Sobreviví al Mena.
Mena1.(Cf. mina2).1. f. Ingen. Mineral metalífero, principalmente el de hierro, tal como se extrae del criadero y antes de limpiarlo.
Mena2.(Del lat. maena, anchoa, y este del gr. μαίνη).1. f. Pez marino teleósteo del suborden de los Acantopterigios, de quince centímetros de largo, comprimido por los lados, muy convexo por el abdomen, de color plomizo por el lomo, plateado y con manchas negras en los costados, aletas dorsales pardas, rojizas las demás, lo mismo que la cola. Se halla en las costas del Mediterráneo y es comestible poco estimado.
Mena3.(Del it. mena, calidad).1. f. Mar. Grueso de un cabo medido por la circunferencia.
Mena4.(Del granaditos) De la familia Mena-Muñoz de toda la vida. Personaje humano, tierno, malagueño, cabezón, golfista en todos los sentidos buenos y malos, "enjiniero" cabal, mercedario dieselizado, motero escalabrasense, su cualidad más destacada es hablar con un teléfono celular en cualquier lugar o situación posible o imposible, durante mucho tiempo. Sinónimos de Mena, suborden de los Emilios : Nokia, Motorola, Siemens, Philips, Sony. Su habitat: The Phone House, tiendas Vodafone o Moviestar. Su alimentación antiguamente se componía de chanquetitos, jabujo, espetos, etc. Actualmente es, sobre todo, de litio.
Y encima, le quiero.
O sea, si entiendo bien, mi servidor es un orinal. Y si es mi orinal yo soy los excrementos. Oiga, usted, y es verdad y se lo demuestro. Porque los servidores de internet nos tratan como a excrementos. Es indignante. No tienes derecho ni a saber si tienes derecho. El peloteo, el ir y venir, el sí pero no, y las mentiras están al orden del día.
Este corte de cinco días, cinco, es para ellos un pequeño corte... pero de mangas que hacen a los usuarios. ¿A que no me descuentan los cinco días dichosos? ¿Dichosos? La verdad es que he tenido mono por no andar publicando mis chorradas. Así que sigo, lo siento.
P.D.Este mensaje es cortesía de mi querida hija Pepa,con instrucciones telefónicas de mi otra hija María del Mar.Como veran yo no sirvo para nada.
Hay, según dicen, un nuevo problema -no sé si psicológico- que se llama infomanía. ¿Y qué es la infomanía, palabra que ni viene en el Diccionario de la Lengua? Pues no lo sé pero me da miedo.
La infomanía baja la productividad, crea estrés y mal ambiente. Toma pastillas de goma, Jeroma. Así me he levantado hoy de tan mala leche...
Yo, la verdad, no produzco mucho. Dos o tres holandesas; que más me cansan demasiado. Tampoco tengo mucho estrés. Sí tengo alguna virtud es la de tomarme casi todo con su miajita de ironía cuando no de cachondeo. Lo del mal ambiente, pues ni si ni no, a lo mejor todo lo contrario.
Escribir compulsivamente mensajes SMS en teléfonos celulares –los móviles son los autos-, y correos electrónicos o blogs te lleva a una degradación peor que la que causan las drogas, te llevan a la infomanía.
La infomanía – en la que no quiero caer o ¿ya he caido?- reduce el coeficiente mental el doble que la marihuana y aminora la agudeza mental del que cae en ella.
¿Cómo voy a seguir escribiendo mis queridas chorradas si mi coeficiente intelectual, de por sí ya bajo, se me reduce aún más? Me convertiré en la ausencia total de todo. Nada por aquí, nada por allá. ¿Seré yo o no seré?
Pues sí que.
Menos mal que mañana viene mi viejo amigo Emilio a los madriles y ya me ha llamado para no se que rollo. Seguramente mañana no produciré nada. Mañana estaré como puta, con perdón, por rastrojo, que el Mena es mucho Mena aún en los madriles.
Mañana tengo que abrir de par en par mi sesera para que mi agudeza intelectual sea capaz de encontrar las maneras de soportar estoica y serenamente la movida agenda que mi muy amado amigo tendrá preparada para él y para servidor.
Ya les contaré... si sobrevivo.
Otro viejo, se ve que los viejos sabemos mucho, afirmaba que: “al cumplir los setenta años me he impuesto cierta moderación con el tabaco: no fumar mientras duermo, no dejar de fumar mientras estoy despierto y no fumar más de un cigarrillo a la vez”.
Bueno, pues el gobierno, este gobierno que tenemos, acaba de prohibir quemar la planta de la familia de las Solanáceas, originaria de América, de raíz fibrosa, tallo de cinco a doce decímetros de altura, velloso y con médula blanca, hojas alternas, grandes, lanceoladas y glutinosas, flores en racimo, con el cáliz tubular y la corola de color rojo purpúreo o amarillo pálido, y fruto en cápsula cónica con muchas semillas menudas. Toda la planta tiene olor fuerte y es narcótica.
O sea, que ha prohibido fumar en todos los sitios.
Y aquí vengo yo. Si hay Dios, será Dios el que me ha iluminado. O tal vez el Espíritu Santo, cansado de tanto trajín vaticanista, se ha posado sobre mi cabeza y me ha insuflado (del latín insufflàre) una idea genial para un negocio genial, que ni mi Mena del alma ha sabido ver, el que lo ve todo.
Ya que no se puede fumar en ningún sitio, ofrezco mi casa, mis salones para fumar. Si su mujer o su hombre no le deja fumar en su habitáculo, vengase a mi casa y fume, buen hombre o buena mujer. Por el mismo precio, le dejo ver la tele, leer los periódicos, poner un e-mail o cagar, dicho sea con perdón, con la colilla ( de Wiston, no la otra) en los labios.
Les ofrezco un hogar, dulce hogar, lleno de humos y colillas. Con sobreprecio pueden quemar un poquito los manteles y tirar la ceniza sobre el parqué.
Por una módica tasa, podrán Ustedes, (¿cómo estááááááán Ustedes, por cierto?), volver a los años felices en los que fumar era un placer sensual y cupletero. ¿Qué más quieren? En mi negocio nadie les regañará, nadie les recordará que el médico le ha prohibido fumar (con lo que fuman los médicos), nadie pondrá mala cara cuando encienda su Montecristo del número 4.
Hombre, reconozco que el negocio lo he copiado de los chinos. Sus fumaderos de opio fueron protagonistas de películas y novelas famosas. Pues eso. Yo voy a montar un fumadero de tabacos varios. No les digo que les invito por que la pela es la pela y el euro no digamos.
Sé que el negocio no será bien visto por esa gente pazguata y meapilas que tanto abunda. A mí no me importa. Ya dijo Turgot que la gente escrupulosa no es adecuada para llevar a cabo grandes negocios.
Además, también afirmó alguien que cuando la estafa es enorme, ya toma un nombre decente.
La del martes era una mañana malagueña y azul de una hermosura que hacía muchos años no había contemplado tan claramente.
Cuando saludé a mi amigo Selomó Ibn Gabirol, tan callado él por la Alacazabilla vieja, hablamos de ese cielo que nos envolvía y de eso sol hiriente de blancura luminosa; y cerrando los ojos, el viejo y abandonado poeta me recitó unos versos que escribió alguna mañana tan malagueña y azul como esta del martes.
“He aquí que la primavera con la tinta de sus aguaceros,
con el cálamo de sus rayos y con la mano de sus nubarrones,
ha escrito en el jardín unos trazos de color púrpura y violeta,
tales como no sabría igualarlos el pendolista más hábil.
Por esto, preso de la envidia de la tierra por la faz del cielo,
recama, diríase con luceros, los flancos de los arriates”
Y el poeta olvidado, me miró a los ojos como diciéndome: sube a la Alcazaba, pasea por ella, aprovecha esta mañana y deja a este pobre poeta aquí abajo envuelto en la sombra de las ramas, soñar con aquel esplendor que tuvo la Alcazaba en tiempos de mis viejos y queridos antepasados.
Y obedecí. Pasé bajo las hermosas y gastadas arquerías árabes. Atravesé la puerta de Cristo antes llamada por los agarenos Bibalthar o puerta de la llave. Subí por la Calle Banda del Mar hasta la Torre del Homenaje o de las Armas. Vi las albercas de los Baños de la Reina. Me admiré con los adornos moros en la techumbre de maderas ensambladas de otro viejo torreón. Asomé mi infancia, ya tan vieja, al pozo Airón (setenta y cinco varas de hondura) que tanto miedo me causaba todos los días cuando mi padre me llevaba de la mano a ver los arrayanes húmedos de los patios y los aljibes que fueron amorosos carceleros de aguas de lluvias lejanas.
Cimbreaban las palmeras con la música del adufe y de la guzla. Se oía el susurrar melodioso de los poetas muzlitas. Tal vez llegaba –o era mi corazón- el ir y el venir de las olas por el rebalaje.
¿Aquello de la mar lejana son las galeras llenas de oro que llegan a la playa? ¿Esas voces calladas que me vienen del harén son de las odaliscas que esperan a I D ris, fundador de un trono en Málaga o son las amantes de Ali billah el califa espléndido y tan adorado por los malagueños? ¿Los ayes de dolor que se retuercen por las esquinas, los producen los verdugos del asesino eslavo Nacha?
Que hermosa la mañana sobre estas piedras que tanto saben.Entre el follaje de la raudha, dejé que se perdieran mis más hermosos sueños. Y desde aquel mirador, un día volaran mis cenizas camino de un rincón donde soñar poemas tan bellos que aún nadie los ha escrito.
La mañana era muy malagueña y muy azul y muy mía.
Además tengo que ir a la compra, pedir hora al médico, cotillear las últimas noticias. leer los e-mails, borrar los e-mails dudosos que me invaden, discutir con mis hijos, contemplar, absorto, unas fotos magníficas que hice en la Alcazaba, abrir las cartas del banco, de las facturas telefónicas, de Prycafeur, de la madre que los parió, hacer la comida -setas y gallos-, preparar las fresas, mirar por la ventana, discutir con mis hijos II, ver si han puesto ya a la venta las entradas para Pasión Vega, otra vez, en junio, ir al tinte, venir del tinte, enterarme de quien es el nuevo Papa, estornudar primaveralmente, oir a Luigi contarme de su nuevo piso, oir a mi hija los preparativos de la despedida de soltera de una amiga, responder a muchos ¿como te ha ido por tú Málaga?, discutir con mis hijos III...
Así que mañana será otro día.
Estoy estos días aquí en los madriles, algo ennortao; necesito enfaldarme bajo los árboles lolailos del Parque y pingonear las viejas calles a base de pinrreles.
Durante dos días dejaré de daros la vara con esta mi verborrea escrita. Espero que la pena de mi ausencia no os provoque un yuyo.
Así que me abajo para ajumarme no de alpiste si no de la guapeza de mi tierra.
Hasta el miércoles, que me voy de goligoli.
P.D. Si algo no han entendido que sepan que tambien, y por si faltara poco, hay un hablar de Málaga. No vean lo guapo que es. Que sean Ustedes muy apañaos.
Los Ángeles no es una ciudad propiamente. Ellos, los californianos, dicen que Los Ángeles es una colección de comunidades individuales unidas por una complejísima red de caminos y carreteras y autopistas. Una de estas comunidades es Hollywood, famosa por ser donde moran los más afamados actores y actrices. Otra Comunidad es la de Burbank, que no es el Banco de Burgos en siglas, sino donde se ubican los grandes estudios cinematográficos.
Pero a mí lo que me gusta de ver en las películas son esas casas edificadas en la misma playa. Esas casas de madera y cristal a las que tienes que llegar subiendo unas escaleras que dan a una terraza desde donde se ve una playa solitaria y larga. Esas casas de dormitorios grandes con camas grandes y ventanales grandes que dan a un océano grande y en donde en paños menores de seda rosea y brillante esperan una largas, hermosas piernas que acaban en una vulgar americana tonta del culo.
Esas casas están por Malibú, Long Beach, o Vence Beach. Y también hay comunidades como Chinatown o Koreatown.
Lógicamente la movilidad ciudadana es muy grande. Hace falta el automóvil como el comer. El autos americanos son grandes, potentes, hermosos y cómodos. Sí juntamos muchos coches y muchos coches grandes, el lío es enorme. Así que los establecimientos importantes necesitan que los clientes les lleguen hasta la misma puerta y encuentren las mayores facilidades para aparcar; así que raro es el que no cuenta no sólo con parking, si no con personal que aparca el coche y luego te lo traen.
La mujer emprendedora del principio, Gillian Harris, se le ha ocurrido que en vez de aparcacoches varones sean hembras las que estacionen automóviles y limusinas.
El éxito ha sido total. Sus 140 mujeres antes de empezar a trabajar son maquilladas por Kumberley Bowie. Sombras de ojos por aquí, coloretes por allá, los labios pintaditos, gel en el pelo, etc. Y nada de uniforme. Unas veces van con pantalones Capri, otras con remeras -que no rameras- de encaje, polleras mini o disfraces según la ocasión.
La empresa de éxito se llama Valet de las muñecas. Y las chicas son amables con los clientes. Amables dentro del buen gusto y la profesionalidad. La gente de la ciudad de “El Pueblo de Nuestra Señora Reina de los Ángeles” puede presumir de algo original y agradable y que además les resuelve un problema bestial como el del aparcamiento.
Chicas jóvenes, amables, guapas, elegantes... Se llevan y aparcan tu coche y luego te lo traen (las llaves en una bandejita) y el Ford, o el Oldsmovile o el Cadillac queda impregnado por un sensual y sutil perfume a Chanel nº5. ¿Te daran también el número de su móvil?
Y ZP, tan antiamericano él, nos dará una lección llena de nada y vacio sobre la ciudadanía dedicada en nuestro país al noble arte de ayudar a estacionar el utilitario en una plaza de aparcamiento si es que la hay.
O sea: sobre los gorrillas.
Como a todo niño, (¡ay, ¿dónde aquel niño educado en colegio frailuno?!), por aquel entonces nadie me dijo nada de que en España hubo dos Republicas. Una, leve, de muy poquitos meses de vida, once creo, en 1873 y otra algo más larga que comenzó con la derrota de la derecha el 12 de abril de 1931; y de la que sabemos algo más por boca de nuestros viejos ancestros y no porque a los españoles en general nos interese la Historia como tal.
Al crecer dentro de un régimen falto de libertades, es verdad, pero cómodo de vivir si no tenias ideas, creo que casi todos nos convertimos en unos pequeños o grandes pancistas. Nos acomodábamos a lo que más nos convenía y si arriesgábamos poco o nada políticamente, mejor. En definitiva, éramos unos cobardes.
Llegó, por fin, ¡OH!, la Monarquía que se nos presentaba, ¡OH!, como lo que nos iba a llevar al cielo de la gloria. ¡OH!. Reyes por aquí, por allá las Infantas, el Príncipe en el medio, ni fú, ni fá. Y nueros y nueras y nietos y nietas y barcos y barcas y nado y nada de nada. Bluff. Mucho bluff.
Y uno, servidor, madura y lee lo que no está escrito y escribe sobre lo que ha leído y vive y se va desinflando y ya no le dan cattus por lepus. Ni monarquía por bienestar.
Vamos, que me enrollo. Vamos, que ya me aclaro. Vamos, que nos vamos, que lo que quiero decir es que no soy monárquico. No me convence. Y la historia contemporánea me demuestra que esta forma de gobierno –sin gobernar-, de regir –sin mandar-, no es la adecuada, a mí me parece. Y lo digo.
Desde hace años, muchos, me reía, digámoslo claramente, de Luis y Amparo que tal día con hoy, 14 de abril, brindaban con champán o cava. Murió Luis, y Amparo siguió brindando ella sola, en su casa, y ahora en su Residencia, por aquella republica en la que vivió y por la que luchó y que hoy añora con su mente nebulosa por sus casi cien años bien tenidos.
No voy a brindar por la Republica, pero por prescripción facultativa. Me quedo con las ganas. Esta tarde saldré a la calle, caminaré despacito a la Plaza de Oriente y allí, rodeado de escultóricos reyes, miraré hacia el Palacio Real y después de hacerle un ostentoso corte de mangas me marcaré un solo de silbo interpretando el himno de Riego.
Si los Reyes de España supieran
lo poco que van a durar
a la calle saldrían gritando:
libertad, libertad, libertad.
Y me volveré a mi olivo, con un grito rompiéndome la garganta: ¡Viva la república! Que sea así.
Sigue lo del Hospital de Leganes. Cada vez es más claro que, al menos, hubo negligencia culposa. Y hubo muertos ¿demagógicos? Hubo muertos, leche, antes de tiempo. Los muertos que vos matáis, gozan de buena salud, que dijo el clásico.
En Málaga una buena noticia nos lleva a otra mala. La buena es que en las Urgencias no se muere mucha gente y por eso –viene la mala- Málaga ya tiene millón y medio de personas censadas y una jartá de indocumentados. Millón y medio más la propina foránea y turística, es mucha gente y a mí la gente me cansa, me molesta. Soy muy egoísta. Málaga es mía. Desde Maro a la Duquesa de Manilva. De Gaucín a Banarrabá. De Ronda a Benamocarra. De Periana a Puente de Don Manuel. De Marcharaviaya a los alahurinejos y yo que sé cuantos pueblos más de nombres mas hermosos y paredes más blancas. Toda Málaga. Aunque cada vez me alejo más de la Costa, ay, del Sol tan llena de cemento. Y gente. ¿Porque no le dá a la gente de irse a Teruel o Soria que tambien son muy bonitas?
Y hoy faltaba lo grotesco. Una ministra de Vivienda se inventa la nueva vivienda social. Pisos de 25 metros cuadrados hasta ¡los treinta! Lavaderos, pasillos y tendederos comunes. Señora Ministra: Usted está inventando la corrala, la pensión con derecho a cocina. Usted está inventando los años cuarenta, la posguerra. La madre que la parió ¿quién sería?
Y otra desgracia. (Nunca vienen solas). Empezó ayer la Feria de Sevilla. Cuando nací, en ese mismo instante, juré no ir nunca a esa Feria ni al Rocio. Y lo he cumplido. Aparte de que me asusta la gente –tanta- me parece que la feria y el camino, hoy por hoy, es lo más chabacano y antiandaluz que hay. Andalucía no es eso. Sevillanas y rebujito. Casetas elitistas y caballos acartonados. (Hablando de cartón piedra... así estarán la Campos y la Alba, ¿no?).
Y éramos pocos y parió la abuela. Noticia importante. Visto como está el mundo, la Universidad de Huelva organiza un curso para estudiar a fondo la “Historia de la mierda”. 500 alumnos apuntados. Catedráticos como D. Manuel Alvar. Pagina en la red (http://www.uhu.es/dfesp/actividades.htm), pínchenla y lean el curso de que va.
Yo no me apunto. A mis años voy yo a ir a clase... Y una mierda.
Claro que no soy quien para discutir sobre este tema, no soy médico, pero lo que las radios y diarios madrileños dicen es para joderse.
Sedando a los enfermos en Urgencias, sin permiso de los familiares. Opinando que a personas con ¡seis meses! de previsión de vida, lo mejor era sedarles per ómnia saecula saeculorum, amén.
Y pude ser un ejemplo. A un servidor, aquí presente, y escribiendo con sus facultades mentales más o menos indignadas, en un gran centro hospitalario no le dieron más de seis meses de vida. No llegará ni a la lista de transplantes, dijeron. Corría julio del 2001. Cuatro años, ya.
En Leganes ¿me hubieran sedado? Perece que casos semejantes al mío han ocurrido, que horror, en Urgencias, no en paliativos o en planta. Tres veces más muertos que en otro centro. No sedaban, dice el editorial de El Mundo, para acortar la agonía si no para acortar la vida; que cabrones digo yo.
Cuatro años ya que he visto lo más hermoso de la vida que antes no vi. Cuatro años en los que mis escasos amigos (siempre he sido hosco y me es muy difícil llamar amigo si no sale de mi alma sincera) me han demostrado que son amigos. Cuatro años que he disfrutado como un niño con lo bueno y lo malo de la puta vida. Cuatro años que me ha dado el sol en la cara y la luna me arropó por la noche. Que he sentido los jazmines hablarme del rocío tan bello. Cuatro años que he podido buscar en la arena de la playa, aquellos recuerdos de niño que cada vez me parecen más hermosos. Cuatro años mirando el mañana con la ilusión de que se convierta, a la noche, en otro, ¡otro!, ayer; otro ayer que me da vida para otro, ¡otro! mañana; otro poquito de mañana, por favor.
Cuatro años ya, que no se me han pasado deprisa. Al revés. Me parece lejísimos aquel Julio que me ingresaron. He conseguido que los días pasen más despacio para disfrutarlos mejor. Lentamente transcurren los meses. Otro más y que a gustito. Cuatro años. Toda una vida nueva. Que no se atrevan ni a quitarme una brizna de ella. Que es mía y de los míos. Si tiene que pasar, que tiene que pasar, que la vida sea la que se vaya, tranquila, serena, sin dolor, pero ni un ápice antes de tiempo. Que ese ápice, esa brizna, ese segundo, además de míos, son, si lo sabré yo, hermosos muy hermosos y no está la vida para ir derrochándola por ahí.
No. Que yo no quiero el mar adentro. Que no quiero que me ayuden, que yo lo sé hacer sólo.
Soy muy mío, señores míos.
MANIFIESTO PARA LA ADUANA GENERAL DE LA REPUBLICA.
No vayan a prohibirme la nostalgia.
No decreten que ese dolor interno es subversivo.
Déjenme allá soñar que no me he ido
como ahora sueño aquí que ya me fui.
Permitan el libre flujo del delirio,
la entrada y salida del espíritu.
No me dejen seducir por los papeles:
nadie va traficar con ilusiones.
Los fantasmas sinceros no usan joyas.
Los perros no perciben las imágenes.
El sufrimiento no sale en las pantallas
planas y grises de los Rayos X.
Vuestros agentes especiales
¿deducen las metáforas?
No ilegalicen la tristeza.
Es solamente amparo, no hay peligro.
No me impongan impuestos
al cariño, al vacío, la asfixia, la amargura.
Las ruinas de la patria están seguras.
Tranquilos compañeros. Ya nos vamos.
RAUL RIVERO
(La Habana, 18 de marzo de 2005)
Como me gusta que esté con nosotros el poeta. Con la falta que nos hacen los poetas. Con la falta que nos hacen los hombres que luchan por su libertad y la de los demás. No te hagas muchas ilusiones, poeta, en esta pais estamos perdiendo la libertad que habiamos ganado. Ya veremos. Pero, escribe, poeta, hasta que te dejen y si no te dejan, escribe, poeta, escribe.
A veces pienso que nos toman por tontos. Ponen al frente de un telediario a un apacible ser que lo hacía muy bien en la Segunda Cadena hablando de las florecillas humildes del campo y de la amorosa maternidad de los Aphia Minuta que en mi tierra llamamos chanquetes y alguna que otra vez nos comemos en los comederos ilegales que todo el mundo conoce. Pero una cosa es que sea apacible y otra que sea inepto, tontucio o pavitonto.
Bueno, pues yo me creía que estos sociatas nos tomaban por tontos como digo; pero no, nos toman por muy tontos. Ahora se han sacado, o al menos quieren sacar, una ley ¡OTRA LEY! por la que se obligue al hombre a ayudar en las tareas domésticas.
Coñocagoenlalechequelesdieron.
Y han leído bien, que obligue al hombre. Al hombre. Se da por descontado que es la mujer, yo no digo que no, la que lleva toda la tarea de la casa ella solita. Pero, -ay, siempre los peros-, hay cada una por ahí que ya, ya.
Bueno sea el hombre o la mujer quien no ayude, ¿qué va a pasar? ¿Cómo se demuestra? ¿Un policía en cada casa? ¿Serán los porteros los chivatos? ¿Y si el portero es automático qué pasa? ¿Quién mide la no ayuda?. ¿Por bolsa más o menos que nos repartamos al subir? ¿Por ir un día de menos a buscar al niño a la clase de konfu o a la niña a la academia de sevillanas -la cuarta no la aprenderá nunca-? ¿Serán las cajeras de Prycafour testigos (o se dice testigas) en los juicios sumarísimos con los que la ley nos anuncia?
Esto es demencial. Ahora me explico, (todo en esta vida tiene explicación, hasta que Zapatero sea presidente), que Federico Sainz de Robles en su Diccionario enumere los varios sinónimos de novio, a saber: pretendiente, futuro, prometido, desposado y esposado.
Osease que ahora la gente ya no se desposará. Ahora se esposará. ¿Qué no has fregado el desayuno? Los grilletes, la poli, el juzgado, la de dios.
¿Usted es el esposo? No, su Señoría, el esposado.
Y así.
Pero alguna virtud, supongo, aún me queda. Y la virtud de la que presumo es saber leer. Y leer es cosa bastante complicada. Leer no es pasar la vista por lo escrito o impreso comprendiendo la significación de los caracteres empleados. Leer es eso y, además, percibir e interpretar lo que el autor quiere decir, y discernir si estás o no estás de acuerdo con lo que de esos escritos se te va a quedar en la sesera.
Leer es quitar la paja e irte al meollo del libro o de lo que sea. Por eso yo, por ejemplo, ahora mismo estoy leyendo cuatro libros a la vez.
Uno, lo acabé hace un momento, es el último de Umbral, DIAS FELICES EN ARGÜELLES. Me encanta su cinismo y me encanta que recuerde con ilusión su paso crucial por aquella vieja revista, POESIA ESPAÑOLA, donde tanta poesía leí y de la que guardo aún números amarillentos, sobados de tanta envidia e incapacidad de escribir como aquellos que publicaban en ella. Umbral es un poeta y el sabe que lo es, aunque no lo haya querido ser.
Otro, recién estrenado, de Vidal-Folch, TURISTAS DEL IDEAL. Es una sátira feroz contra todos estos cantamañanas (actores, cantantes, saltimbanquis políticos) de izquierdas en la manifestación y la pancarta; y de vida y lujos capitalistas cuando nadie los ve. O sea, una mierda. El libro empieza delicioso. Espero que así termine.
¿Y yo que quiero mucho a Oriana Fallaci? Cuando se pateaba el mundo escribiendo guerras y entrevistando tiranos era la mejor. Ahora sus libros, escritos quitando tiempo a su muerte, reflejan su sentimiento real, escritos sin deber nada a nadie. Habla lo que pensamos y no queremos decir de los árabes. De los políticos, de la mentira. Acierta casi siempre. No tiene, por ejemplo, compasión con las mujeres árabes. Si son tan necias que aceptan casarse con un maníaco sexual que necesita cuatro mujeres, peor para ellas, dice la italiana. Y qué verdad profetiza cuando hablando de la unión de todos los americanos después del horror de las Torres Gemelas, lo compara con lo que pasaría en Europa en iguales circunstancias. Dice: Estoy convencida de que si Osama bin Laden hiciese saltar por los aires la Torre de Giotto o la de Pisa, la oposición culparía al gobierno y el gobierno a la oposición. Y añado yo, y nadie buscaría a los culpables. Véase, por ejemplo, en España.
El libro LA RABIA Y EL ORGULLO me lo han prestado unos pocos de días por que es imposible encontrarlo en librerías. No interesa reeditarlo. Porco governo y editores. Pero búsquenlo y a leerlo. Se darán cuanta que Oriana sólo dice lo que pensamos casi todos y nos acobardamos solamente de pensar que lo pensamos.
El otro libro es el DIARIO INTIMO de César González- Ruano, del que creo ya he hablado por esta bitácora. Es un cínico como Umbral, su discípulo. ¿Saben que la persona que más sabe de la vida y obra de Ruano es un antiguo futbolista? Si, Pedraza, que fue del Real Madrid y del Zaragoza y que ahora ha sacado a la luz varios enormes tomos con toda la obra, olvidada, de Don César. Que se lo premien, coño.
Y se me olvidaba que de vez en vez, de rato en rato, leo, releo, la biografía de mi querido, amado Carlos Cano, pero está tan ¿mal? escrita que ¡a mí!, tan lector y tan canista, me cuesta trabajo leer una página seguida.
Ah, y no voy a decir el libro que leo en el W.C.
Y es un hermoso pueblo, con monumentos, jardines, falúas, espárragos, río, corralas, cocheras, teatros, fresones, estación de trenes, un motín y un concierto.
De tener que vivir fuera de Madrid (capital) y dentro de Madrid (comunidad), creo que me inclinaría por Aranjuez. Como me gustan los trenes, allí llegó el primer tren que unió Madrid con algo y además los mosaicos de la estación son preciosos. Como me gustan los espárragos, estaré en mi salsa (mayonesa o vinagreta). Como me gustan las revoluciones y asonadas, encontrarme en un lugar donde la población desordenadamente se levantó contra su Rey y le mandó a que hiciese puñetas junto con su querido Godoy, pues qué quieren que les diga... Booorbón, dimisión, Zaaapatero, no te quiero, etc. (En este etcétera está incluida mi amiga Leti).
Además desde ahora el Alcalde –no sé de que partido es- permite que su bellísima plaza de toros sea utilizada para otros menesteres que el de alancear toros de Vitorino, pongo por caso.
La plaza de toros del hermoso Aranjuez es bellísima y muy antigua; de estilo dieciochesco es monumento histórico artístico. El Marqués de Salamanca, ferroviario, malagueño, mujeriego y cabroncete, junto con Isabel II (otra que tal) ayudó a que la plaza volviera a tener un esplendor que había perdido. Hay mucha historia en esta plaza.
Uno de los acontecimientos más insignes que corrieron por todas las redacciones del mundo mundial y causó el asombro de propios y extraños, fue aquella corrida de un tal Jesulín, El Niño de la Chabacanería, que quería ser torero y nunca consiguió. Aquella tarde, fue la tarde de las bragas quitadas donde miles de mujeres lanzaron al ruedo, y a tan gentil individuo, sus prendas tan íntimas, no sé bien con que intención.
Bueno, pues ya tenemos Aranjuez, su plaza de toros, y las bragas quitadas, ¿qué falta?
El alcalde del Real Sitio, Paisaje Cultural del Patrimonio de la Humanidad, ha autorizado que en el Real Coliseo se celebren matrimonios, vamos que se casen los que no se casan en la Real Iglesia de San Antonio, sita en la Plaza llamada de la Mariblanca.
A mí me parece magnifica la idea de los bodorrios en la plaza de toros. Los novios ya salen con los cuernos puestos y las bragas quitadas. Es el sitio ideal para las corridas, ¿verdad usted?
Aranjuez, mon amour. La leche que les dieron...
Soy escorpión y me gusta el animalito que lo representa. Tiene mala leche y me encanta. Vamos a ver si me adapto a las características que los entendidos dicen tenemos los escorpiones.
Nuestro día de la semana es el martes (a mi me gusta el jueves, reminiscencia de la vida colegial ); nuestros colores: negro, ocre, violeta (a mi me gusta el verde y el blanco, bandera de Andalucía); nuestras flores: orquídea, gardenia, dalia (a mi me gusta el jazmín y el geranio); nuestros metales: hierro y platino (a mi me gusta la hojalata); nuestras esencias: canela y pachuli (a mi me gusta, para chulo yo, el olor a incienso cuando me lo dan); nuestros animales: topo, serpiente y lirón ( a mi me gustan los gatos porque son antipáticos).
Sigamos. El escorpio es complejo y contradictorio. De acuerdo, lo soy. Y profundo, serio, autoritario y posesivo. Puede. Tenemos la extraordinaria capacidad de descubrir el punto débil de los demás gracias a una intuición única. Quienes me conocen lo saben; casi siempre acierto en mis intuiciones sobre determinadas personas. Somos, siguen diciendo, fríos, introvertidos, polémicos y lunáticos. Clavado me encuentro.
Pues me va gustando todo esto.
Leo un periódico y me dice:
“Tu naturaleza exuberante estará mucho más apagada que lo normal. Hasta podrías pasar todo el día frente al televisor mirando cualquier cosa. Te invadirá la apatía y tendrás ansiedad, cosa que repercutirá en tu ánimo”.
¡Cagoenlalecheputa!, esto no, cielos. Apático, y todo un día viendo a la Campos, a la hija de la Campos, al nuero de la Campos, ¡oh, campos!, ¡puerta a los campos!, (¿quién ha dicho que no hay que ponerlas?). No todo el campo es orégano, no; todo el campo son Campos.
No hay derecho que me diga mi horóscopo esto. Veamos que dice otro:
“Pésimo su talante. Soslaye la confusión, el acceso de celos, el engaño-desengaño, la desconfianza, la porfía, ese su genio”.
¿Cómo no voy a tener ese su genio, estar de mal talante y confuso con el horóscopo que me anuncia veinticuatro horas ante la televisión?
Vamos, que no me pone esto de los horóscopos, así que, ¿saben lo que les digo?, me cojo el coche, la tarjeta Pass y en Carrefeur me las den todas. Aunque sea pagando.
Me acuerdo el día de su muerte. Estaba servidor encerrado, como siempre, en su cuarto, leyendo, aislado de la contaminación estúpida de la gente mayor, (sufría de la edad del pavo),y lo oí por mi radio, una vieja Marconi de lámparas. Y empezaron a emitir marchas fúnebres y cosas de un tal Wagner y no sé, creo que no, si nos dieron vacaciones en el colegio.
Y llegó un buenazo de Papa con cara de abuelete buenazo, (dicho sea con el mayor de mis respetos pero yo lo veía así): Angelo Giuseppe Roncalli, que tomó el nombre de Juan XXIII. Dejando el colegio frailuno, despertaba a una juventud tardía y lo que menos me importaba era la política vaticanista. Me ahogaba de tanto cura y necesitaba respirar, olvidar aquellos años, empezar a vivir mi vida no la que me habían querido programar. Ya buscaba escritores prohibidos que leer. Ya me lucía yo los domingos de Rastro, encontrando libros viejos y releídos editados en Argentina de un tal Lorca o un cual Alberti.
De su papado me quedó la apertura del Concilio, su agiornamento, su insistencia en ponerse al día él y la Iglesia que representaba y sobre todo, el dejar las puertas abiertas a Giovanni Battista Montini que le sucedería con el nombre de Pablo VI aunque muchos diarios y aún no he comprendido por qué le llamaron insistentemente Paulo VI.
El Papa Montini, también flaco y severo y desabrido, fue el que me abrió aún más los ojos de que la fe, muy poca, que yo tenía era una fe falsa, de ídolos, de tradición. Yo no creía en ese Dios que me enseñaron. Me dijeron, reza ahí y recé. Sabía de memoria, y en latín y en español, toda clase de oraciones y cánticos que no me decían nada. En mi país se mataba a gente y los asesinos de uniforme tomaban cerveza en Kudamm, alegremente. Pablo VI rogó un indulto. Denegado. ¿Dónde estaba “mi” Iglesia? Fueron tiempos violentos de huelgas y cambios sociales. Curas obreros y curas casados y curas confusos. Libertad y libertinaje a la carta. Mi madurez me llegaba con pisotones y a bofetadas. Me di cuenta que no me interesaba nada que del cielo bajase. Se iba rompiendo el pequeño y débil hilo que me unía a algo en lo que creer.
Murió Pablo VI y Albino Luciani no tuvo tiempo ni de a casi llamarse Juan Pablo I.
Y llegó Karol Wojtyla, polaco, y desde el primer día se ganó a su gente con su simpatía, sus viajes, sus paseos por la montaña, sus heridas, sus rupturas de muros, su entierro del comunismo, su telegénica, sus santos –muchos-, y su muerte anunciada.
En sus veintitantos años de ¿reinado? me he ido acercando cada vez más a un agnosticismo humilde y sincero; respetuoso con los que no piensan como yo; libre, tremendamente libre. Creo que ha sido un gran hombre, un gran conductor de hombres, pero a mí, a mí no me ha dicho nada nuevo. Sé que será difícil de entender por muchos mi postura. No soy un filosofo para poder saber explicar lo que siento.
Este cuaderno de bitácora, este día a día de mi navegar por las dudas, de atravesar tormentas allá por el golfo del alma, este descargarme de lo que siento a diario en cuatro líneas mal trazadas con más buena voluntad que tino, es ahora en lo que creo porque el vaciar el alma y la sesera me sientan muy bien. Pero que muy bien.
Son ya cinco los Papas entre cuyas enseñanzas y magisterios he intentado sobrevivir con mis pensamientos tal vez equivocados, pero míos. Cada día necesito más la libertad y cada día me siento más a gusto desatándome y correteando por el verde, haciendo diabluras como un platerillo mimoso, delicado y regalón. Que así siga, y amén.
Y las revistas del corazón rosa y amarillo con las separatas preparadas y casi impresas prestas a contar hasta el último fleco de la muerte y sucesión de ese príncipe de opereta cuyo nombre nunca he sabido si es Rainiero o Luis Mariano.
Por Roma, ya, por fin, que descanso Santidad, le han metido en la cama y le han arropado amorosamente y ya se va muriendo como debe ser, en silencio, tras la ventana, en la soledad de la piedad compartida, empapado de lágrimas lejanas, con el doblar de las campanas asustando a las palomas de San Pedro y a los viejos gatos de Alberti, el marinero en tierra.
¿Ves, Luchy? Hoy también hay que hablar de la muerte porque la muerte está en la vida. Luchy a la que quiero tanto, tanto y más tanto, se enfadó conmigo una vez porque hablaba yo mucho de la muerte en mis poemas tan malos; y su regaños, reñiduras, reprimendas, sermones, filípicas y admoniciones, fueron tales que me dejó anonadado para un buen rato de tiempo. No sólo dejé de escribir de la muerte, si no que cuando esta se acercó demasiado peligrosamente por mi hígado, unos médicos, unas pócimas y un poquito de mala voluntad de mi parte la hemos alejado por ahora de mi vida; en estos momentos feliz y dichosa, sea escrito para chinchar a más de uno.
Luego Luchy, arrepentida de aquel chorreón que me caló el alma tan hondamente, me invitó a un paseo (¿cuando vamos otra vez?) por el cementerio aquel tan bello y que ella hace, en solitario, de vez en vez, para dar los buenos días y contarles cosas a su padre y a Juan, el que se nos murió de bueno.
Y así estamos. Muriéndonos digna o indignamente. Pero es todo lo que tenemos. Todos, como dice Voltaire, nos vamos acercando lentamente a ese momento en el que los filósofos y los imbéciles tienen el mismo destino.
Y termino con Pemán (al que yo también leo mi querido Carlitos):
El que no sabe morir
mientras vive, es vano y loco;
morir cada hora su poco
es el modo de vivir.





