LIBRE.
Yo no soy ni vegetal, ni mineral, ni animal. Soy simplemente, libre. Yo no soy español, ni catalán, ni madrileño, ni –incluso- malagueño. Soy simplemente, libre. Yo no soy católico, ni apostólico, ni –afortunadamente- romano. Soy simplemente, libre. No soy rico, ni pobre, ni guapo, ni feo, ni alto, ni bajo. Soy simplemente, libre. No soy socialista, ni comunista, ni demócrata, ni conservador. Soy simplemente, libre.
Y sólo quiero ser libre. No quiero estar atado a nada ni a nadie. Ni a la libertad, que no admite ataduras.
Pero ¡ay de aquel!, -oído al parche-, que quiera, sueñe, intente tocarme una brizna de mi libertad. No me conoce, no lo consiento. El primero en la trinchera, yo. Y desgraciadamente empezamos a vivir (es un decir) tiempos de escasez democrática y de libertad verdadera.
Yo soy, libre. Que no se les olvide.
FUNCIONARIOS.
Y ahora, los funcionarios.
Los funcionarios, todos lo sabemos, es una casta especial, normalmente antipáticos, indolentes, y mal educados. Sobre todo esos funcionarios tan grises, de ventanilla o mostrador, los que ponen la cara desagradable de la Administración. (Perdona, mi muy querida Bea; no te incluyo),
Soy de los que piensan que nada debe ser vitalicio. No es vitalicia ni la vida. Si vales, pues vales. Si no vales, a la calle. Pero racionalmente. Ya no estamos en el siglo XIX ni a mediados del XX cuando al cambiar un gobierno, cambiaban todos los funcionarios ministeriales o de cualquier clase. Eran los cesantes; protagonistas de novelas, sainetes, dramas y zarzuelas. Pasaban hambre con los liberales y vivían con los conservadores. O al revés, que me da lo mismo, mismamente.
Y eso quiere la pesoe. ¿Por qué será, será? Barrer al adversario hasta en los bedeles más humildes. Agarrar a los funcionarios por las bolas y a las funcionarias por los ovarios y a no chistar que te vas a la calle.
Es una amenaza para el que no piensa como el que gobierna. ¿Hay derecho a esto? ¿Esto es democracia?
Cada noche me pregunto ¿vale la pena estar viviendo tanta sandez? Este castigo llamado remendón, la pesoe, desgobierno, ya es demasiado. El que no crea –tantos- en un Dios ecuánime tiene razón al estar viendo tanta gilipollez reunida en esta vieja nación que, por cierto, hoy deja de serlo.
Sólo vería con ojos agradecidos y alma contenta que esta ley contra los funcionarios vitalicios, al primero que se le aplicase fuera al Borbón.
Y cuenta nueva.
ROCÍO DÚRCAL (II).
Ayer escribí de Rocío Dúrcal con el corazón en la yema de mis dedos. Hoy, desgraciadamente, lo haré con las gónadas testiculares iracundas, coléricas y violentas.
Una ministra de cultura –con minúsculas porque son enanas las dos- que dice chorradas de una jovencita que triunfó aún a costa de la falta de libertad de aquella época. Y una mierda, ministra. Triunfó porque valía; con libertad y sin ella. ¿Dónde estabas ministra cuando a Rocío, con aquel gorrito de lana, la metieron en la cárcel junto a la Sainz y a la Carballeira por defender a los artistas que tú, ministra, no defiendes? Y ayudó a sacarla Lola Flores. Y era el año de gracia de 1975 en el que murió el tirano. Y de ahí, de su huelga, salió el descanso semanal de los actores y la función única. Sólo la inhóspita Pilar Barden lo ha recordado. Y Rocío, la Dúrcal, nunca lo restregó a nadie. Hizo, como todo en su vida, lo que creía. Pero en silencio, callada; como se hace todo lo bueno. Que aprendan los cantamañanas que se llaman actores por que van a gritar contra el chapapote o el Irak. Puta basura.
Has perdido mi voto, Gallardón. Estabas en una zanja y ni siquiera pudiste salir para ir a acompañar a una madrileña que ejerció. Espero que si al final la pones una calle, no sea una de esas que en vez de calle son urinarios o cagaderos humanos y caninos. Que te conocemos, Gallardón y conocemos a tu concejala de cultura Espert que vive mirando más a su Barcelona –de donde no debió salir- que a este Madrid que la paga por hacer engendros mal paridos por sus amigos, que mira que son malos, malos, malos.
Que tontería, ministro de trabajo –también en minúscula; no merecéis más- dar a Rocío, la Dúrcal, la medalla de trabajo. ¿Porqué? Si solo es la mujer hispana que más discos ha vendido. Más de cuarenta y cinco millones. Pero eso no es nada. Cuatro ratos en el estudio. Do por arriba, fa por abajo. Y ganar millones. Cruzar el Atlántico una y otra vez para trabajar es como ir a Cancúm de vacaciones. ¿La medalla de trabajo? Esa para Marichalar y asociados. Gobierno socialista; porco gobierno.
Y no podía faltar la Rigalt. Ahora parece que no escribió en el Pueblo, tan izquierdista es. Dice que esta harta de que digan que Rocío, la Dúrcal, murió con dignidad. Y elucubra. Está vieja, la pobre. Murió y lo que es más importante vivió con dignidad, la Dúrcal y toda su familia. Yo no sé si la Rigalt morirá con dignidad –se lo deseo y que sea muy tarde-; pero vivir... vivir es otra cosa.
Puedo seguir pero mi cabreo ya es peligroso. Dejemos en paz a los muertos, que bastante tienen.
¡Que tristes se quedan, tan pronto, los muertos!
ROCÍO DURCAL.
Toda la vida llevaste a cuestas la cruz –pesada- de ser la niña prodigio y la reina de las rancheras.
Hoy, en tu muerte tempranera y muy serena, todos hablan de aquella niña o de aquella reina. Mentira. Todo es mentira. Desde niña hasta muerta, fuiste mujer. Cantando, bailando. En el cine o en el teatro. Y en la vida.
¡Que bien desentrañaste el mejor papel que te dio no se que director! El de mujer. No el de madre, que todas saben interpretarlo, ni el de esposa que tan bien representan hasta las peores. El de mujer.
El de mujer trabajadora del arte; el de mujer que pare hijos; el de mujer que acompaña a su hombre en lo malo y en lo bueno.
Toda una vida para sólo una muerte. Te ha costado llegar a la meta de la nada. Ya eres sólo recuerdo. ¿Te acuerdas de aquella canción, de aquella película, de aquel beso, de aquella llamada? Ya eres sólo un ¿te acuerdas de aquella Rocío, de la Dúrcal? Pero tampoco querías más. Dejar el poso de tu vida en otras vidas.
Han pasado los años y un mundo, este, tan diferente a aquel, y aquí estamos, frente a frente, como dos adolescentes, que se miran sin hablar. Como aquella tarde que te conocí, junto a la Maliciosa, (el sol templaba la tarde de invierno), con unos amigos que te presentaron como Marieta. Acaba –dijeron- de rodar una peli y canta muy bien. Yo no sabía quien demonios era. Andaba dando tumbos 1962, creo. Y ella callada, si acaso una sonrisa picara, un si es no indescifrable. Luego la volví a ver Una tarde en Nueva York, y estaba esplendida con el maestro Marsillac.
Después nació mi hijo y la casa se llenó de Rocío por todos los rincones. Nos contaba lo último de su Rocío; el disco, la actuación, la visita, el beso, la llamada, la enfermedad. Parte de su vida giraba alrededor de Rocío. Nunca he sabido el porque. Quizás una simple cinta vieja, en un viejo coche, que me hacía repetir y repetir. Y así. O sea. Hasta la otra noche. En el Tanatorio, con Junior: “Mira, Vicente, que guapa que está”.
Pero muerta. Y no es mentira. Ni es canción. Muerta en el frío de lo desconocido, en el más allá que acongoja, en las cenizas que volaran según el viento juegue con ellas.
Y no hay que llorarla lágrimas de pena ni de dolor. Ella no era lloro, era rocío. Y el rocío todas las madrugadas acude para hacer más hermosas la noche que muere y el alba que comienza.
Sobre el blanco de un jazmín, una gota de rocío. No hay nada más hermoso que nos pueda recordar a ella.
C A C A.
Yo no soy un entomófilo, vamos que no me gustan nada, pero es que nada, los insectos. Ni vivos ni muertos. Y menos, claro, cocinados.
Bueno, pues ya hay en Madrid restaurantes con cartas entomofágicas. Ya pueden comer cucarachas que según dicen, saben como los torreznos y tienen su punto de dureza. La dureza si la reconozco porque hace años me encantaba pisar cucarachas si las encontraba, cosa nada difícil. Ese “cris” al romper el caparazón, y luego ver las tripas de la cucaracha haciendo arabescos abstractos en los mosaicos, era un encanto y una labor social de limpieza importante. Y ahora se las comen.
¿Os apetece una tarta de chocolate, con ámbar de caramelo, una ramita de eneldo, un grillo y un gusano? ¿Y la ensalada de escorpiones salteados a la soja y frutas de dragón? ¿O los capullos (¡capullos es lo que son!) de gusanos de seda con sus larvitas dentro y adornados con flores de pensamientos?
Y dicen que los insectos son auténticas bombas proteínicas, ideales para combatir el peso de más, les gusta a los vegetarianos y próximamente este restaurante va a traer unos escorpiones gigantes parecidos al bogavante, y el chapulin mexicano al estilo de la langosta.
Un plato ideal es el de grillos fritos al jengibre y tabasco (12 €), maridado con un cava rosado o un vino argentino de uva malbec.
Lo escrito me lo he leído mientras desayunaba un bizcocho muy rico realizado por estas manos en la mágica y encantadora Termomix. Los insectos los dejo para Luigi.
Pero lo que más me ha cabreado de todo es que el restaurante se llama El Jerezano, no te jo...roba.
Miren, voy a ser muy sincero: para los insectos y para los que comen insectos lo mejor es el Dicloro Difenil Tricloroetano.
Y buen provecho.
¿TREGUA?
Tregua.(Del gót. trĭggwa, tratado).1. f. Suspensión de armas, cesación de hostilidades, por determinado tiempo, entre los enemigos que tienen rota o pendiente la guerra.
Ahí está la trampa: por determinado tiempo. Además ¿quién está en guerra? Yo, no. El país, tampoco. Unos locos, extorsionan, roban, maltratan y matan a los que no extorsionan ni roban ni maltratan ni matan. ¿Eso es guerra?
Se creen libertadores y son asesinos. Que se metan la tregua donde les quepa.
Aún, desgraciadamente, nos queda mucho por llorar.
PALMERAS.
De buenas a primeras, o mejor: de malas a segundas, a todos los alcaldes de la provincia de Málaga y otros muchos foráneos les ha entrado la diarrea caudalosa de plantar palmeras por Alá, por allá, por acá y por acullá.
Por las playas, plazuelas, jardines, y rotondas hay rotundas cagadas (perdóneseme) de palmeras de las más diversas especies. Y todas puestas sin ton ni son. Aquí un hueco, aquí una palmera y no malgastemos las meninges de hormigas que tenemos, (dicen los alcaldes politiqueros).
Y ahora nos invaden las palmeras datileras y las africanas y las bravas y las canas y las de coco y las enanas y las indianas y las negras y hasta las reales y más etcéteras que callo por no cansar.
Entras en pueblos serranos y te recibe una palmera como diciendo: “perdone, amigo, aquí iría mejor una acacia o un roble o un álamo, pero estamos en época de palmeras flacas, Usted perdone, repito”. Vas a un cementerio y el ciprés tan alto, tan serio, ten verde, se ha convertido en una palmera cimbreante como una mulata que con sólo la roce el viento baila sambas y rumbas a los muertos.
Estoy de palmeras hasta los mismísimos dátiles. Por ejemplo. En la playa del Bajondillo, torremolinero y ex hermoso, años ha sólo había una palmera: la mía, la de mi casa, la que tiene mi edad exactamente. Creo que es una palmera burí, que plantó Becerrita (el gran jardinero del Parque malagueño) para celebrar mi llegada a esta vida, por llamarla algo. Así que verán si me gustan las palmeras. Pero no plantadas a mogollón. Que no todo el monte y playa es palmeral, ni huerto del cura, ni Elche, ni un oasis del Sahara. (Entre paréntesis: ¡Viva el Sahara libre!).
El caso es que, añoranzas aparte, ha llegado a Málaga el Picudo Rojo, que es un bicho asiático y polinesio que puede acabar con todas las palmeras en un tris tras. Ya otro bichejo acabó con los geraneos hace unos pocos años. Lo que sea sonará.
Desde luego odio tanta palmera fuera de lugar, pero me gustaría que el Picudo Rojo en vez de engordar alimentándose con ellas, se fuera a las casas consistoriales y empezando por el excelentisimo señor alcalde presidente y terminando por el último bedel, se metiera por los conductos anales de estos políticos y funcionarios y les hiciera la vida imposible (a alguno le gustaría) hasta que no firmasen un documento autentificado por toda clase de notarios en el que renunciasen a plantar más palmeras.
Una vecina, malhadada sea, está limpiando cantando aquello de...
Palmero, sube a la palma
y dile a la palmerita,
que se asome a la ventana
que su amor lo solicita.
Ya sólo falta que para comer, me pongan ensalada de palmitos.
Yo es que la palmo, vamos si la palmo con tanta palmera.
CELIA FLORES.
Ya es primavera; hoy ya es primavera aunque no lo diga –que lo ha dicho- El Corte Inglés.
A mi no me disgusta la primavera. Rompen los capullos de las flores y rompen los botones de las blusas. Llegan pólenes por todas las rendijas y nunca llueve a gusto de todos.
Es cierto que la ciudad o el campo están más hermosos y habitables. La mar más serena y el cielo de un límpido azul.
Empiezan a morir valientemente los toros y las sevillanas se repiten machaconamente aburridas.
En esta primavera que estreno hoy, me trae, musicalmente, a un encanto de mujer hija de aquella de la que tantos estábamos enamorados cuando la primavera también era primavera en nuestros cuerpos. Estoy hablando de Celia Flores. Buen disco el suyo y buenas canciones de mi amada Marisol por entonces, Pepa Flores por ahora y madre y autora siempre.
Me dices que soy bonita
y con eso me entretienes.
Cuando me digas bonita,
dime también que me quieres.
¡Quien se lo hubiera dicho a la madre que la parió! Toda mi generación en fila esperando una mirada, solo una mirada, y sin poder decirla, ni si quiera, bonita, aunque tanto la queríamos.
Ya es primavera. Ellas, madre e hija, son primavera. Y a mí se me está pasando ya hasta el otoño.
LA NOCHE.
Hace mucho que no escribo de noche; creo que nunca he escrito de noche. Vamos, me explico. De noche sólo sé escribir poesía. Lo que yo creo que es mi poesía, claro.
La noche no me gusta. La negritud lo iguala todo demasiado y yo no sé distinguir los claros/oscuros que debe de tener. La noche es termino, fin. Sin las luces artificiales no sería nada. Negro todo. La noche azabachada me oprime como todo lo negro. Mis ojos, aún cuando no estaban cansados, nunca se hicieron a ella. Las atardecidas me duelen porque llegan para irse haciendo noche. En aquellos ocasos tan malagueños, para sobrevivir a esas horas, me tenía que acercar a la blancura de los jazmines. Me arropaban con su resplandor tan blanco y lúcido. Por aquellos años raro era el rincón torremolinero donde no creciese un jazminero. Me los conocía todos. Hasta los que se escondían entre las madreselvas o las campanillas añiles. Con ellos y con mis damas de noche me iba apañando.
La noche siempre, para mí, ha sido muerte. O el camino hacia ella. No, no soy noctívago. Es más, la odio. Solo me gusta la noche cuando muere por la amanecida. Me gusta levantarme temprano y ver agonizar la noche. Es el momento más bello.
Siempre gusta ver a tu enemiga –y la noche lo es mía- muerta.
Amanece; que alivio. Ya todos los gatos no son pardos.
OXIGÉMONOS.
Aquí, al lado de casa. O sea en llegando a la glorieta, torciendo a la derecha, pasando tres calles, girando a la izquierda en la cuarta, llegas a una ancha y atravesando cuatro bocacalles, está un bar -¿bar?- que su especialidad es darte -¿se dirá así?- raciones de oxigeno, ese elemento químico de núm. atóm. 8., muy abundante en la corteza terrestre, y que constituye casi una quinta parte del aire atmosférico en su forma molecular O2. Forma parte del agua, de los óxidos, de casi todos los ácidos y sustancias orgánicas, y está presente en todos los seres vivos. Gas más pesado que el aire, incoloro, inodoro, insípido y muy reactivo, es esencial para la respiración y activa los procesos de combustión.
Y me parece muy sano porque no bebo alcohol. Pero también es verdad que no me gastaría un pastón por pasar la tarde con la mascarilla puesta. Además ¿qué tapa se toma con el oxigeno? ¿Carne o pescado? ¿Fritos? ¿Patatas bravas? ¿Sepia con alioli?
A mí, mientras andan metiendo mano a mis mondongos, médicos y enfermeras me ponen en las narices unas espitas y me llega un estupendo oxigeno, de la cosecha del 79, que me sienta mejor que un vinillo de Quintanamanvirgo allá por la Ribera del Duero.
Antes se decía que había que oxigenarse; que era salir de casa y darse una vuelta por la polución imperante en la ciudad de Gallarfaraón. O subíamos a la Bola del Mundo para insuflar oxigeno puro.
La verdad es que ya no sabemos como aburrirnos. Y además pagamos por ello. ¡Y qué precios! Oxigenoterapia en vez de una Mahou con huevas de esturión o una San Miguel con sangre en cebollá.
Los tiempos cambian, mi alma, los tiempos cambian. El próximo día uno, voy a los toros a ver a mi torero (retirado Curro) Joselito y a la salida ya me estoy viendo con el oxigeno en las narices para recuperarme del sofocón que el genio de Joselito nos habrá dado para bien o para mal.
¡Oh! ¡Oh, oxigeno!
CHINITO TÚ.
Hoy, que tengo el día apretado, pensaba hacer un gazpacho. Pero dudaba cual. Hay tantos. En Málaga, que me queda más cerca del corazón, hay gazpacho arriero, gazpacho de espárragos trigueros, de habas verdes o un gazpacho que llaman de la siega. Hay gazpacho caliente y gazpacho “tostao” y gazpacho frito. (De todos puedo dar su receta autentica a quien le interese. De nada.).
Pero me faltaba no sé cual ingrediente para ya no recuerdo qué gazpacho. El caso es que por cercanía y comodidad, para una urgencia, estas tiendas de chinos -que tanto abundan- pues te sacan del apuro, pero a costa de dejarte una pasta e incluso la Visa por un ajo (no de Las Madroñeras) o una lechuga iceberg que como todos saben es una lechuga incomestible comprada en los chinos o en la tienda gourmet del Corte Inglés.
El caso es que al subir a casa, me puse a oír a Chano Lobato, ese cantaor encantador, esa maravilla de ser humano, ese amo del ritmo y del son y estaba cantando, maravillosamente bien, unos tangos del Piyayo creo, que decian así más o menos:
Ay, el chino como era chino; ay, el chino como era chino y no sabía de letras, tenían que darle un destino y le dieron la carreta. Ay, vaya un chino; ay, vaya un chino; vaya un chino sinvergüenza.
Pues ya no digo más de los chinos, ea.
¡¡¡CARACOLES!!!
De los caracoles me gusta su parsimonia. Su ir por la vida, tranquilamente. Sin prisas. Mirando el panorama. Viéndolas venir. Los caracoles, con su casa a cuestas, no tienen añoranzas ni recuerdos. Me gusta esto -piensan- y allí se quedan. Son nómadas en máximo grado. Esperan que llueva para después, fresquito el verde, comérselo vorazmente, mientras el recuerdo de las niñas con vestiditos rosas cantan lo de caracol, col, col, saca tus cuernos al sol. Cuernos, por cierto que lleva con una dignidad grandiosa. Como su padre y su madre que también los sacaron.
Hoy la vida, si esto es vida, deberíamos vivirla con la serenidad del caracol. No hay cosa más angustiosa que las prisas. Yo he tardado catorce horas en ir desde la capital a mi Málaga en aquellos viejos trenes. Ahora tardo cuatro y media ¿y qué? La catedral sigue manca para algunos y cojita para otros en el mismo sitio de siempre. Y la calle Larios y el Parque y los Percheles. ¿Para que ir a Málaga deprisa a ver a mi amigo-hermano Emilio si siempre le veo de perfil hablando por teléfono, conduciendo el coche de arriba abajo, pongo por ejemplo?
Lo dicho anteriormente: me gusta la parsimonia de los caracoles como me agrada la pachorra de la salamanquesa en la quietud del blancor de una pared. Lo siento, pero yo soy así. Templado. Sosegado.
¿A qué viene hablar de caracoles?, se preguntaran. Pues está claro. Ya se vende (79 €) Celltone, un extracto de baba de caracol que regenera y rejuvenece la piel. Combate el acné, elimina las arrugas, borra cicatrices y regenera las células.
Las babas del caracol tienen un componente llamado Alantoina que repara y reconstruye su duro caparazón y a nosotros la cara.
Este nuevo producto se está vendiendo muy bien. Divinamente. ¿O es que no se han dado cuenta de la cantidad enorme de caraduras que hay?
¿Cual de estas sustancias es autorreactiva?
a) Tetracloroetano.
b) Azodi.
c) Tetrafluoroetano.
d) Zapateroboboetanopacta.
Examen para Cabo de Bomberos del Ayuntamiento de Alicante.
E L...
...Real Madrid ha perdido. Fuera de la Champion. Por Real. Y es que las monarquías van de capa caida con tanto marichalar y tanto urdangarin pululando por los despachos financieros. ¿Para qué será? ¿Obras de beneficencia?...
...las de la Vicepresidenta por las Áfricas. Vestida la viva de vivos colores recolectando anacardos. Ahí es nada. Con dos directoras generales. Y la comitiva de periodistas; solo mujeres. Faltaba Chita. A la chita callando, paridad, ayer; hoy ya no. ¿Después van a Lesbos?...
...o cerca, el Presidente accidental, ¿accidentalmente?, besa a Zerolo. Que se besen, decían los virulentos. ¿Con lengua?, preguntan las malas lenguas. Se están poniendo las botas de siete leguas...
...para salir corriendo mientras, sin mirar detrás, el remendón dice, que dolor, “como mujer no tengo Patria, mi patria como mujer es el mundo”. ¿Es remendón, presidente, hombre, mujer, listo, tonto?. Tonto. Patria. (Del lat. patrĭa).1. f. Tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos...
...no vamos, creo, a ser, con él ni en la historia ni en las urnas muy afectivos. En las funerarias, si. Somos novios de la muerte, incluida la cabra o el cabrito.
Todo por la Patria.
LA PARIDA DE LA PARIDAD.
Hoy no sé que día es de la mujer. Uno más. El día de la mujer universal, el día de la mujer olivarera, el día de la mujer con tres hijos, el día de la mujer casquivana.
Que sarta de tonterías, mon dieu. En el momento que dejemos todas estas celebraciones, todos estos días festivaleros se habrá acabado el problema. ¿Y que problema?
El de la paridad entre hombres y mujeres. O al menos eso dice este desgobierno que grita: ¡Paridad!, ¡paridad!, 60/40. Coñojodercagoenlaleche, ¿esto es paridad?. 60 contra 40. Pues las sociatas se quedan tan anchas.
Pero vamos por el buen camino. Estos últimos meses –no hablo del siglo XX o XIX- se han inaugurado varios hoteles donde se da un trato diferente a las mujeres clientes. O sea paridad. Por ejemplo. La cadena NH, la Ercilla del López de Haro de Bilbao, el Tryp Palma de Mallorca, la Cadena Hospes miman a sus clientes femeninas.
El NH tiene detalles con sus clientas que abarcan desde ramos de flores al llegar, las habitaciones más amplias y luminosas, revistas, baños con espejos de aumento, secadores especiales, maderas nobles, paredes de estuco y enteladas, mármol en baños, y un largo etcétera. ¿Paridad?
La Cadena Hospes ofrece a las mujeres un body Spa, ayurveda, ducha vichy, scen tao y un restaurante para no excederse en calorias. ¿Paridad?
En otros hoteles, no voy a decirlos, se ofrece hacer jogging por la playa acompañadas de entrenadores personales. Corramos un tupido velo a lo que puede salir por mi boca sobre este asunto tan, cuando menos, escabroso. En el Cosmopolitan de Toronto ha dotado a las plantas femeninas de una tarjeta magnética para que las feminas se encuentren más seguras. En los W Hoteles de ciertas ciudades siempre hay a mano un vestido negro diseñado por Diane von Furstenberg para casos de urgencias. La empresa Shopin organiza rutas personalizadas para visitar tiendas donde comprar lo último en moda o tomar un café en los restaurantes más fashion. ¿Paridad?
Entre esta paridad y la de la pata quebrada. Hay un termino medio. El más normal del mundo: el que vale, sea hombre o mujer, vale. Y el que no, pues no.
¿Paridad? Más bien, parida.
P.D. Escrito lo escrito y antes de que alguien me grite que no está de acuerdo conmigo, que me lo tomo así o asao, que mire para Africa o Asia que allí si que las mujeres tienen problemas urgentes e importantes y no esta paridad. Dejemos nuestros ombligos que ya estan muy vistos y miremos, de verdad, a esas mujeres que ellas si que son merecederas de nuestra ayuda y a las que no hacemos ni puto caso. He dicho.
MARI TERE, MARIA TERESA CAMPOS.
Cuando se sube mucho si te caes, el guantazo es de los que hacen época.
Y ella, la reinona, se lo ha dado y el cardenal le durará mucho porque no es un cardenal de los que salen en las carnes; es un cardenal vaticanista que se queda durante días amargos y noches despiertas, en el alma haciéndote la puñeta y doliendo.
Supe de ella cuando ella, quinceañera, presentaba los discos en aquella entrañable Radio Juventud de Málaga. Yo, cuatro años más joven, corría a poner el aparato de radio y junto a María, mi María la gorda, la querida María de mi alma, nos quedábamos oyendo aquella locutora y aquellos discos de 75 revoluciones que tosían asmáticamente los días que las ondas llegaban hasta el Bajondillo si es que aquel día llegaban.
Crecimos juntos y Mari Tere –entonces era Mari Tere- enamoraba con su voz y con un cierto deseo escondido, muy escondido, de libertad. Yo, tan amante hasta el éxtasis de la radio, la fui perdiendo de oído mientras ella alcanzaba otras metas para las que fue llamada y creo sinceramente que de una forma equivocada.
Subió a la cima del éxito y se creyó una diosa que no era. La llamaron Reina y Reinona. La amaron y odiaron por igual. Pensó en ser una matriarca fondona con acento andaluz y cualquier día se le vino abajo como un azucarillo. Entró en la guerra de venderse al mejor postor sin darse cuenta de que eso sólo lo saben hacer las prostitutas de altos vuelos y saberes. Quiso que su opinión influyera en la política, como su voz juvenil calentaba los instintos de tanto chaval que no tenía ni un triste Playboy donde imaginar.
Ha caído. Yo no sé si será capaz de resucitar. Demos al tiempo, tiempo, pero ya nada será igual. La diosa era barro y el barro se resquebraja.
A mí me quedará el recuerdo agradable y tal vez hermoso, de aquellos años tan jóvenes, cuando Mari Tere me hablaba a través de una vieja radio Marconi.
Y a otros, como a mi querido Luigi, la memoria del canalillo, oh, el canalillo, que tanto le gusta lucir a la Campos.
PROGENITORES.
Que suerte tienen los italianos. En las próximas elecciones se presenta un fraile acusado de violación, una puta acusada de puta, unos cuantos ¿cómo los llamo? gays o maricones y otras gentes de mal vivir... o eso nos creemos nosotros.
Bueno, pues con toda esta jauría humana, para algunos desechada de la mano divina y defectuosa, prefiero gastarme mis cuartos políticos que con la banda de ilustrados deslustrados que nos gobiernan en esta España, otrora nación normalita, sin ínfulas, donde, mal que bien, vivíamos en paz y gracia de los dioses. No pintábamos nada en el concierto internacional pero de vez en cuando se oía un grito y es que el Madrid había ganado una Copa de Europa, o cualquier buen juntaletras, el Nóbel de Literatura, e íbamos tirando.
Pero desde dos años a esta parte yo ya no sé por donde me ando. (Prohibido hacer aguas). No es cuestión política, es vergüenza ajena la que te corroe todas las mañanas cuando lees el periódico u oyes las ondas hercianas. (Las televisiones, mejor no verlas).
Ahora, la última sinrazón, la última mamarrachada, es eso de Progenitor A y Progenitor B. Antonio Burgos y Alfonso Ussía han escrito irónicamente sobre tamaña gilipollez.
Hay que ser mastuerzos e ignorantes. Los progenitores, sí, son las madres y los padres. Pero dos hombres solos no pueden ser progenitores de un ser. Ni dos mujeres solas, tampoco. ¿Entonces?
El progenitor A quien es, ¿el hombre? ¿Y el B? El A ¿puede ser mujer y el B también? ¿El B puede ser gay y el A no? ¿Y al revés? La lesbiana Anita –es un poner- ¿es progenitor A o progenitora A? Y su chorba Luisita –es otro poner- es progenitora B o progenitor B?
Anda y que les den a los políticos por donde les duele. ¿Se han dado cuenta que han terminado con los famosos chistes de: progenitora B, progenitora B, cuando tendré unos pechos tan grandecitos como los tuyos? Dentro de pocos años, hija. Vaya, progenitora B, los necesitaba para el sábado. ¿Cómo se cantará aquello de eres progenitora B la più bella del mundo? ¿Se unificarán el día del progenitor A (19 de marzo) y el de progenitor B (Primer domingo de Mayo? ¿Los abuelos y abuelas serán progenitores A o B de mi progenitor A o B? Progenitora B: ¿el progenitor A de mi progenitor A es mecánico? No, por qué... Es que está debajo de un autobús.
Hay un refrán castellano que actualizo, pero que les va como anillo al dedo: Progenitor A no tuviste; progenitor B no temiste; hijo, diablo te hiciste. Por malos.
Y aquí si que me duele por su importancia intrínseca. Por lo que representaba. Porque no se puede borrar el amor con el que te lo regalaron. Porque rompes el corazón de tus hijos. Porque es el hundimiento de la civilización cristiana: ¿Qué, coño, hago yo con el cartelito de No corras, papá?
¡La primogénita B que les ha parido!.
ATAULFO, SIGÉRICO, WALIA, TEODORICO...
... Turismundo, Teodorico II, Alarico II, Gesaleico, Amalarico, Theudis, Theudiselo, Agila, Atanagildo, Liuva, Leovigildo, Recaredo, Liuva II, Witérico, Gundemaro, Sisebuto, Recaredo, Suinthila, Sisenando, Khintila, Tulga, Khindasvinto, Recesvinto, Wamba, Ervigio, Egica, Witiza, y Rodrigo.
Esta es, salvo error u omisión, la famosa lista de los Reyes Godos, que yo tuve a bien no aprenderme nunca, entre otras cosas porque aquellos benditos frailes que me educaron estaban más pendientes del Padre Damián y del Osasuna que de los reyes godos. Además el superior era el Padre Recaredo, para qué más. Y mi mejor amigo se llamaba Hermenegildo que ni era godo, ni rey.
Supongo que mi republicanismo visceral proviene ya de aquellos tiempos. ¿A que me llevaba saberme tanto nombre? Una perdida de tiempo estúpida. Y es que si no perdiéramos el tiempo en chorradas la vida –su duración- estaría más en consonancia con la realidad. Qué te enseña más, pregunto: una puesta de sol o la lista de reyes godos. El románico palentino o la saga de los Borbones. (¡Qué cachondo el corrector!: me cambia Borbones por borrones; al fin y al cabo es lo mismo).
Pero ser republicano no es ser imbecil. Aunque alguno lo aparenta y lo demuestra. Llamazares, por ejemplo.
Dice esta lumbrera que en España se tiene conciencia histórica republicana. Vamos, que España ha sido republicana desde Adán y Eva.
Ahora quiere el doctor que la bandera republicana ondee el mes de abril, junto a la enseña oficial, en todos los establecimientos estatales y nacionales. Mire Usted, Doctor Llamazares. U ondea siempre o no ondea. A mí, personalmente, las banderas no me dicen nada. Ahora mismo esto es un Reino (¿de Taifas?) y yo lo respeto y respeto la bandera que lo representa. Como respetaré la próxima bandera de la ya cercana Republica, que debe de llegar aunque la defiendan chorbos como el tal Llamazares.
Y entonces, para jo...erlo, me aprenderé de carrerilla la famosa lista de los Reyes Godos.
ZONA AZUL.
Nuestro gallardo Alcalde (tan gallardo es, que es gallardón) ha puesto sus atributos (collar y vara, no sean mal pensados) encima de la mesa y amplió la zona azul por acá y por acullá.
Los vecinos afectados con esta ampliación andan a la guerra. ¡A nosotros, no! Esto se llama solidaridad. Queremos zonas verdes y azules para ir a los cortesingleses, a los alcampos y a los carrepryca. Pero en nuestra calle y barrio, no. Están rompiendo las máquinas de los tiques y dicen que es que hay mucho viento y no están bien asentadas. Nos está costando un huevo esta estupidez de personas antisociales y antisolidarias.
Aquí en este barrio donde mal vivo, llevamos muchos años con la zona azul. Nos cuesta trabajo aparcar porque viene gente de otros barrios a trabajar o a disfrutar. Hay días que te indignas y días que a la primera, zás, aparcaste y tan a gustito.
Pero hay que razonar, pensando en todos y no en nosotros mismos. Cada vez somos más egoístas y egocéntricos. Si el socialismo, por el que tanto pía tanta gente “es el sistema de organización social y económico basado en la propiedad y administración colectiva o estatal de los medios de producción y en la regulación por el Estado de las actividades económicas y sociales, y la distribución de los bienes”, socialistas y comunistas (¿todavía existen?, ¡que horror!) son los primeros que aplaudirían estas medidas. Pero, aquí en Madrid, no. Son los que se han lanzado a la calle a romper parquímetros y a pintar las calles de diferentes colores para despistar.
El aguerrido Simancas, que no tenía posibles para arreglar la playstation de su chaval y el recién casado Zerolo, (éste sí salió del armario y no Falete que salió de un garage), se ponen al frente de la manifestación para incordiar pues es lo único que saben. Sus coches oficiales no entienden, (Zerolo si entiende), de zonas azules o verdes; de rosas,sí. Aparcan donde les sale de sus redaños y mucho bla-bla y ninguna solución. Les da igual de lo que se protesta. Ellos al frente, con la camisa nueva, y la cara dura de siempre. Qué dos personas tan... nada. Como su jefe.
Un poquito de solidaridad con un poquito de por favor. No debería haber políticos en los Ayuntamientos. Lo estropean todo.





