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FRENTE AL CÁNCER,

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D E C Í M O S.
DICE ANSON:

“Qué insensatez. Qué política disparatada. Qué frivolidad. En poco más de un año, un político indocumentado, sin experiencia alguna de mando, ha quebrado el espíritu de la Transición, ha agitado el fantasma de la guerra civil, ha colisionado frontalmente con la Iglesia, ha encendido los nacionalismos separatistas, ha devuelto a España a la penumbra internacional y ha resucitado a ETA. José Luis Rodríguez Zapatero, es el caballo en la cristalería. Se le ha ido de las manos el control de la situación. Está siempre desbordado en un puesto superior a su competencia... Zapatero ya ha conseguido un puesto en la Historia. Pasará a ella como el pobre hombre de manos tartamudas que descuartizó una de las operaciones políticas (la transición) más inteligentes entre las que se han llevado a cabo durante los dos últimos siglos. Con él se inicia, quinientos años después, la desmembración de España, la fractura de la unidad nacional. Pero aquí no pasa nada. Zapatero como la marquesa Eulalia de Rubén Darío, sonríe, sonríe, sonríe, mientras se recrea estúpidamente en el esplendor de la Moncloa. Todavía no se ha dado cuenta de que es el esplendor del incendio”.

DICE SANTIAGO ARAUZ DE ROBLES:

“...cada vez somos más los que no entendemos el silencio del Rey ante el desconocimiento, por parte de políticos climatéricos, de la realidad que reconoció de grado la Constitución, y de la propia Carta Magna, cuya alteración contra la Historia y el futuro ni se entendería ni se justificaría. Pero se está en ello, ante la pasividad, hasta ahora, e incluso el estimulo del Gobierno, de cuya pasividad parece contagiarse la Monarquía. No cabe callar y, si no habla el Rey, cada ciudadano tendrá que exigirle que hable...
...ni en Cataluña el pueblo cree en la justificación y la conveniencia de la independencia que quieren servirle los políticos. La apatía hacia el Estatut lo demuestra. Y es la voz de unos pocos iluminados la que –añadiendo 100 codos a su estatura real- plantean el “problema” como plataforma a su protagonismo. Y, en efecto crecen –mediáticamente, valiéndose de la publicidad de las instituciones- gracias al silencio. El silencio de las instituciones. El silencio, hedonista o conformista, del pueblo que prefiere, hoy por hoy, ignorar advertencias como las que en su día hizo Brecht, o experiencias como la de los Balcanes. El silencio del Rey. Es obligación ética, ciudadana, histórica e ilusionante de cada cual romper el silencio. Y yo al menos no me resisto a ser cómplice de otros silencios clamorosos”.

DICE GRANADITOS:

Amén.
No