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MANOLOS Y MANOLILLAS.

Yo sabía que en Ex-paña Manolo era el nombre de varios amigos que tengo. Unos están ausentes, otros se hacen los locos para no verte, y el más cercano es mi querido portero que ahora está en su pueblo que también lo fue de Curro Jiménez.

Manolo era, igualmente, una persona de las clases populares de Madrid que se distinguía por su traje y su desenfado. (A los amantes de la zarzuela, si es que quedan, les vendrá a la memoria el bellísimo Barberillo de Lavapiés).

Y los coches de caballos de cuatro asientos y dos puertas laterales también se les llamaba manolos.

Más como el mundo gira y cambia y se vuelve y se va y vuelve a volver y con las mismas se vuelve a marchar, ahora, en este Madrid seco y árido como el Gobi, la gente bien, o sea: lo contrario a mí, camina sobre manolos.

No, no piensen mal. No crean que los poderosos –gente bien- o los socialistas –gente poderosa- van por ahí pidiendo el DNI a los viandantes (todo llegara en esta falta de libertades) y a los que se llamen Manolo los pisoteen en la misma Gran Vía o en Narváez esquina a O´Donnell; no.

Los manolos de hoy en día son simplemente zapatos. Bueno, o no tan simplemente. Son zapatos diseñados sofisticadamente por un canarión llamado ¿a que no saben como de original? Pues, acertaron. Se llama Manolo. Y se apellida Blahnik.

Madonna, la de ubérrimas ubres, o Sarah Jessica Parker, la que para ella todo Nueva York es sólo sexo, llevan en sus piececillos, manolos. Y mucha gente amante de la pijotería, también.

Bueno, pues Manolo ha abierto establecimiento en Madrid, Serrano, 58. Modesto lugar para una zapatería. Las malas lenguas dicen que un tal Marichalar es su socio.

Los manolos valen entre 480 € y 2900 €. El todo Madrid estaba en la inauguración. Yo no fui invitado no sé por qué y me tiene muy indignado. Pero se me pasará, que yo soy muy sufrido.

Zapatos, zapateros, muchos euros, gente importante, del rey abajo, todos.

Pero faltó un zapatero prodigioso, ¿se imaginan, no verdá? Ese estaba probándose babuchas; que nos conquistará el moro otra vez y ya que estamos con los pantalones bajados, que al menos nos encontremos cómodos.

Si a los zapatos llamamos manolos, a las zapatillas las llamaremos manolillas. Y que bien que se está en casa con las manolillas. Tan calentitas, tan agradables, tan bonitas. A mi me gustan en cuero. En cueros vivos, quiero decir.




 
PEÑON DE VELEZ DE LA GOMERA.


Mi padre nació en esta isla malagueña. Sus coordenadas geográficas son: latitud 35º 11’ 39” norte y longitud 04º 13’ 03” oeste.

Fue una isla hasta los años veinte/treinta del siglo XX que una fortísima tormenta “creó” un istmo que hoy la une con Marruecos haciendo de frontera.

Esta isla-península (malagueña pura) es prácticamente desconocida. Está a unos 250 kilómetros al este de Melilla y a 117 al sudeste de Ceuta. Su extensión es de unos 19.000 Kms. cuadrados y tiene una altitud máxima sobre el nivel del mar de 87 metros. Nunca perteneció al protectorado y su posesión, documentada, data del 23 de julio de 1508 cuando la escuadra española al mando de Pedro Navarro aniquiló a los piratas que la habitaban. En 1522 Muley Mohamed se apoderó del mismo hasta que, finalmente, en 1564, el 6 de septiembre, García de Toledo, Marqués de Villafranca y VIRREY DE CALALUÑA, recuepera el Peñón para su Rey Felipe II. Desde entonces pertenece administrativamente a la provincia de Málaga.

Y española y malagueña, siempre.

Hoy viven en ella un destacamento de soldados y nunca, modernamente, se ha dejado visitar por personal civil. Mi padre se murió sin verla (salió con escasos meses de allí). Y tampoco yo lo he podido conseguir. Había un vapor que recorría los peñones para dejar correo y víveres quincenalmente pero fue muy difícil, imposible, navegar en él como pasajero.

Viene a cuento este pequeño enclave malagueño que muy pocos conocen por dos motivos. Uno, lógicamente los moros revindican su propiedad que nunca fue. Y otra que fue un catalán el que la recuperó para España.

Tal como están las reivindicaciones hoy, concretamente el 29 de septiembre del 2005, a lo mejor.

a) Yo soy hijo de un moro, o
b) yo soy hijo de un catalán.

Así que estoy en un sin vivir.

Perdón. Acabo. Que me estoy haciendo pis. En los políticos.
 
POLE POSITION.
Oiga, usted. ¿Y a mí que eso de la formula 1 me aburre soberanamente?

Sea cual sea el circuito, sólo tiene emoción -y algunas veces- el momento fugaz que va desde que el semáforo se apaga a la salida de la primera curva.

Luego, a dar vueltas y más vueltas. Alguna escacharradura que otra allá por los últimos y penúltimos lugares y se acabó lo que se daba. ¿Gana el mejor? Pienso que no siempre. La suerte vale mucho, como para todo.

Mientras los coches no sean coches que se pueden adelantar unos a otros a mí la formula esta me aburre soberanamente.

Claro que llevo la contraria a quince millones de españoles que encendieron las plasmas el domingo. Pero España y yo somos así, señora, que diría (que dijo, coño, que dijo) Marquina, y que no me oiga Rovira que me capa el aragonés ese.

Dicho lo del aburrimiento, me alegro que un chaval haya ganado el mundial; que ese chaval sea asturiano y lleve a mucha honra la bandera de su país –también mío- hasta en los boxers striped Ocean(antes calzoncillos) si es de menester. Que los tiene bien puestos, los tiene. Y es campeón del mundo como si tal cosa. Con la naturalidad de la sidra natural. Sin artificiosas burbujas que al final ¿qué son?; pues nada.

Me gusta este tío tan legal. “Sólo se lo tengo que agradecer a tres o cuatro personas, que nadie se ponga medallas, que nadie me ayudó cuando lo necesitaba”, ha dicho muy bien dicho.

Es campeón del mundo de Formula 1 pero creo que lo sería de cualquier otro deporte u oficio. Y más de una sorpresa nos dará. Y siempre con su fácil modestia, que mira que es difícil. Cuantos deberían aprender de él. Estoy recordando, por ejemplo, a un aspirante a motorista, niño él, al que habría que quemar en la hoguera como a San Lorenzo, por bocazas y chulángano.

Mientras, en la baranda de mi balcón, sueño, entre nubes, la belleza adivinada de la infinita Asturias, patria querida, Asturias de mis amores.

¡Quien estuviera en Asturias! Me pido la pole position.
 
SIN PERDON.
Cansado y derrotado por el día que se acababa, me desparramé anoche en un sillón y encendí la tele. En el canal Odisea daban un reportaje en el que me paré no sé bien por qué y ojalá no lo hubiera hecho.

Era un coloquio en un país africano, no sé cual, y hablaban hombres y mujeres muy seriamente sobre el papel que ellos y ellas tenían en la sociedad. Al llegar al problema de que en esa nación se violaba a una mujer cada diez segundos –no me equivoco- un hombre (¿) afirmó con el beneplácito de todos, incluso de las pocas mujeres que había, que si él invitaba a una copa a una chica tenía el derecho de violarla. Ella estaba disfrutando de su dinero y por tanto él necesitaba una contrapartida: la violación.

Violación a la que también tiene derecho un profesor sobre su alumna por que esta disfrutaba de las enseñanzas que recibe.

Violación del padre a sus hijas por ser de su propiedad.

Tengo los brazos llenos de moratones de tantos pellizcos que me di para ver si estaba despierto y era verdad lo que oía y veía. Y lo era.

Comentarios, ninguno. Pregunta, una: ¿son estos individuos los que nos llegan a patadas y a los que debemos tener respeto y consideración y darles trabajo?

¿Y con estos seres civilizados tenemos que aliarnos, presidente fortuito?

Me cago en la leche puta; sin perdón.

 
A UN HIJO DE... mi misma sangre.
Yo tengo un hijo (también he tenido dos peces, un perro, muchos gatos y un tío en América) que falto de aplausos en su vida, ha osado entrar en mi blog para denigrarme con sus medias verdades cuando sabe que son, al menos, medias mentiras.

Envidioso con mi aplastante popularidad y reconocimiento, (acabo de llegar a los cuatro lectores), intenta meterse de cuña por ver si a él le cae algo. Es como eso de ir presumiendo por ahí de que es un detractor de Garci, solamente para tocarme los cataplines, qué capullo de alelí.

Y sabedor de mi pasión (voy a ponerla con mayúsculas, mira tú por donde), mi PASION por la VEGA; él suspira por una artista que fue y que hoy anda con su vejez a cuestas, que ya es de mi edad y ancianidad, pues somos coetáneos.

Pero él es así. Un divino. Un llamado. Un elegido por los dioses no sé sabe aún -misterio- para qué sí o para que no.

Y tiene la cara de venir a este mi humilde blog para escribir cuatro chorradas, a ver si le lee alguien. No, hijo, no.

Eres de la opinión del cuco,
pájaro que nunca anida;
pone el huevo en nido ajeno
y otro pájaro lo cría.

Ay... si no fuera por que le tengo una miaja de afecto...
 
SOY MAS RARO...
Ya me lo decía mi padre (que descansa en la gloria) y Don Gregorio Artiles, (antiguo profesor de filosofía en el colegio aquel de frailes y julitosiglesias al que asistí mil años): Hijo mío, alumno mío, mira que eres raro en cantidad. Y con ese sanbenito sigo a dios las gracias.

Me doy perfecta cuenta que ellos, los arriba indicados, tenían toda la razón del mundo. Y no se me caen los anillos de vergüenza. Hoy en día quien más me restriega mis rarezas es un italianizante amigo. (La viga, el ojo, y todo eso; recuerde, Luigi)

Bueno, pues soy raro, ¿y qué? La última. Dice el diario: la mitad de la población ha visto en algún momento un poquito de “Pasión de Gavilanes”. Bueno, pues yo no. Ni tampoco eso de “Amarte así, frijolito”, que juro no haber oído hasta esta mañana misma y nefasta.

Te amo, judía mía. Te adoro, judío mío. ¿O frigolito es otra cosa? ¿Qué cosa? Seguro que es algo de la coña esa de la alianza de civilizaciones que nos trae Rodríguez, el fortuito morador de la Moncloa.

Yo ya estoy harto de las alianzas,de los maridajes: el vino de Toro con el solomillo de avestruz; los fandangos con los gritos moriscos; de lo andaluz con lo andalusí; del culo con las témporas.

Así que oiremos dentro de nada: Te quiero, frijolito mía. O sea: Te quiero, mi plantita herbácea; adorable papilionácea mía...

Y luego dicen que yo soy raro, cagoenlaleche.
 
S I N C O C H E S.
Hoy es el día sin coches. Y es verdad. No hay, por las calles, ni un solo coche de caballos. Mi jaca galopa y corta el viento caminito de... la calle Silva do moraba Estrellita Castro y su caracolillo atornillado en su nunca arrugada piel.

Me asomo al balcón (Asómate al balcón carita de azucena) y los coches automóviles lo invaden todo; también hoy, lógicamente.

Y entonces voy y me acuerdo del rugby. Yo iba a la Universitaria a ver jugar al rugby. Y casi no había coches. Tranvías, sí. El 61 (luego 71) Narváez-Moncloa y el 2 (luego 72) Moncloa-Paraninfo. Eran tranvías hermosotes de la clase P.C.C. con numeración desde el 1OOO. (Las características técnicas me las guardo que no interesan al personal, supongo). Los asesinaron en agosto del 67, malhaya sea.

Yo siempre fui (¡y hasta socio!) del CAU, (que antes fue Club Atlético Uros, antes Club Atlético Universitario, y antes –en 1962- Borys), que era para mí el mejor, ¿verdad querido Antoñito Casasús, que estas en los cielos y alma, hasta tú adiós eterno, del equipo?. Y jugábamos contra el Cisneros, Arquitectura, el Liceo Francés, y sobre todo contra la Santboiana, esos mariconazos de catalanes que a veces nos ganaban por goleada.

El tranvía nos llevaba al deporte limpio, hermoso; al rugby de caballeros jóvenes que se emborrachaban y pegaban en la calle por una chica pero nunca en el campo por un balón y, además, apepinado.

Hoy día sin coches, sin tranvías, sin rugby, sin vino, sin peleas, sin chicas, sin dinero, sin juventud, sin Antoñito Casasús, que está en los cielos pitando un partido de aquel rugby tan hermoso y tan feliz.

Y encima, hoy entra el otoño.
 
¿ G I T A N O ?
Por el olivar venían,
Bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
Y los ojos entornados.


El no llegaba a su boda así, qué va. Ni era bronce ni era sueño, aunque es gitano. Gitano disfrazado de Michael Jackson. Hortera queriendo ser gitano, ¡qué inmoralidad, que asco, que vomitivo!

Y la gitana novia con la corona de espinas enjoyada. Y una gargantilla como si renunciara a su gitanería para convertirse en una mujer jirafa de etnia Kayan, de esas que se alargan el cuello a la vera del río Pai, que no es afluente del Guadalquivir.

Y la boda por todo lo alto, por todo lo alto del mal gusto.

¿Gitanos? Sin faltar, farrucones. No sé es gitano enseñando tres gotas de sangre en un pañuelo bordado.

Niña, deja que levante
Tú vestido para verte.
Abre en mis dedos antiguos
La rosa azul de tu vientre.


Hay más sangre, otra sangre derramada sobre un asfalto negro y sevillano.

Bañó con sangre enemiga
Su corbata carmesí.


Y huyó cuando

Voces de muerte sonaron
Cerca del Guadalquivir.


No, el gitano así; estos gitanos no pueden ni podrán nunca decir aquello que tantos y tantos gitanos rectos, de bronce y de sueño, de coplas y taconeo, de amor y respeto, les hizo decir Federico

Me porté como quien soy.
Como un gitano legítimo.


Pero este gitano blanqueado nunca será gitano. Y en su almohada y entre sus sábanas, cuando intente dormir, si es que puede, se dará cuenta de que

Me separa de los muertos
Un muro de malos sueños.


Y no podrá dormir bajo las estrellas tranquilo. El charol de los tricornios justicieros le seguirá eternamente. Y nunca se podrá desprender de una historia trágica que ya ha quedado para que los ciegos la canten por las esquinas como cantaron el crimen del Expreso de Andalucía.

…y un horizonte de perros,
ladra muy lejos del río.
 
YA ESTOY AQUÍ.
Me pellizco y no me lo creo. Ya tengo línea, (¡Bingo!). Con un fallito por aquí, con un fallito por allá. Y espero tener resuelto, entre hoy y mañana, la dirección del (nuevo o viejo, yo que sé) correo.

Bueno, pues pellizcado ya, y creído de que mi blog funciona otra vez, me he dado cuenta de que tengo los dedos entumecidos y más entumecidas aún, las ideas. Lo que faltaba.

Hoy no escribiré mucho por que al empezar, los entrenamientos han de ser suaves. (Ejemplo: Real Madrid). Así que en dos líneas más acabaré este reencuentro agradeciendo sinceramente, eso sí, a los que me han preguntado por mi silencio y a los que me han animado a seguir cuando yo pensaba retirarme a mis cuarteles otoñales, que ya estoy muy visto y cansado de tanta estupidez con la que me encuentro día tras día.

No me atrevo a decir “Ja soc...” Pero estoy aquí. Lo siento.
 
SIGO VIVO PERO SILENCIADO
No puedo hablar escribiendo.Las leyes no sirven para nada. Las Cías. hacen lo que quieren.
¿Libertad, de qué?. De expresión y comunicacion, no.
Habrá que tomar cartas en el asunto. ¡Las cuarenta! Y no es farol.
Y yo callado, mordiendo el olvido. Grito, luego existo. ¡Libertad!. Con ira.
Quiero comunicarme. Es el siglo XXI.
¿Qué país es este?. Un mes para darme de baja. Lo digo: Wanadoo.
Mi Waterloo, perdido.
Pero volveré, temblad.