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FRENTE AL CÁNCER,

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SERRAT SESENTÓN.
Ayer a las siete gotas escasas de la tarde, con el cielo anubarrado, en un escenario negro, un piano y una guitarra. Una pequeña mesa, una champanera, un taburete y un micrófono. Ricard Miralles, de negro. Serrat, vaqueros y camisa blanca. Y el teatro lleno de sesentones y sesentonas y de hijos de sesentonas y sesentones.

Otra vez Serrat. Pero hoy el Serrat íntimo. Sin orquesta, sin tachón, tachín. A palo seco. A guiño con Ricard. Los dos sólos; como entonces. Como les “visionó” Tete Montoliú.

Canciones de siempre que siempre son distintas. Canciones viejas que se hacen, cada vez, nuevas. Canciones nuevas que no dejamos (¿por qué?) llegar a viejas.

Aún hay que dar explicaciones por cantar ¡una! canción en catalán. Y no era mis “Paraules d´amor”. Aún hay que oír aplaudir, extemporáneamente y sin venir a cuento, cuando canta el párrafo de las banderas de papel, verdes, rojas y amarillas.

Sesentones y sesentonas que no quieren llegar a serlo. Ellas, las típicas hijas típicas de familia bien del país. Las de los domingos en la hípica y a las dos en José Luis. Y ellos esos con las que soñaban ellas; ese ladrón que desvalijaba el amor filial, señora.

El renacer de los aplausos cuando no rebrota la juventud. Las lágrimas de aquello que no fue. El ayer en el alma cansada. El dolor de lo no vivido. El haber perdido los sueños. El no encontrar lo que tanto se busco por entonces.

Canciones de ayer, viejas y nuevas, oídas con los oídos viejos del fracaso. Ninguna canción pudimos retener entre los dedos y sentirla como cuando la oíamos.

Cuantos besos que no dimos. Cuanto ayer se nos llega a la boca. Que pocos instantes nos separan del eterno fracaso. Ya no somos lo que quisimos ser.

Si no estuviese tan oscuro
a la vuelta de la esquina;
o simplemente si todos
entendiésemos que todos
llevamos un viejo encima...

No lo hemos sabido comprender. Llegamos a Serrat, hoy, con la vana intención de no llegar a los años duros que nos esperan.

No asumimos las etapas. Ni Nano Serrat es aquel de Poble Sec, ni nosotros los que corríamos para no llegar a ningún sitio. O

Quizás llegar a viejo,
sería todo un progreso,
un buen remate,
un final con beso.

A la salida, la tarde era noche, casi las nueve gotas en punto. Se sentía un runrun que jugaba con nuestros sentimientos. Calle abajo a lo mejor nos sentiamos libres y jóvenes. Qué equivocación.

Terminándo el concierto, a Serrat se le olvidó la letra de una vieja canción.

Serrat, tambien, era como nosotros.
 
Comentario:
Corazón de pluma
¿pa' qué pierdes el tiempo
conversando con la noche y con el viento?...
Cuando la tarde es noche, nunca podrás sentirte ni libre ni joven. Espera al amanecer.
No dejes que ...
"una vieja canción
pasada de moda,
te mande a la lona
de un gancho al corazón".
Que aun somos jovenes, coño! Qué son esos "años duros que nos esperan"????
.... pero claro... ahora que lo pienso.... eran todas sesentonas....
Appunto!
No