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¿FELIZ AÑO? ¡VENGA YA!


¿Cómo -¡vamos, díganme como!- voy a felicitarles el Año Nuevo si lo primero que aparecerá será una ley anti.

Aunque sea anti-tabaco, es anti. Y eso está muy feo.

¿Y a Usted que le importa si lleva cinco hermosos años sin dar una caladita?, me dicen por ahí.

Me importa, digo aquí. Por que si el tabaco mata, tengo la libertad de matarme. Puedo matarme con la coca, con la cola, tirándome por un balcón, o pegándome un tiro. ¿Y qué?

No a una ley anti.

Antiayer, vivíamos mejor.



 

M I L O N G A S .



Que los políticos no saben de política, es de sobra conocido por todo bicho viviente, perdóneseme la mala comparación.

Pero tampoco saben de otras cosas, como demuestran a diario. Ayer, por no ir muy lejos que me canso, un político de los más potables le dijo a otro –inclasificable-: “no me venga con milongas”.

¿Qué quería decir el político? ¿No me venga con la composición musical folclórica argentina de ritmo apagado y tono nostálgico, que se ejecuta con la guitarra? ¿O no me venga con la composición musical de ritmo vivo y marcado en compás de dos por cuatro, emparentada con el tango? ¿O no me venga con el baile argentino vivaz de pareja enlazada?

Vamos a ver, político. Milonga es el lugar donde se baila y por tanto donde se reúne la gente y por extensión es un enredo, una excusa, un rodeo. Pues dígalo, claramente.

No me venga con esas milongas y quédese con la de Pepa Oro, que Pepe el de la Matrona dejó grabada magníficamente. Que la milonga es, también, un cante aflamencado, un cante festero.

Eran las dos de la noche/ y a tú puerta llegué ufano/ con la bandurria en la mano,/ despierta divina flor,/ despierta Ángel de amor,/ las dos están dando ahora/ y son de la madrugá/ y si estás embelesá/ despierta divina aurora. ¡Ay, Cucú/ y tú me estas matando, ay Cucú,/ y yo no puedo más/ serrana me voy contigo.


A mí y de madrugada, milonga que venga, milonga que vaya. Y unos mirabás, y unos caracoles, y unas guajiras, y unos fandanguillos, y unas bulerias.

Los cuentos, las mentiras, los líos, para Ustedes. A mí que me dejen con las milongas estas. O con aquel verdial que oigo ahora cantado por Bernardo el de los Lobitos.

Quien te pudiera traer/ pueblo de los verdiales,/ metío en la faldiquera,/
ay, como pliego de papel.


O aquella malagueña del Niño de Almadén tan ecuménica y ecuánime:

Viva Madrid que es la Corte
y viva Málaga la bella.
Y para puertos bonitos
Barcelona y Cartagena.

Lo demás, si que son milongas.


 



 

MI FUMADERO.


Se acerca el uno de enero. Se acaba ya el fumeteo. Cada mochuelo a su fumadero. Si no lo veo no lo creo.

¿Ustedes vosotros no recordáis esa película o esas películas –de las que nunca supe el nombre- en las que salen unos lupanares o lugares semejantes donde los malos del celuloide o las bellísimas abandonadas se dedican a fumetear pipas de opio? Y allí, medios groguis, tartamudeando, reconocían sus maldades o caían en brazos de su amante que, en seguida, la rescataba de la fumífera situación.

Eran escenas bellísimas si nos las dejaba ver el humo de la estupefaciente adormidera.

Bueno, pues yo voy a poner un fumadero clandestino de tabaco. Se llamará Sarita o Fumando Espero,no lo sé aún. Lo convertiré en un remanso fumífero donde degustar tabacos de barro, de hoja, de humo, de montaña (árnica), de palillos, de polvo (rapé), de regalía, de sol, de viena, de vinagrillo. Tabacos holandeses, maduros, morenos, negros, rubios, tapados, turcos, verdines, caperos, colorados o cucaracheros.

Contribuiré a aminorar la desazón que los fumadores tendrán a partir del día uno ya tan próximo. El local, como he dicho antes, será clandestino, como los talleres textiles chinos. Se entrará por un callejón (no el del Gato, listillos) y será un local sucio, indecente y escabroso. Se podrán tener toda clase de relaciones entre los clientes. Así matamos dos pájaros de un tiro. Habrá cuartos negros y armarios negros. En todo el local, para más inri, lucirán carteles de prohibido fumar poco y los extintores no habrán pasado las revisiones correspondientes y no funcionaran.

Se podrá pasar con calcetines blancos pero vedaremos la asistencia de los políticos que hayan firmado la ley antitabaco.

Como también está prohibido fumar en los tanatorios, dejaremos una habitación o varias, -vete tú a saber del éxito-, para velar a los fumadores muertos. (Se hará rebaja a los muertos por cualquier enfermedad bronquial o pulmonar).

Esta es, someramente, mi idea. Necesito socio capitalista, preferiblemente estanquero en paro.

(Hoy también oigo una rumorosa voz allá por donde la lejanía que dice algo así como you´re a fucking idiot. ¿Será por mi idea o por la del Gobierno?).



 

EL DÍA DE LOS TONTOS.



He estado buscando por entre los periódicos que suelo frecuentar
–que son muchos, tal vez demasía- alguna inocentada como las de antaño. Pero nada. O no hay inocentadas o todo el periódico es en si mismo una inocentada descomunal.

Aquí, por los madriles centralistas, el Viaducto debió ser protagonista de infinitas inocentadas. El Viaducto se cayó, (ABC, portada) y los madrileños, inocentes míos, allá que iban a ver si era verdad. O Alfredo Di Stéfano (salud, maestro) ficha por el Barça y los tontorrones seguidores del Madrid lloraban por las esquinas hasta darse cuenta de la inocentada.

Y recibías llamadas telefónicas y alguno cargaba en sus anchas espaldas con el consabido monigote de papel.

En Málaga, el "Sur" a lo mejor saltaba a la calle con la noticia de que nevó en el Bajondillo y la gente cogía el Portillo a ver si era verdad.

A mí una vez me gastaron la inocentada de que un muy buen amigo “injiniero” malagueño, se había pasado una tarde entera leyendo un libro de poesías. ¡Señor, que desilusión! al darme cuenta que era el día de los Tontos.

Porque en Málaga el día de los Inocentes es el día de los Tontos. Un día para ir a la Venta del Túnel a cantar y bailar verdiales. Y a coger una borrachera de vino pajarero que te deja la cabeza acolchada dos semanas. Ni ácido acetilsalicílico ni paracetamol. Darías todo por que te la cortaran.

Bueno, pues eso. O sea. Que ya no hay inocentadas ni en las aradios, ni en los papeles, ni por la p... calle.

Y oigo una lejana voz... ¿y lo de Zapatero qué es, pues, entonces?

Coño, no había caído.



 
LAS VISITAS

Mi amigo Luigi, el honorable quiosquero, me dice que tengo muy mal genio, que siempre estoy protestando, que si tengo una lista negra donde apunto la gente que me cae mal o el establecimiento que tengo señalado para no volver a entrar.

Básicamente todo es cierto (hasta que el quiosquero Luigi sea honorable). Pero es cada día hay más mala educación, más no saber comportarse, más tratarte como un felpudo.

Yo, que de por sí soy brusco y arisco, sé contenerme aunque cada día me cueste más. Vaya, como ejemplo, lo del otro día.

Viene a ver a la abuelilla (gracias, que lo cortés no quita lo valiente) una señora muy enseñoreada y al marcharse nos dice muy seria:

-Ay, hijos, que bien la veo, tan cuidadita, repeinada. Como se nota que la dais cremita en la piel. ¡Qué suave la tiene! Y tan limpita...

Y claro, a uno se le pone la cara de imbecil, y la voz no le llega a la garganta, y se queda con las ganas de decirla:

¿Pero que se cree, Señora, mecagoenlalecheputa? ¿Qué la íbamos a tener con piojos? ¿Llena de mugre? ¿En el rincón más oscuro para que nadie la vea?

Yo pienso que quien estas cosas dice, es que a la menor oportunidad las haría.

Algunas y algunos debían de meterse la lengua donde yo les dijera.

 

FRAUDE NAVIDEÑO.

Ya hemos pasado la primera fiesta. La Navidad. O sea, las comidas/cenas/borracheras de mil y una Empresas; las comidas/cenas/borracheras de familia unida o desunida; las comidas/cenas/borracheras de amigotes, amiguitas, gigolos o pelanduscas. Todo un mundo de gastos inútiles, de besos asesinos, de envidias malsanas, de gestos hipócritas, de críticas mordaces, de langostinos asesinados; y todo en aras del “Feliz Navidad... (hijo puchi)”.

Me lo parece a mí. Pero todo este tinglado económico- familiar-religioso es una farsa mentirosa cebada por los negociantes económicos y también, desgraciadamente, por los mercaderes religiosos.

Todo es un fraude para acallar nuestras conciencias. Un abuelo, por ejemplo, manipula su felicitación con un burdo montaje simplemente para intentar demostrar una unidad familiar que ni de coña existe.

Nos queda dentro de pocos días, despedir este año y recibir al próximo. En esta última fiesta del año a las innumerables comidas/cenas/borracheras añadiremos las infinitas comidas/cenas/borracheras/chocolateconchurros
/vomitonas que habrá por doquier sí, por doquier no.

Y diremos, otra vez, “Felicidades... (cabronazo o cabronaza)” con la mejor de nuestras sonrisas de hiena. “Te deseo un 2008 dichoso... (si te estrellas por ahí)”. “Que seas feliz... (en la paz del camposanto)”.

Queda la fiesta de los Reyes Magos, pero no levanta tanto guirigay. Será que ya vamos siendo un poquito más republicanos, porque con este percal...


 

LA ABUELILLA.

La abuelilla está celebrando estas fiestas a su manera.

Ha cogido sus muchos años, se los ha echado al hombro, y muy despacito, sin querer hacer ruido, comienza su marcha hacia la niñez.

La abuelilla anda en las nubes de la indiferencia, por los cielos del olvido, mirando pasar los días con sorpresa y esperando, con miedo, noches que cada día se la hacen más largas y dolorosas.

La abuelilla camina confundiendo luz y tinieblas, blanco y gris, si y no. Da lo mismo. Sabe y espera que aún tiene que llegar el tranvía que la lleve al cielo extenso donde encontrar otra vida; la que ella soñó de niña.

La abuelilla busca, rotas ya sus amarras, la cálida cuna que de niña no tuvo. Busca aquellos mimos y besos; los únicos que recuerda porque no existieron.

La abuelilla, tan niña, tan vieja, tiene los ojos del alma llenos de niebla que ya no le dejan ver el hoy y que no esperan un mañana.

La abuelilla se consume poquito a mucho, camino de convertirse en una juguetona pavesa que baila por los cielos azules y la llama, ¡Conchita!, para cojerla de la mano y enseñarla su lugar en el infinito donde será, para la eternidad, un lucerico blanco, muy blanco que nunca se apagará.

La abuelilla, la pobre, se pierde por la casa buscando la puerta para irse a jugar a la Plaza de Oriente con sus amigas y hermanos.

La abuelilla no quiere saber de Navidades, que bastantes Navidades soportan sus hombros; tantas que no puede ya con ellas ni falta que le hacen.

La abuelilla y una sonrisa triste -a veces- que no sabemos comprender. No entendemos su idioma. Se va convirtiendo en una nada que un día fue un todo.

La abuelilla no espera un año nuevo, busca aquel año viejo, tan viejo como ella, en el que su madre la dio el primer beso y que nunca, ni hoy que todo lo olvida, olvidó.



 
IRREVOCABLE DIMISIÓN DE GRANADITOS.
Mi muy Señor Granados:

Aquí, el abajo firmante, su otro yo, su querido Granaditos, tiene la hidalguía de presentarle su dimisión irrevocable. Al decir irrevocable quiero decir que a lo mejor... que según... o el menos eso me enseñaron los políticos, que malhadados sean.

Y como estoy harto de los políticos, de la política, es por lo que, desengañado y cautivo de la verdad, me voy por donde he venido y aquí dejo su blog en su etapa politicona a la nunca debió llegar. No quiero más politiqueo ni más politiquear por mi modesta parte.
He apagado los periódicos y doblados los aparatos de radio y televisión. Que se maten los políticos entre ellos. Que se enmerden como los puercos. Yo no sirvo para eso. Ni para criticar. Ahí se pudran.

Dicho lo cual, mi querido maestro, Sr. Granados, ilustre jefe, su otro yo –servidor-, el escribidor que Usted se ha buscado como modesto negro, volverá a escribir sobre nuestra vieja tierra malagueña, de limpios recuerdos, del ayer de amaneceres y el anochecer de los jazmines blancos. (¡No me los matéis en las biznagas!). Volveré a nuestra poesía y a nuestros libros hermosos. Contaré, para Usted, mis caminatas madrileñas, mis conversaciones con los muertos tan queridos, el ir y el venir de la vida sencilla por la sencilla acera por la que caminamos los ingenuos.

No quiero más mierda, querido Jefe, perdóneme. Sé que a Usted no le importará esta deserción de su enviado especial a la política. Y reconozcamos, Usted y servidor, que nos hemos equivocado, que esto no es lo nuestro. Disfrutábamos más escribiendo de otras cosas. Del cielo, del río, de los tamarindos, de las salamanquesas, de los grandes expresos europeos.

Sepa, querido y admirado Jefe, que me creceré en la nueva labor que me encomiende, todo lo que pueda y más. Y ya que el sol sale por Antequera y en Antequera vive el más poeta de todos, (D. José Antonio Muñoz Rojas), pidamos a ese dios solar la inspiración que nos falta para volver a intentar escribir un poema.

Reciba el más cordial saludo de s. s. s. y modesto y esforzado negro q. e. s. m.

GRANADITOS.
 
SONETO DE FRAY JOSEPHO. (¿A QUIEN SE LO HABRÁ DEDICADO?)
Te dicen los pelotas que eres zorro…
porque eres desleal para ser perro.
Tal vez por manso llegues a becerro,
aunque a morlaco no, ni por el forro.


Por pelma, en cambio, tiendes a abejorro;
por soso y por insípido, a ajo puerro;
por funesto, pareces un entierro,
y por líder político… ¡Socorro!


No tienes pata negra para guarro;
son tus pies, como ídolo, de barro,
y hasta tesón te falta para burro.


Sólo ganas batallas como Pirro;
de Mojamé y Carod eres esbirro…
y ya no sigo más, porque me aburro.
 

HOY NO DEBERIA DE HABER AMANECIDO.

Hoy, los facinerosos Sr. Rodriguez (Presidente del Gobierno), Sr. Maragall (Presidente de la Generalitat) y Sr Carod (Presidente de los dos anteriores)...

PERDON, empiezo de nuevo que me he equivocado.

Hoy, los facinerosos Rodriguez, Maragall y Carod han perpetrado la mayor fechoría, perversidad, atentado, felonía y barbaridad contra la libertad. La han asesinado a sangre fría.

Salgamos a la calle.

A las barricadas, mejor.
 

A MI NO ME CALLAN






Hoy entra el invierno. A las 6,34. Que los amigos de la numerología sumen. Y saquen consecuencias. Yo no, por que no soy supersticioso como he demostrado otras muchas veces.


Además del invierno, entra el CAC que es el Consejo Audiovisual de Cataluña, un órgano con potestad para cerrar emisoras si sus miembros lo creen necesario en cuanto piensen que esa emisora incumple lo que ellos decidan, o infrinjan principios constitucionales, aunque el Tribunal Constitucional no haya dicho ni media palabra.


Nunca pensé, -cuando allá por la juventud soñaba con la libertad-, que llegaríamos a esto. Si dices algo que no me gusta, te cierro. No te doy emisoras. Y vete a la Caixa a pedir un crédito para subsistir a la multa que te puedo endiñar, que allí te espero.


Ahora, viejo y descorazonado, sin haber, a mis tantos años, disfrutado de la libertad de expresión plenamente, me amenazan con quitarme lo poco que tenía y lo poco por lo que siempre luché.


Me parece que no nos damos cuenta bien. Estoy escribiendo de libertad; que me la quieren quitar y no estoy dispuesto.


No, no voy a caer en la paletada centrista de afirmar que ¡¡¡esos catalanes, siempre con lo mismo!!! De esta falta de libertad no tienen ellos la culpa. Solo hay un culpable. El Presidente Rodríguez.


A mí no me amordaza nadie. Y menos, un solemne bobo; que no es lo mismo que un bobo solemne.





 
ZAPATERO A TUS HOJALATAS.

Me encanta la frase de Rajoy aunque encabrone a muchos:

“Es mucho más peligroso un bobo solemne que un patriota de hojalata”.

Y aún me gusta más (porque encabrona más) la apostilla de Francisco Umbral:

“El Sr. Zapatero, que quiere estar en todo, en la resurrección del Prestige y en la resurrección del Caudillo y de García Sanchiz, ha forjado el otro día eso de “los patriotas de hojalata”, que no tiene aplicación práctica ni explicación poética. No es más que un esputo dominical que el presidente regala a su pueblo. La consecuencia de un zapatero metido a hojalatero”.
 
TERENCI, YA ESTAS ALLÍ.

Ya está allí. Aunque le hubiera gustado estar antes. Yo me lo imagino como un chaval de 12 años llamado Ptolomeo XII casándose con su hermana Cleopatra Filopator Nea Thea, la que luego, al morir batallando Ptolomeo, fue Cleopatra VII.



Ya está allí. Nilo, desierto, momias, papiros; hermosas noches de efebos dulces como dátiles, mimosos y complacientes, bellos como el atardecer sobre sus cuerpos húmedos de besos, gastados de caricias aviesas; juegos revoltosos y miradas celosas y perversas.



Ya está allí. En su soñado mundo. O en la más absoluta nada. Sus pavesas al viento frío del amanecer quien sabe por donde no estarán.

 
OXE, TÚ.

Los suecos (¡ay, las suecas aquellas de los sesenta torremolineros!) dicen que su Rey no es Rey de Suecia, si no Rey de los suecos. Que el Rey es Rey de todos los suecos, hasta que todos los suecos quieran que sea Rey, faltaba más, Gustavín XVI.

Y es que los suecos son muy raros. En vez de llamar Suecia a su país, le llaman Konungariket Sverige que es como decir: ...y en tu iza, o rabiza o colipoterra madre.

Si no hubiera o hubiese empezado a virar de rumbo, lo que quiero decir, en estas líneas tan dolorosas de parir, es que ya está bien de sandeces. He leído este “finde” que el Rey de algunos españoles, entre los que no me encuentro afortunadamente, se lleva muy bien con el PSOE y menos bien con el PP. ¿Pero esto que es? Ahora resulta que el Rey de algunos españoles opta por uno u otro partido político. Eso es indecente y una guarrada. ¿Más claro? Una buena ginebra.

Si ya se le veía el plumero. Babosin con Felipe y seco con Aznar. Y a Bambi le da de comer en la mano. Y no es eso, que no.

De todos o a la calle. De todos. Sin banderías. Sin amigos y sin amigas. Limpio y claro. Transparente. Sin mácula. Y sin mácula lútea para percibir los colores políticos.

Que ya está bien y que nuestro dinero nos cuesta. Si, desgraciadamente, hemos de sufrir un Rey, que al menos lo sea en el sentido más noble de la palabra.

Y que no se convierta en el Rey de las carnestolendas ni incluso por Carnaval.
 
REPORTATE, CARLITOS, AMOR, REPORTATE.

¿Pero que te pasa? Estás colérico. Tú tan ácrata siempre. Tú, él que no votabas. ¿Qué te han hecho, primo? Ah, ya. Me contestas tres veces a mi blog de ayer y encuentro tus respuestas un pelín desquiciadas. Eso de que te prohíban fumar no lo llevas nada bien. Tila, mucha tila. Y sosiego, mucho sosiego.

A Aznar le echaron del poder los votantes con razón o sin razón. Le echaron y se fue y aquí paz y después gloria. ¿Gloria? El remendón será lo que sea menos glorioso. Es un ser evanescente que ni pincha ni corta, solo hace la puñeta a los que él dice que perdieron la guerra aquella que hubo. Y comentan las lenguas de triple filo que lleva los calzoncillos serigrafiados con bambis y dumbos, tan cándido de cómo es.

¿Si en la subasta por el bañador que Joan Puig usó para invadir la piscina de Pedro J. se ha alcanzado la cifra de 3.000 euros, qué no se dará por esos bonitos calzones disneylianos con palominos –de la paz, eso sí- incluidos?

Carlitos, estás en tú derecho de decir lo que quieras, faltaría más, pero sé menos visceral e injusto. A Aznar le llamas asesino pero llámaselo, también, a millones de españoles que pensaban entonces y ahora lo mismo que él. (Y no me mires, que sabes que no soy guerrero).

Pero me asalta una duda. Presumes de que no vas a votar. Y eso te descalifica. Ve, haz cola, vota en blanco si quieres, pero ve. Mientras no vayas, querido mío, guapetón de tú madre, no me sirven tus descalificaciones a una forma de gobernar o desgobernar.

Dicho lo dicho, ¿cuándo, coño, me invitas a comer, que ya es hora de que discutamos lo mal que cocinas la carne esa que haces al estilo del rabo de toro?



 
LOS POLÍTICOS PROTERVOS.

Ya estaba yo reprimiéndome demasiado sin hablar, sin escribir, sin gritar, sin aullar de los políticos estos tan malos, tan protervos.

Porque eso son nuestros políticos: unos protervos. O sea, unos perversos, unos obstinados en la maldad. ¿Pero por qué?

Yo pensé –qué error, qué inmenso error- que la política era un arte sutil, etéreo, elegante y con su meta en la eficacia para el gobierno de un pueblo.

Y nada de nada. Políticos vociferantes de su nada, agresivos defensores de su paga bien pagada; políticos trileros, políticos de mierda. Canto lo de mi Carlos Cano:

Cada vez que dicen: patria,
pienso en el pueblo y me pongo a temblar
en las miserias que vienen
y en los fantasmas de la soledad.

Cuesta abajo y sin frenada van las encuestas para algunos y sacan a flote el Prestige aquel de tanta vergüenza para el pepé, tanta pancarta y tanto mamón y mamona gritando por las esquinas, chupándo las ubres de una limosna, por piedad, a su ineptitud e incompetencia. Lloraban por los crustáceos cirrópodos (apodados percebes) que deformaban sus grasientas panzas a costa de las “visas” platino pagadas a fin de mes por todos nosotros a escote.

Y hace pocos meses, una ola de ineptitudes y torpezas de un gobierno socialista acabó con once jóvenes que apagaban un fuego. No pienso ser demagogo. Sólo transcribo las palabras de la socialista Celia Abenza, Directora de Protección Civil: “...fue un hecho desgraciado el fallecimiento de once personas pero no se puede pretender que seis meses después, la opinión pública siga centrada en este tema”.

Se puede llevar al ¡Parlamento! los o las percebes después de tres años y con la mar ya limpia, los percebes en su lugar rocoso, y con las playas gallegas con menos chapapote que las malagueñas de San Andrés.

Pero...¡ay! Las personas muertas en un terrible incendio a la tumba. dos metros bajo tierra, y calladitas las familias. Si no fue tanto. Ni Zapatero acudió.

Qué cabrones.

(Perdón, pero estoy encrespado y colérico).
 
CALLE FRESCA.
El que me conoce demasiado bien sabe que mi calle preferida de Málaga es la calle Fresca. Empieza en Moreno Monroy y termina en Santa María, aunque yo la continuo hasta la Plaza del Siglo, pero este trozo, el más estrecho, desde Santa María a la Plaza, oficialmente se llama Correo Viejo.

¿Qué por qué es mi calle preferida? Pues no lo sé la verdad. Quizás su suma estrechez, el frescor, ¿por qué no?, de las piedras y ladrillos que nunca reciben el sol redondo y caliente y tan malagueño. O tal vez por las historias que mi padre me contaba de cuando en ella estaba el Seminario donde estudió tantos años.

O quizás nada de lo anterior. Desde niño he tenido que pasar por esa calle aunque pudiese ir por otra. Me fascina. Y sueño en ella, avatares que nunca llegan; amores que nunca fueron; duelos en los que siempre perdí. He sobado sus paredes como acariciándolas. Y gastado sus piedras con mis sandalias de niño o mis zapatos de viejo. He aspirado a bocanadas el aire tan malagueño que pasa por ella y me da vida cuando falto tanto de sentirla. Aún ando por ella de la mano de mi padre, con su silencio a cuestas, recordando un ayer que fué sólo nuestro.

Y sin quizás porque ha cambiado tan poco que aún está el rayón que una tarde de terrales hice en la esquina con el Pasaje de Chinitas con un lápiz que me había regalado el representante de la Colonia “Maja” de Myrurgia.
 
SANTA LUCHY.
Hoy es martes. Y trece. Pero no sé de cuando. ¿Del ayer? ¿Del mañana? Abro el periódico. El Prestige. La guerra de Irak. El Estatuto. Otro Pujol, que aparece.

Pues sí; sí que es martes y trece. No hay más que verlo. Cruzo los dedos, toco madera, pero sigue siendo martes y trece. No lunes y nueve, o miércoles y veintisiete; no. Martes y trece.

¿Qué si soy supersticioso? ¿Yo agorero? ¡No sabe a quien está leyendo! No me gusta el amarillo, (¡oh, cielos, lo he escrito!), ni pasar por debajo de una escalera, ni levantarme con el pié izquierdo, ni romper un espejo, ni los gatos negros, ni los búhos y lechuzas, ni los paraguas abiertos, ni la sal derramada, ni las tijeras abiertas, ni las tostadas quemadas (¡alimento del diablo!)... Pero no soy supersticioso, que va.

Hoy es martes y trece y los de la ONCE dicen no ven claras sus cuentas, que se están arruinando, pues que Santa Lucía les conserve la vista.

Por que hoy, martes y trece, es, también, Santa Lucía. Aunque yo, por eso de la confianza, digo que es el día de Santa Luchy, que además de buena moza, es mi comadre, que no es moco de pavo. Así que aunque sea martes, aunque sea trece, aunque sea Santa Lucía, para mí, para muchos, es un día alegre en el que, año tras año, abro mi pequeño, humilde homenaje, a Santa Luchy. Y ahí me las den todas.

Y ahí va, querida Luchy, la oración popular a tu patrona. Que te conserve la vista y sepas, aún más, apreciar los colores para que los plasmes en esa hermosa marina que espero me regales próximamente.

¡Oh Bienaventurada y amable Virgen Santa Lucía, universalmente reconocida por el pueblo cristiano como especial y poderosa abogada de la vista, llenos de confianza a ti acudimos; pidiéndote la gracia de que la nuestra se mantenga sana y le demos el uso para la salvación de nuestra alma, sin turbar jamás nuestra mente en espectáculos peligrosos. Y que todo lo que ellos vean se convierta en saludable y valioso motivo de amar cada día más a Nuestro Creador y Redentor Jesucristo, a quien por tu intercesión, oh protectora nuestra; esperamos ver y amar eternamente en la patria celestial. Amén

Pues eso. Que así sea. Y el cuadro bonito, con su Mediterráneo, su barquito y su vela latina, si es que me puedo poner a pedir gollerías.
 
PUBLICA Y ORGULLOSAMENTE, ME DECLARO FOROFO ATLÉTICO.


Nadie diría que el Atlético de Madrid fue fundado por socios del Atlético de Bilbao, de la Real Sociedad y del Real Madrid, allá por los comienzos del pasado siglo.

He de reconocer, (una vez desaparecido quien tanto mal hizo al club y a muchas otras instituciones y personas, y después de la dimisión de su hijo que no se quedó atrás), que vuelvo a seguir al club colchonero. Con fuerza, como cuando niño le veía entrenar en el Metropolitano desde la ventana del aseo del colegio agustino del Padre Salvador. Con esperanza, como cuando iba a las oficinas de Barquillo a recoger dos tribunas que Don Vicente Calderón me tenía reservadas para aquellos grandiosos partidos de los mejores años (del 70 al 80) atléticos. Con admiración, de aquellos jugadores como Gárate, Collar, Luis Aragonés, el grandísimo Abelardo, Revilla, Reina... Y si volvemos la vista un poquito atrás aun te llega el recuerdo, por ejemplo de un Barcelona-Atlético de Madrid con alineación como esta ante la que me quito el sombrero:

Atlético de Madrid: Montes, Tinte, Mugica, Lozano, Mencia, Hernandez, Juncosa, Ben Barek, Perez Paya, Carlsson, Escudero.
Barcelona: Ramallets, Calvet, Biosca, Segarra, Gonzalvo, Martin, Basora, Kubala, Aloy, Cesar, Nicolau.

Vuelvo, lo hago público hoy, a mi forofismo colchonero, a pasar malos tragos, a sufrir, pero, ¡ay!, cuando se gana... si es que se gana, se toca el cielo. He sido un callado y latente forofo atlético. Hoy destapo mi alma jacarandosa y a voz en grito proclamo

Atléti, Atléti, Atlético de Madrid.
Atléti, Atléti, Atlético de Madrid.

Y al que le pique, que ajos coma; seran jodíos los señoritingos madridistas.
 
ANUNCIAR.
Anunció El Corte Inglés y la Coca-Cola. Los Coquitos y el detergente Bilore. Los vaqueros de Río Grande y el ven y ven y ven de Don Simón. Fue el niño bonito de los spots de hace veinte años.

Ahora anuncia a Dios. A su Dios. Se hizo cura abandonando el boato de la publicidad y convirtiendo rezos tradicionales en sloganes religiosos.

Los curas, dicho sea con el mayor de los respetos, ¿no son los publicitarios de Dios? Marchad y anunciad la buena nueva. Y ellos van, y la anuncian.

Yo, viejo publicitario de colmillos retorcidos, me ha dado lo mismo anunciar cremas de afeitar que áridos desiertos alcarreños. Televisores, que pastas de dientes. Pisos, que perros. Libros, que jarabes antitusígenos. Anticongelantes, que estufas catalíticas.

Los curas lo tienen más fácil. Sólo anuncian a su Dios en el que, además, creen. No tienen mucha competencia. Ahora, lo que sí parece, es que han bajado las ventas. Mucha publicidad han de hacer para conservar su gran clientela. Los tiempos cambian para la religión y más que han de cambiar. Está bien que un antiguo modelo publicitario se convierta en un nuevo propagandista religioso. Pero hay que renovar el producto, adaptarlo a los tiempos que corren y corren tan deprisa que, a veces, no somos capaces de alcanzarlos y ponernos a su altura. Lo peor en esta vida es quedarse viejo.
 
QUE ESCRIBAN ELLOS.
Lo podía haber escrito yo, pero él lo hace mejor que yo, así que me guardo el yo y le dejo a él que escriba lo que yo y lo que él pensamos.

Así escribe él, lo que pienso yo:

"No me gusta formar parte de ningún grupo. Dos personas me parecen multitud. Imito a Groucho Marx: no quiero pertenecer a clubes en los que admiten a personas como yo. Soy un gato, un samurai errante, un guerrero sin rey, ni patria, ni bandera, ni frontera. Voy a solas por la vida. El pueblo desunido es mucho más divertido. Me repugnan las iglesias, las peñas, las cofradías, los equipos, los partidos políticos, las ideologías, los sindicatos... Un caballero nunca se apoya en otros. Presta ayuda, pero no la pide".

El resucitado Dragó (tres by-passes en las coronarias) además de escribir lo anterior, que justifico y envidio, en el frontispicio de su nuevo libro (KOKORO) clava un poema agreste de Juan Ramón Jiménez que he de reconocer, modestamente, no haberlo conocido ni leido antes. Es muy bello.

...Y yo me iré Y se quedarán los pájaros
cantando;
y se quedará mi huerto, con su verde árbol,
y con su pozo blanco.

Todas las tardes, el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron:
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado,
mi espíriru errará, nostáljico...

Y yo me iré; y estaré sólo, sin hogar, sin árbol verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido...
Y se quedarán los pájaros cantando.


Hoy han escrito ellos, mis gracias les sean dadas.




 
A L Z H E I M E R.

“En 1907 Alois Alzheimer, médico de una residencia de ancianos en Alemania, describió los hallazgos patológicos en el cerebro de una enferma de 55 años, Auguste D., que desde los 51 acusaba una importante y progresiva pérdida de memoria, desorientación, lenguaje incomprensible, alucinaciones y otros síntomas de carácter psiquiátrico. Ya en 1911 varias revisiones sobre la enfermedad se refieren a ella como Enfermedad de Alzheimer”. (Ig).

En el año de 2005 la enfermedad sigue; y cuando llega a tu casa, a alguien de tu familia, de tu gente querida, que desespero. Que desespero sin solución, que desespero viendo día a día como se destruyen los sentimientos y los cuerpos de los enfermos. Y tú estas con ellos y ellos están cada vez más lejos, en otra vida, en otro mundo, ya no son los que eran, ya, desgraciadamente, no serán otra vez.

“...y yo tan sólo
y tú tan lejos,
que desespero, amor,
que desespero”.
 
K O R Y N T O.

En esas estaba cuando se me viene desde el periódico, a estos ojitos míos, la triste noticia del cierre en la calle de Preciados del viejo restaurante Korynto. Se marcha, como todos nos vamos marchando, desde el viejo Madrid a las afueras, ya sea Parla o Guasintón.

Cuando llegas a una edad, al menos a mí me pasa, quiero ver, vivir, sentir, nuevos espacios, nuevos cielos menos aburridos, conocer gente que no te la hayas encontrado en el Metro o en el último entierro. Inventarte una vida nueva con la que luchar contra tu vieja vida. Comprar cien gramos de jamón cocido en una arcaica tienda de ultramarinos aún no ultrajada por los jóvenes chinos que ven, detrás del mostrador, una película de Kun Fú en versión original sin subtítulos.

Perdón, que se me va la olla como diría mi buenazo de Luiggi. Decía que Korynto ha cerrado en Madrid y también cierro yo recuerdos gratos. Conocí el local antes de saltar a la fama. Era un café de aquellos. Los médicos de la Casa de Socorro, el interventor de Banesto, el Boticario, el pollero, las beatas, mi padre... Y un niño que era yo con algún tebeo sentado en la última mesa de adentro.

Pasado el tiempo el local se amplió convirtiéndose en un restaurante con su ensaladilla rusa, su salpicón y buen marisco. Íbamos los domingos a comer en la mesa junto a una de las ventanas. Los dueños –dos hermanos- venían a saludarnos (uno, amable; el otro, áspero). Algún marisco, paella y suflé. Y así todos los domingos hasta que Korynto se afamó y las facturas se subieron a la parra; dejamos de ir y ya sólo quedó el saludo, de vez en vez, a los dueños o a Pepe, el camarero.

Decían que en Korynto, el todopoderoso periodista director del PUEBLO, escribía sus artículos con una mano en la pluma y la otra magreando la piel bellísima de alguna mujer de bandera. Se decían muchas cosas.

Yo, hoy, cayendo chuzos de punta, con la vejez a cuestas y el alma en pena, evoco aquel bar primero, aquel restaurante después, que tuve la dicha de vivir y en el que conocí a mucha gente que quise y aún quiero mucho.
 
OTRA VEZ ESTOY AQUI.
No es que no tenga ganas, que no, es que tampoco la ilusión campea por mi ánimo. No quiero abandonar este querido blog, pero me cuesta seguir. La vida, o las cosas, o el vaya Usted a saber.

A veces miras al vacío de la nada y todo se viene al corazón del recuerdo y a mí cada vez me gusta menos el recuerdo. Ya lo he dicho muy antiguamente, perdonad. Odio el recuerdo como terapia de vida.

Pero ayer y hoy oigo y vuelvo a oír a aquellos muchachos y muchachas de Jarcha. Iba a nacer un ilusionado e ilusionante periódico al que luego asesinaría Felipe González: DIARIO 16. Madrid al menos era un canto a nuevos aires. Las vallas publicitarias gritaban novedosos mensajes. Las radios, las gentes tenían en su voz aquel maravilloso libertad, libertad sin ira.

Una canción nos unía. Una esperanza soñábamos.

Y llegó la libertad pero no conseguimos que fuese sin ira. O sea: que no es libertad.

Las gentes de Aguaviva cantaban también por aquellos amaneceres coplas que nos dolían e, ilusos, cantaban creyendo en un hombre nuevo cantando que rodaba y rodaba, somos las piedras rodantes, los cantos rodados, los Rolling Stones.

No han pasado tantas décadas y ya estamos en las dos Españas.

¿Por qué habéis dicho todos
que en España hay dos bandos
si aquí no hay más que polvo?


León Felipe. Poeta. Luz apagada por la envidia. También dejó dicho:

Poetas:
nunca cantemos
la vida
de un mismo pueblo
ni la flor de un solo huerto.
Que sean todos
los pueblos
y todos
los huertos nuestros.


Pues en esas estamos.