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UN RESPIRO.




Necesito hacer otras cosas. Fotos, poesía, ese cuento que nunca acabo... Estoy bloqueado con el blog y necesito cambiar. No dejaré esta página que tanta satisfacción me trajo. Escribiré una vez a la semana. Pero los problemas de casa son lo primero. La abuelilla da mucho trabajo y preocupaciones y dolores. Y no se puede hacer todo bien al mismo tiempo. Y hay prioridades.

Nos seguiremos hablando, pero ahora necesito un respiro. Una bocanada, miles de bocanadas de aire nuevo que si no me muero.

Hasta pronto. Gracias por todo y perdonad mis muchas faltas. Nos leeremos los lunes. Y a mandar.




 

C E R R A D O.

CERRADO POR
DESCANSO DEL PERSONAL.


DEL 17 AL 21, SI
ALGO QUIERE ALGUIEN DE MÍ


QUE ME BUSQUE 
POR MÁLAGA. NO ME ENCONTRARÁ


SI YO NO QUIERO.
a MANDAR.


yA VOLVERÉ.

 

EL BULLI O LA BOLA.

Aquí al lado, hasta hace poco había una carnecería de carne de caballo. Y ahí la veías; tan grandota, tan roja, tan sangrante. Y alguna mujeruca entraba, casi vergonzosamente, a por unos filetes. Cuando íbamos al colegio pasábamos cuatro veces todos los días por delante de la tienda. Tienda sin nombre. Solo pintada en la pared, entre las dos puertas, la cabeza hermosa de un potranco. Mirábamos a ver quien había comprando. ¿Cómo comerán eso? Que asco. Dicen que está bueno. Si, hombre; eso solo lo comen los pobres. Éramos crueles.

Yo no sé si Adriá en el Bulli utiliza la carne de potro, por ejemplo. Ni me importa. Pero le han premiado como el mejor restaurante del planeta. El Bulli, lo siento, no se hizo para la boca de un asno gastronómico como su seguro servidor que abajo firma, o sea: yo. A mí con unos esparraguitos, un rape y unos calamarcitos, me arreglan el estómago y me llevan a la felicidad suprema. Lo demás es farsa y laboratorio. Espumas, gasificaciones, destrucciones.

El décimo puesto se lo han dado a Mugaritz, el del caserío Otzazulueta. Este ¿cocinero? dice que procura que nadie se acerque a su restaurante a comer: es un restaurante para sentir. Que a él lo que le interesa es sugerir, el erotismo de las sombras y las celosías. ¿Eso se come con tenedor, o con los dedos? Que una cosa es el alma y otra las tripas. Y remata afirmando: que trabajamos mucho para que la experiencia no parezca artificial. Luego es artificial y hay que trabajar para engañar.

A mi todo esto me importa un higo. Santamaría, que es sólo el onceavo mejor restaurante de la tierra, se acerca más a la cocina de siempre, la del pueblo. Si al final todo vuelve al pueblo. Habrá gente que se pueda gastar 200€ en el Bulli pero no habrá disfrutado como yo con un chuletón, vuelta y vuelta, asado sobre unos sarmientos, y aderezado con sal gorda de la de toda la vida y no la maldon inglesa.

Yo como nunca he estado en uno de estos restaurantes tan sofisticados, me pregunto: después de ingerir un plato de esos ¿se eructa de satisfacción?



 

AQUEL VENDEDOR DE DISCOS.


Era una tarde cualquiera, quizás de invierno. Entré en la tienda de discos que había, ¡ay!, bajo la arcada de la Casa del Arco. Su dueño, bajito, gordo, tal vez antipático, cuando me vio entrar, sin darme las buenas tardes, me puso un vinilo en las manos y me pregunto ¿conoce a este chaval nuevo? Lléveselo, le gustará. Me guiñó un ojo y susurró: es de los nuestros, amigo Granados. Triunfará, ya lo verá Usted.

Por la noche, era 1976, empecé a oír aquel disco que se llamaba “A la luz de los cantares”. Coplas como La morralla, Política no seas esaboría, El Milagro del Palmar, Murga de los currelantes... Me lo oí varias veces seguidas y quedé fascinado no de la música, ni de las letras, ni de la voz. Había algo más. Era el pueblo, la gente quien cantaba su filosofía. Era Andalucía llana y pura. Era la verdad en un grito. El lamento de una situación. Era un corazón abierto diciendo lo que no se quería oír.

A la tarde siguiente volví a la tienda. Nada más verme me dijo ¿A qué tenía razón? Y hablamos y me encontró el primer disco de aquel jóven: “A duras penas”. Y hasta hoy. O hasta ayer. O hasta su muerte.

Hoy, abril del dos mil seis, tengo en mis manos el último CD y DVD que Carlos dejó antes de irse a cantar sus casidas a las castálidas. Tiene la voz de muerto y de muerto la cara. Le dolía el corazón de tanto amar su Andalucía. Y la copla en su voz era hermosura bajando por los arrayanes y las piedras verdeadas de musgo eterno.

Apoyá en el quicio
de la mancebía,
miraba ensenderse la noche de mayo,
pasaban los hombres y yo sonreía
hasta que en mi puerta paraste el caballo.
Serrana, me das candela, y yo te dije gaché
ven y tómala en mis labios y yo fuego te daré.

Le preguntaron por esta canción una vez. Sólo supo responder hermosamente: ¡Bendita puta!.

Y bendito aquel vendedor bajito, gordo y quizás antipático que me metió a Carlos Cano para simpre en mi alma.



 

EL LAPIZ Y EL BONO.

Que a Bono le gusta un lápiz más que a un tonto, es de todos sabido pero si cambiamos el lápiz por la política. Bono se ha ido enfadado en su ego, molesto por no ser el primero, y también -¿porqué no?- ya que no ha podido ensombrecer a su competidor y ganador.

Bono es egocentrico, esquina a la avenida de la demagogia. Catolico, apostólico y toledano. Le hubiera gustado ser Dean de la Catedral de Toledo, claro, y decir la misa en rito mozarabe. Y despues conseguir el capelo cardenalicio. Repartir bendiciones como repartía relojes y acercar su anillo ampuloso a los más importantes labios de la aristocracia. Y al ser posible, trilear por el Vaticano en busca de apoyos para convertirse en un Papa que mudara el Vaticano a Castilla La Mancha, provincia de Salobre, su tierra. Disfrutaría dándo la comunión con ruedas de molinos de viento.

Pero, en el fondo, y a flor de piel, disfruta como Principe de la Demagogia. Seguirá siendolo esté donde esté. En Huerta de Valdecarábanos o en el quinto co...

Hoy por hoy, ha perdido. Miedo me dá por donde saldrá. Como el sol, por Antequera o por los mismos cerros de Úbeda.

Más si quitamos esa su demagogia ¿en que se nos queda? En un lápiz enbobao. Vamos a ver como escribe su nueva historia.


 

EL REPUBLICANO.


Yo no sé (reconozco mi ignorancia) si el presidente Remendón proclama o evacua sus ideas, porque no es lo mismo escatológicamente hablando. Yo creo que evacua y además diarréicamente.

Nadie duda de mi demostrada, anunciada, y soñada filiación republicana, pero, he de reconocer tristemente, que es lógico que si ponemos como ejemplo la II República, hasta los republicanos salgamos corriendo al grito que daban aquellos viejos e inteligentes intelectuales: no es eso, no es eso.

Pues a eso nos quiere llevar el Remendón. A la expulsión de los jesuitas, al laicismo atroz, a la quema de conventos, a las barricadas, al hundimiento de la economía, al sectarismo, a Casasviejas, a las huelgas generales, al cierre de periódicos, a la crispación, al extremismo radical, a los asesinatos, a las dos (o varias) Españas, y a la guerra civil como colofón.

Y eso le causa al leones pucelano reconocimiento, satisfacción y orgullo. Tiene que pagar una deuda a su abuelillo. Y así, dice el cara, el futuro nos traerá paz, piedad y perdón; ¡pendón, más que pendón!

Clemente, moderada, la Iglesia le ha dicho que ojito, cuidadín, que es peligroso abrir viejas heridas casi todas cicatrizadas. El español medio es benigno y suavón. Y muy capaz de perdonar e ¡incluso! de olvidar. Pero este individuo, no.

Con este individuo yo no voy a la III República ni equivocándome. Es un ser despreciable, depravado e infame.

No voy a gritar el ¡Dios, salve al Rey! Pero sí: ¡Dios salva al abajo firmante!

Quien me lo iba a decir.



 

¡¡¡S.O.S.!!! HE IDO A LA ÓPTICA.


Todos los años, cuando la primavera mayea, un escritor valenciano escribe el mismo artículo tontorrón en contra de los toros.

Yo que no soy escritor, ni tontorrón, ni valenciano, y me gustan los toros, todos los años escribo el mismo blog sobre los ópticos y las ópticas.

Dicen que el ojo ventanero, del interior es mensajero. Sí, es verdad. Unos tienen el ojo vago y yo lo tengo curioso y por eso, temporada tras temporada, me asomo con mi ojo ventanero, atisbo el percal de las ópticas y me pongo y me subo por las paredes.

Hemos de estar alerta. Ojo alerta con la moza y con la puerta. En menos que canta un gallo, los ópticos te meten un estoconazo hasta el mismísimo ilion que empieza donde acaba el yeyuno y termina en el ciego, que no gasta, lógicamente, anteojos.

Comprarte unas gafas, unas simples gafas para trabajar o mirar el frente de las juventudes femeninas, es ya cuestión, incluso, de pedir créditos. Cuestan más unas gafas que una cristalería fabricada y tallada y dorada en los bordes por la Real Fábrica de Vidrios y Cristales del Real Sitio de la Granja de San Ildefonso, provincia de Segovia.

William Shakespeare decía que el amor nace, vive y muere en los ojos. Y yo añadiría que en los ojos también mueren las economías familiares.

Busquemos el por que de estas atrocidades. Porque hay precios atroces en demasía. Como en otros aspectos de la sanidad que hoy no vienen a cuento pero que nos sacan de nuestras casillas. Sí. Enfurezco con cristaleros y sacamuelas. Porque en definitiva eso son ópticos y odontólogos.

Cuando vas a comprarte unas gafas es mentira eso de ojos que no ven corazón que no sienten. Los ojos no verán, eso sí. Pero la cuenta corriente si que siente, y si que se resiente.

¡Ay...! Aquellos ojos verdes... Pobres. Necesitan unas antiparras.

P.E. Se admiten ayudas. Pregunten por mi cuenta corriente e ingrésenme una limosnita, please.



 

FATALISMO.


¿Qué es el sino, que son los hados? Según el diccionario, 1. m. Fuerza desconocida que, según algunos, obra irresistiblemente sobre los dioses, los hombres y los sucesos. 2. m. Encadenamiento fatal de los sucesos.

En la vida de cada uno de nosotros ¿qué representan los hados, el sino? Muchas veces nos lo hemos preguntado. Algo, alguien, que no somos nosotros, en determinados momentos dirige nuestra vida. Hacemos cosas que no queremos hacer. Luchamos contra elementos que nos vencen. Nuestro camino está lleno de chinitas. ¿Quién las habrá puesto?

Nos ilusiona ser... y somos lo contrario. Nunca, creo, nadie ha sido lo que ha querido ser. No estamos conformes con nada ni nadie. Los hados nos quitan la felicidad. ¿Hay alguien que haya sido plenamente feliz? ¿Por qué no tenemos derecho a serlo? Siempre hay algo, alguien que rompe nuestro caminar por la senda que nos hemos trazado ilusamente. E ilusionadamente.

Los hados, los sinos son nuestros dueños. No somos libres. Nunca lo seremos porque nunca seremos nosotros mismos. Una racha de buena suerte o de mala, cambia nuestra vida. Conocer a una persona puede hundirnos o llevarnos a la gloria. ¿Pero porque pudiendo conocerla no la conocemos? O al revés.

En definitiva: no somos nadie ni nada. Acaso marionetas que bailan al son que les toca el dinero, la sociedad, la puta insatisfacción. Pero todo está escrito, ¿por quién? Creo en el fatalismo. Todo sucede predeterminadamente. No podemos usar la goma de borrar.

Y así nos va. El Málaga en Segunda División, el Atlético de Madrid enfangado aún en el gilismo, y un servidor de Ustedes escribiendo un triste blog.

¿Qué todo esto no estaba escrito? ¡Si lo sabré yo...!