S I N C O C H E S.
Hoy es el día sin coches. Y es verdad. No hay, por las calles, ni un solo coche de caballos. Mi jaca galopa y corta el viento caminito de... la calle Silva do moraba Estrellita Castro y su caracolillo atornillado en su nunca arrugada piel.
Me asomo al balcón (Asómate al balcón carita de azucena) y los coches automóviles lo invaden todo; también hoy, lógicamente.
Y entonces voy y me acuerdo del rugby. Yo iba a la Universitaria a ver jugar al rugby. Y casi no había coches. Tranvías, sí. El 61 (luego 71) Narváez-Moncloa y el 2 (luego 72) Moncloa-Paraninfo. Eran tranvías hermosotes de la clase P.C.C. con numeración desde el 1OOO. (Las características técnicas me las guardo que no interesan al personal, supongo). Los asesinaron en agosto del 67, malhaya sea.
Yo siempre fui (¡y hasta socio!) del CAU, (que antes fue Club Atlético Uros, antes Club Atlético Universitario, y antes –en 1962- Borys), que era para mí el mejor, ¿verdad querido Antoñito Casasús, que estas en los cielos y alma, hasta tú adiós eterno, del equipo?. Y jugábamos contra el Cisneros, Arquitectura, el Liceo Francés, y sobre todo contra la Santboiana, esos mariconazos de catalanes que a veces nos ganaban por goleada.
El tranvía nos llevaba al deporte limpio, hermoso; al rugby de caballeros jóvenes que se emborrachaban y pegaban en la calle por una chica pero nunca en el campo por un balón y, además, apepinado.
Hoy día sin coches, sin tranvías, sin rugby, sin vino, sin peleas, sin chicas, sin dinero, sin juventud, sin Antoñito Casasús, que está en los cielos pitando un partido de aquel rugby tan hermoso y tan feliz.
Y encima, hoy entra el otoño.
Me asomo al balcón (Asómate al balcón carita de azucena) y los coches automóviles lo invaden todo; también hoy, lógicamente.
Y entonces voy y me acuerdo del rugby. Yo iba a la Universitaria a ver jugar al rugby. Y casi no había coches. Tranvías, sí. El 61 (luego 71) Narváez-Moncloa y el 2 (luego 72) Moncloa-Paraninfo. Eran tranvías hermosotes de la clase P.C.C. con numeración desde el 1OOO. (Las características técnicas me las guardo que no interesan al personal, supongo). Los asesinaron en agosto del 67, malhaya sea.
Yo siempre fui (¡y hasta socio!) del CAU, (que antes fue Club Atlético Uros, antes Club Atlético Universitario, y antes –en 1962- Borys), que era para mí el mejor, ¿verdad querido Antoñito Casasús, que estas en los cielos y alma, hasta tú adiós eterno, del equipo?. Y jugábamos contra el Cisneros, Arquitectura, el Liceo Francés, y sobre todo contra la Santboiana, esos mariconazos de catalanes que a veces nos ganaban por goleada.
El tranvía nos llevaba al deporte limpio, hermoso; al rugby de caballeros jóvenes que se emborrachaban y pegaban en la calle por una chica pero nunca en el campo por un balón y, además, apepinado.
Hoy día sin coches, sin tranvías, sin rugby, sin vino, sin peleas, sin chicas, sin dinero, sin juventud, sin Antoñito Casasús, que está en los cielos pitando un partido de aquel rugby tan hermoso y tan feliz.
Y encima, hoy entra el otoño.





