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G R A N A D I T O S, o p i n a:
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FRENTE AL CÁNCER,

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HOY NO ME IMPORTARÍA, INCLUSO DESEARÍA SER INGLÉS. QUIÉN LO DIRÍA.
Nadie lo podía haber pensado; ni yo que me conozco muy mucho, y demasiado BIEN. ¿Inglés yo? A quien me lo hubiera o hubiese señalado, someramente indicado, le habría largado un corte de mangas espectacular y nada cariñoso. Y mi léxico barriobajero –soy muy leído- habría asustado incluso al Cela más escatológico e insultador.

Pero hoy, estos días trágicos, siento envidia de no ser inglés. Se han unido los unos con los otros y han dicho: los culpables, los únicos culpables son los terroristas. Que envidia, no sé si sana o insana, pero que envidia. Todos empiñonados contra los terroristas, con “balls”.

Y aquí, aún a la greña. Un Presidente por accidente, un gobierno de pelanas, una oposición acomplejada, y unos ciudadanos, ciudadanas y gays que piensan en las vacaciones, en el ahí me las den todas y en el si te he visto no me acuerdo.

Y más malo, tú. Y más embustero, tú. Y más engañabobos, tú. Tú, tú, y al personal, tururú.

Mira que a mí, a las cinco en punto, no me gusta tomar el té, si no tomar el metro para ir a ver una corrida de toros. Eran las cinco en punto en todos los relojes.

Mira que a mí, no me gusta Londres, ni la Reina Isabel, ni la mermelada de cereza, ni la mantequilla, ni el críquet, ni la caza del zorro, ni la zorra inglesa que va por el campo y pisa a un caracol y le dice: I´m sorry; y le contesta el otro: y yo caracoli.

Vamos, que no me gusta lo inglés, Inglaterra, ni el Dios salve a la Reina. Porque son muy raros estos ingleses. En vez de decir si como todos, van ellos y dicen yes, como si todo el mundo les entendiéramos; más quisieran. Y además son sadomasoquistas. Les gusta mucho eso del spanking, que no sé si es una guarrada, un aparcamiento o hacer guarradas en el aparcamiento. Pues que con su pan se lo coman, no te jode mayo con sus flores y abril con sus margaritas.

Pues dicho lo dicho, con toda clase de respeto, con mi conciencia tranquila y después de haber dormido a pierna suelta, vuelvo a decir que hoy a mí me gustaría ser inglés, aunque fuese de esos de paraguas y sombrero hongo, o de los kamikazes que conducen al revés de todo dios. Qué ejemplo de frialdad están dando todos los ingleses. Desde Doña Isabel II hasta el último mono... del Peñón.

Nosotros, con muchísimas más virtudes, tenemos el defecto horroroso de dar un culto excesivo y teatral a la muerte. A todas las muertes pero más, a las trágicas. Las convertimos en espectáculo para el pueblo y en carnaza sanguinolenta para políticos y demás rameras que pululan por los parlamentos.

I have said wisely.
No