EL ECLIPSE.
Tengo miedo. El sol se está atenuando tanto que casi estoy a oscuras en esta mañana que debería ser luminosa. A la luna se le ha puesto en los ovarios hacer su gracia y aquí la tenemos delante del sol, incordiando. La luna no está para estas cosas. La luna lunera tiene sus obligaciones por los atardeceres. ¿Qué sería de los poetas sin las noches de luna? Venga, díganmelo.
Y tengo miedo por que esto de que la luna eclipse al sol no es de recibo. Las cosas en su sitio. El sol a iluminar y la luna a bailar con los jazmines. No vale eso de quitaté tú para ponerme yo. Quien hiciera o hiciese el mundo puso los puntos sobre las ies y no vale ahora ponerlos sobre las efes.
Hasta Don Manuel Machado (el hermano poeta bueno) tenía
en su escudo, en el lema de casa, el mote del escudo, una nube vaga que eclipsa un vano sol. No se le ocurrió decir que la luna eclipsaba su nobleza, no. Para él, a la luna la dejaba para el momento hermoso de la dejadez: mi voluntad se ha muerto una noche de luna en la que era muy hermoso no pensar ni querer. De cuando en cuando un beso, sin ilusión ninguna. El beso generoso que no he de devolver.
¡Cuánto aprendí del poeta olvidado! Su “Adelfos” ha sido mi religión, la brújula que me fue indicando por donde ir con el alma a cuestas. Nada os pido. ni os amo ni os odio. Con dejarme, lo que hago por vosotros hacer podéis por mí. Que la vida se tome la pena de matarme, ya que yo no me tomo la pena de vivir.
Ya mozuelo, en aquellas largas, silenciosas noches malagueñas, cuando la mar me cantaba por jaberas y en el cielo las estrellas me arropaban, y ya lo había perdido todo, me daba cuenta de que mi voluntad también se había muerto como la del poeta. De cuando en cuando un beso y un hombre de mujer, que nunca llegaron.
No tengo nada contra los eclipses. Yo mismamente soy un eclipse oscuro y eterno, como bien demuestro todos los días en este estúpido blog.
Y tengo miedo por que esto de que la luna eclipse al sol no es de recibo. Las cosas en su sitio. El sol a iluminar y la luna a bailar con los jazmines. No vale eso de quitaté tú para ponerme yo. Quien hiciera o hiciese el mundo puso los puntos sobre las ies y no vale ahora ponerlos sobre las efes.
Hasta Don Manuel Machado (el hermano poeta bueno) tenía
en su escudo, en el lema de casa, el mote del escudo, una nube vaga que eclipsa un vano sol. No se le ocurrió decir que la luna eclipsaba su nobleza, no. Para él, a la luna la dejaba para el momento hermoso de la dejadez: mi voluntad se ha muerto una noche de luna en la que era muy hermoso no pensar ni querer. De cuando en cuando un beso, sin ilusión ninguna. El beso generoso que no he de devolver.
¡Cuánto aprendí del poeta olvidado! Su “Adelfos” ha sido mi religión, la brújula que me fue indicando por donde ir con el alma a cuestas. Nada os pido. ni os amo ni os odio. Con dejarme, lo que hago por vosotros hacer podéis por mí. Que la vida se tome la pena de matarme, ya que yo no me tomo la pena de vivir.
Ya mozuelo, en aquellas largas, silenciosas noches malagueñas, cuando la mar me cantaba por jaberas y en el cielo las estrellas me arropaban, y ya lo había perdido todo, me daba cuenta de que mi voluntad también se había muerto como la del poeta. De cuando en cuando un beso y un hombre de mujer, que nunca llegaron.
No tengo nada contra los eclipses. Yo mismamente soy un eclipse oscuro y eterno, como bien demuestro todos los días en este estúpido blog.





