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JOSÉ ANTONIO MUÑOZ ROJAS.

Paseando ayer tarde con mi hija la exilada voluntaria en La Serna, llegamos hasta una de estas macro librerías que florecen por las ciudades como antes brotaban lupanares y otros centros de mal vivir.

No se me encabriten porque compare (y si encuentra algo mejor...) librerías y lupanares. Las dos son casas de perdición. Cada una en su especie, pero de perdición.

Actualmente las librerías están llenas de libros que nadie lee. De libros uno y otro igual al otro y al uno. Ahora un tema, la podredumbre del Vaticano por ejemplo, y miles de libros sobre las mismas mentiras. ¿Da Vinci? Miles. ¿La sábana santa? Pues cientos. Millones, ni que fueran las sábanas del Burrito Blanco que tanto se usaron para, sobre ellas, engendrar generaciones enteras. Esas sábanas si que tenían misterio e historia y hasta prosopopeya.

Las librerías de corte actual sólo tienen los últimos libros editados (que son muchos, verdad es) y ya no les queda aquellos restos que buscábamos por las estanterías llenas de polvo. ¿Hay algo más hermoso que oler el polvo de los libros viejos? Algún cachondo dirá que el polvo del camino, la Blanca Paloma le proteja.

Ya no se piden los libros por su autor, o su titulo, incluso por un tema muy concreto. Ahora te preguntan ¿sabe usted el ISBN? Antes el librero era culto y amante de los libros. Ahora son despachadores, o mejor, sírvaselo Usted mismo y pague en la planta baja (moda FNAC), y no me pregunte, plis, que a mi lo me gustan son los discos, colegui, y amás pá lo que paga la empresa...

Bueno, pues en una librería así, llenita de los diez más vendidos, en un rincón, olvidado, no descansaba la consabida arpa, si no un opúsculo (no estoy insultando a la santa Obra) pequeñito, muy bien encuadernado, con las páginas cerradas que he tenido que abrir con gratísimo placer y con plegadera de madera, del siempre admirable, maravilloso, asombrador José Antonio Muñoz Rojas; mi antequerano, mi poeta; mi viejecito querido, ensoñado poeta.

El librito se llama RESCOLDOS y ha sido puesta al publico por la editorial sevillana Point de Lunettes. En él, se publica una carta del autor conocida como Carta de Gredos en la que habla de la perfección cristiana y en general.

Y tiene un párrafo que es la definición para mí de sus libros y poemas. Dice: “Estoy hablando simplemente de perfección, de ese redondamiento de cualquier hecho que nos hace decir perfecto, lo mismo ante una tarde hermosa, que ante una acción heroica, que ante un poema logrado. Un encaje total, el agua justa para el vaso, el color debido en el cielo, el verde preciso de la estación. La palabra en su momento. La palabra verdadera. Perfecto”.

Tiene Muñoz Rojas un libro en prosa titulado LAS COSAS DEL CAMPO. Creo que fue Alfonso Ussía quien ha dicho que es el libro más ecológico escrito nunca. Y bellísimo. Están en la choza los hijos del melonero y él mismo esperando recolectar el primer melón y escribe

“Y el primer melón los pondrá perdidos de churretes, goteantes las manos de azúcar líquida, brillantes los ojos.
Los ojos del padre espían otra cosa. Dice:
-Veremos a ver si los melones estos nos visten o no nos visten”.


¿No es un retrato perfecto del agricultor y de la agricultura?

En OBJETOS PERDIDOS se lee:

Dónde puede dejarse el alma, dónde?
Dónde dejarse el alma si no hay dónde.
En un lugar de un momento cualquiera
según vamos caminando, en un verso guardada;
en cualquier tarde de éstas caminando;
en una tal vez mirada que nos mira;
en cualquier labio, en una calle cualquiera
de cualquier parte, sin saberlo.


Por favor, entrad en una librería, en librería buena y seria, y comprad, hacedme esa merced, cualesquiera de los libros de Muñoz Rojas. Veréis que el mundo es otra cosa. ¡Qué candor sublime cuando canta a su pueblo!

Pasos amados, polvo de mis gentes,
fueron ascuas a mis días,
hoy rescoldo cuando atardece.
No