MI TESORO.
Esta tarde, calentita y calentona, he ido en busca de un tesoro. Mi tesoro.
Antes, cuando el entonces era ayer, los piratas surcaban los mares en busca de enormes tesoros que luego los muy lilas escondían en sitios enrevesados y nunca podían disfrutar de ellos. La literatura tiene ejemplos bellísimos de tanto pirata inútil. Y la cinematografía no digamos, Ramos. Aún no he leído ni visto obra alguna en la que el pirata, inglés casi siempre, disfruta hasta su muerte no violenta, del tesoro robado a los españoles.
Y aquellos tesoros, tan hermosos, por los que hasta morían, eran monedas pesadotas de oro, brillantes, perlas tirando a negras, negras a las que se tiraban –excusadme- borrachos de un buen ron que no era Bacardí, lógicamente.
También la literatura, que sirve lo mismo para un roto que para un descosido, o la religión que viene a ser lo mismo, dice que quien tiene un amigo, tiene un tesoro. Yo, la verdad, no pondría la mano en el fuego por si las moscas.
Los poetas, siempre los poetas, hablan del tesoro que para ellos es la dama de sus sueños. Ay, estos poetas míos. Siempre ilusos, enamorados, despechados. Ni tesoros, ni damas, ni amor, ni sueños. Un soneto y cuando rima bien rimado, si a caso.
Decía al principiar, que esta tarde con el cielo anubarrado por el sur-este, con el sol buscando donde herir, he ido a por mi tesoro. Y allí estaba. En la óptica. Recién limpias, nuevecitas. Sin un rayazo. Vírgenes y puras. Nadie ha leído con ellas ni nadie con ellas ha pasado sus ojos por la pantalla del monitor.
Sí. Son mi tesoro por que hay que ver los precios que hemos de pagar por ellas. Yo creo que se pasan los ópticos. Como no vemos. Ojos que no ven, corazón que no siente. Pues no es eso, no.
Los ojos y las muelas debían socializarlas. Y no hacer negocio con ellas y ellos. Pero dejémoslo que me acercaré, sin quererlo, a la demagogia. Y no está la tarde si no para sentarse en una terracita, ponerse las gafas, y a ver pasar el personal, que con estos calores desfilan los más variados especimenes. (Lo que me hubiera gustado escribir sería algo así como:...desfilan las más variadas y guapetonas mujeres que están, todas, como un tren; pero luego le llaman a uno machista y le ponen mala cara y a parir).
Bueno que ya tengo mi tesoro, mis gafas que cuidaré con esmero y con cuidado de no extraviarlas.
Recuerdo los versos de Muñoz Rojas:
“...porqué tú eres, Señor, el que me las pierdes
y me haces ir por la vida a trompicones,
y nos das los ojos y nos pierdes las gafas,
y así vamos por el mundo con unas gafas
que nos pierdes y unos ojos que nos das...”
LA SEQUEDAD.
En tiempos tan sequerosos, ni las tierras ni las seseras se encuentran en su ciclo más fértil y creativo. A la sequedad propia y hermosa de mi querido jardín zen, se une la sequedad habitual de mi inteligencia. Así que hoy no sé de que escribir. Dispénsenme.
Porque escribir de que la oculista de mi ambulatorio tiene que verme el fondo del ojo, es algo normal. Lo relevante es que el fondo de mi ojo esta muy hondo, hondísimo. Tanto que no llegará a vérmelo hasta el 18 de enero del 2006.
Tampoco tiene la menor importancia y no hay que darle más relevancia, de que la pidas, con respeto, a la misma simpática y dulce oculista, que te gradúe la vista y te diga con un gesto como diciendo que la culpa es de más arriba: hijo, cariño, ya no graduamos, te lo tienen que hacer en la óptica. Y añade, es la nueva fórmula de eliminar listas de esperas.
Vamos, que no sé de que escribir. Ya ha comentado todo el mundo que el PSOE ha ganado en Galicia, quedando por detrás del PP en números de votos. Son las nuevas matemáticas. Si yo tengo 12 y tú tienes 2, tú tienes más que yo.
Quería hablar de las calores y el termómetro se me viene abajo y hoy hace fresquito. Y se ven menos pantaloncillos cortos. Qué frioleros los de los pelillos al aire.
Mañana empiezan muchos las vacaciones. Acaban de trabajar y al coche y a la carretera y a la playa. Como todos los años. Algo tan natural que no merece la pena hablar de ello. Agosto o julio en Madrid, sólo y con dinero, Baden-Baden, el de la Selva Negra; no el badén de la A-4, ni los bardenes de las pancartas.
Así que no pienso escribir más hoy ni aunque el Presidente Rodríguez diga una más de sus memeces, que la dirá.
Así que pliego, cierro y sello. A mandar.
Porque escribir de que la oculista de mi ambulatorio tiene que verme el fondo del ojo, es algo normal. Lo relevante es que el fondo de mi ojo esta muy hondo, hondísimo. Tanto que no llegará a vérmelo hasta el 18 de enero del 2006.
Tampoco tiene la menor importancia y no hay que darle más relevancia, de que la pidas, con respeto, a la misma simpática y dulce oculista, que te gradúe la vista y te diga con un gesto como diciendo que la culpa es de más arriba: hijo, cariño, ya no graduamos, te lo tienen que hacer en la óptica. Y añade, es la nueva fórmula de eliminar listas de esperas.
Vamos, que no sé de que escribir. Ya ha comentado todo el mundo que el PSOE ha ganado en Galicia, quedando por detrás del PP en números de votos. Son las nuevas matemáticas. Si yo tengo 12 y tú tienes 2, tú tienes más que yo.
Quería hablar de las calores y el termómetro se me viene abajo y hoy hace fresquito. Y se ven menos pantaloncillos cortos. Qué frioleros los de los pelillos al aire.
Mañana empiezan muchos las vacaciones. Acaban de trabajar y al coche y a la carretera y a la playa. Como todos los años. Algo tan natural que no merece la pena hablar de ello. Agosto o julio en Madrid, sólo y con dinero, Baden-Baden, el de la Selva Negra; no el badén de la A-4, ni los bardenes de las pancartas.
Así que no pienso escribir más hoy ni aunque el Presidente Rodríguez diga una más de sus memeces, que la dirá.
Así que pliego, cierro y sello. A mandar.
R E G G A E T O N.
Decíamos ayer algo sobre la canción del verano. Y hoy vuelvo a esos sones que ya este año empezamos a oír y dicen que seguiremos oyendo.
El genero más actual nos llega del Caribe, con influencia del hip-hop americano y otros ritmos caribeños. Se llama “Reguetón” o “Reggaeton”.
Dicen que fue creado por jóvenes y jóvenas, allá por Puerto Rico pero basado, tal vez, en el rap recitado en español de Panamá y añadiéndole algo de salsa y bomba.
Y cada vez se introduce más en España debido, tal vez, a la inmigración que nos llega, y que nadie vea al decirlo nada de mi posible xenofobia.
Al popularizarse en nuestra tierra algunos le llaman “perreo”, pues evoca posturas sexuales al bailarlo.
Alguien ha dicho que bailar reggaeton es hacer pornografía vestidos. La verdad es que esta música tan oída actualmente de lo que habla en sus letras es de sexo, claro está, y de crimen urbano y racismo.
Hay una canción llamada Despedazando muertos y que dice algo así como
“Móchales los dedos,
saquéenles los dientes,
saquéenle el pito,
despedazando muertos”.
Muy undergruond, ¿no verdá? La madre que los parió ¿quién sería?
Pues la mujer también tiene su protagonismo. Estos raperos o reggeteros son muy delicados en su tratamiento hacia ellas. Y a las mujeres que salen con ellos y gritan con ellos y hacen el amor con ellos, les parece muy bien que les digan
“Aúlla, mi loba,
potrita, yegua,
jaca…”
Y hablan de bofetadas y de pegar y de humillar. Y ellas los siguen y les parece muy bien. Se sienten a gusto como objeto, y como objetivo de chulos machistas. La verdad es que no entiendo nada.
King Africa, un conocido cantante, que se atreve con la copla levantina de “Paquito el Chocolatero”, tiene una letra interesantísima, una de las más delicadas y suave, que dice así:
Y las mujeres lo bailan así, así, así, así
Una mano en la cabeza
Una mano en la cabeza
Un movimiento sexy
Un movimiento sexy
Una mano en la cintura
Una mano en la cintura
suavecito para abajo, para abajo, para abajo
suavecito para arriba, para arriba, para arriba
Bueno, pues aquella canción del verano, horriblemente mala pero deliciosamente refrescante, se ha convertido ahora en sexo duro, muertos, asesinatos, etc.
¿Tan bajo hemos caído? ¿Lo vamos a consentir? ¿Nos conformamos? El río lleva el nuevo son arrasándolo todo. Hasta nuestra conciencia. Se ha desbordado y no tenemos tiempo ni a salvar los muebles.
Estoy triste. Me voy a dar un paseo lento, tranquilo, solitario. No quiero ni pensar. Tarareo incoscientemente. Si yo tubiera una escoba,
cuantas cosas barrería.
El genero más actual nos llega del Caribe, con influencia del hip-hop americano y otros ritmos caribeños. Se llama “Reguetón” o “Reggaeton”.
Dicen que fue creado por jóvenes y jóvenas, allá por Puerto Rico pero basado, tal vez, en el rap recitado en español de Panamá y añadiéndole algo de salsa y bomba.
Y cada vez se introduce más en España debido, tal vez, a la inmigración que nos llega, y que nadie vea al decirlo nada de mi posible xenofobia.
Al popularizarse en nuestra tierra algunos le llaman “perreo”, pues evoca posturas sexuales al bailarlo.
Alguien ha dicho que bailar reggaeton es hacer pornografía vestidos. La verdad es que esta música tan oída actualmente de lo que habla en sus letras es de sexo, claro está, y de crimen urbano y racismo.
Hay una canción llamada Despedazando muertos y que dice algo así como
“Móchales los dedos,
saquéenles los dientes,
saquéenle el pito,
despedazando muertos”.
Muy undergruond, ¿no verdá? La madre que los parió ¿quién sería?
Pues la mujer también tiene su protagonismo. Estos raperos o reggeteros son muy delicados en su tratamiento hacia ellas. Y a las mujeres que salen con ellos y gritan con ellos y hacen el amor con ellos, les parece muy bien que les digan
“Aúlla, mi loba,
potrita, yegua,
jaca…”
Y hablan de bofetadas y de pegar y de humillar. Y ellas los siguen y les parece muy bien. Se sienten a gusto como objeto, y como objetivo de chulos machistas. La verdad es que no entiendo nada.
King Africa, un conocido cantante, que se atreve con la copla levantina de “Paquito el Chocolatero”, tiene una letra interesantísima, una de las más delicadas y suave, que dice así:
Y las mujeres lo bailan así, así, así, así
Una mano en la cabeza
Una mano en la cabeza
Un movimiento sexy
Un movimiento sexy
Una mano en la cintura
Una mano en la cintura
suavecito para abajo, para abajo, para abajo
suavecito para arriba, para arriba, para arriba
Bueno, pues aquella canción del verano, horriblemente mala pero deliciosamente refrescante, se ha convertido ahora en sexo duro, muertos, asesinatos, etc.
¿Tan bajo hemos caído? ¿Lo vamos a consentir? ¿Nos conformamos? El río lleva el nuevo son arrasándolo todo. Hasta nuestra conciencia. Se ha desbordado y no tenemos tiempo ni a salvar los muebles.
Estoy triste. Me voy a dar un paseo lento, tranquilo, solitario. No quiero ni pensar. Tarareo incoscientemente. Si yo tubiera una escoba,
cuantas cosas barrería.
LA CANCIÓN DEL VERANO.
A todos nos han cantado en una noche agosteña canciones que nos han matado. Me refiero, claro está, a las canciones llamadas del verano.
Si nos vamos –ya quisiéramos volver- a los años cincuenta y nueve y siguientes, las que nos taladraban las meninges eran canciones como, La chevecha, El porompompero, Comunicando, 15 años, Quisiera ser, Cuando calienta el sol, Somos jóvenes, Popotitos, Tómbola, Twist de la risa, Dile, Flamenco, etc.
Los ídolos podían ser Los Cinco Latinos, El Dúo Dinámico, Enrique Guzmán, Pablito Ortega, Luis Aguilé, Los TNT. Formula V... y un largo etcétera, (etcétera no es cantante, pero los otros, tampoco).
A partir del año 65, izquierda, izquierda, derecha, derecha, delante detrás, un, dos, tres, se toma velocidad y las emisoras año tras año comienzan con la tabarra de la canción veraniega que en el 66 se empeñaba en que quería una motocicleta que sirviese para correr y una camiseta que tenga el número cien. Debía de ser para al año siguiente, el 67, presumir de que la otra noche estaba bailando con Lola, pero no hay que creerlo mucho pues Massielona se pasó 1968 diciendo eso de la, la, la, la,la.
Y llegamos al erótico 69. La canción tiene éxito extraordinario. The beach was desert, the sea batned your skin, singing with my guitar for your Maria Isabel. El estribillo fue conocido en todos los idiomas modernos y muertos. Chi ri bi ri bi po po pom pom. Chi ri bi bi po po pom pom.
En el 70 seguíamos en la playa y un rayo de sol oh. oh. oh, me trajo tu amor, oh, oh, oh. Pero pronto se marchó el amor porque al año siguiente Tony Ronald se lo pasó solo en mi cuarto, en un rincón, apurando un vaso y una ilusión, (71). Pobrecito mío. Un año pasa pronto y para que se reconforte y lleguen vacaciones de verano para mí, caminando por la arena junto a ti, (72).
¡¡¡Ah, 1973!!! Ha estallado el triunfalismo español. Nuestro país se llena de suecas –todas las turistas que venían aunque fuesen canadienses, eran suecas- y por todos los rincones, a todas horas y en todas las guitarras una canción. For that reason it is heard this Hill refrán: that the alive Spain. And they will always remember it: that the alive Spain. People sing with ardor: that the alive Spain.
Ya nos habíamos dejado oír en Europa y alrededores a través de la voz de Manolo Escobar. Pero en el 74 llega el catalán Peret y se anticipa, no oye a Rodríguez Zapatero (que entonces no era nadie y hoy, tampoco) y clama por un no a Europa. Si al sol no puedes tumbarte y en paz tomarte una copa, decir que estás en Europa no sirve de ná, no sirve de ná, no sirve de ná, no sirve de ná. Cantad a la vida si quereis tener, cantad, alegría de vivir.
Aquella canción, esa rumba catalana, sentó muy malamente allende de nuestras fronteras y en el 75 nos llegó un bajón en el turismo. Algo se muere en el alma cuando un amigo se va. No te vayas todavía, no te vayas por favor, no te vayas todavía que hasta la guitarra mía llora cuando te vas.
Y nosotros, españoleando por los veranos de las costas en plan chapuza, borrachos perdidos aunque aún no se había inventado el tinto de verano por que lo que se llevaba era la sangría con mucha canela. What happens with you, uncle? With me what is going to happen, that I a mall day bebío jumping of mess in mess.
La resaca dura hasta el 77, y lleva a cantar una copla confesión: quiero recordar el último guateque... pero no puede. Sigue borracho. Y al año siguiente se van, vamos a tocar un rock and rock a la plaza del pueblo. Y allí, en los pueblos, al año siguiente el 78, es la de dios con la llegada de la Carrá diciendo aquello de para hacer el amor hay que venir al sur. Y ¡hala! otra avalancha de turistas al año siguiente. Llegaban las suecas y todos los ligones de todas las barras de todos los bares de todas las costas españoles tenían una frase original que decirlas: Hola, mi amor, yo soy tú lobo.
Pero l981 es el año de la canción del verano por excelencia. Todos la cantaron y todos movieron sus bracitos así, con esta delicada, deliciosa musiquilla: A pajarito to be, this dance you have to dance and to averybody to cheer. The piquito you have to mave and the pens to shake, the colita to remove.
Alaska, pasados doce meses, (82), tenía que confesar que bailando, me paso el día bailando, hasta que un año más tarde, 1983, vuelven a pedirnos vamos a la playa oh,oh,oh,oh,oh. Vamos a la playa, oh,oh,oh,oh,oh. Asi que Radio Futura un año después de tanto oh, oh, dejan la playa y se van al riachuelo cantando, arde la calle al sol de poniente, hay tribus ocultas cerca del río, (84). La verdad es que yo creía que cerca del río sólo ladraban los perros de García Lorca cuando aquello tan terrible de la casada infiel.
Y ya empieza la degeneración, 1985, de la canción veraniega. Aparece Georgie Damm preguntando que sería , mami, lo que quiere el negro. En el 86 Puturrú de Fuá nos avisaba de que no te olvides de la toalla cuando vayas a la playa, y debía de ser porque para bailar la bamba no se necesita, (87).En el 88, devórame otra vez, que en mi cama nadie es como tú, que la boca me sabe a tu cuerpo, desesperan mis ganas por ti.
Y en 1989 la canción del verano recrimina a Madrid, por ejemplo, de que tenga el Prado y la Gran Vía y la Puerta de Alcalá pero que, vaya, vaya, no hay playa, vaya, vaya.
Siempre lo dije. La canción del verano es un tostón. Y lo que estoy escribiendo, también. Apaga y vayámonos, Granaditos, que el horno no está para bollos, ni la canción del verano para panegíricos.
Si nos vamos –ya quisiéramos volver- a los años cincuenta y nueve y siguientes, las que nos taladraban las meninges eran canciones como, La chevecha, El porompompero, Comunicando, 15 años, Quisiera ser, Cuando calienta el sol, Somos jóvenes, Popotitos, Tómbola, Twist de la risa, Dile, Flamenco, etc.
Los ídolos podían ser Los Cinco Latinos, El Dúo Dinámico, Enrique Guzmán, Pablito Ortega, Luis Aguilé, Los TNT. Formula V... y un largo etcétera, (etcétera no es cantante, pero los otros, tampoco).
A partir del año 65, izquierda, izquierda, derecha, derecha, delante detrás, un, dos, tres, se toma velocidad y las emisoras año tras año comienzan con la tabarra de la canción veraniega que en el 66 se empeñaba en que quería una motocicleta que sirviese para correr y una camiseta que tenga el número cien. Debía de ser para al año siguiente, el 67, presumir de que la otra noche estaba bailando con Lola, pero no hay que creerlo mucho pues Massielona se pasó 1968 diciendo eso de la, la, la, la,la.
Y llegamos al erótico 69. La canción tiene éxito extraordinario. The beach was desert, the sea batned your skin, singing with my guitar for your Maria Isabel. El estribillo fue conocido en todos los idiomas modernos y muertos. Chi ri bi ri bi po po pom pom. Chi ri bi bi po po pom pom.
En el 70 seguíamos en la playa y un rayo de sol oh. oh. oh, me trajo tu amor, oh, oh, oh. Pero pronto se marchó el amor porque al año siguiente Tony Ronald se lo pasó solo en mi cuarto, en un rincón, apurando un vaso y una ilusión, (71). Pobrecito mío. Un año pasa pronto y para que se reconforte y lleguen vacaciones de verano para mí, caminando por la arena junto a ti, (72).
¡¡¡Ah, 1973!!! Ha estallado el triunfalismo español. Nuestro país se llena de suecas –todas las turistas que venían aunque fuesen canadienses, eran suecas- y por todos los rincones, a todas horas y en todas las guitarras una canción. For that reason it is heard this Hill refrán: that the alive Spain. And they will always remember it: that the alive Spain. People sing with ardor: that the alive Spain.
Ya nos habíamos dejado oír en Europa y alrededores a través de la voz de Manolo Escobar. Pero en el 74 llega el catalán Peret y se anticipa, no oye a Rodríguez Zapatero (que entonces no era nadie y hoy, tampoco) y clama por un no a Europa. Si al sol no puedes tumbarte y en paz tomarte una copa, decir que estás en Europa no sirve de ná, no sirve de ná, no sirve de ná, no sirve de ná. Cantad a la vida si quereis tener, cantad, alegría de vivir.
Aquella canción, esa rumba catalana, sentó muy malamente allende de nuestras fronteras y en el 75 nos llegó un bajón en el turismo. Algo se muere en el alma cuando un amigo se va. No te vayas todavía, no te vayas por favor, no te vayas todavía que hasta la guitarra mía llora cuando te vas.
Y nosotros, españoleando por los veranos de las costas en plan chapuza, borrachos perdidos aunque aún no se había inventado el tinto de verano por que lo que se llevaba era la sangría con mucha canela. What happens with you, uncle? With me what is going to happen, that I a mall day bebío jumping of mess in mess.
La resaca dura hasta el 77, y lleva a cantar una copla confesión: quiero recordar el último guateque... pero no puede. Sigue borracho. Y al año siguiente se van, vamos a tocar un rock and rock a la plaza del pueblo. Y allí, en los pueblos, al año siguiente el 78, es la de dios con la llegada de la Carrá diciendo aquello de para hacer el amor hay que venir al sur. Y ¡hala! otra avalancha de turistas al año siguiente. Llegaban las suecas y todos los ligones de todas las barras de todos los bares de todas las costas españoles tenían una frase original que decirlas: Hola, mi amor, yo soy tú lobo.
Pero l981 es el año de la canción del verano por excelencia. Todos la cantaron y todos movieron sus bracitos así, con esta delicada, deliciosa musiquilla: A pajarito to be, this dance you have to dance and to averybody to cheer. The piquito you have to mave and the pens to shake, the colita to remove.
Alaska, pasados doce meses, (82), tenía que confesar que bailando, me paso el día bailando, hasta que un año más tarde, 1983, vuelven a pedirnos vamos a la playa oh,oh,oh,oh,oh. Vamos a la playa, oh,oh,oh,oh,oh. Asi que Radio Futura un año después de tanto oh, oh, dejan la playa y se van al riachuelo cantando, arde la calle al sol de poniente, hay tribus ocultas cerca del río, (84). La verdad es que yo creía que cerca del río sólo ladraban los perros de García Lorca cuando aquello tan terrible de la casada infiel.
Y ya empieza la degeneración, 1985, de la canción veraniega. Aparece Georgie Damm preguntando que sería , mami, lo que quiere el negro. En el 86 Puturrú de Fuá nos avisaba de que no te olvides de la toalla cuando vayas a la playa, y debía de ser porque para bailar la bamba no se necesita, (87).En el 88, devórame otra vez, que en mi cama nadie es como tú, que la boca me sabe a tu cuerpo, desesperan mis ganas por ti.
Y en 1989 la canción del verano recrimina a Madrid, por ejemplo, de que tenga el Prado y la Gran Vía y la Puerta de Alcalá pero que, vaya, vaya, no hay playa, vaya, vaya.
Siempre lo dije. La canción del verano es un tostón. Y lo que estoy escribiendo, también. Apaga y vayámonos, Granaditos, que el horno no está para bollos, ni la canción del verano para panegíricos.
MIS QUERIDAS SALAMANQUESAS.
Anoche cuando fui a cerrar el balcón para irme a la cama, correteaban por el, tres o cuatro salamanquesas.
Las salamanquesas son mis bichillos veraniegos que me retrotraen a veranos felices y malagueños. Las recuerdo al anochecer, cuando los jazmines empezaban a vivir o morir que a ellos les da los mismo.
Se empezaban a encender los faroles que iluminaban la cal humilde de las casas bajondilleras y su luz atraían insectos que bailaban su danza macabra alrededor de la bombilla tenue.
Por entre las madreselvas, cuando no oían pisadas, y todo el silencio se desparramaba por el jardín, muy cautas y rápidas, salían las salamanquesas y subían hasta donde el farol. Y tranquilas, cachazudas, calmosas, agarradas a la cal blanca como si les fuera la vida –que les iba- esperaban al insecto más apetitoso y al pasar junto a ellas, zas, visto y no visto, se lo tragaban. Y el eructo era de emperador romano. Y a esperar otro insecto. Hasta que el amanecer se llenaba de soles y entonces se iban a dormir por las tejas rojas y viejas a rincones difíciles y tranquilos donde no poder encontrarlas.
Yo me las quedaba mirando horas y horas. Casi las conocía ya al final del verano. Al año siguiente ¿serían otras? Me fascinaban.
La noche negra sin luna. El canto gregoriano de la mar de levante. Unas millas a poniente, la farola guiñaba por jaberas. Los últimos aromas de los jardines. Un gato. Un beso por el Pan Triste. Rebuzno del borrico del Bigotes. El Cojillo, borracho perdido en la playa, no encontraba sitio para vomitar, tumbarse y dormir. Dos blasfemias. Una gata. El melillero se pierde lejos. Se ven los faros de los coches bajar por los Montes. Se va la luz. Risas, a lo lejos. ¿Y las salamanquesas?
Anoche estaban en mi balcón madrileño. No es su lugar, digo. Mis salamanquesas son aquellas de mí Málaga, en mi ayer lejano, tan lejano que ya no sabe ni puede volver.
¿Me buscáis? ¿Qué me queréis decir, amadas salamanquesas?
Tranquilas, que ya voy.
Las salamanquesas son mis bichillos veraniegos que me retrotraen a veranos felices y malagueños. Las recuerdo al anochecer, cuando los jazmines empezaban a vivir o morir que a ellos les da los mismo.
Se empezaban a encender los faroles que iluminaban la cal humilde de las casas bajondilleras y su luz atraían insectos que bailaban su danza macabra alrededor de la bombilla tenue.
Por entre las madreselvas, cuando no oían pisadas, y todo el silencio se desparramaba por el jardín, muy cautas y rápidas, salían las salamanquesas y subían hasta donde el farol. Y tranquilas, cachazudas, calmosas, agarradas a la cal blanca como si les fuera la vida –que les iba- esperaban al insecto más apetitoso y al pasar junto a ellas, zas, visto y no visto, se lo tragaban. Y el eructo era de emperador romano. Y a esperar otro insecto. Hasta que el amanecer se llenaba de soles y entonces se iban a dormir por las tejas rojas y viejas a rincones difíciles y tranquilos donde no poder encontrarlas.
Yo me las quedaba mirando horas y horas. Casi las conocía ya al final del verano. Al año siguiente ¿serían otras? Me fascinaban.
La noche negra sin luna. El canto gregoriano de la mar de levante. Unas millas a poniente, la farola guiñaba por jaberas. Los últimos aromas de los jardines. Un gato. Un beso por el Pan Triste. Rebuzno del borrico del Bigotes. El Cojillo, borracho perdido en la playa, no encontraba sitio para vomitar, tumbarse y dormir. Dos blasfemias. Una gata. El melillero se pierde lejos. Se ven los faros de los coches bajar por los Montes. Se va la luz. Risas, a lo lejos. ¿Y las salamanquesas?
Anoche estaban en mi balcón madrileño. No es su lugar, digo. Mis salamanquesas son aquellas de mí Málaga, en mi ayer lejano, tan lejano que ya no sabe ni puede volver.
¿Me buscáis? ¿Qué me queréis decir, amadas salamanquesas?
Tranquilas, que ya voy.
LOS CABALLOS DE LOS COCHES DE CABALLOS.
Darse una vuelta en coche de caballos por el Parque malagueño es una maravilla para el que le guste. Y dárselo por Sevilla, otro tanto.
A mi no me gusta esta explotación del animal. Les ves horas ahí parados esperando a los japoneses. Aburridos, los caballos. Con un ridículo sombrerito de paja, los caballos y los japoneses. Y cuando comienzan a andar lo hacen cansinos, resbalándose en el asfalto y acordándose de la madre del Emperador nipón y de todos los hijos del sol naciente.
Por que ser caballo de un coche al punto, tiene guasa. Admiro a estas acémilas tranquilas, aburridas, que desde la mañana a la noche esperan, dan una vuelta y esperan. Y de pié. ¡¡De pié!! Y luego se quejan las dependientas del Corte Inglés.
Cada veinticuatro de agosto, festividad de San Bartolomé, alquilábamos, mis padres y mis tios uno de estos coches, y los cinco –más el cochero- íbamos desde el Parque al final del Palo, a un chiringuito playero, que se llamaba Casa Pedro, y que hoy es un restaurante con ínfulas de elegantón y que no se come como se comía.
Para mi padre y para mí el viaje era un suplicio. Nos dolía cada paso del jaco. No lo soportábamos. Pensábamos y pienso que es una bestialidad -nunca mejor dicho- aprovecharse de estos animales enfermos, estabulados de mala manera, y mal alimentados, para regocijo de turistas.
A la vuelta del merendero, era diferente. Nos esperaba el tranvía y ¡que gozada si traía su jardinera detrás! Yo me ponía en el lado izquierdo porque se veía la mar, la playa, las jábegas, las chabolas, los baños del Carmen, algún copo, y a veces, según la hora, nos cruzábamos con el tren de Vélez. Eso si que era viajar y no el cochecito de caballos, la leche que le han dado. Y por el Paseo de los Curas miraba el puerto que era tan horrible y tan feo como ahora. Hasta una malagueña del Niño de Almadén afirma que para puertos bonitos Barcelona y Cartagena. Ni una malagueña dice, ¿cómo lo va a decir?, que su puerto es hermoso, pero del puerto hablaremos otro día.
Te bajabas del tranvía, feliz y risueño. Y enfrente, la parada de los coches de caballos. El olor una tarde de terral era insoportable. Lógicamente.
Viene a cuento todo esto por que el Ayuntamiento de Sevilla, (Málaga lo imitará), ha sacado una ordenanza por la cual a los caballos de los coches que se dedican a dar paseos por la ciudad, han de ponérseles una especie de dodottis pero a lo grande, para que no ensucien con meadas y cagadas la ciudad.
Que denigrante. Caballitos con dodottis. El animal más bello del mundo, después del toro, claro es, tiene que ir como un bebé.
Los caballos, lo digo siempre, son para el campo o para el hipódromo, no para los señoritos de los picaderos, de la semana nefasta en las marismas, o las mañanas de vino y rosas de ferias primaverales o veraniegas que Dios, si existiera, habría destruido con lluvia de rayos, al poder ser láser.
Prohíban, supriman este martirio inútil que hacemos a los caballos de alquilarlos para dar una vuelcita. Quitenlos, pero, santo cielo, no me hagan ver los caballos con dodottis.
Se los pondría yo al Alcalde. En el culo, pero pá los adentros.
A mi no me gusta esta explotación del animal. Les ves horas ahí parados esperando a los japoneses. Aburridos, los caballos. Con un ridículo sombrerito de paja, los caballos y los japoneses. Y cuando comienzan a andar lo hacen cansinos, resbalándose en el asfalto y acordándose de la madre del Emperador nipón y de todos los hijos del sol naciente.
Por que ser caballo de un coche al punto, tiene guasa. Admiro a estas acémilas tranquilas, aburridas, que desde la mañana a la noche esperan, dan una vuelta y esperan. Y de pié. ¡¡De pié!! Y luego se quejan las dependientas del Corte Inglés.
Cada veinticuatro de agosto, festividad de San Bartolomé, alquilábamos, mis padres y mis tios uno de estos coches, y los cinco –más el cochero- íbamos desde el Parque al final del Palo, a un chiringuito playero, que se llamaba Casa Pedro, y que hoy es un restaurante con ínfulas de elegantón y que no se come como se comía.
Para mi padre y para mí el viaje era un suplicio. Nos dolía cada paso del jaco. No lo soportábamos. Pensábamos y pienso que es una bestialidad -nunca mejor dicho- aprovecharse de estos animales enfermos, estabulados de mala manera, y mal alimentados, para regocijo de turistas.
A la vuelta del merendero, era diferente. Nos esperaba el tranvía y ¡que gozada si traía su jardinera detrás! Yo me ponía en el lado izquierdo porque se veía la mar, la playa, las jábegas, las chabolas, los baños del Carmen, algún copo, y a veces, según la hora, nos cruzábamos con el tren de Vélez. Eso si que era viajar y no el cochecito de caballos, la leche que le han dado. Y por el Paseo de los Curas miraba el puerto que era tan horrible y tan feo como ahora. Hasta una malagueña del Niño de Almadén afirma que para puertos bonitos Barcelona y Cartagena. Ni una malagueña dice, ¿cómo lo va a decir?, que su puerto es hermoso, pero del puerto hablaremos otro día.
Te bajabas del tranvía, feliz y risueño. Y enfrente, la parada de los coches de caballos. El olor una tarde de terral era insoportable. Lógicamente.
Viene a cuento todo esto por que el Ayuntamiento de Sevilla, (Málaga lo imitará), ha sacado una ordenanza por la cual a los caballos de los coches que se dedican a dar paseos por la ciudad, han de ponérseles una especie de dodottis pero a lo grande, para que no ensucien con meadas y cagadas la ciudad.
Que denigrante. Caballitos con dodottis. El animal más bello del mundo, después del toro, claro es, tiene que ir como un bebé.
Los caballos, lo digo siempre, son para el campo o para el hipódromo, no para los señoritos de los picaderos, de la semana nefasta en las marismas, o las mañanas de vino y rosas de ferias primaverales o veraniegas que Dios, si existiera, habría destruido con lluvia de rayos, al poder ser láser.
Prohíban, supriman este martirio inútil que hacemos a los caballos de alquilarlos para dar una vuelcita. Quitenlos, pero, santo cielo, no me hagan ver los caballos con dodottis.
Se los pondría yo al Alcalde. En el culo, pero pá los adentros.
APARATOS.
El calor es antiestético. El sudor, los pantalones masculinos cortos, las camisetas masculinas sin mangas enseñando pelillos o pelazos húmedos y olorosos, las mujeres que llevan tules que dejan transparentar cucos anchos, cortos, blancos, negros, celestes, rosas… ¿Hay algo más en contra de la sensualidad estética que los tirantes de plástico de tantos sujetadores? Todo es antiestético.
En verano olemos mal, se eructa más con la cantidad de gases que tragamos en forma de cerveza o de tinto de verano… Los turistas –casi todos- son de lo más antiestético igual que las manadas de nipones yendo y viniendo.
Pero con todo y con eso, hoy quiero protestar ante todos del crimen que es el instalar en las fachadas esos aparatos de aire acondicionado. Son aparatos y tubos feos, horrorosos, que estropean edificios enteros, que rompen la armonía. ¿No es la armonía símbolo de hermosura? Hay casas cuya belleza ha sido destruida por estos aparatos diabólicos que se instalan igual en una casa amorfa que en un edificio arquitectónicamente muy válido. Incluso catalogado como histórico. Y yo no oigo a los arquitectos protestar por que les están rompiendo lo que ellos crearon con unos cánones con los que pensaban pasar a la posteridad.
Mañana, la mitad de los edificios estarán agujereados como un acerico. ¿Qué dirá la historia del arte?
Y no sólo hacen feo. Además, suenan. Y mucho, muchos. Si te toca uno cerca, la llevas dada, ya me dirás tú. Nochecitas en vela, nochecitas toledanas, nochecitas de me cago en tu padre.
¿Y los que además de afear y de sonar, sudan? Vas por la calle y ¡agua va! Goterones que caen sobre ti, que guarrería. Con sabor a anticongelante. Algunos propietarios de estos aparatos sudorosos, nos hacen la merced de poner un antiestético tubito de plástico para que las gotas caigan a una antiestética garrafa de plástico, que afea la calle a lo mejor bellísima.
Pero hay alguno más que no sólo afean, suenan y sudan, si no que despiden unos chorros de aire caliente que calientan las calles ya calientes. Y no sé por que, esos chorros siempre te dan en la cara. Recibes de vez en cuando unos eructos grandiosos como si el aparato de aire acondicionado hubiese comido una fabada asturiana y tuviera ardores de estómago.
Ya saben ustedes el refrán aquel que dice: lo que quita el frío, quita el calor. Y aquí estoy yo, en pantalones largos, camiseta de franela, envuelto en una manta, con el balcón cerrado…
...y no sigo. Creo que me ha dado el colorín. Colorao.
En verano olemos mal, se eructa más con la cantidad de gases que tragamos en forma de cerveza o de tinto de verano… Los turistas –casi todos- son de lo más antiestético igual que las manadas de nipones yendo y viniendo.
Pero con todo y con eso, hoy quiero protestar ante todos del crimen que es el instalar en las fachadas esos aparatos de aire acondicionado. Son aparatos y tubos feos, horrorosos, que estropean edificios enteros, que rompen la armonía. ¿No es la armonía símbolo de hermosura? Hay casas cuya belleza ha sido destruida por estos aparatos diabólicos que se instalan igual en una casa amorfa que en un edificio arquitectónicamente muy válido. Incluso catalogado como histórico. Y yo no oigo a los arquitectos protestar por que les están rompiendo lo que ellos crearon con unos cánones con los que pensaban pasar a la posteridad.
Mañana, la mitad de los edificios estarán agujereados como un acerico. ¿Qué dirá la historia del arte?
Y no sólo hacen feo. Además, suenan. Y mucho, muchos. Si te toca uno cerca, la llevas dada, ya me dirás tú. Nochecitas en vela, nochecitas toledanas, nochecitas de me cago en tu padre.
¿Y los que además de afear y de sonar, sudan? Vas por la calle y ¡agua va! Goterones que caen sobre ti, que guarrería. Con sabor a anticongelante. Algunos propietarios de estos aparatos sudorosos, nos hacen la merced de poner un antiestético tubito de plástico para que las gotas caigan a una antiestética garrafa de plástico, que afea la calle a lo mejor bellísima.
Pero hay alguno más que no sólo afean, suenan y sudan, si no que despiden unos chorros de aire caliente que calientan las calles ya calientes. Y no sé por que, esos chorros siempre te dan en la cara. Recibes de vez en cuando unos eructos grandiosos como si el aparato de aire acondicionado hubiese comido una fabada asturiana y tuviera ardores de estómago.
Ya saben ustedes el refrán aquel que dice: lo que quita el frío, quita el calor. Y aquí estoy yo, en pantalones largos, camiseta de franela, envuelto en una manta, con el balcón cerrado…
...y no sigo. Creo que me ha dado el colorín. Colorao.
LOS PANTALONES CORTOS.
Se está poniendo de moda y me molesta. Me refiero a los pantaloncitos cortos de los hombres que lucen, es un decir, por las capitales, como Madrid por ejemplo.
Llegas a una librería famosa y campanuda y el dependiente viste desvistiendo sus peludas piernas. Paras un taxi y además de tener que oír la radio que no te gusta, entablar una conversación que no te interesa; además de oler a pieses o a desodorantes automovilísticos –huelen igual- te das cuenta que lleva todos los pelos de las piernas al aire.
A lo mejor estás sentado tan ricamente en tu casa leyendo un libro y te aparece una visita en pantaloncito corto, eso si lleno de bolsillos que están llenos de cachivaches: el celular, la enorme llave del auto, las innumerables llaves de la casa, los kleenex, el abono transporte, y muchos incordiantes céntimos de euros que no sabemos nunca a quien endiñar.
Vas con la mejor voluntad del mundo a casa de un familiar después de haberte duchado y coloniado y tú querido familiar, pongo por ejemplo, te espera en pantalón corto para dar una vuelta. Él que tan bien se hace el nudo de la corbata para pagarle un café al chupatintas de la sucursal bancaria donde navega en el proceloso océano de las hipotecas, y los brillantes números rojos.
Los porteros de las casas que no son automáticos también comienzan a estrenar esta moda nefasta. Y los camioneros y los albañiles y los administrativos de Santa Lucía, la de los muertos. Y los notarios no sé por que no gasto.
Hoy he visto, bueno fue ayer pero es lo mismo, a un tipo, dicen que catedrático, con camisa de manga corta, pajarita, un chaleco de esos multibolsillar, mochila al hombro, País en mano, y pantaloncitos. La leche. Lo juro.
Un señor sordo que todos los días compra el ABC y tabaco rubio y viste de marca, ya los viernes utiliza los cortos pantalones.
Y señores provectos a mucha honra, caminan con su bastón y sus pantalones cortos camino de la Iglesia, creyéndose un boy scout cualquiera.
Vamos, que no. Que no me gusta. Que los pantalones cortos son antiestéticos, fuera de lugar. En la capital, trabajando o no; no. Quédese y disfrútese en su lugar playero o piscinero. Que para eso son.
Reportémonos, please. Es risible ver a un don nadie con sus pantaloncitos de marca -¡encima!, enseñando unos morcillos recién depilados, morenitos de estufa y relucientes de aceite. Deben de ser esos a los que llaman metrosexuales, aunque yo pensaba que estos metro -sexuales eran los que metían mano a las pibas en la línea 5, pero parece que no.
Buenos, pues no solo tengo que aguantar los pantalones cortos por las calles, si no que los chicos de mis chicas los utilizan ante mis narices sin la menos compasión hacia la mía vejez , tan señorial por otra parte.
Pero es que hoy me ha sucedido lo peor. No ha sido, que vá, que mi hijo vaya en calzoncillos, slips, o boxer por la casa (otra moda moderna) si no que al que yo creía kioskero modélico, recatado y honesto, me ha venido hoy con las piernas al aire y tan campante y unos nuevos pantaloncitos cortos, de confección no demasiado a la última moda. Tenga usted, (yo), un kioskero para esto. Muchos saberes, muchos idiomas. mucha Italia en sus huesos, mucha educación y muchos pelos en las piernas.
Vamos a ver, hombre. ¿Usted se operaría de hemorroides con un proctógolo vestido con pantalón corto y enseñando las varices alegremente? ¿Se confesaría, en caso de haber pecado, con un cisterciense de luenga barba y corto calzón? ¿Permitiría que Adriá, en shorts. le cocinase una trufa telúrica en salsa gasificada de espema de ballena blanca y espuma leve de heces de chanquetes torremolineros a la salsa fria de vino pajarero?
Pues yo protesto energicamente de la degradación que lleva el vestir, a la hora de trabajar, esos infames y de mal gusto pantalones cortos. Así que aunque hoy sea San Luis Gonzaga, hijo del Marques de Castiglione delle Stiviere, patrón de los jóvenes y jóvenas, yo no felicito a ese kioskero que a lo mejor sabe a quien me estoy refiriendo.
Que le den, oiga usted.
Llegas a una librería famosa y campanuda y el dependiente viste desvistiendo sus peludas piernas. Paras un taxi y además de tener que oír la radio que no te gusta, entablar una conversación que no te interesa; además de oler a pieses o a desodorantes automovilísticos –huelen igual- te das cuenta que lleva todos los pelos de las piernas al aire.
A lo mejor estás sentado tan ricamente en tu casa leyendo un libro y te aparece una visita en pantaloncito corto, eso si lleno de bolsillos que están llenos de cachivaches: el celular, la enorme llave del auto, las innumerables llaves de la casa, los kleenex, el abono transporte, y muchos incordiantes céntimos de euros que no sabemos nunca a quien endiñar.
Vas con la mejor voluntad del mundo a casa de un familiar después de haberte duchado y coloniado y tú querido familiar, pongo por ejemplo, te espera en pantalón corto para dar una vuelta. Él que tan bien se hace el nudo de la corbata para pagarle un café al chupatintas de la sucursal bancaria donde navega en el proceloso océano de las hipotecas, y los brillantes números rojos.
Los porteros de las casas que no son automáticos también comienzan a estrenar esta moda nefasta. Y los camioneros y los albañiles y los administrativos de Santa Lucía, la de los muertos. Y los notarios no sé por que no gasto.
Hoy he visto, bueno fue ayer pero es lo mismo, a un tipo, dicen que catedrático, con camisa de manga corta, pajarita, un chaleco de esos multibolsillar, mochila al hombro, País en mano, y pantaloncitos. La leche. Lo juro.
Un señor sordo que todos los días compra el ABC y tabaco rubio y viste de marca, ya los viernes utiliza los cortos pantalones.
Y señores provectos a mucha honra, caminan con su bastón y sus pantalones cortos camino de la Iglesia, creyéndose un boy scout cualquiera.
Vamos, que no. Que no me gusta. Que los pantalones cortos son antiestéticos, fuera de lugar. En la capital, trabajando o no; no. Quédese y disfrútese en su lugar playero o piscinero. Que para eso son.
Reportémonos, please. Es risible ver a un don nadie con sus pantaloncitos de marca -¡encima!, enseñando unos morcillos recién depilados, morenitos de estufa y relucientes de aceite. Deben de ser esos a los que llaman metrosexuales, aunque yo pensaba que estos metro -sexuales eran los que metían mano a las pibas en la línea 5, pero parece que no.
Buenos, pues no solo tengo que aguantar los pantalones cortos por las calles, si no que los chicos de mis chicas los utilizan ante mis narices sin la menos compasión hacia la mía vejez , tan señorial por otra parte.
Pero es que hoy me ha sucedido lo peor. No ha sido, que vá, que mi hijo vaya en calzoncillos, slips, o boxer por la casa (otra moda moderna) si no que al que yo creía kioskero modélico, recatado y honesto, me ha venido hoy con las piernas al aire y tan campante y unos nuevos pantaloncitos cortos, de confección no demasiado a la última moda. Tenga usted, (yo), un kioskero para esto. Muchos saberes, muchos idiomas. mucha Italia en sus huesos, mucha educación y muchos pelos en las piernas.
Vamos a ver, hombre. ¿Usted se operaría de hemorroides con un proctógolo vestido con pantalón corto y enseñando las varices alegremente? ¿Se confesaría, en caso de haber pecado, con un cisterciense de luenga barba y corto calzón? ¿Permitiría que Adriá, en shorts. le cocinase una trufa telúrica en salsa gasificada de espema de ballena blanca y espuma leve de heces de chanquetes torremolineros a la salsa fria de vino pajarero?
Pues yo protesto energicamente de la degradación que lleva el vestir, a la hora de trabajar, esos infames y de mal gusto pantalones cortos. Así que aunque hoy sea San Luis Gonzaga, hijo del Marques de Castiglione delle Stiviere, patrón de los jóvenes y jóvenas, yo no felicito a ese kioskero que a lo mejor sabe a quien me estoy refiriendo.
Que le den, oiga usted.
LA CALOR.
Unos cantaban la samba con Carlinhos Brown, otros danzaban familia arriba, homosexuales abajo, y los más, bailábamos con la más fea, que ayer tarde era la calor.
Mi barrio, que es barrio construido sobre cementerios, estaba muerto. Me di mi paseito de todas las tardes sin agobios de gente ni coches ni leches. Pude pararme ante la placa, que en una esquina de Escosura, dice que por estos andurriales se pegó un tiro el gran Larra.
Y sabiendo, oliendo lo que el Presidente, por accidente, Rodríguez va a llamar a toda esa gente que se ha ido de este y otros barrios a la manifestación familiar, recordé unos versitos de Larra en los que he cambiado el Fabio original por el Rodríguez actual; dicen así y así acabo hoy que también hace de calores una pechá.
Llamas, Rodríguez, a tu papel
con petulancia sagrado,
por eso se alberga en él,
Rodríguez mío, tanto malo.
Si has de poner por justicia
a cuantos te llaman necio,
no nos pongas uno a uno,
pon, Rodríguez, al público entero.
Mi barrio, que es barrio construido sobre cementerios, estaba muerto. Me di mi paseito de todas las tardes sin agobios de gente ni coches ni leches. Pude pararme ante la placa, que en una esquina de Escosura, dice que por estos andurriales se pegó un tiro el gran Larra.
Y sabiendo, oliendo lo que el Presidente, por accidente, Rodríguez va a llamar a toda esa gente que se ha ido de este y otros barrios a la manifestación familiar, recordé unos versitos de Larra en los que he cambiado el Fabio original por el Rodríguez actual; dicen así y así acabo hoy que también hace de calores una pechá.
Llamas, Rodríguez, a tu papel
con petulancia sagrado,
por eso se alberga en él,
Rodríguez mío, tanto malo.
Si has de poner por justicia
a cuantos te llaman necio,
no nos pongas uno a uno,
pon, Rodríguez, al público entero.
ESCRIBID UN HAIKU.
Un viejo estanque.
Se zambulle una rana,
ruido de agua.
Es un haiku, o jaiku o haikú de Matsuo Bashô. Quizas el más famoso y bello haiku del viejo y eterno poeta japonés muerto de disentería en 1694 y cuyo último poema es
Habiendo enfermado en el camino,
mis sueños merodean
por páramos yermos.
¿Y que es un haiku? Haijim dice que es una apreciación directa de un acontecimiento trivial que llama la atención al poeta. Otros afirman que es una súbita iluminación del instante. De un instante. Es una ráfaga que pasa y se va. Sólo queda en el alma del poeta si es capaz de reflejarlo en el papel con diez y siete silabas; nunca más. (Traducidos del japonés es diferente). Y además no tienen rima.
Pero cuidado. No es una metáfora por bella e irreal que sea, no. Un haiku no explica nada, no tiene por que explicar nada. Cuenta, narra, define, siente un momento fugaz.
Puede ser alegre, religioso, jocoso, superficial... Pura esencia, pura poesía. Quizás alguna copla de Machado, Don Antonio, se asemeja a un haiku.
Junto al agua negra,
olor de mar y jardines.
Noche malagueña.
José Juan Tablada (México 1871-1945) sea quizás unos de los mejores poetas en lengua castellana dedicado con devoción al haiku.
Nocturnas mariposas
se desprenden de las paredes,
grises como la hora.
Y también aquel,
Lágrimas que vertía
la prostituta negra,
blancas...¡como las mías!
El haiku es un canto a la naturaleza. La literatura más ecologista. Los haiku se dividen por estaciones. Primavera, alegría. Verano, vivacidad, Otoño, melancolía. Invierno, tranquilidad.
Y diez y siete silabas. 5-7-5. O aproximadamente puede aceptarse. Y sin rima.
¿Alguien es capaz de escribir un haiku? ¡Claro que sí! Probad. Es muy hermoso. Mandármelo, ¿hace? Aquí espero.
He escrito dos, hoy; malos como míos.
El viento frío
entra por la rendija.
Duele el alma.
------------------
El gato araña
la puerta cerrada.
¿Enamorado?
Y uno de propina para mis malagueños:
En calle Camas,
dormitan viejas putas
y esperanzas.
Se zambulle una rana,
ruido de agua.
Es un haiku, o jaiku o haikú de Matsuo Bashô. Quizas el más famoso y bello haiku del viejo y eterno poeta japonés muerto de disentería en 1694 y cuyo último poema es
Habiendo enfermado en el camino,
mis sueños merodean
por páramos yermos.
¿Y que es un haiku? Haijim dice que es una apreciación directa de un acontecimiento trivial que llama la atención al poeta. Otros afirman que es una súbita iluminación del instante. De un instante. Es una ráfaga que pasa y se va. Sólo queda en el alma del poeta si es capaz de reflejarlo en el papel con diez y siete silabas; nunca más. (Traducidos del japonés es diferente). Y además no tienen rima.
Pero cuidado. No es una metáfora por bella e irreal que sea, no. Un haiku no explica nada, no tiene por que explicar nada. Cuenta, narra, define, siente un momento fugaz.
Puede ser alegre, religioso, jocoso, superficial... Pura esencia, pura poesía. Quizás alguna copla de Machado, Don Antonio, se asemeja a un haiku.
Junto al agua negra,
olor de mar y jardines.
Noche malagueña.
José Juan Tablada (México 1871-1945) sea quizás unos de los mejores poetas en lengua castellana dedicado con devoción al haiku.
Nocturnas mariposas
se desprenden de las paredes,
grises como la hora.
Y también aquel,
Lágrimas que vertía
la prostituta negra,
blancas...¡como las mías!
El haiku es un canto a la naturaleza. La literatura más ecologista. Los haiku se dividen por estaciones. Primavera, alegría. Verano, vivacidad, Otoño, melancolía. Invierno, tranquilidad.
Y diez y siete silabas. 5-7-5. O aproximadamente puede aceptarse. Y sin rima.
¿Alguien es capaz de escribir un haiku? ¡Claro que sí! Probad. Es muy hermoso. Mandármelo, ¿hace? Aquí espero.
He escrito dos, hoy; malos como míos.
El viento frío
entra por la rendija.
Duele el alma.
------------------
El gato araña
la puerta cerrada.
¿Enamorado?
Y uno de propina para mis malagueños:
En calle Camas,
dormitan viejas putas
y esperanzas.
MI MANIFESTACIÓN.
Que si matrimonio, que si no. Supongo que habrá que mojarse, no se puede quedar uno con cara de bobo mirando el más allá del cielo o la tierra. Y viéndolas venir.
No. Mi no rotundo al matrimonio homosexual. Y un si más rotundo todavía a que se busque otro nombre pero que no quite ninguna de las ventajas sociales que el matrimonio en general conlleva, (yo dudo que tenga alguna pero hay gente pá tó).
Todo igual. Pero sin ser matrimonio por una simple cosita: porque no lo es. El diccionario habla de una unión de un hombre y una mujer, concertada mediante determinados ritos o formalidades legales.
Pero el diccionario es lo de menos. Desde miles de años atrás, todas, t-o-d-a-s, las civilizaciones han considerado que el matrimonio es cosa de un hombre y una mujer. Las muy escasas excepciones confirman los hechos.
Dejemos que se unan los homosexuales con los mismos efectos legales que los heterosexuales. Quizás, y sin quizás, la única duda que tengo es la adopción. Pero es un tema muy delicado que los expertos aún no pueden afirmar categóricamente si sí o si no.
No al matrimonio, pues, venga, digo yo, aunque a nadie importe mi opinión.
Y luego está lo de la manifestación. A mí me parece muy bien que vaya quien quiera, si van los obispos ¿por qué no? Quedamos que son hombres como todos. La libertad es para todo. ¿En que estamos cayendo? Yo me manifiesto pero tú no. Venga hombre. Nadie me hace caso cuando digo desde mucho tiempo atrás que nos estamos quedando sin libertad. Nadie tiene autoridad de impedirme ir a la calle y vociferar. El pueblo, por que eso somos, coño, es soberano de expresarse. Tiene derechos adquiridos. Y ni el Presidente, accidental, del Desgobierno, Sr. Rodríguez, es quien para decir esta boca es mía ante una manifestación legal.
Que vayan obispos y monjas. Taxistas y Consejeros de Administración. Toreros y putas. Fontaneros y agricultores. Unos y otros. Y los de más allá. Pero conmigo, que no cuenten.
Estoy en contra de que la calle sea un patio de vecinos mal avenidos. Me asustan las multitudes –o sea, más de dos-. No me encuentro a gustito con pancartas y pareados infames. Nadie me buscará; así que tranquilo, tronqui. Viajes y bocatas pagados, visita a la ciudad, ¿dónde está el Bernabeu? Y luego todas las manifestaciones acaban con la estupidez esa del bota, bota, gilipuerta el que no bota, como las fiestas de fin de año terminan con la conga de Jalisco
Y encima, viviendo en Madrid, te cortan la ciudad de medio a medio.
Manifestaciones. Contra esas si que me voy a manifestar.
No. Mi no rotundo al matrimonio homosexual. Y un si más rotundo todavía a que se busque otro nombre pero que no quite ninguna de las ventajas sociales que el matrimonio en general conlleva, (yo dudo que tenga alguna pero hay gente pá tó).
Todo igual. Pero sin ser matrimonio por una simple cosita: porque no lo es. El diccionario habla de una unión de un hombre y una mujer, concertada mediante determinados ritos o formalidades legales.
Pero el diccionario es lo de menos. Desde miles de años atrás, todas, t-o-d-a-s, las civilizaciones han considerado que el matrimonio es cosa de un hombre y una mujer. Las muy escasas excepciones confirman los hechos.
Dejemos que se unan los homosexuales con los mismos efectos legales que los heterosexuales. Quizás, y sin quizás, la única duda que tengo es la adopción. Pero es un tema muy delicado que los expertos aún no pueden afirmar categóricamente si sí o si no.
No al matrimonio, pues, venga, digo yo, aunque a nadie importe mi opinión.
Y luego está lo de la manifestación. A mí me parece muy bien que vaya quien quiera, si van los obispos ¿por qué no? Quedamos que son hombres como todos. La libertad es para todo. ¿En que estamos cayendo? Yo me manifiesto pero tú no. Venga hombre. Nadie me hace caso cuando digo desde mucho tiempo atrás que nos estamos quedando sin libertad. Nadie tiene autoridad de impedirme ir a la calle y vociferar. El pueblo, por que eso somos, coño, es soberano de expresarse. Tiene derechos adquiridos. Y ni el Presidente, accidental, del Desgobierno, Sr. Rodríguez, es quien para decir esta boca es mía ante una manifestación legal.
Que vayan obispos y monjas. Taxistas y Consejeros de Administración. Toreros y putas. Fontaneros y agricultores. Unos y otros. Y los de más allá. Pero conmigo, que no cuenten.
Estoy en contra de que la calle sea un patio de vecinos mal avenidos. Me asustan las multitudes –o sea, más de dos-. No me encuentro a gustito con pancartas y pareados infames. Nadie me buscará; así que tranquilo, tronqui. Viajes y bocatas pagados, visita a la ciudad, ¿dónde está el Bernabeu? Y luego todas las manifestaciones acaban con la estupidez esa del bota, bota, gilipuerta el que no bota, como las fiestas de fin de año terminan con la conga de Jalisco
Y encima, viviendo en Madrid, te cortan la ciudad de medio a medio.
Manifestaciones. Contra esas si que me voy a manifestar.
UNA TARDE. UN LIBRO. UN PERIODICO.
La verdad es que llevo todo el tiempo libre de hoy leyendo un interesante libro, todos los libros per se son interesantes, sobre Emilio Romero.
Emilio Romero fue director del diario “Pueblo”. Un director prepotente, mujeriego, cabroncete y gran periodista. Logró de “Pueblo” lo que nadie habría conseguido. Sus tiradas vespertinas impresionaban.
Romero –alguien dijo- era la extrema izquierda de la extrema derecha. Le amaban tanto como era odiado. Le podían subir a un altar o asesinarle en cualquier acera.
Fue maestro de periodistas. Hermida, Yale, la Rigalt, García el butanito, Raúl del Pozo, Carrascal, de la Motta, Navalón, Merino, muchos.
Por el sofá de su despacho pasaron casi toda la nómina de folclóricas. Estaba casado con tres hijos; tenia una amante y una niña de ella; y llevaba por todo Madrid a su amante Sara Lezama.
El libro, sus intríngulis, son apasionantes para los que conocimos aquel periódico y aquellos trabajadores. En la redacción había una “guisquería” donde una vez tomé una cerveza rodeado de aquellos grandes periodistas que yo envidiaba.
He pasado una hermosa tarde recordando, sobre todo el miedo que me daba subir en un extraño ascensor que era una serie de cangilones, como los de la noria, que nunca paraban. Te subías y te apeabas en marcha, claro. Más de uno de la redacción después de haber pasado por la “guisquería”, daba con su cara en el limpio suelo.
El más grande periodista del “Pueblo” era Sesé, el telefonista. Y Sesé si que merece un gran libro. Tendrán que escribirlo.
“Pueblo”. Huertas, 73. Madrid.
Hace ya demasiados años.
Emilio Romero fue director del diario “Pueblo”. Un director prepotente, mujeriego, cabroncete y gran periodista. Logró de “Pueblo” lo que nadie habría conseguido. Sus tiradas vespertinas impresionaban.
Romero –alguien dijo- era la extrema izquierda de la extrema derecha. Le amaban tanto como era odiado. Le podían subir a un altar o asesinarle en cualquier acera.
Fue maestro de periodistas. Hermida, Yale, la Rigalt, García el butanito, Raúl del Pozo, Carrascal, de la Motta, Navalón, Merino, muchos.
Por el sofá de su despacho pasaron casi toda la nómina de folclóricas. Estaba casado con tres hijos; tenia una amante y una niña de ella; y llevaba por todo Madrid a su amante Sara Lezama.
El libro, sus intríngulis, son apasionantes para los que conocimos aquel periódico y aquellos trabajadores. En la redacción había una “guisquería” donde una vez tomé una cerveza rodeado de aquellos grandes periodistas que yo envidiaba.
He pasado una hermosa tarde recordando, sobre todo el miedo que me daba subir en un extraño ascensor que era una serie de cangilones, como los de la noria, que nunca paraban. Te subías y te apeabas en marcha, claro. Más de uno de la redacción después de haber pasado por la “guisquería”, daba con su cara en el limpio suelo.
El más grande periodista del “Pueblo” era Sesé, el telefonista. Y Sesé si que merece un gran libro. Tendrán que escribirlo.
“Pueblo”. Huertas, 73. Madrid.
Hace ya demasiados años.
FUSIÓN.
Vivimos rodeados de gentes de más allá de los mares, desiertos y montañas. Gente mora, cristiana, amarilla. Hablamos de ellos pero no con ellos. Aquí, en el Madrid abierto y amistoso, cierran calles y parques los domingos para que bailen sus bailes y coman sus comidas y enseñen a sus hijos jugar como aquí no se juega.
Se van los barrios llenando de colores cada vez más calientes y de rezos que no hemos cantado nunca, si a caso aquellos rezares de la Misa Campesina de Carlos Mejía Godoy. Las escaleras no huelen a cocidito madrileño y floridas y extrañas frutas aparecen por los mostradores de tiendas en las que nunca entramos por verguenza.
Nos hacía gracia el aguacate y los rollitos primavera. Que exótico, decíamos por entonces, y volvíamos a nuestra mesa de siempre con la manzana reineta y la humilde empanadilla.
La fusión. Llevamos fusionándonos desde Atapuerca. Unas veces con mayor tino que otras. Y nunca hemos protestado mucho. Al revés. Colonizamos América a base de engendrar mestizos a todas horas.
Y a todas horas, hoy, nos separamos más de los inmigrantes. Están haciendo ghetos donde los nativos no podemos entrar. Se van cerrando y ¿quieren colonizarnos ahora ellos? Creo que muchos, demasiados, ni lo intentan ni quieren. Se apartan. ¿O somos nosotros? Se apartan. ¿Será una táctica? El día que digan aquí estoy yo...
Los chinos, en cambio, son más calladitos. ¿Por donde pasean? ¿Dónde se mueren? No hay chinos en los ambulatorios ni en las plazas domingueras. No quieren contaminar su cultura. Les sobra vivir con el todo a cien y el cerdo agridulce. Los patos del río Manzanares y del lago de la Casa de Campo ya están laqueados todos en las cocinas de los restaurantes que afloran como las margaritas. ¿Se comen margaritas en los chinos? ¿Comen paella los chinos? ¿Juegan a los chinos, los chinos?
Yo no sé nada de estos chinos que me rodean. Vivo entre chinos sabiéndolo y desconociéndoles. Me venden las pilas más baratas y los CD piratas. Y me tutean. Pero fuera de las tiendas no hay chinas ni chinos. Y mira que se les nota. Pues nada. Son anónimos. Son los únicos seres del mundo que no entran en El Corte Inglés ni en Prycafeur. Me gustaría, (ay, perdónenme), ver un entierro chino, una boda china, un parto chino. Sólo así creeré que no sueño; que esos miles de chinos que me rodean son en verdad chinos. Chinita tú, chinita yo.
Y acabo. Esta mañana misma, iba un muchacho entrado ya en la treintena, con su calabaza y su bombilla, tomando mate, la hierba del demonio según decía la Santa y Antigua Madre la Iglesia. Y además llevaba colgando al hombro un bidón con agüita para seguir cargando el mate.
Estamos ya viviendo otro cambio en nuestra sociedad. Vamos a trastocar nuestras costumbres ancestrales. ¿Será para bien?
A mí, al menos, el mate me gusta. Me lo ha regalado un amigo argentino. Una japonesita me va a hacer tofu teriyaki cualquier tarde, y el pan nuestro de cada día, dánoslo hoy, me lo hace un moro de los de Alá.
Sólo me falta lo del negro. Ay, mamá, ¿qué es lo que tendrá el negro?
DON JAIME.
HA
MUERTO
DON JAIME
CAMPMANY.
Sus últimos versos publicados en ABC son estos
Dará doña Carmen Cál-
la ministra de Incultú-,
el Archivo a Catalú-,
quiera o no quiera el alcál-.
Lo dará, además, de bál-,
pues así Carod-Roví-
podrá tener un Archí-
con recuerdos de la gué-
que hubo en un país pequé-
cuajado de españolí-".
Descanse en la paz, Don Jaime. Hoy muchos lloramos de ausencia y penas, pero allá lejos, a donde vaya, se regozijará Quevedo y como viejos troveros se lo pasaran en grande poniendo a parir, merecidamente, a tantos gilipollas que andan sueltos por el mundo.
Que su nueva vida le sea propicia.
MUERTO
DON JAIME
CAMPMANY.
Sus últimos versos publicados en ABC son estos
Dará doña Carmen Cál-
la ministra de Incultú-,
el Archivo a Catalú-,
quiera o no quiera el alcál-.
Lo dará, además, de bál-,
pues así Carod-Roví-
podrá tener un Archí-
con recuerdos de la gué-
que hubo en un país pequé-
cuajado de españolí-".
Descanse en la paz, Don Jaime. Hoy muchos lloramos de ausencia y penas, pero allá lejos, a donde vaya, se regozijará Quevedo y como viejos troveros se lo pasaran en grande poniendo a parir, merecidamente, a tantos gilipollas que andan sueltos por el mundo.
Que su nueva vida le sea propicia.
LOS NIÑOS DE LAS AMOTOS.
No me gustan las motos. Desde siempre. Nunca he sentido esa llamada. Tampoco me gustan los Campeonatos Mundiales que se retransmiten. Los dejé cuando los doce más uno de Nieto. Ahora sigo algo, pero poco. Al menos me quitaron a aquel Requena de mis pecados que todo lo equivocaba.
Últimamente estoy interesado en ver a Pedrosa. Me parece que es un fuera de serie y que llegará al más allá del triunfo. Es sensato, valiente y técnico como Angel Nieto cuando era el mejor.
Actualmente van a correr motoristas con chupete. Cada vez son no más jóvenes, si no más niños. Me parece un poco exagerado. Los monos que se ponen para correr llevan hasta el dodotis incorporado; nada de bebidas isotónicas, son mejor los potitos de verduras.
Uno de estos chaveas gano el otro día el poder subirse al podium. Quedó segundo o tercero. Y el niño se subió con un chupa chups en la boca que, mal educado, no se quitó ni cuando sonaba el himno de su país. Y a mí esas pequeñas cosas me molestan por que indican que algo no va bien.
Exactamente. Días antes a las carreras de hoy le hacen al chaval una entrevista y tiene los santos huevecillos de decir que si Pedrosa es esto o lo otro. Que él... Que si Pedrosa es algo es porque no estaba él. Que se lo iba a comer. Etcétera absurda, engreída y mal educada.
Esta mañana, el niño, el chaval, el del chupachups, se ha caído del guindo y de la moto. Se hizo daño, lo siento. Que se mejore le deseo de corazón. Y cuando vuelva, con más mas modestia, que falta le hace al mocoso. Todas las cosas necesitan sazón y esta llega cuando tiene que llegar. Podrá ser un campeón, ojalá; pero ahora se queda en un meoncete más.
Pedrosa ganó. Si ya sé que también empezó joven. Opino lo mismo. ¿Qué van a dejar para cuando sean viejos? Por que estos motoristas serán viejos con veinticinco años. ¿Y?
Creo que los triunfos les vienen muy pronto y que deberán tener una cabeza muy bien amueblada para que cuando sean hombres sepan donde colocarse en la vida.
En el fondo me dan pena. Cada vez hay más deportistas de élite que sin cumplir los treinta ya son ídolos caídos, olvidados juguetes rotos. Toda la vida por delante para rumiar un triunfo que fue y que la gente (somos crueles) ya tiene olvidado.
Dejemos que la vida siga sus pasos. Que es sabia. Que sabe lo que pasa por querer correr más de la cuenta aunque sea en una moto.
Y estos niños, al colegio. Bueno, la verdad, no sé lo que será peor, tal como está la enseñanza.
Últimamente estoy interesado en ver a Pedrosa. Me parece que es un fuera de serie y que llegará al más allá del triunfo. Es sensato, valiente y técnico como Angel Nieto cuando era el mejor.
Actualmente van a correr motoristas con chupete. Cada vez son no más jóvenes, si no más niños. Me parece un poco exagerado. Los monos que se ponen para correr llevan hasta el dodotis incorporado; nada de bebidas isotónicas, son mejor los potitos de verduras.
Uno de estos chaveas gano el otro día el poder subirse al podium. Quedó segundo o tercero. Y el niño se subió con un chupa chups en la boca que, mal educado, no se quitó ni cuando sonaba el himno de su país. Y a mí esas pequeñas cosas me molestan por que indican que algo no va bien.
Exactamente. Días antes a las carreras de hoy le hacen al chaval una entrevista y tiene los santos huevecillos de decir que si Pedrosa es esto o lo otro. Que él... Que si Pedrosa es algo es porque no estaba él. Que se lo iba a comer. Etcétera absurda, engreída y mal educada.
Esta mañana, el niño, el chaval, el del chupachups, se ha caído del guindo y de la moto. Se hizo daño, lo siento. Que se mejore le deseo de corazón. Y cuando vuelva, con más mas modestia, que falta le hace al mocoso. Todas las cosas necesitan sazón y esta llega cuando tiene que llegar. Podrá ser un campeón, ojalá; pero ahora se queda en un meoncete más.
Pedrosa ganó. Si ya sé que también empezó joven. Opino lo mismo. ¿Qué van a dejar para cuando sean viejos? Por que estos motoristas serán viejos con veinticinco años. ¿Y?
Creo que los triunfos les vienen muy pronto y que deberán tener una cabeza muy bien amueblada para que cuando sean hombres sepan donde colocarse en la vida.
En el fondo me dan pena. Cada vez hay más deportistas de élite que sin cumplir los treinta ya son ídolos caídos, olvidados juguetes rotos. Toda la vida por delante para rumiar un triunfo que fue y que la gente (somos crueles) ya tiene olvidado.
Dejemos que la vida siga sus pasos. Que es sabia. Que sabe lo que pasa por querer correr más de la cuenta aunque sea en una moto.
Y estos niños, al colegio. Bueno, la verdad, no sé lo que será peor, tal como está la enseñanza.
JOSÉ ANTONIO MUÑOZ ROJAS.
Paseando ayer tarde con mi hija la exilada voluntaria en La Serna, llegamos hasta una de estas macro librerías que florecen por las ciudades como antes brotaban lupanares y otros centros de mal vivir.
No se me encabriten porque compare (y si encuentra algo mejor...) librerías y lupanares. Las dos son casas de perdición. Cada una en su especie, pero de perdición.
Actualmente las librerías están llenas de libros que nadie lee. De libros uno y otro igual al otro y al uno. Ahora un tema, la podredumbre del Vaticano por ejemplo, y miles de libros sobre las mismas mentiras. ¿Da Vinci? Miles. ¿La sábana santa? Pues cientos. Millones, ni que fueran las sábanas del Burrito Blanco que tanto se usaron para, sobre ellas, engendrar generaciones enteras. Esas sábanas si que tenían misterio e historia y hasta prosopopeya.
Las librerías de corte actual sólo tienen los últimos libros editados (que son muchos, verdad es) y ya no les queda aquellos restos que buscábamos por las estanterías llenas de polvo. ¿Hay algo más hermoso que oler el polvo de los libros viejos? Algún cachondo dirá que el polvo del camino, la Blanca Paloma le proteja.
Ya no se piden los libros por su autor, o su titulo, incluso por un tema muy concreto. Ahora te preguntan ¿sabe usted el ISBN? Antes el librero era culto y amante de los libros. Ahora son despachadores, o mejor, sírvaselo Usted mismo y pague en la planta baja (moda FNAC), y no me pregunte, plis, que a mi lo me gustan son los discos, colegui, y amás pá lo que paga la empresa...
Bueno, pues en una librería así, llenita de los diez más vendidos, en un rincón, olvidado, no descansaba la consabida arpa, si no un opúsculo (no estoy insultando a la santa Obra) pequeñito, muy bien encuadernado, con las páginas cerradas que he tenido que abrir con gratísimo placer y con plegadera de madera, del siempre admirable, maravilloso, asombrador José Antonio Muñoz Rojas; mi antequerano, mi poeta; mi viejecito querido, ensoñado poeta.
El librito se llama RESCOLDOS y ha sido puesta al publico por la editorial sevillana Point de Lunettes. En él, se publica una carta del autor conocida como Carta de Gredos en la que habla de la perfección cristiana y en general.
Y tiene un párrafo que es la definición para mí de sus libros y poemas. Dice: “Estoy hablando simplemente de perfección, de ese redondamiento de cualquier hecho que nos hace decir perfecto, lo mismo ante una tarde hermosa, que ante una acción heroica, que ante un poema logrado. Un encaje total, el agua justa para el vaso, el color debido en el cielo, el verde preciso de la estación. La palabra en su momento. La palabra verdadera. Perfecto”.
Tiene Muñoz Rojas un libro en prosa titulado LAS COSAS DEL CAMPO. Creo que fue Alfonso Ussía quien ha dicho que es el libro más ecológico escrito nunca. Y bellísimo. Están en la choza los hijos del melonero y él mismo esperando recolectar el primer melón y escribe
“Y el primer melón los pondrá perdidos de churretes, goteantes las manos de azúcar líquida, brillantes los ojos.
Los ojos del padre espían otra cosa. Dice:
-Veremos a ver si los melones estos nos visten o no nos visten”.
¿No es un retrato perfecto del agricultor y de la agricultura?
En OBJETOS PERDIDOS se lee:
Dónde puede dejarse el alma, dónde?
Dónde dejarse el alma si no hay dónde.
En un lugar de un momento cualquiera
según vamos caminando, en un verso guardada;
en cualquier tarde de éstas caminando;
en una tal vez mirada que nos mira;
en cualquier labio, en una calle cualquiera
de cualquier parte, sin saberlo.
Por favor, entrad en una librería, en librería buena y seria, y comprad, hacedme esa merced, cualesquiera de los libros de Muñoz Rojas. Veréis que el mundo es otra cosa. ¡Qué candor sublime cuando canta a su pueblo!
Pasos amados, polvo de mis gentes,
fueron ascuas a mis días,
hoy rescoldo cuando atardece.
UFFF...
Si me pusiera a escribir hoy del Padre Jony, que es un cura muy simpaticote, cuyo lema es Jesús, paz y rock & roll, que tiene un grupo llamado Seminari Boys , y una canción titulada Vive la aventura, hazte cura, pues a lo mejor a alguien, o a muchos, o a ninguno, le importaba un pimiento. Como a mí.
Si me pusiera a escribir hoy del malísimo partido de ayer todo el mundo me diría que la culpa es de Aragonés, cuando yo lo que quería decir es que el Estudiantes jugó muy mal los cinco últimos segundos y por eso perdió.
Si me pusiera a escribir hoy de que han despedido miserablemente a Torres Dulce de su puesto de Fiscal del Tribunal Supremo lo haría sin hablar de su faceta jurídica y sí de su sapiencia cinematográfica que es la mayor de este Reino y que me hace despertar muchos viernes para oírle en la madrugada popular.
Si me pusiera a escribir hoy del Cristo de la Salud, de mí Málaga querida, tendría que decir que le hicieron un TAC y le han descubierto que en la cabeza tiene algún, al parecer, documento. Y no sería nada del otro mundo. Fraga, dicen, que sin ser Dios, tiene en la cabeza el Estado.
Si me pusiera a escribir hoy de que los moros no dejan entrar en su país a nuestros senadores, -nosotros sí a sus pateras llenas-, y que nuestro ministro Moratinos, (ese que le gusta el Burdeos más que el Vega Sicilia), abraza a los jefazos moros, (ji, ji; ja, ja) y no protesta si no que le parece relativamente bien; si me pusiera escribir, digo, de la morería andante, algún amigo que se ha bajado al moro, me lo tendría en desconsideración hacia él. Y Alá me libre.
Si me pusiera a escribir hoy de las naderías que algunos políticos han referido en sus conclusiones del atentado de Atocha, se me revolverían las tripas y entresijos como a los muertos de los que ZetaPe dice que “trágicamente no podemos conocer la última voluntad de las victimas”, continuando sin saber que las victimas no son sólo los muertos (y menos sólo los muertos de la Señora Manjón), si no los que quedaron vivos que son demasiados.
Si me pusiera a escribir hoy pues la verdad no sé sobre que elucubraría. Es que con esta pertinaz sequía hasta se me seca la sesera, y no veo a mi alrededor nada que merezca la pena.
Si me pusiera a escribir hoy... Ufff, no tengo ganas.
POLITICA BUCAL.
William Jefferson Blythe (III). El individuo que nació con este nombre, por razones que no vienen al caso, ahora es conocido como Billy Clinton.
Creo, además, que fue Presidente de los Estados Unidos de América.
Pero por lo que en verdad -en verdad te digo- que fue conocido mundialmente es por una copla que le cantaron en el Carnaval de Cádiz.
“Billy Clinton dijo a Hillary Clinton
harto güisky:
Hillary Clinton perdóname
por lo de Lewinsky.
Hillary Clinton cogió a
Billy Clinton y le dijo:- Clinton:
como me lo hagas otra vez
vi´a partirme el coño
con tó´Washington.
Bueno, pues este personaje desde que dejó de presidir la nación más poderosa del mundo, después de que la Lewinsky hablará con la boca llena, pues ya nadie le hace ni caso. Va por ahí dando conferencias y de vez en cuando se le ve con su niña. (Que por cierto, es más fea que Picio, a quien, de feo que era, le dieron la Unción con caña por lo asustado que estaba el cura de Lanjarón o Granada que no recuerdo donde murió).
Y para demostrar lo incapaz que es, para que veamos su estupidez, para confirmarnos que fue un Presidente nefasto, ha venido a España y ha dicho a Zetape: “Basándome en tu impresionante historial, tu presencia es esencial para atajar los problemas más graves a los que se enfrenta la Humanidad”. Y le invita a pasar tres días en Nueva York “por que así podremos empezar a construir un mundo distinto”.
Toma Jeroma, pastillas de goma que son pá la tos.
Juro que lo ha dicho. Y como está todo dicho ¿qué voy a decir yo?
Y oyendo todas esas cosas que Clinton, ignorante, le decía; a nuestro, no menos ignorante Zetape, se le hacía la boca agua. Igualito que a la Lewinsky.
¿NO ESTARÍA MEJOR EN ELBA?
Punta Ala es un puerto deportivo de la costa mediterránea italiana. Creo que está frente por frente a la isla de Elba, de buen recuerdo para Napoleón.
Y es un puerto deportivo, como todos los puertos deportivos. Selecto, pijín, y supongo que con derecho a admisión. Yates de todas las calañas y yateros de las mejores marcas y familias, allí se han reunido para hablar de sus cosas, arriar las velas e izar las vergas (las marineras, mal pensados… y acertaran).
También ha ido ese juguetito del Rey de España que se llama Bribón XIII. (Como hoy no tengo muchas ganas no voy a jugar con las palabras: bribón, borbón, bourbon, trece… Ustedes ya me entienden, guapetones).
Pues allí está el Bribón y el Borbón y todos los tripulantes ¿a que no saben para qué? Yo lo cuento, que lo he visto en la afoto con estos ojitos verdes como el trigo verde que se han de comer la tierra o la tierra a ellos cuando la diñe.
Están en fila todos con unos uniformes diseñados por Giorgio Armani. Chaqueta sin solapas, al estilo Mao. Y el Rey de todos los españoles en medio también uniformado. ¿Por qué? ¿A quedado para top-model? ¿Está haciendo publicidad a alguien? ¿Es serio esto?
A mí no me lo parece. Como no me parece que vaya por esos montes y cotos matando bichos en propiedades de ricos hacendados que luego van a dar con sus huesos a la cárcel dejando el condado a buen recaudo.
¿El que los Albertos no estén ya en Alcala-Meco tienen que ver estas cacerías? ¿La motora esa que le regalaron los empresarios a cambio de…?
No, queridos. Ya sé que hablo de lugares comunes, que escribo demagógicamente, pero ¿digo algo que no pensemos la mayoría de la gente normal?
A mí me parece muy bien que esté en París para abrazar a Nadal, es su obligación. Como obligación era el que se callase mientras sonaba el Himno Nacional.
Un rey tiene que parecerlo. Y tenemos uno que no lo parece. No se puede ser amante del politiqueo y politiquear por los adentros. No se puede ser modelo ni soporte para la publicidad. Su única publicidad es España. No la de los barquitos, los cochecitos, y los niñitos. Que no. Y los discursos políticos, sin política. Con gaseosa. Y de la mejor. Un rey tiene que lograr que los ciudadanos (¿me estaré convirtiendo en un zETApe cualquiera?) no tengan ni asomo de duda sobre su comportamiento moral y sobre su neutralidad política.
Y yo la tengo. Por eso, estando tan cerca de Elba ¿por qué no se va allí? Vamos, digo yo a mi mismo yo.
Y es un puerto deportivo, como todos los puertos deportivos. Selecto, pijín, y supongo que con derecho a admisión. Yates de todas las calañas y yateros de las mejores marcas y familias, allí se han reunido para hablar de sus cosas, arriar las velas e izar las vergas (las marineras, mal pensados… y acertaran).
También ha ido ese juguetito del Rey de España que se llama Bribón XIII. (Como hoy no tengo muchas ganas no voy a jugar con las palabras: bribón, borbón, bourbon, trece… Ustedes ya me entienden, guapetones).
Pues allí está el Bribón y el Borbón y todos los tripulantes ¿a que no saben para qué? Yo lo cuento, que lo he visto en la afoto con estos ojitos verdes como el trigo verde que se han de comer la tierra o la tierra a ellos cuando la diñe.
Están en fila todos con unos uniformes diseñados por Giorgio Armani. Chaqueta sin solapas, al estilo Mao. Y el Rey de todos los españoles en medio también uniformado. ¿Por qué? ¿A quedado para top-model? ¿Está haciendo publicidad a alguien? ¿Es serio esto?
A mí no me lo parece. Como no me parece que vaya por esos montes y cotos matando bichos en propiedades de ricos hacendados que luego van a dar con sus huesos a la cárcel dejando el condado a buen recaudo.
¿El que los Albertos no estén ya en Alcala-Meco tienen que ver estas cacerías? ¿La motora esa que le regalaron los empresarios a cambio de…?
No, queridos. Ya sé que hablo de lugares comunes, que escribo demagógicamente, pero ¿digo algo que no pensemos la mayoría de la gente normal?
A mí me parece muy bien que esté en París para abrazar a Nadal, es su obligación. Como obligación era el que se callase mientras sonaba el Himno Nacional.
Un rey tiene que parecerlo. Y tenemos uno que no lo parece. No se puede ser amante del politiqueo y politiquear por los adentros. No se puede ser modelo ni soporte para la publicidad. Su única publicidad es España. No la de los barquitos, los cochecitos, y los niñitos. Que no. Y los discursos políticos, sin política. Con gaseosa. Y de la mejor. Un rey tiene que lograr que los ciudadanos (¿me estaré convirtiendo en un zETApe cualquiera?) no tengan ni asomo de duda sobre su comportamiento moral y sobre su neutralidad política.
Y yo la tengo. Por eso, estando tan cerca de Elba ¿por qué no se va allí? Vamos, digo yo a mi mismo yo.
LA SOLEDAD DE LA EXPLANADA DE LA ESTACION.
La Explanada de la Estación ya se ha quedado sola. Ni trenes, ni ferroviarios, ni raterillos, ni coches de caballos, y ahora se va La Cena y la Virgen de la Paz. Media vida se me va a mí también de aquellos lugares tan percheleros y tan queridos.
Y se fue con retraso la Hermandad ferroviaria, como debe ser. Un retraso de no quererse ir. ¿Dónde nos van a tratar mejor que aquí? Estaremos en otro lugar pero fuera de cacho. Fuera de nuestro cacho. Ese cacho que aún huele a humo y la carbonilla se mete en los ojos como cuando por el Chorro no podían las locomotoras con su alma. Ese cacho viejo, entrañable, azul, de los sleeping car de Wagons Lits. Ese cacho del Sevillano, del Costa del Sol, de los Taf y Ter, de los camellos, del rápido, del Catalán. Ese cacho de adioses tal vez para siempre. Ese cacho de lloros gozosos del que llega de lejos de vuelta a casa.
Yéndose la Cena y su Virgen, el cacho entrañable de una Málaga que se me muere, queda vacío. Uno más que queda vacio.
El otro día salieron con retraso, como debe ser; sin querer irse. Salieron y los tronos se volvieron para ver su casa por última vez. Juntaron las manos los hombres de los dos tronos y mecieron su tristeza y su adiós entre ayeres de recuerdos. Ya no hay ni callejones percheleros por donde irse. Vámonos, qué remedio, por los Cuarteles en busca de la Aurora y del Puente. Digamos adiós a nuestros vecinos, a los del Carmen, a la Expiración, a la Esperanza... Vámonos, deprisita, que duele este caminar sin vuelta. Ya no hay tío páseme el río, que ya no hace falta. Adiós percheles, no volveremos. Qué lejos no se oyen los silbidos de las negras locomotoras. El viejo barrio pescador y borracho desaparece. Y la Cena y su Virgen bajo los árboles de la Alameda, en un día de junio, se van para Puerta Nueva, y en vez de ferroviarios tendrán por compañía a los jesuitones, allá cerca, en la otra Compañía.
Ya están allí. Que dolor. La Cena era la Explanada de la Estación. El Perchel ha visto a los hombres de trono sufrir bajo tan pesados tronos. Pesados como locomotoras. Enormes. Demasiado. Pero hacían el largo recorrido alegres, cumpliendo horarios, sin retrasos, ojito a los pasos niveles, y arriba que viene el Chorro, cuidado con los frenos que aquí patinamos más que por Álora, la blanca.
Ya estamos aquí. Fuera de cacho, como los malos toreros. Fuera del Perchel. Fuera de la Explanada. Ya nunca nada será igual. Como tantas cosas.
En eso hemos quedado la Estación, la Explanada, el Perchel, la Cena, la Virgen de la Paz, nosotros mismos: como tantas otras cosas.
Y eso, eso me da pena y me causa un dolor imponente mientras con los ojos cerrados oigo un cante del Piyayo triste y malagueño a más no “joder”.
Y se fue con retraso la Hermandad ferroviaria, como debe ser. Un retraso de no quererse ir. ¿Dónde nos van a tratar mejor que aquí? Estaremos en otro lugar pero fuera de cacho. Fuera de nuestro cacho. Ese cacho que aún huele a humo y la carbonilla se mete en los ojos como cuando por el Chorro no podían las locomotoras con su alma. Ese cacho viejo, entrañable, azul, de los sleeping car de Wagons Lits. Ese cacho del Sevillano, del Costa del Sol, de los Taf y Ter, de los camellos, del rápido, del Catalán. Ese cacho de adioses tal vez para siempre. Ese cacho de lloros gozosos del que llega de lejos de vuelta a casa.
Yéndose la Cena y su Virgen, el cacho entrañable de una Málaga que se me muere, queda vacío. Uno más que queda vacio.
El otro día salieron con retraso, como debe ser; sin querer irse. Salieron y los tronos se volvieron para ver su casa por última vez. Juntaron las manos los hombres de los dos tronos y mecieron su tristeza y su adiós entre ayeres de recuerdos. Ya no hay ni callejones percheleros por donde irse. Vámonos, qué remedio, por los Cuarteles en busca de la Aurora y del Puente. Digamos adiós a nuestros vecinos, a los del Carmen, a la Expiración, a la Esperanza... Vámonos, deprisita, que duele este caminar sin vuelta. Ya no hay tío páseme el río, que ya no hace falta. Adiós percheles, no volveremos. Qué lejos no se oyen los silbidos de las negras locomotoras. El viejo barrio pescador y borracho desaparece. Y la Cena y su Virgen bajo los árboles de la Alameda, en un día de junio, se van para Puerta Nueva, y en vez de ferroviarios tendrán por compañía a los jesuitones, allá cerca, en la otra Compañía.
Ya están allí. Que dolor. La Cena era la Explanada de la Estación. El Perchel ha visto a los hombres de trono sufrir bajo tan pesados tronos. Pesados como locomotoras. Enormes. Demasiado. Pero hacían el largo recorrido alegres, cumpliendo horarios, sin retrasos, ojito a los pasos niveles, y arriba que viene el Chorro, cuidado con los frenos que aquí patinamos más que por Álora, la blanca.
Ya estamos aquí. Fuera de cacho, como los malos toreros. Fuera del Perchel. Fuera de la Explanada. Ya nunca nada será igual. Como tantas cosas.
En eso hemos quedado la Estación, la Explanada, el Perchel, la Cena, la Virgen de la Paz, nosotros mismos: como tantas otras cosas.
Y eso, eso me da pena y me causa un dolor imponente mientras con los ojos cerrados oigo un cante del Piyayo triste y malagueño a más no “joder”.
CON DOS OVARIOS.
Con los ovarios. Con dos ovarios bien puestos. Así es como cantó la Vega anoche. Y la luna llamó a los luceros para que vistiesen el cielo de lunares. El azul de la noche la arropaba con mimo y tiritaban los corazones, perdidos por los caminos que van de la emoción a las lágrimas. Como aquella Fornarina, al cantar su boca se llenaba de sangre. La sangre emotiva de la sinceridad, la sangre caliente del amor, la sangre nerviosa de la alegría.
Anoche el teatro se caía de bravos. Y eso que no fue su noche redonda de agua. Lloraba sincera quizás por una rinitis que no la dejaba dejar en las tablas la voz sensual y tibia de otras veces.
Aquí me tenéis haciendo de tripas corazón, sentía. Y dándolo todo, nada de poquita cosa, todo; por que ahí me desparramo como le resaca por las playas calientes de amores que matan. Dejadme que os mire a los ojos de cada uno, mi gente, y os cuente las coplas de los poetas, ¡ah, los poetas, mis amigos!, de los poetas que escriben amores y nubes grises para que yo los coloreé con el arco iris de mi alma y la sangre de mi corazón en mi boca.
Y recuerda a Carlos, el coplero, que un día nació en Granada y otro en Nueva York y otro en el corazón de la ausencia.
Y canta al viejo gaditano que vivió como Curro Agujetas y murió siendo Don Francisco el Agujetas, que siempre fue un señor. Y le viene a las mientes las vidas sangrantes en los raíles del tren. Y las bocas alegres y las bocas hirientes. Y evoca, ay como duele, al Camarón que se llevó la corriente blanca de la muerte metida a borbotones en la vena de los brazos abiertos por mil agujas oxidadas de esperanza.
Con dos ovarios bien puestos. Entre el Madrid natal y la Málaga infantil y juvenal, la tacita de hoy, que es plata quieta en su voz.
Con la boca llena de sangre, donante de miradas hondas, los brazos acariciando los rizos de los muertos, y la voz guapota navegando por el aire entre las nubes blancas de clavellinas dormidas entre las fuentes cantoras de un mañana que será suyo y nadie se lo podrá quitar.
Fue otra vez Pasión. Por algo será, escribió el poeta.
Anoche el teatro se caía de bravos. Y eso que no fue su noche redonda de agua. Lloraba sincera quizás por una rinitis que no la dejaba dejar en las tablas la voz sensual y tibia de otras veces.
Aquí me tenéis haciendo de tripas corazón, sentía. Y dándolo todo, nada de poquita cosa, todo; por que ahí me desparramo como le resaca por las playas calientes de amores que matan. Dejadme que os mire a los ojos de cada uno, mi gente, y os cuente las coplas de los poetas, ¡ah, los poetas, mis amigos!, de los poetas que escriben amores y nubes grises para que yo los coloreé con el arco iris de mi alma y la sangre de mi corazón en mi boca.
Y recuerda a Carlos, el coplero, que un día nació en Granada y otro en Nueva York y otro en el corazón de la ausencia.
Y canta al viejo gaditano que vivió como Curro Agujetas y murió siendo Don Francisco el Agujetas, que siempre fue un señor. Y le viene a las mientes las vidas sangrantes en los raíles del tren. Y las bocas alegres y las bocas hirientes. Y evoca, ay como duele, al Camarón que se llevó la corriente blanca de la muerte metida a borbotones en la vena de los brazos abiertos por mil agujas oxidadas de esperanza.
Con dos ovarios bien puestos. Entre el Madrid natal y la Málaga infantil y juvenal, la tacita de hoy, que es plata quieta en su voz.
Con la boca llena de sangre, donante de miradas hondas, los brazos acariciando los rizos de los muertos, y la voz guapota navegando por el aire entre las nubes blancas de clavellinas dormidas entre las fuentes cantoras de un mañana que será suyo y nadie se lo podrá quitar.
Fue otra vez Pasión. Por algo será, escribió el poeta.
AQUÍ NO HAY QUIEN VIVA.
Tras una prolija reunión vecinal que comenzó a la atardecida y finalizó cuando casi era mañana; después de oír lo más ruin y lo más vergonzoso de alguien que ha roto, le guste o no, la convivencia que durante más de cincuenta años ha unido a todos los vecinos, comprenderán que me encuentra triste y avergonzado y con el alma comunitaria por los suelos y que no esté para florituras, ni para ponerme a aporrear el ordenador. Y sin merecer la pena de pedir ni un poquito de por favor, a esos vecinos que no saben serlo.
Menos mal que esta noche mi Pasión Vega me va a cantar y me voy a poner más tierno que un jazmín chiquitito.
Mañana, la cantaré yo, si es que sé.
Menos mal que esta noche mi Pasión Vega me va a cantar y me voy a poner más tierno que un jazmín chiquitito.
Mañana, la cantaré yo, si es que sé.
NO JUGUEMOS CON LA ESPERANZA DE LO QUE PUEDE SER A LO MEJOR...
El titular del periódico dice: “El matemático que derrotó a un cáncer”. Y en la entrevista: “Es una lucha por el espacio entre el tumor y el órgano que lo aloja. En la investigación descubrimos el papel de los neutrófilos, un tipo de lococitos. Pensamos que si potenciábamos su producción, el órgano ganaría la batalla y ahogaría el tumor”.
Y se habla con pelos y señales del tumor, de la medicación, del tiempo, de la curación. Desaparición de un tumor en un hígado averiado muy seriamente. Y un enfermo terminal –dos meses de vida- curado, una inyección diaria durante un mes o dos y ¡zas! Curado y a dar clase, que es profesor el sanado.
Esta noticia me tendría que haber alegrado y tal vez ilusionado y acaso debía de haber llorado de esperanza.
Tengo el colmillo y el hígado demasiado retorcido para ponerme a saltar de alegría. Al contrario; me duele la irresponsabilidad de los periodistas. Dice el matemático que él, los doctores que le ayudan en la investigación, el centro donde ha tenido efecto el tratamiento, están agobiados de llamadas y etcéteras varias.
También hay doctores que niegan que esto sea de provecho, que una curación ¡una! no indica nada; vamos, que no aceptan el descubrimiento.
Pero ya habrá cientos o miles de enfermos buscando su panacea. Ya he hablado de esto otras veces. Me parece bien que tengan una ilusión pero es una ilusión que se deshincha tan aprisa... que luego duele demasiado.
Dejemos los descubrimientos en paz. En los laboratorios. Calladamente. Sin alharacas. No hay derecho a crear una ilusa utopía. Cuando sea, llegará. No se puede jugar con la vida ni con la muerte. Pero menos con la esperanza. Con la esperanza de curarse como “ese” del que hablan todos los periódicos.
Por que el título del diario está muy claro: UN CANCER. ¿Y los demás?
Mi hígado y yo estamos tranquilos. El hígado es sinónimo de coraje, arrojo y brio. Por eso, cada día que nos amanece es una alegría más. Y eso es todo lo que nos importa. Un día más. Otro día. Pero sin ansia.
Buenos días, tengan Ustedes; que sea tan bueno como el que nosotros vamos a disfrutar con toda placidez. Otro más. Y tan ricamente.





