logotipo

img_google
G R A N A D I T O S, o p i n a:
Acerca de

+1

FRENTE AL CÁNCER,

PINCHA Y

SÚMATE.

AAA

Sindicación
 
LOS CABALLOS DE LOS COCHES DE CABALLOS.
Darse una vuelta en coche de caballos por el Parque malagueño es una maravilla para el que le guste. Y dárselo por Sevilla, otro tanto.

A mi no me gusta esta explotación del animal. Les ves horas ahí parados esperando a los japoneses. Aburridos, los caballos. Con un ridículo sombrerito de paja, los caballos y los japoneses. Y cuando comienzan a andar lo hacen cansinos, resbalándose en el asfalto y acordándose de la madre del Emperador nipón y de todos los hijos del sol naciente.

Por que ser caballo de un coche al punto, tiene guasa. Admiro a estas acémilas tranquilas, aburridas, que desde la mañana a la noche esperan, dan una vuelta y esperan. Y de pié. ¡¡De pié!! Y luego se quejan las dependientas del Corte Inglés.

Cada veinticuatro de agosto, festividad de San Bartolomé, alquilábamos, mis padres y mis tios uno de estos coches, y los cinco –más el cochero- íbamos desde el Parque al final del Palo, a un chiringuito playero, que se llamaba Casa Pedro, y que hoy es un restaurante con ínfulas de elegantón y que no se come como se comía.

Para mi padre y para mí el viaje era un suplicio. Nos dolía cada paso del jaco. No lo soportábamos. Pensábamos y pienso que es una bestialidad -nunca mejor dicho- aprovecharse de estos animales enfermos, estabulados de mala manera, y mal alimentados, para regocijo de turistas.

A la vuelta del merendero, era diferente. Nos esperaba el tranvía y ¡que gozada si traía su jardinera detrás! Yo me ponía en el lado izquierdo porque se veía la mar, la playa, las jábegas, las chabolas, los baños del Carmen, algún copo, y a veces, según la hora, nos cruzábamos con el tren de Vélez. Eso si que era viajar y no el cochecito de caballos, la leche que le han dado. Y por el Paseo de los Curas miraba el puerto que era tan horrible y tan feo como ahora. Hasta una malagueña del Niño de Almadén afirma que para puertos bonitos Barcelona y Cartagena. Ni una malagueña dice, ¿cómo lo va a decir?, que su puerto es hermoso, pero del puerto hablaremos otro día.

Te bajabas del tranvía, feliz y risueño. Y enfrente, la parada de los coches de caballos. El olor una tarde de terral era insoportable. Lógicamente.

Viene a cuento todo esto por que el Ayuntamiento de Sevilla, (Málaga lo imitará), ha sacado una ordenanza por la cual a los caballos de los coches que se dedican a dar paseos por la ciudad, han de ponérseles una especie de dodottis pero a lo grande, para que no ensucien con meadas y cagadas la ciudad.

Que denigrante. Caballitos con dodottis. El animal más bello del mundo, después del toro, claro es, tiene que ir como un bebé.

Los caballos, lo digo siempre, son para el campo o para el hipódromo, no para los señoritos de los picaderos, de la semana nefasta en las marismas, o las mañanas de vino y rosas de ferias primaverales o veraniegas que Dios, si existiera, habría destruido con lluvia de rayos, al poder ser láser.

Prohíban, supriman este martirio inútil que hacemos a los caballos de alquilarlos para dar una vuelcita. Quitenlos, pero, santo cielo, no me hagan ver los caballos con dodottis.

Se los pondría yo al Alcalde. En el culo, pero pá los adentros.
No