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¡ REDIÓS !

Lo he leído y mi corazón esta triste y me duele. Protesto a veces, me quejo de que me están quitando algo, un poco de mi inmensa libertad y la historia de Khadija me hace ver ese mundo cruel en el que viven ¿viven? cientos, miles, cientos de miles de mujeres. Mujeres que las feministas no defienden. Mujeres que en el silencio de su dolor nos odian por ser nosotros, las personas libres, las que no hacemos nada por ellas. Aquí, a mi lado, en cualquier rincón, hay mujeres a las que en nombre de un dios se las pega y se las maltrata. Y están, no en sus lejanos países, si no a la vuelta de la esquina.

Vayamos con Khadija. Una bomba hace casi diez años cayó en el patio de su casa en Kabul. Su hermano, murió; su padre, impresionado, nunca se repuso de una tremenda conmoción; ella fue herida en la cara y le quedaron cicatrices que aún conserva. No entraba dinero en casa para mantenerse ella, sus padres y sus dos hermanas pequeñas. Pensó y lo hizo. Se vistió de hombre y pasando por su hermano logró trabajo en la construcción. Y así lleva años. Jugándose la vida sólo por salir a la calle vestida de hombre. ¿Qué no la harían los talibanes con los que se encuentra a cada momento?

Pero Khadija es valiente, se siente mujer y quiere realizarse. Ha logrado, en un barrio extremo al suyo donde nadie la conoce, estudiar en la escuela como mujer.

Así, sale en su bici por la mañana con su turbante y marcha a la mezquita a rezar entre cientos de hombres. Después, a trabajar en las obras. Por las tardes, esconde su bicicleta (están prohibidas a las mujeres), se retira el turbante y lo cambia por un largo pañuelo blanco y entra a la escuela para estudiar entre sus compañeras.

Nadie la reconoce ni como hombre ni como mujer porque las cicatrices ¿afortunadamente? hacen su trágica labor y puede pasar por hombre o por mujer.

Espera entrar en la Universidad y la darán entonces un trabajo de oficina y ya podrá ser mujer –que es lo que más desea- y ganar un sueldo para seguir manteniendo su familia.

Lo ha de conseguir antes de que los cabronazos talibanes la cojan y la maten a pedradas por engañarlos todos los días.

Pero lo que más me sorprende y me apena de esta historia es el que Khadija quiere seguir siendo mujer en su pueblo. Quiere seguir con su burka, quiere seguir pisoteada por los hombres de su país. ¿Por qué? ¿Qué llamada telúrica la ata a un espacio en la que no tiene ningún derecho? Bueno, el derecho a ser despreciada en nombre de su dios.

Alabo a la Khadija hombre, pero no entiendo a la Khadija mujer.

Y no aguanto a las feministas que no levantan la voz para parar tanta incomprensión, bajeza, inmoralidad, vileza, ruindad, abyección y envilecimiento en nombre de ¿quién?

Admiro lo que hace en estos momentos. Engañar para sobrevivir pero ¿y luego? Desgraciadamente será otra, una más, de las mujeres que seguirán, como hace siglos, uncidas al yugo de unas malas bestias que en nombre de su dios las esclavizan hasta anularlas.

Y aquí hablando de cuotas, de alianzas de civilizaciones y de lo machista que es un hombre que vuelve la cabeza y le dice guapa a una guapa mujer.

Khadija, hombre o mujer, me das pena. Y me doy asco a mi mismo de pertenecer a un mundo que no sabe ni quiere salvarte a ti y a tus compañeras, virgenes o no virgenes, pero siempre mártires.

¡Rediós!
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