NO JUGUEMOS CON LA ESPERANZA DE LO QUE PUEDE SER A LO MEJOR...
El titular del periódico dice: “El matemático que derrotó a un cáncer”. Y en la entrevista: “Es una lucha por el espacio entre el tumor y el órgano que lo aloja. En la investigación descubrimos el papel de los neutrófilos, un tipo de lococitos. Pensamos que si potenciábamos su producción, el órgano ganaría la batalla y ahogaría el tumor”.
Y se habla con pelos y señales del tumor, de la medicación, del tiempo, de la curación. Desaparición de un tumor en un hígado averiado muy seriamente. Y un enfermo terminal –dos meses de vida- curado, una inyección diaria durante un mes o dos y ¡zas! Curado y a dar clase, que es profesor el sanado.
Esta noticia me tendría que haber alegrado y tal vez ilusionado y acaso debía de haber llorado de esperanza.
Tengo el colmillo y el hígado demasiado retorcido para ponerme a saltar de alegría. Al contrario; me duele la irresponsabilidad de los periodistas. Dice el matemático que él, los doctores que le ayudan en la investigación, el centro donde ha tenido efecto el tratamiento, están agobiados de llamadas y etcéteras varias.
También hay doctores que niegan que esto sea de provecho, que una curación ¡una! no indica nada; vamos, que no aceptan el descubrimiento.
Pero ya habrá cientos o miles de enfermos buscando su panacea. Ya he hablado de esto otras veces. Me parece bien que tengan una ilusión pero es una ilusión que se deshincha tan aprisa... que luego duele demasiado.
Dejemos los descubrimientos en paz. En los laboratorios. Calladamente. Sin alharacas. No hay derecho a crear una ilusa utopía. Cuando sea, llegará. No se puede jugar con la vida ni con la muerte. Pero menos con la esperanza. Con la esperanza de curarse como “ese” del que hablan todos los periódicos.
Por que el título del diario está muy claro: UN CANCER. ¿Y los demás?
Mi hígado y yo estamos tranquilos. El hígado es sinónimo de coraje, arrojo y brio. Por eso, cada día que nos amanece es una alegría más. Y eso es todo lo que nos importa. Un día más. Otro día. Pero sin ansia.
Buenos días, tengan Ustedes; que sea tan bueno como el que nosotros vamos a disfrutar con toda placidez. Otro más. Y tan ricamente.





