LAS NOTICIAS VERANIEGAS TAN INTERESANTES COMO SIEMPRE
(De los periódicos).
¿CUÁNTOS GRANOS DE ARENA CABEN EN LA MANO?
Si una mano de medida estándar tiene unos 18 cms. de larga y 7, más o menos, de ancha y si apretamos los dedos y los flexionamos ligeramente para formar un cuenco y los granos de arena son de tipo medio, o sea de unos 0,001 milímetros de ancho, nos cabrán alrededor de 20 millones de granos.
(Pregunta de Granaditos):
Bueno, ¿y a mí qué c... (piiiiiiiii) me importa?.
RONDA DEL ZAPATERO
Germán Verdiales fue un poeta argentino que nació allá por 1896 y murió en 1975. El poema que incluyo hoy, titulado "ronda del Zapatero" parece dedicado a Rodríguez, Presidente por accidente, aunque estuviera escrito antes de que este naciera, creciera y se le llenara la boca de palabras de cartón y la cara de piedra.
Tip¡-tape, tipi-tape,
tipi-tape, tipitón,
tipi-tape, zapa-zapa,
zapatero remendón.
Tipi-tape todo el día,
todo el año tipitón,
tipi-tape, macha-macha,
machacando en tu rincón.
Tipi-tape en tu banqueta,
tipi-tape, tipitón,
tipitón con tu martillo
macha-macha-machacón.,
¡Ay! tus suelas, zapa-zapa,
zapatero remendón,
¡ay!,tus suelas, tipi-tape,
duran menos que el cartón!
Tipi-tape, tipi-tape,
tipi-tape, tipitón...
CON RESPETO PIDO PERDON.
Me miraba y le encontraba triste. Sus ojos me preguntaban en silencio apenado ¿por qué me hiciste esto, por qué? Yo no comprendía nada, nada en absoluto. Hasta que en un periódico de los que él me vende para sacar euritos con los que vacacionar en plan Onassis que en gloria esté, leí: “Ayer, día nacional de los abuelos”. Y yo sin felicitarle; a él, quiosquero abuelazón donde los haya, entrañable cuidador de nietecillos angelicales. De ahí su inquina contra mí. Su odio entreverado en el semblante por mi olvido imperdonable. Sus maldiciones, generosas y amigables, caen sobre mí por no haberme acordado de su día: del día entrañable de los abuelos. Perdóneme, abuelo, no volverá a ocurrir. Mi mea culpa público ante tal cantidad de seguidores, espero sean suficientes para no romper este toma y daca de viles monedas por no menos viles periódicos que todas las mañanas tempraneras llevamos a cabo. Con mis respetos, abuelo, con mis respetos.
TAN BOBO Y TAN CAMPANTE.
Margaret Teachers cuando la policía mató a cinco terroristas en Gibraltar (¡español!) dijo: yo he apretado el gatillo, y a callar. Tony Blair cuando la policia mató a un sospechoso: yo he dado orden de que se siga haciendo, y a callar. Rodríguez accidental cuando mueren once humanos que apagaban un incendio dice: My taylor is rich. Y le contesta Rosa Bonas de Ezquerra Republicana de Catalunya: hay que pedir perdón por el uso de armas químicas hace ochenta años en la Guerra del Rif. Y le responde Shoemaker: Yo no he visto Rififi. Y tan campante.
LA CHISPA...
...del pedernal del arcabuz del soldado que llevaron a la guerra impía de Irak (y volverás bono) prendió en llamas el gasoil (¡lleno, zenkiu!) del Prestige y nos quedamos sin ostras, Pedrin. Axioma claro y evidente: Aznar, asesino; azorero (ver el diccionario) del yanqui. Y allí, Rodríguez, de accidente a accidente. Huye como los musolinianos (no ver el diccionario, no aparece aún) que vinieron en el 36 a luchar contra el abuelo del Presidente por accidente. Y aquellos y este, con el culo al aire, aún corriendo en huida desaforada en busca de dodottis alcarreños. Y Sonsoles cambiando los visillos del palacio real lanzaroteño. A Cesar Manrique, los rodríguez, le revuelven en su tumba. Tampoco le gusta la miel ahumada.
SANTIAGO APOSTOL.
Su grito se lo han apropiado Carod e Ibarreche. Cierra España. Y la estan cerrando. Coje la llave. No, que la tiene Zapatero. Ah, pues. Apaga y vamonos. ¿A do? Con los saharauis. El desierto no arde. Pues se estan calentando. Nada; los apaga el Mohamé. ¿Con agua? Hay sequia. A mamporros. ¿Porros? Ni que los tomase o tomara. ¿Quien? El del desierto. ¿Del Sahara? De Guadalajara. ¿Sabe Usted lo que dice? Pues no. Ah, entonces. Pues eso.
AGOTADO YCANSINO, YA NO TENGO FUERZAS PARA NADA.
De verdad que estoy agotado. Es demasiado para mis escasas fuerzas. Empiezas con ganas, con ansias incluso y al pasar cada día notas que el cuerpo te falla, que no puedes respirar, que ya tu cerebro no manda ordenes a los músculos ni a nada.
Pero intentas seguir, sacando fuerzas de flaqueza. Miras y ves que otros están como tú de cansados y débiles. Yo no puedo quedar atrás, dices. Y sigues. Siempre hay que seguir.
Pero al mediodía, más o menos, cuando te has de enfrentar con la dura tarea, palideces y quisieras dejarlo todo.
Hace calor y sudas. Tienes sed que el agua no calma. Sólo piensas en que dentro de unas horas acabará la pesadilla, aunque mañana será otro día de inmensa fatiga.
Estas tan cansado que el final lo ves como una meta maravillosa pero muy lejana. Te acuerdas de todos. Para bien y para mal.
Son muchos días y el agotamiento me supera pero no he de arrojar la toalla, yo no soy un cobarde.
Un esfuerzo más puede que aún logre realizar aunque agote el último ápice de mis cansinas y agotadas y consumidas fuerzas anímicas. Es a la peor hora, la de la calorina, pero así son las cosas y no somos nadie para cambiarlas
Allá voy, si es que puedo llegar; está tan lejos... Ya, ya llego, ay, parece que está en el fin del mundo. Tengo ya el mando. Enciendo la tele y me pongo a ver la etapa de hoy del Tour de France. Que cansado es, jolines.
LA GRAN BASURA DEL CORTE INGLES.
Y si no, díganme. Ese gran establecimiento en el que todo español ha gastado algo, también es enorme tirando cosillas a la basura. Oído al parche.
Tira todos los años: 144.826 litros de aceite de maquinarias y automóviles, 473.200 de líquido de revelados fotográficos y 145.415 de aceites orgánicos.
Y se desprende de 28.172 kilos de envases de pintura y aceite, 12.905 de filtros de aceite y combustible, 15.989 de pilas, 229.134 de baterías, 2.197.680 de neumáticos, 52.383 de fluorescentes y lámparas mercurio, 31.183.231 de papel y cartón, 1.025.284 de plásticos y 2.165.893 de varios (maderas, cristal, metales).
Pero lo que más me ha sorprendido es la siguiente cifra: SETECIENTOS VEINTISIETE MIL CUATROCIENTOS SESENTA KILOS de huesos y sebos.
Y me pregunto ¿qué harán con ellos? ¿Consomé para el buffet libre?. ¿Los comprará Avecrem para fabricar sus cómodas pastillas? ¿Acabaran en el Zoo?
Misterio insondable. Me gustaría saber.
Tira todos los años: 144.826 litros de aceite de maquinarias y automóviles, 473.200 de líquido de revelados fotográficos y 145.415 de aceites orgánicos.
Y se desprende de 28.172 kilos de envases de pintura y aceite, 12.905 de filtros de aceite y combustible, 15.989 de pilas, 229.134 de baterías, 2.197.680 de neumáticos, 52.383 de fluorescentes y lámparas mercurio, 31.183.231 de papel y cartón, 1.025.284 de plásticos y 2.165.893 de varios (maderas, cristal, metales).
Pero lo que más me ha sorprendido es la siguiente cifra: SETECIENTOS VEINTISIETE MIL CUATROCIENTOS SESENTA KILOS de huesos y sebos.
Y me pregunto ¿qué harán con ellos? ¿Consomé para el buffet libre?. ¿Los comprará Avecrem para fabricar sus cómodas pastillas? ¿Acabaran en el Zoo?
Misterio insondable. Me gustaría saber.
C O B A R D E.
Cobarde. O sea: pusilánime, sin espíritu, sin ánimo, sin valor.
Lo ha resumido todo en diez y seis palabras, o sesenta y tres letras y dos signos de admiración : “Se metieron en una zona de riesgo, viene una racha de viento y, en segundos, ¡plaf!”
Un desgraciado accidente. Un plaf y once muertos. Un cobarde que no da la cara.
Presidente a, ante, bajo, con, contra, de, desde, durante, en, entre, hacia, hasta, mediante, para, por según, sin sobre, tras accidente/s.
Y, por tercera vez, cobarde, y no por accidente, si no por falta de... (Pongan lo que quieran).
Lo ha resumido todo en diez y seis palabras, o sesenta y tres letras y dos signos de admiración : “Se metieron en una zona de riesgo, viene una racha de viento y, en segundos, ¡plaf!”
Un desgraciado accidente. Un plaf y once muertos. Un cobarde que no da la cara.
Presidente a, ante, bajo, con, contra, de, desde, durante, en, entre, hacia, hasta, mediante, para, por según, sin sobre, tras accidente/s.
Y, por tercera vez, cobarde, y no por accidente, si no por falta de... (Pongan lo que quieran).
SIN VERGUENZA, SINVERGUENZAS.
¿La tragedia del Prestige fue mayor que el incendio de Guadalajara?
Parece ser que sí.
El barco estaba viejo y mal cuidado. Se partió, hundíose, y su chapapote anegó playas y rías. No murió nadie y a los seis meses las playas y las rías estaban descontaminadas y hasta casi guapiñas.
El incendio de Guadalajara fue provocado por la insensatez de unos ¡ecologistas!, y el viejo y extenso bosque que ardió tardará más de cien años, muchos más, en volver a estar como ayer. Y han muerto once seres ¡humanos!
Recordando lo que se montó con el barco, me pregunto cándidamente, cuando aún arden los pinos y estallan las piñas: ¿Han salido a la calle los ecologistas a pedir la dimisión del Gobierno? ¿O de alguien, al menos? ¿Se han hinchado los zerolos de turno a fabricar camisetas con el Nunca mais? ¿Dónde están metidos pancarteros y titiriteros?
¿Se nos habrá acabado la vergüenza? ¿Las tragedias son tragedias por si mismas o lo son según el color político del gobierno en curso?
¿Y el Presidente, por accidente, Rodríguez? Con la flauta mágica. ¿La suya? No. La de Wolfgang Amadeus Mozart.
Lo titulado: sin verguenza, sinverguenzas.
Parece ser que sí.
El barco estaba viejo y mal cuidado. Se partió, hundíose, y su chapapote anegó playas y rías. No murió nadie y a los seis meses las playas y las rías estaban descontaminadas y hasta casi guapiñas.
El incendio de Guadalajara fue provocado por la insensatez de unos ¡ecologistas!, y el viejo y extenso bosque que ardió tardará más de cien años, muchos más, en volver a estar como ayer. Y han muerto once seres ¡humanos!
Recordando lo que se montó con el barco, me pregunto cándidamente, cuando aún arden los pinos y estallan las piñas: ¿Han salido a la calle los ecologistas a pedir la dimisión del Gobierno? ¿O de alguien, al menos? ¿Se han hinchado los zerolos de turno a fabricar camisetas con el Nunca mais? ¿Dónde están metidos pancarteros y titiriteros?
¿Se nos habrá acabado la vergüenza? ¿Las tragedias son tragedias por si mismas o lo son según el color político del gobierno en curso?
¿Y el Presidente, por accidente, Rodríguez? Con la flauta mágica. ¿La suya? No. La de Wolfgang Amadeus Mozart.
Lo titulado: sin verguenza, sinverguenzas.
LOS 18 DE JULIO DE POR ENTONCES.
Hoy es 18 de julio.
Unos recordaran la fecha por alguna horrible guerra y otros por una merecida paga extraordinaria.
Yo la recuerdo por otra cosa.
El 18 de julio de los años cincuenta y sesenta, al amanecer, la playa del Bajondillo aparecía llena de carros y de mulos y de asnos. Y de mucha gente. Gente venida de Coín, de los Alahurines, de Cártama, Pizarra, Álora o, incluso, de Monda y más allá.
Los hombres con sus pantalones de gruesas franelas o gastadas panas, camisas blancas y sombreros de fieltro y algunos de paja amarillenta. Las mujeres con faldas y refajos, enaguas blancas que asomaban por los bajos de sus faldas oscuras y pañuelos negros en la cabeza. Los niños y niñas pequeños, en cueros; acaso ellas con cucos blancos. Los mozos con bañadores largos y las mozas con batas floreadas con las que se sentaban en el rebalaje a que el ir y el venir de las olas cosquilleasen sus zonas prohibidas que nunca habían sentido caricias tan suaves y deleitosas.
Con los carros, las cañas del cañaveral de los Luque y enormes sábanas y mantas matrimoniales, hacían la sombra donde estar. Allí cocinaban comidas que olían a pucheros invernales, con la que estaba cayendo. Enterrados en el rebalaje, melones, sandias, y botellas de vino se refrescaban.
La mañana transcurría entre el chillar nervioso de las mozas, el chapoteo de los críos, el ulular trágico de las viejas que con la falda subida hasta el tobillo se acercaban a mojarse el dedo gordo del pié derecho, acción que algunas no había realizado nunca.
Algún año se ahogaba alguien; lo que nos entretenia, con perdón sea dicho, pero era la pura verdad.
Y luego el fuego, al cuidado de las más ancianas, para los pucheros y a la hora de comer, un paso atrás con la cuchara de palo y el trago largo de vino viejo y los eructos y las risas jóvenes y carreras hasta el cañaveral para cagar y mear. Y en lo más hondo, el mocerío atrevido se dejaba sobar o sobaban castamente. Un montón de perros no sabían donde estaban. Y los burros y las mulas y los caballos y las yeguas esperaban, cansinos, la hora atardecida de la marcha.
El 18 de julio, la playa era para ellos solos. Los pescadores, y los pocos turistas que entonces por aquellos lugares veraneaban, huían.
Desde mi jardín yo les veía. Alguno se acercaba a pedirme agua de la manga riega, que aquí no llega. A veces llamaba a Pepe, mi padre de verano, para decirle que los niños intrusos se estaban subiendo al “Lucero del Alba” que estaba varado, con la faena hecha, esperando la amanecida para irnos a por chanquetes si estaba buena la mar. Y les pegaba un grito bondadoso. (Pepe era muy bueno). Y los niños seguian, claro está.
Y si estaba de servicio, se llegaba hasta casa “El Guerra” con su tricornio y su mauser a ver si caía una cervecita Victoria, malagueña y exquisita, de la vieja nevera de nieve. Ya estan aquí los del campo, sentenciaba despreciativamente
Y recogiendo que ya es hora. Y, blasfemando las más crueles blasfemias, arreaban a las bestias,cuando aún no había caido el sol, para sacar los carros medio enterrados en la arena caliente. Y hale, hala, arre, so, por el Pan Triste, cada mochuelo a su olivo lejano.
Algún borracho rompía el atardecer lánguido. Y alguna mujer gritaba histérica Paquitoooooooo, que nos vamos. ¿Dónde estará este hijo puchi, me cago en sus muertos? Y la última pareja de novios salía del cañaveral colocándose, disimuladamente, la camisa y la falda donde solía.
Y así, más más, o menos menos, cada 18 de julio de por aquel entonces.
Unos recordaran la fecha por alguna horrible guerra y otros por una merecida paga extraordinaria.
Yo la recuerdo por otra cosa.
El 18 de julio de los años cincuenta y sesenta, al amanecer, la playa del Bajondillo aparecía llena de carros y de mulos y de asnos. Y de mucha gente. Gente venida de Coín, de los Alahurines, de Cártama, Pizarra, Álora o, incluso, de Monda y más allá.
Los hombres con sus pantalones de gruesas franelas o gastadas panas, camisas blancas y sombreros de fieltro y algunos de paja amarillenta. Las mujeres con faldas y refajos, enaguas blancas que asomaban por los bajos de sus faldas oscuras y pañuelos negros en la cabeza. Los niños y niñas pequeños, en cueros; acaso ellas con cucos blancos. Los mozos con bañadores largos y las mozas con batas floreadas con las que se sentaban en el rebalaje a que el ir y el venir de las olas cosquilleasen sus zonas prohibidas que nunca habían sentido caricias tan suaves y deleitosas.
Con los carros, las cañas del cañaveral de los Luque y enormes sábanas y mantas matrimoniales, hacían la sombra donde estar. Allí cocinaban comidas que olían a pucheros invernales, con la que estaba cayendo. Enterrados en el rebalaje, melones, sandias, y botellas de vino se refrescaban.
La mañana transcurría entre el chillar nervioso de las mozas, el chapoteo de los críos, el ulular trágico de las viejas que con la falda subida hasta el tobillo se acercaban a mojarse el dedo gordo del pié derecho, acción que algunas no había realizado nunca.
Algún año se ahogaba alguien; lo que nos entretenia, con perdón sea dicho, pero era la pura verdad.
Y luego el fuego, al cuidado de las más ancianas, para los pucheros y a la hora de comer, un paso atrás con la cuchara de palo y el trago largo de vino viejo y los eructos y las risas jóvenes y carreras hasta el cañaveral para cagar y mear. Y en lo más hondo, el mocerío atrevido se dejaba sobar o sobaban castamente. Un montón de perros no sabían donde estaban. Y los burros y las mulas y los caballos y las yeguas esperaban, cansinos, la hora atardecida de la marcha.
El 18 de julio, la playa era para ellos solos. Los pescadores, y los pocos turistas que entonces por aquellos lugares veraneaban, huían.
Desde mi jardín yo les veía. Alguno se acercaba a pedirme agua de la manga riega, que aquí no llega. A veces llamaba a Pepe, mi padre de verano, para decirle que los niños intrusos se estaban subiendo al “Lucero del Alba” que estaba varado, con la faena hecha, esperando la amanecida para irnos a por chanquetes si estaba buena la mar. Y les pegaba un grito bondadoso. (Pepe era muy bueno). Y los niños seguian, claro está.
Y si estaba de servicio, se llegaba hasta casa “El Guerra” con su tricornio y su mauser a ver si caía una cervecita Victoria, malagueña y exquisita, de la vieja nevera de nieve. Ya estan aquí los del campo, sentenciaba despreciativamente
Y recogiendo que ya es hora. Y, blasfemando las más crueles blasfemias, arreaban a las bestias,cuando aún no había caido el sol, para sacar los carros medio enterrados en la arena caliente. Y hale, hala, arre, so, por el Pan Triste, cada mochuelo a su olivo lejano.
Algún borracho rompía el atardecer lánguido. Y alguna mujer gritaba histérica Paquitoooooooo, que nos vamos. ¿Dónde estará este hijo puchi, me cago en sus muertos? Y la última pareja de novios salía del cañaveral colocándose, disimuladamente, la camisa y la falda donde solía.
Y así, más más, o menos menos, cada 18 de julio de por aquel entonces.
16 DE JULIO.
Cuando yo era aprendiz de marinero y pescador, me enseñaron (gracias, Pepe, Maestro, que estas en el Lucero del Alba, navegando cielos) que uno sólo se puede bañar tranquila y serenamente en la mar desde la Virgen de Julio a la Virgen de Septiembre. Fuera de este tiempo, de la mar se puede esperar cualquier desgracia. Cumplo esta norma a rajatabla.
Ayer, 16, fueron las aguas bendecidas por los dioses y diosas marineras. Ya estan libres de peligros.
Yo, me duché. Pero todavía no las tenía todas conmigo.
Ayer, 16, fueron las aguas bendecidas por los dioses y diosas marineras. Ya estan libres de peligros.
Yo, me duché. Pero todavía no las tenía todas conmigo.
VAMOS A PINCHAR.
A nadie le gusta perder el tiempo, en definitiva lo que pierdes es una parte de la vida que podías aprovechar para algo útil.
Y hacer algo inútil, pregunto, ¿es perder el tiempo? A todos nos gusta hacer cosas inútiles. Por ejemplo, ver alguna película española. Todas, últimamente, son iguales. O sale un Barden o sale un Arterio. O salen todos los Bardenes o salen todos los Arterios. O salen los Bardenes junto a los Arterios. Familia que pertenece unida, película al canto. Y entre película y película, pancarta. Bueno, el niño Barden tiene algo más que hacer, él lo dijo: si fuera gay me casaría para joder a la Iglesia. Es la frase más culta que nunca oí a un intelectual. No sé como lo hacen pero todos los Barden piensan con las almorranas.
Bueno, a lo que iba antes de desviarme. Perdiendo el tiempo, la otra tarde me encontré con una pagina que recomiendo pinchéis pues os hará pasar un rato tal vez inútil pero que a mi me ha gustado mucho.
La página es www.maps.google.com/ En ella encontráis la vieja casa del viejo pueblo del abuelo aquel o vuestra casa actual, o el hotel donde aquellas vacaciones o ver si el apartamento que iréis en verano está o no está en primera línea de playa, pero de cualquier playa del mundo mundial.
Es una toma aérea del satélite (aquí el satélite, aquí unos amigos), pero en plan bestia, de toda la tierra. Si encuentras la ciudad en la que vives puedes, con el zoom, llegar hasta tu misma casa. El espectáculo es maravilloso. Ves las bestialidades que hacemos urbanísticamente, la desertización galopante, el encaje de las autovías y carreteras, los crímenes de los puertos deportivos, la Biblia en pasta.
Y todo desde el cielo, a vista de pájaro. Con sus masas de colores, con sus secos ríos, con el azul de los mares. Es un mundo el que ves, maravilloso. No hay ni una persona por las calles, que es ventaja añadida.
Da lo mismo que busques Londres que Almojía, Swinoujscie que Espartinas, Szczecin que Bagur, Kolobrzeg que la Almunia de Doña Godina. Ahí están. Y el cortijuelo olvidado, y la masía, y el pazo ese de hortensias tan hermosas. Hasta aparecen todas las edificaciones que el Mena de mi alma ha ido pariendo por ahí, lo que no quiere decir que sean una parida, que conste.
Así que este finde busquen las casas, los lugares, los parajes que les traen recuerdos hermosos o no. Ahí los tendrán, volando sobre ellos.
No creo que esto sea perder el tiempo. Pero si lo es, cagoenlalecheputa, que gozada de perderlo.
De nada.
RÉGLISSE. LAKRITZE. LOQUORICE. LIQUERIZIA.
Orozuz.(Del ‘urúq sús o ‘írq sús, y este del ár. clás. ‘irqu [s]sús; cf. port. alcaçuz).1. m. Planta herbácea vivaz de la familia de las Papilionáceas, con tallos leñosos, de un metro aproximadamente de altura, hojas compuestas de hojuelas elípticas, puntiagudas, glaucas y algo viscosas por el envés, flores pequeñas, azuladas, en racimos axilares, flojos y pedunculados, fruto con pocas semillas, y rizomas largos, cilíndricos, pardos por fuera y amarillos por dentro. Es común en España a orillas de muchos ríos. El jugo de sus rizomas, dulce y mucilaginoso, se usa como pectoral y emoliente.
Como los que me leéis (¡qué presuntuoso soy al usar el plural!) sois muy enterados, ¡enteraos, más que enteraos!, estoy intentando escribir sobre el paloduz.
En mi más tierna infancia el paloduz (palolú le llamábamos mal) era mi golosina más querida y habitual. Comprabas aquellas raíces, las cortabas, quitabas un poco de la corteza más oscura y te lo metías en la boca y venga, a chupar, a sacarle todo el sabor que bien bueno que estaba el jodío palito. En tus sueños de ser un señor mayor (qué tontos) te creias que fumabas un veguero y andabas como presumiendo y llevándotelo, con chulería, a la boca donde la saliva amarilleaba el blancor impoluto de los dientes.
Los tiempos, las modas, la modernidad, la estupidez, se olvidó de aquellos palos tan sabrosos. (Hay un viejete que de vez en muchos cuandos, se le vé por el Rastro o por Preciados, ofreciéndolo a quienes no saben que es aquello).
La sofisticación del paloduz, es el regaliz; por aquel entonces el que se llevaba era de marca Zara, marca aragonesa. El regaliz es simplemente la pasta hecha con el jugo de los rizomas del orozuz.
Ahora, los sabios, han encontrado en esta planta una hartada de cualidades terapéuticas. Uno de sus componentes, el ácido glicírrico, elimina la infección latente de una variedad del virus del herpes VHSK, enfermedad tumoral de la piel en personas cuyo sistema inmune está debilitado. Y este descubrimiento (¿se puede decir así?) refrenda las investigaciones sobre la actividad de los triterpenos presentes en el regaliz.
Hombre, esto debe de ser muy importante porque sale en los papeles. Pero ya sabíamos que el regaliz se utilizaba como antitusivo, mucolítico y expectorante.
Algunos, servidor, lo “gastaba”cuando le bailaba la úlcera duodenal por peteneras ya que el regaliz, bendito sea, posee una discreta actividad como antibacteriano, inmunoestimulante, antihepatotóxico y cicatrizante.
Así que el orozu o paloduz o regaliz es una chuche de puta mother. Yo, la verdad, lo gasto de todas las marcas y presentaciones. Lo compro en farmacias y en gosolineras. Lo llevo en el coche, las bolsas, los bolsillos. Lo degusto en chicles, caramelos y hace mucho en agua muy fría con unas gotitas de un jarabe regalicio francés, que si alguien sabe de él y va a la Francia, le ruego me traiga varios a importes debidos.
También -es verdad- sube la tensión y baja las ganas de miccionar. Así que cuidadín. Pero bueno, lo que se dice bueno, está y es. Aunque sea por recordarte, con su amable sabor, una época lejana.
Y dejémosla en eso: lejana.
CULOS.
A decir verdad, el culo da para mucho.
Un culo es el conjunto de dos nalgas, la extremidad posterior de alguna cosa (el culo del vaso), en el juego de la taba la parte plana de esta. De las personas presuntuosas se dice que son de culo apretado y de culo de mal asiento las inquietas y nerviosas. El punto mal cosido de una media se dice que es culo de pollo, una falsa piedra preciosa es culo de vaso y si nos referimos a un lugar lejano es que está en el culo del mundo. Un culo pajarero es un culo desnudo y apretar el culo contra el taburete es hacer frente a un peligro.
A tomar por culo es mandar a alguien a hacer puñetas o donde está ese barrio nuevo que nadie conoce. Caerse de culo es quedarse pasmado con algo inesperado y cuando estamos en situación comprometida y engañosa nos han dejado con el culo al aire. Si confundimos la velocidad con el tocino es que hemos confundido, también, el culo con las témporas. Si nos dan por culo es que nos han fastidiado o lo otro que tan de moda está. Y estamos hasta el culo de tantos bobos del culo. Ir de culo es que nos van mal los asuntos y si tenemos que lamer el culo a alguien es que queremos conseguir que alguien nos arregle aquellos asuntillos de nada. Si no nos quiere ayudar, pues que se meta su dinero por el culo porque es incapaz de mojarse el culo por nadie. Así que nos lo pasamos por el culo que es una manera de desprecio, mientras perdemos el culo por buscar otra solución.
Viene hasta este mi blog el culo por que el otro día en Málaga, me di cuenta de la cantidad de culos grandes que tienen las malagueñas que tienen el culo grande. Nunca me había fijado. No es que sean grandes, que sí, es que son enormes; culos panorámicos o mejor, culos de cinerama.
Te sientas en la Cosmopolita y van y vienen culos grandiosos que se desparraman de anchos, que se caen de pesados. Culos que bailan al compás de las caderas, pobrecitas mías. Culos de mal asiento si entran en alguno. Culos que en la playa se salen de la sombra de la sombrilla. Culos redondos como la Malagueta, con ampliación subterránea y todo. Culos blandengues, fofos, como globos aerostáticos deshinchados.
¿Qué pasa? ¿Es una plaga? ¿No hay vacuna para ella?
Ves a alguna mujer en moto (¿por qué en Málaga todas las mujeres van en moto?) y no sabes si lo que hay a derecha o izquierda del vehículo son las mochilas originales de la moto o las carnosas nalgas de la motorista. Es algo increíble.
Uno en su ya larga trayectoria ha mirado muchos culos con diferentes ojos y aviesas intenciones. Pero nunca este desparrame horrible, angustioso, seborreico y flácido de unas carnes que prietas pueden hacer mucho bien.
A ver si es verdad.
HOY NO ME IMPORTARÍA, INCLUSO DESEARÍA SER INGLÉS. QUIÉN LO DIRÍA.
Nadie lo podía haber pensado; ni yo que me conozco muy mucho, y demasiado BIEN. ¿Inglés yo? A quien me lo hubiera o hubiese señalado, someramente indicado, le habría largado un corte de mangas espectacular y nada cariñoso. Y mi léxico barriobajero –soy muy leído- habría asustado incluso al Cela más escatológico e insultador.
Pero hoy, estos días trágicos, siento envidia de no ser inglés. Se han unido los unos con los otros y han dicho: los culpables, los únicos culpables son los terroristas. Que envidia, no sé si sana o insana, pero que envidia. Todos empiñonados contra los terroristas, con “balls”.
Y aquí, aún a la greña. Un Presidente por accidente, un gobierno de pelanas, una oposición acomplejada, y unos ciudadanos, ciudadanas y gays que piensan en las vacaciones, en el ahí me las den todas y en el si te he visto no me acuerdo.
Y más malo, tú. Y más embustero, tú. Y más engañabobos, tú. Tú, tú, y al personal, tururú.
Mira que a mí, a las cinco en punto, no me gusta tomar el té, si no tomar el metro para ir a ver una corrida de toros. Eran las cinco en punto en todos los relojes.
Mira que a mí, no me gusta Londres, ni la Reina Isabel, ni la mermelada de cereza, ni la mantequilla, ni el críquet, ni la caza del zorro, ni la zorra inglesa que va por el campo y pisa a un caracol y le dice: I´m sorry; y le contesta el otro: y yo caracoli.
Vamos, que no me gusta lo inglés, Inglaterra, ni el Dios salve a la Reina. Porque son muy raros estos ingleses. En vez de decir si como todos, van ellos y dicen yes, como si todo el mundo les entendiéramos; más quisieran. Y además son sadomasoquistas. Les gusta mucho eso del spanking, que no sé si es una guarrada, un aparcamiento o hacer guarradas en el aparcamiento. Pues que con su pan se lo coman, no te jode mayo con sus flores y abril con sus margaritas.
Pues dicho lo dicho, con toda clase de respeto, con mi conciencia tranquila y después de haber dormido a pierna suelta, vuelvo a decir que hoy a mí me gustaría ser inglés, aunque fuese de esos de paraguas y sombrero hongo, o de los kamikazes que conducen al revés de todo dios. Qué ejemplo de frialdad están dando todos los ingleses. Desde Doña Isabel II hasta el último mono... del Peñón.
Nosotros, con muchísimas más virtudes, tenemos el defecto horroroso de dar un culto excesivo y teatral a la muerte. A todas las muertes pero más, a las trágicas. Las convertimos en espectáculo para el pueblo y en carnaza sanguinolenta para políticos y demás rameras que pululan por los parlamentos.
I have said wisely.
Pero hoy, estos días trágicos, siento envidia de no ser inglés. Se han unido los unos con los otros y han dicho: los culpables, los únicos culpables son los terroristas. Que envidia, no sé si sana o insana, pero que envidia. Todos empiñonados contra los terroristas, con “balls”.
Y aquí, aún a la greña. Un Presidente por accidente, un gobierno de pelanas, una oposición acomplejada, y unos ciudadanos, ciudadanas y gays que piensan en las vacaciones, en el ahí me las den todas y en el si te he visto no me acuerdo.
Y más malo, tú. Y más embustero, tú. Y más engañabobos, tú. Tú, tú, y al personal, tururú.
Mira que a mí, a las cinco en punto, no me gusta tomar el té, si no tomar el metro para ir a ver una corrida de toros. Eran las cinco en punto en todos los relojes.
Mira que a mí, no me gusta Londres, ni la Reina Isabel, ni la mermelada de cereza, ni la mantequilla, ni el críquet, ni la caza del zorro, ni la zorra inglesa que va por el campo y pisa a un caracol y le dice: I´m sorry; y le contesta el otro: y yo caracoli.
Vamos, que no me gusta lo inglés, Inglaterra, ni el Dios salve a la Reina. Porque son muy raros estos ingleses. En vez de decir si como todos, van ellos y dicen yes, como si todo el mundo les entendiéramos; más quisieran. Y además son sadomasoquistas. Les gusta mucho eso del spanking, que no sé si es una guarrada, un aparcamiento o hacer guarradas en el aparcamiento. Pues que con su pan se lo coman, no te jode mayo con sus flores y abril con sus margaritas.
Pues dicho lo dicho, con toda clase de respeto, con mi conciencia tranquila y después de haber dormido a pierna suelta, vuelvo a decir que hoy a mí me gustaría ser inglés, aunque fuese de esos de paraguas y sombrero hongo, o de los kamikazes que conducen al revés de todo dios. Qué ejemplo de frialdad están dando todos los ingleses. Desde Doña Isabel II hasta el último mono... del Peñón.
Nosotros, con muchísimas más virtudes, tenemos el defecto horroroso de dar un culto excesivo y teatral a la muerte. A todas las muertes pero más, a las trágicas. Las convertimos en espectáculo para el pueblo y en carnaza sanguinolenta para políticos y demás rameras que pululan por los parlamentos.
I have said wisely.
HIKIKOMORI MALAGUEÑO.
A veces uno se mira para sus adentros y le entran ganas de convertirse en un “hikikomori”. Un “hikikomori” es una persona que aspira a salir de la vida social. Yo lo he sido en demasiadas ocasiones. Confieso que la sociedad me importa un bledo, me molesta, me agrade. Y tenemos pocas armas para defendernos de ella, de la sociedad en general y de algún socio o socia en particular.
Una de esas armas defensivas es ver como azulea la mar por poniente y ponerte a pensar o, mejor aún, a no pensar. En este mi reciente viaje a mí Málaga, la mar no azuleaba que tenía un color verdeceledón muy levantino, cosa sería, digo yo, de la terralá fuerte y cabrona.
Otra arma es llegarte hasta el Parque cuajado de colores hermosísimos y sentarte en uno de aquellos bancos de bella azulejería y oír el sonido de la ciudad tibiamente tamizado por la arboleda vieja y callada bajo la que tanta historia transcurrió. Me llegaban los rumores confusos de aquellos días en los que por el Parque huían los malagueños camino de Vélez en una desbandá triste, trágica y cruel, mientras la aviación alemana bombardeaba una Málaga muda de horrores, ciega de bombas, falta de esperanza.
También te alivia el alma atea el frescor de los Mártires o el de Santiago. Yo siempre he comparado las Iglesias con las tabernas. Sirven para lo mismo. En unas rezan para que les ayuden a vivir o a morir y en las otras, el vino ayuda a olvidar que se está viviendo para morir. Y en las dos –iglesia o taberna- siempre tienes buena compañía.
Y andar. Lo que vale andar mucho por la ciudad que uno ama. Recorrer el ayer o contemplar (horrorizado a veces, eso sí) los desmanes urbanísticos. Las calles más hermosas, las casas más soñadoras, los callejones más frescos, los patios más secos, están en ruinas esperando especulador. El centro histórico malagueño es una puta vergüenza. Ya no hay ni tiestos en las ventanas, ni patios rumorosos, ni sillas de enea al atardecer jazminero.
Y cuando caigan lo que hoy son ruinas, habrá caído la Málaga señorial y cadenciosa; y entonces uno, servidor, me pondré, señorial y cadenciosamente, a morir de pena que duele mucho y ya no tendré porqués para volver. ¿O sí?
ALTOLAGUIRRE en el Palacio Episcopal.
Horas. Estuve horas en el Palacio Episcopal malagueño disfrutando, soy tan raro, de una exposición maravillosa sobre Manuel Altolaguirre, poeta e impresor.
Y como soy corto de entendederas y no sé explicarme como debiera, ni puedo escribir la emoción, que estupidez, de contemplar esas primeras ediciones de libros o revistas, esas portadas impresas con tintas sacadas del corazón, esa tipografía delicada y exacta para cada libro, incluso para cada poema. Y allí, en un rincón, la “minerva”, esperando unas manos de papel, la errata siempre presente, las versales arrogantes, las bastardillas cantaoras, y al minervista cargado de tinto, su vacuna para el mal de las tintas.
Y Dalí y Picasso por las paredes. Y en las paredes, poemas. Y en los poemas, amor, dulzura, sufrimiento, inquietud, recuerdos, exilio, olvido.
Horas. Y ahora cuando llegue, después del verano, a la Residencia de Estudiantes madrileña estaré, horas, esperando, otra vez, acariciar, con mi mirada, aquellos libros, Litorales, manuscritos, amarillos recortes, las cartas escritas a plumilla, las fotos lejanas, el Atlántico por en medio.
Y Altolaguirre.
Cuando me acerco a Málaga, a la mía, siempre recuerdo uno de sus poemas que, indigno, hago mío:
Para no morirme
perseguí a mi alma,
que se iba conmigo
por una ciudad
soñada, invisible.
Yo la iba siguiendo
sin que tú supieras
que mi cuerpo andaba
tan sólo por ella,
para no morirse.
¡¡¡ A y !!!
LA TERRAL.
Me estaba esperando. Desde hace muchos años me estaba esperando. Llevábamos demasiado sin coincidir. Y salió el otro mediodía a recibirme. Por la entrada que deja el viejo, reseco y traidor Guadalmedina a La Palmilla y La Palma a la derecha y a Ciudad Jardín a la izquierda según bajamos y cerca ya de la Rosaleda, abrí la ventanilla del coche para absorber de una bocanada amplia, ancha, honda, el aire que me faltaba. Los pulmones secos, la garganta seca, la boca seca, los ojos secos de tanto faltar Málaga en mi alma.
Y la bocanada se me vino redonda, pesada, ardiente, inflamada, vehemente. Era una vieja amiga que me saludaba. Era la terral, el viento áspero de la tierra adentro. La terralada tórrida que esperábamos para enfriar aquellos búcaros blancos que rezumaban frescor, que misterio, bajo un sol esférico abombado en rojo cuando el amanecer.
Y el poniente por el puerto entraba para hacer salir a su enemiga de patios y calles. Pero cuando la terral se siente mujer bravía, no hay quien la saque de las esquinas ni de las camisas ni de los cucos ni del alma. Se mete en los poros uno a uno, y los abre y los calienta y los calla y los aplasta.
La terral, decíamos por la playa bajondillera. Qué sabios éramos los pescadores viejos aquellos. El levante, el poniente y la terral. Masculinos, los frescos. Y la terral, ¡cerrad puertas y ventanas!, que ya llega, calentita al principiar, y luego calentona, calentorra, lujuriosa, impúdica, carnal. Cuantos pecados pequé envuelto en su aura protectora de siestas no bien dormidas, bajo las higueras de aquel amigo niño que se murió sin saber de besos.
La terral se me llegó el otro día más alegre que nunca. No ha podido con ella la más moderna técnica. Ni el aire acondicionado nipón o chino; que el amarillo da repelús. Y se sigue empotrando en nuestra piel y se queda mirándote a los ojos. ¿Qué pasa? Aquí estoy, me faltabas desde tiempo. ¿Dónde te metes, porque te fuiste, porque me dejaste? ¿Te acuerdas como entraba, cuando quería, por todas las rendijas, en tu cuarto cerrado con esa llave oxidada y lleno de libros prohibidos escondidos, junto a los “antillana” sin filtro, en la sombrerera de un viejo sombrero cordobés de Casa Mira, frente por frente a “El Abuelo”, calle Especerías diez? Y cuando querías navegar y llegaba yo y Pepe te decía: hoy no, que hay mucha terralá; como te jodía.
El lunes hablamos por donde La Farola, al atardecer. Yo sigo tan vieja. Yo ya no soy menos, te contesté. Me abrazaste. No me hago sin ti, creí oírte al marcharte entre las palmeras.
La calor de la noche nueva me estremeció de frío. ¡Cuántas cosas amé a la calor bendita tuya, terral de mi vida!
ME VOY HARTO CANSADO.
Por fin se acabó la manifestación. Demasiado orgullo para tan poca cosa. Y encima, según dicen los basureros, guarros como en ninguna otra; pero esa es otra cruz -la guarreria- con la que tenemos que cargar.
A mí de las manifestaciones lo que más me gustan son las pancartas. ¿Por qué todas las pancartas parecen escritas por memos?
Nadie es normal.
Zapatero es un pedazo de hetero.
Quememos la Conferencia Episcopal.
España laica, ya sin curas.
Donde está no sé ve la momia del PP.
Ni quemar gays puede ya el Papa.
La Conferencia Episcopal se va a acabar.
Hasta yo, servidor, soy capaz de escribirlas peores.
Vayamos todas sin sostén, que lo dice la Berden.
Que bonito, que guay, manifestarse con los gays.
De la ciudad chirimbolo, el más grande el de Zerolo.
Seamos serios. No confundamos churras con merinas. En el barrio de Chueca, emblema gay, en las últimas elecciones los resultados fueron: 721 para IU, 2638 para el PSOE y 4557 para el PP. O sea, que el PP “perdió” por mayoría.
Me aburro, la verdad, con toda esta historia. A ver si llega Agosto y toda la chusma política y pancartera (de uno u otro signo) se calla un ratito, por favor, ti@s.
La pancarta que abría la manifestación amenazaba: Avanzamos y ahora l@s lesbianas y transexuales.
Pues la hemos cagado; sin perdón. Y luego vendrán las reivindicaciones de los osos, los leáther, los musculosos, los cachitas, los heterogays, los mariquitas armarizados; las lesbianas femmes o las botches.
No puedo más y más no escribo.
Os dejo tres tristes días, que me voy, adiós, a meditar lo que se nos viene encima. A buscar en un rincón, aunque solamente sean cinco minutos, el estar sin pensar en nada, mirando el azul del Mediterráneo donde se reflejan todas aquellas ilusiones que se quedaron entre dos aguas un día hace ya muchas mareas.
En la noche abriré la ventana y al menos me llegará el aroma de un jazmín chiquitito.
Con eso poco me conformo. ¿Poco?
DÍA ¿DE QUÉ ORGULLO?
Día del orgullo gay. Y yo me pregunto: ¿de qué se enorgullecen? Es orgullo, dice el Diccionario de la Academia: “arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia”.
¿Se enorgullecen de ser más altaneros y soberbios que los demás mortales? ¿Más arrogantes y presuntuosos que yo, y me pongo de humildísimo ejemplo? Y una leche. Todos hemos nacido iguales aunque se les haya olvidado a los socialistas actuales.
Yo, en principio, he estado siempre en una postura a favor de los homosexuales. Quizás porque cuando eran denostados de verdad y de verdad perseguidos, allá por la Málaga de mi vida, se les respetaba y se les quería y no escondían su manera de ser. Quizás aquellos mariconazos, así se llamaban muy a gusto ellos mismos, fueron con su libertad perchelera o trinitaria, los que me enseñaron a respetarlos, cuando iban y venían por la quincallería de Calle Granada.
En mi familia hubo homosexuales a los que quise un montón y que con su vida –y su muerte- nos demostraron a todos una dignidad hermosísima con su forma de vida.
Un hijo de una vieja amiga escribió hace pocos años un bello libro titulado de “De Hombre a Hombre” en el que desde el fondo de su alma –que es muy grande- cuenta a su padre de lo que sintió y sufrió al tener que hablarle de su homosexualidad. Y explica la dificultad para que la sociedad entienda una forma de amar diferente. La dedicatoria del libro lo dice todo: “A mis padres, que lo intentan”.
O sea, acepto a los homosexuales y los entiendo y los apoyo, pero ni acepto su orgullo –orgullo de qué- ni esa prepotencia que ahora quieren demostrar con el tal Zerolo arriba y abajo. ¿Quien es Zerolo si no la Z de Zapatero?, dicen que dicen.
Dejemos las cosas en la normalidad. Ya lo he repetido hace poco y hace mucho. El matrimonio es el de un hombre y una mujer. Y basta. Búsquese otra palabra para la unión de dos hombres o dos mujeres. No es tan complicado. Nadie está en contra de que las parejas homoxesuales tengan los mismos derechos ciudadanos. Y eso se consigue de cien maneras que no son el matrimonio.
El Presidente, por accidente, Rodríguez, ha sido orgulloso, ha derramado vanidad, ha logrado que unos pocos, ¿o es que la mayoría es gay?, se enfrenten con otros que se quiera o no agrupan cientos de miles más. O millones sin exagerar.
Y esto es un desastre. Los buenos y los malos. Los decentes y los indecentes. El orgullo, gay o presidencial, rompe la convivencia. Quien ha salido perdiendo, me atrevo a vaticinar, son los gay y lo siento. Se ha tensado demasiado un enfrentamiento provocado por políticos del tres al cuarto. La herida, de unos y de otros, tardará mucho en cerrar si es que se cierra con tanta demagogia corriendo por las pancartas.
Ya habían salido de los chistes y de los armarios. Ya eran algo común en nuestra vida. Y ellos mismos han roto la baraja por querer más no sé qué, de una forma absurda y sin consenso.
¿Adopción? Claro que no. No es lógica. Muy pocas sociedades –por decir algunas- la aceptan. Con los niños no se juega aunque sean nuestros (?). En el libro de mi amigo, cuando su hermano tiene una hija le dice: “no olvides que sólo hay una cosa que tu hija no es ni será nunca: tuya”.
Por vanidad, por orgullo, ¡por tener un hijo mío!, por un sentido absurdo de la propiedad, se pide la adopción entre parejas del mismo sexo. Hay tanta teoría científica que no acepta esta ilusión (no es otra cosa) que yo no soy quien para decir algo. Vamos, digo yo.
Así que menos orgullo y más normalidad. Quemad Chueca y todos los ghetos. Y vivid tranquilamente como unos más. Y sin darnos cuenta, sin pancartas y luchas absurdas, cada uno estará en su lugar. A mí no me importa como se amen las personas, si no que se amen. Y que la conciencia de todos se mantenga tranquila. Como la mía, que he dicho lo que pensaba. Y quien se pique, será que ajos come. Pero de Las Pedroñeras, carajo.
¿Se enorgullecen de ser más altaneros y soberbios que los demás mortales? ¿Más arrogantes y presuntuosos que yo, y me pongo de humildísimo ejemplo? Y una leche. Todos hemos nacido iguales aunque se les haya olvidado a los socialistas actuales.
Yo, en principio, he estado siempre en una postura a favor de los homosexuales. Quizás porque cuando eran denostados de verdad y de verdad perseguidos, allá por la Málaga de mi vida, se les respetaba y se les quería y no escondían su manera de ser. Quizás aquellos mariconazos, así se llamaban muy a gusto ellos mismos, fueron con su libertad perchelera o trinitaria, los que me enseñaron a respetarlos, cuando iban y venían por la quincallería de Calle Granada.
En mi familia hubo homosexuales a los que quise un montón y que con su vida –y su muerte- nos demostraron a todos una dignidad hermosísima con su forma de vida.
Un hijo de una vieja amiga escribió hace pocos años un bello libro titulado de “De Hombre a Hombre” en el que desde el fondo de su alma –que es muy grande- cuenta a su padre de lo que sintió y sufrió al tener que hablarle de su homosexualidad. Y explica la dificultad para que la sociedad entienda una forma de amar diferente. La dedicatoria del libro lo dice todo: “A mis padres, que lo intentan”.
O sea, acepto a los homosexuales y los entiendo y los apoyo, pero ni acepto su orgullo –orgullo de qué- ni esa prepotencia que ahora quieren demostrar con el tal Zerolo arriba y abajo. ¿Quien es Zerolo si no la Z de Zapatero?, dicen que dicen.
Dejemos las cosas en la normalidad. Ya lo he repetido hace poco y hace mucho. El matrimonio es el de un hombre y una mujer. Y basta. Búsquese otra palabra para la unión de dos hombres o dos mujeres. No es tan complicado. Nadie está en contra de que las parejas homoxesuales tengan los mismos derechos ciudadanos. Y eso se consigue de cien maneras que no son el matrimonio.
El Presidente, por accidente, Rodríguez, ha sido orgulloso, ha derramado vanidad, ha logrado que unos pocos, ¿o es que la mayoría es gay?, se enfrenten con otros que se quiera o no agrupan cientos de miles más. O millones sin exagerar.
Y esto es un desastre. Los buenos y los malos. Los decentes y los indecentes. El orgullo, gay o presidencial, rompe la convivencia. Quien ha salido perdiendo, me atrevo a vaticinar, son los gay y lo siento. Se ha tensado demasiado un enfrentamiento provocado por políticos del tres al cuarto. La herida, de unos y de otros, tardará mucho en cerrar si es que se cierra con tanta demagogia corriendo por las pancartas.
Ya habían salido de los chistes y de los armarios. Ya eran algo común en nuestra vida. Y ellos mismos han roto la baraja por querer más no sé qué, de una forma absurda y sin consenso.
¿Adopción? Claro que no. No es lógica. Muy pocas sociedades –por decir algunas- la aceptan. Con los niños no se juega aunque sean nuestros (?). En el libro de mi amigo, cuando su hermano tiene una hija le dice: “no olvides que sólo hay una cosa que tu hija no es ni será nunca: tuya”.
Por vanidad, por orgullo, ¡por tener un hijo mío!, por un sentido absurdo de la propiedad, se pide la adopción entre parejas del mismo sexo. Hay tanta teoría científica que no acepta esta ilusión (no es otra cosa) que yo no soy quien para decir algo. Vamos, digo yo.
Así que menos orgullo y más normalidad. Quemad Chueca y todos los ghetos. Y vivid tranquilamente como unos más. Y sin darnos cuenta, sin pancartas y luchas absurdas, cada uno estará en su lugar. A mí no me importa como se amen las personas, si no que se amen. Y que la conciencia de todos se mantenga tranquila. Como la mía, que he dicho lo que pensaba. Y quien se pique, será que ajos come. Pero de Las Pedroñeras, carajo.





