Koninkrijk der Nederlanden
En un lugar del Reino de los Paises Bajos (Koninkrijk der Nederlanden), mal llamada Holanda, de cuyo nombre no puedo acordarme porque es muy enrevesado, han tenido la feliz idea de suprimir todas, absolutamente todas las señales de tráfico.
Ni prohibiciones de aparcar los días pares si e impares no; ni prohibido adelantar, descargar, ir a más de 70. Nada de badén por aquí o vacas paciendo por allá. Nada de semáforos verdes ni de semáforos rojos. Y los intermitentes amarillos, (¿tate, tate, donde hay madera?), fuera que dan mala follá, no te digo. Y así todo. Ni una señal de tráfico; como lo oyen. Ni glorietas. Hay ya tantas que se han acabado. Ni carriles de acelaración, ni prioridades, ni si te he visto no me acuerdo.
El Alcalde ha dicho que basta con el sentido común que es el más común de los sentidos. Y con ese sentido, aquí paz y en la carretera gloria. (Gallardín diría: abro el hoyo, lo cierro, lo vuelvo a abrir, y así ...se va a encontrar sin votantes, con hoyos, sin sentido y hasta sin común).
Ya lo veo todo claro. Llego con mi automóvil al cruce de Castellana con Concha Espina, un suponer, a las seis de la tarde, o sea después del meridiano que dicen. Y el cruce, atiborrado de diferentes clases de coches conducidos por diferentes marcas de humanos. ¿Paso yo? No, pasa tú, ricura, que estas más buena que el mojar. Machista de los huevos, pues ahora no paso. Eh, que paso yo que traigo a estos chinos de Barajas y a ellos si que se les pasa el arroz. O sea pasamisí, pasimisá. ¡Cuidado, el bus! Y el Audi que asoma el morro y el Peugeot que se lo afeita y la moto que se mete y la ambulancia que se sale y la tía esa, a fregar, a fregar, que habla por el celular, y el tío guarro que hace virguerías con el humor espeso y pegajoso que segregan las membranas mucosas y el coche del ministro con el ministro asomado a la ventanilla, dejadme pasar que tengo que llegar a ganar la guerra civil del 36 que aún no ha acabado, y el del camión de la Coca-cola rojo de ira, va y se toma una Pepsi. No hay páseme usted el río, el cruce, qué cruz. Ni Curro Jiménez cuando era barquero en Cantillana, provincia de Sevilla. Y así todo.
Ese sitio es mío. Aquí no se puede parar que es para la Delegación de Hacienda. Hacienda somos todos. Más o menos. Así que aparco. Mire que llamo a un guardia. ¿Eso que es? Y pipí de los niños del bus escolar sobre un descapotable pijo, y la de dios es cristo. ¡Qué llego tarde a ligarme las trompas! Mira ese es Bisbal, hoy gana mucho, está mejor que ayer en el cruce de Ayala con Serrano. ¿Me deja Usted pasar que voy al Cementerio? ¿A quedarse? No,
a ver a mi Carlitos. ¿A rezarle? No, es que mi novio es sepulturero. Ah, bueno, si es así… ¿Por donde voy a la Feria de Sevilla del año que viene? No sé como explicarle; si hubiera flechas le diría: siga esa flecha. Pues me compraré un GPS o un sextante que es más fino. Haga Usted lo que quiera, aquí estamos. A mandar. ¿Usted para donde va? Donde me lleven. Pues igual que yo. ¿Usted es holandés? No, gilipollas. Pues encantado de conocerle. Lo mismo digo.
Yo no sé si arreglaran el tráfico anulando las señales. Pues que bien. Pero las señales que les dejaron en el pompis nuestros Tercios de Flandes; esas aún no se les han olvidado. Por mucho que se las quieran borrar, ahí estan Carlos V y Felipe II y la bota puntiaguda del Capital Alatriste. Y el queso manchego. Para que se giben. Por no poner lo que Ustedes estan pensando.
Ni prohibiciones de aparcar los días pares si e impares no; ni prohibido adelantar, descargar, ir a más de 70. Nada de badén por aquí o vacas paciendo por allá. Nada de semáforos verdes ni de semáforos rojos. Y los intermitentes amarillos, (¿tate, tate, donde hay madera?), fuera que dan mala follá, no te digo. Y así todo. Ni una señal de tráfico; como lo oyen. Ni glorietas. Hay ya tantas que se han acabado. Ni carriles de acelaración, ni prioridades, ni si te he visto no me acuerdo.
El Alcalde ha dicho que basta con el sentido común que es el más común de los sentidos. Y con ese sentido, aquí paz y en la carretera gloria. (Gallardín diría: abro el hoyo, lo cierro, lo vuelvo a abrir, y así ...se va a encontrar sin votantes, con hoyos, sin sentido y hasta sin común).
Ya lo veo todo claro. Llego con mi automóvil al cruce de Castellana con Concha Espina, un suponer, a las seis de la tarde, o sea después del meridiano que dicen. Y el cruce, atiborrado de diferentes clases de coches conducidos por diferentes marcas de humanos. ¿Paso yo? No, pasa tú, ricura, que estas más buena que el mojar. Machista de los huevos, pues ahora no paso. Eh, que paso yo que traigo a estos chinos de Barajas y a ellos si que se les pasa el arroz. O sea pasamisí, pasimisá. ¡Cuidado, el bus! Y el Audi que asoma el morro y el Peugeot que se lo afeita y la moto que se mete y la ambulancia que se sale y la tía esa, a fregar, a fregar, que habla por el celular, y el tío guarro que hace virguerías con el humor espeso y pegajoso que segregan las membranas mucosas y el coche del ministro con el ministro asomado a la ventanilla, dejadme pasar que tengo que llegar a ganar la guerra civil del 36 que aún no ha acabado, y el del camión de la Coca-cola rojo de ira, va y se toma una Pepsi. No hay páseme usted el río, el cruce, qué cruz. Ni Curro Jiménez cuando era barquero en Cantillana, provincia de Sevilla. Y así todo.
Ese sitio es mío. Aquí no se puede parar que es para la Delegación de Hacienda. Hacienda somos todos. Más o menos. Así que aparco. Mire que llamo a un guardia. ¿Eso que es? Y pipí de los niños del bus escolar sobre un descapotable pijo, y la de dios es cristo. ¡Qué llego tarde a ligarme las trompas! Mira ese es Bisbal, hoy gana mucho, está mejor que ayer en el cruce de Ayala con Serrano. ¿Me deja Usted pasar que voy al Cementerio? ¿A quedarse? No,
a ver a mi Carlitos. ¿A rezarle? No, es que mi novio es sepulturero. Ah, bueno, si es así… ¿Por donde voy a la Feria de Sevilla del año que viene? No sé como explicarle; si hubiera flechas le diría: siga esa flecha. Pues me compraré un GPS o un sextante que es más fino. Haga Usted lo que quiera, aquí estamos. A mandar. ¿Usted para donde va? Donde me lleven. Pues igual que yo. ¿Usted es holandés? No, gilipollas. Pues encantado de conocerle. Lo mismo digo.
Yo no sé si arreglaran el tráfico anulando las señales. Pues que bien. Pero las señales que les dejaron en el pompis nuestros Tercios de Flandes; esas aún no se les han olvidado. Por mucho que se las quieran borrar, ahí estan Carlos V y Felipe II y la bota puntiaguda del Capital Alatriste. Y el queso manchego. Para que se giben. Por no poner lo que Ustedes estan pensando.





