque sea Santa Lucía, para mí, para muchos, es un día alegre en el que, año tras año, abro mi pequeño, humilde homenaje, a Santa Luchy. Y ahí me las den todas.
Y ahí va, querida Luchy, la oración popular a tu patrona. Que te conserve la vista y sepas, aún más, apreciar los colores para que los plasmes en esa hermosa marina que espero me regales próximamente.
¡Oh Bienaventurada y amable Virgen Santa Lucía, universalmente reconocida por el pueblo cristiano como especial y poderosa abogada de la vista, llenos de confianza a ti acudimos; pidiéndote la gracia de que la nuestra se mantenga sana y le demos el uso para la salvación de nuestra alma, sin turbar jamás nuestra mente en espectáculos peligrosos. Y que todo lo que ellos vean se convierta en saludable y valioso motivo de amar cada día más a Nuestro Creador y Redentor Jesucristo, a quien por tu intercesión, oh protectora nuestra; esperamos ver y amar eternamente en la patria celestial. Amén
Pues eso. Que así sea. Y el cuadro bonito, con su Mediterráneo, su barquito y su vela latina, si es que me puedo poner a pedir gollerías.





