HDP.
Si no fuera porque hay señoras y señoritas delante, diría, con todos los perdones, que estoy hasta los cojones de tantos hijos de las grandísima puta.
Y ya saben –las señoritas y las señoras y usted mismo y hasta yo- a quienes me refiero.
Los asesinos de más de mil personas –inocentes- nos están perdonando la vida a los que hemos tenido la suerte de que no nos matasen para siempre. Pero todo llegará.
Quizás sea la primera vez que escribo con toda la sinceridad de la que soy capaz. Y con toda mi alma fuera del pecho. Y con los ojos llenos de penas y de lágrimas.
Yo no perdono. Lo siento, pero no perdono. Ni olvido, ni perdono. No quiero saber de treguas buscadas para ganar elecciones. No quiero que el jefe del gobierno de mi país –España- se arrastre como una rata por las alcantarillas por unos votos más.
No quiero enfangarme en la mierda política. Incluso no quiero la paz al precio que estamos viendo. Qué tristeza y amargura. Qué historia dejan atrás. Muertos que ya no hablan. Hijos de muertos que callan por un plato de garbanzos recocidos y un triste puesto en el gobierno. Qué miserias más horribles. Y miramos para otro lado.
La Justicia no existe. El presidente miente. El rey calla. Eta baila alegremente. ¿Pero esto que es? ¿Una broma que estoy soñando? Todo es tan injusto...
Sí. Estoy hasta los cojones de tanto hijo de la gran puta, ¿pasa algo? Y en negrita, para que se lea mejor y más claramente.
San Isidro.
Hoy es San Isidro, patrón de Madrid. Ni me gusta ir a la Pradera, ni beber el agua, ni ponerme la parpusa o el chaleco ribeteado de blanco. No me gustan estas fiestas como tampoco las cercanas y rocieras. A mí, lo que me gustaría de San Isidro es que me dejara los bueyes que a él le hacían el trabajo de arar los campos. Que me los dejara y a ver si con sus pezuñas en el teclado les salía algo más bonito y airoso que a mí; que estoy cansado, desilusionado. Y sólo pienso en estar sólo y tranquilo unos días. Sin leer el periódico u oír la radio. (La televisión la dejé hace tiempo). Sin que mis hijos me cuenten sus historias y sin que mi amigo Luigi, de los luigis de toda la vida, me enseñe todas las mañanas un celular –mal llamado móvil- que tiene hasta música italiana.
Vamos, que estoy que trino. Tengo la vida -¡mi vida!- descompuesta y descolocada. Y el ánimo se te viene abajo; y abajo hay una sima honda y sin fondo donde caerse. Y no ves la solución. Y te descompones más. Y nada te ilusiona porque sabes que no puedes agarrarte a ninguna esperanza.
Encerrado entre cuatro paredes y un techo ves salir el sol y como, lentamente, se va poniendo hasta que llega la noche. Otro día perdido. ¡Escribe!, escucho que me ordenan. Pero lo que oigo es llover. Una lluvia de desesperanza y tristeza que te cala y cala.
Y la abuelilla, cada día más bebé.
R E V E L.
Se ha muerto y los socialistas quizás se hayan alegrado. Jean-Françoise Revel (1924-2006) nos dejó a solas con la libertad por la que tanto luchó.
¿Cómo le iban a oír los socialistas de pacotilla cuando gritaba a toda plana: “la primera de las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira”? ¿Y que mentira mayor que el actual socialismo?, pueden preguntárselo al Remendón.
Revel era claro como el agua. Por eso en su rococó país se le hizo poco caso. ¡Como iban a escuchar que la globalización, tan requetementada, es el chivo expiatorio de los imbéciles!
Era el paladín del no a las ideologías. Y nadie habló de la libertad como él. Era un neoliberal que respetaba por encima de todo la dignidad del ser humano. Decía que para ser liberal había que reconocer la realidad de las cosas.
En España, como en Francia, las ideas liberales, (que pueden calificarse de derechas, pero no de cualquier derecha), siguen siendo ultraminoritarias, dice Semprum hablando de Revel. Y añade: así nos van las cosas, así nos vamos hundiendo bailando sardanas.
Falta una corriente liberal en este país. No un partido político, ni unos ideólogos. Si no un sentimiento abierto y plural.
A comunistas y socialistas les dolía oírle cuando escribía: La certeza de ser de izquierdas descansa en un criterio muy simple, al alcance de cualquier retrasado mental, ser en todas las circunstancias, de oficio y pase lo que pase y se trate de lo que se trate, de ser antiamericano.
Y acabo con un parrafo de José García Domínguez sobre Revel: “Pero eso, el que no fuese un ideólogo, su principal virtud intelectual, es algo que los socialistas están fatalmente incapacitados para comprender; no pueden concebir que el liberalismo no sea también una ideología, otra que simplemente se opone a la suya. Castrados por la fe en sus dogmas apriorísticos sobre la realidad, siempre les resultó inadmisible la irreverencia de un pensamiento tan impertinentemente libre de prejuicios, como el suyo. Que la tierra les sea propicia. La obra de Jean-François Revel seguirá viva cuando ya nadie recuerde ni que existieron”.
PUNTUALIZO.
Me habréis sufrido y leído decir que soy republicano y además convencido.
Visto lo visto, he de puntualizar que la bandera que estos días ondea por demasiados sitios no es la bandera de la Republica. La bandera auténticamente republicana es exactamente igual a la actual que ondea en edificios, cuarteles, barcos y donde haya menester. La bandera falsa con la franja morada es exclusivamente la de la II Republica. Que tampoco fue una Republica, si no un ir y venir de asesinatos –religiosos y laicos- a lo tonto y a lo loco. Una republica que repudiamos los verdaderos republicanos.
De la I Republica tampoco podemos estar orgullosos. Desgraciadamente a los españoles siempre nos ha faltado la unidad para hacer una nación fuerte.
Como liberal, como republicano, lo que está pasando no me gusta. Lo abomino.
Pero tengo esperanza de levantarme un día y ver florecer la Republica entre la gente de buena fé.
Yo, por ahora, me quedo en Cádiz, en 1812, con mi Viva la Pepa. Lo mejor en muchos siglos.
A LA CHITA CALLANDO.
Han sido unos días francamente (¡¡Up, Spain!!) deliciosos. La primavera estalla hermosa y la guapura de las mujeres se desparrama por las calles para solaz de nuestros ojos. El deseo, sano e insano, corroe nuestros pensamientos –malos-. Así es la vida vista con ojos masculinos. Y así será la vida para el otro sexo, aunque digan que no. Tema para debatir con tranquilidad otro día.
Pero lo principal de estos maravillosos días es que el Granaditos no ha escrito ni media palabra. Que tranquilo estoy con su ausencia. Y mira que era pesado con su Málaga, con su presidente remendón, con sus ínfulas trasnochadas. Era más malo que las introducciones de Jesús Quintero a cualquier invitado.
Para un buen cóctel "Granaditos", mezclese un poquito de la estupidez de Chiquito de la Calzada, cinco -y es mucho- gramos de las narices de Paz Padilla, un buen chorreón de los discursos de Pepiño Blanco, unas gotas del blog de algún amigo/enemigo, agítese y sírvase en copa con mucho hielo. Y muerase de granaditis
En eso queda el Granaditos, ese que tanto nos hizo sufrir hablando de que no hay libertad. Mentira, mentiroso. Que vas a ir al infierno, Granaditos de los cataplines. No solamente hay libertad si no que en el Congreso, los padres de la patria, lo van a ratificar con un estatuto único en el mundo. Seremos más libres, tendremos nuestros derechos que ahora se nos niegan y te los pasaré por las narices una y otra vez. ¿Ves como Zapatero es bueno? Nadie en el mundo, nadie más que él, había pensado en nosotros que somos vosotros porque somos iguales. Toma genoma, pastillas de cromosomas que son para la composición alélica.
Ahí te quedes, Granaditos. Ha sido una delicia no tenerte que leer a diario. Esta primavera, entre mi libertad, mis derechos y tu ausencia soy muy feliz.
Y ahora, me voy con mi novia Chita que me está esperando para que hagamos monerias.





