La tía jacinta y la persistencia de la fatalidad
La tía Jacinta, aprovechando un viaje de su parroquia, se fué a Lourdes a pedir por la salud de la familia y volvió con dos garrafas de agua bendita, unas reliquias del hábito de no se quién y un brazo roto.
Un año después viajó a Fátima de donde regresó ilesa, pero fué la única porque su autocar volcó en una curva y todos los demás pasajeros resultaron heridos.
La tía jacinta era admirada y temida a partes iguales. Tras heredar la fábrica de motos de su marido, regaló un ciclomotor a todos los chicos en paro de la provincia para que pudieran ir a buscar trabajo y acabó arruinándose. Así que era admirada por su desprendimiento...y era temida por los desprendimientos que sabían que causaría si pasaba por la ladera de una montaña.
Antes de que su marido muriese de una coz que le propinó el caballo que Jacinta estaba acariciando (después de haber sobrevivido incluso al ataque a Pearl Harbour durante su luna de miel), Jacinta intentó dar la vuelta al mundo para probar la nueva moto orgullo de la fábrica. La bautizó "Peregrina J600" y en compañía de su sobrina Elisa partieron de Sanlucar de Barrameda (por emular a Juan Sebastian Elcano) y llegaron hasta el Tibet. Fueron las primeras mujeres occidentales en viajar por el Tibet montadas en motocicleta y los tibetanos aún recordarían su visita si no fuese porque a los cuatro días de la llegada de la tia Jacinta los invadieron los chinos. Siempre fué muy particular la tia Jacinta. Dilapidó su fortuna haciendo de mecenas a un puñado de escritores con poca fortuna (y menos salud pues murieron todos de tuberculosis menos uno, al que atropelló un tranvia). Montó en avioneta, viajó a ver al papa en varias ocasiones (era una ferviente católica que se apenó mucho cuando lo del atentado la pilló tan cerca) y murió cumplidos los noventa. Antes de eso había perdido un poco la cabeza y se pasaba el día ideando frases que su sobrina Elisa apuntaba en la misma libreta que usaba para diseñar paragüas:
- Apunta hija, apunta
Decía mientras se fumaba un cigarrillo engastado en una larga y elegante boquilla.
- apunta esto: me gusta fumar mientras como porque la comida me sabe a barbacoa.
En uno de sus momentos de menos lucidez se le ocurrió hacer una barbacoa con todas sus fotos para borrar cualquier imagen de su paso por el mundo y aunque se le fué la mano y quemó la casa no lo consiguió. Se salvó una foto. En ella se ve a la tia Jacinta con ochenta años, a lomos de una mula, sonriendo a la cámara,mientras al fondo, borroso pero distinguible, se aprecia a un hombre que acaba de dar un traspiés y con cara de sorpresa se ha quedado congelado mientras caía de espaldas.
Un año después viajó a Fátima de donde regresó ilesa, pero fué la única porque su autocar volcó en una curva y todos los demás pasajeros resultaron heridos.
La tía jacinta era admirada y temida a partes iguales. Tras heredar la fábrica de motos de su marido, regaló un ciclomotor a todos los chicos en paro de la provincia para que pudieran ir a buscar trabajo y acabó arruinándose. Así que era admirada por su desprendimiento...y era temida por los desprendimientos que sabían que causaría si pasaba por la ladera de una montaña.
Antes de que su marido muriese de una coz que le propinó el caballo que Jacinta estaba acariciando (después de haber sobrevivido incluso al ataque a Pearl Harbour durante su luna de miel), Jacinta intentó dar la vuelta al mundo para probar la nueva moto orgullo de la fábrica. La bautizó "Peregrina J600" y en compañía de su sobrina Elisa partieron de Sanlucar de Barrameda (por emular a Juan Sebastian Elcano) y llegaron hasta el Tibet. Fueron las primeras mujeres occidentales en viajar por el Tibet montadas en motocicleta y los tibetanos aún recordarían su visita si no fuese porque a los cuatro días de la llegada de la tia Jacinta los invadieron los chinos. Siempre fué muy particular la tia Jacinta. Dilapidó su fortuna haciendo de mecenas a un puñado de escritores con poca fortuna (y menos salud pues murieron todos de tuberculosis menos uno, al que atropelló un tranvia). Montó en avioneta, viajó a ver al papa en varias ocasiones (era una ferviente católica que se apenó mucho cuando lo del atentado la pilló tan cerca) y murió cumplidos los noventa. Antes de eso había perdido un poco la cabeza y se pasaba el día ideando frases que su sobrina Elisa apuntaba en la misma libreta que usaba para diseñar paragüas:
- Apunta hija, apunta
Decía mientras se fumaba un cigarrillo engastado en una larga y elegante boquilla.
- apunta esto: me gusta fumar mientras como porque la comida me sabe a barbacoa.
En uno de sus momentos de menos lucidez se le ocurrió hacer una barbacoa con todas sus fotos para borrar cualquier imagen de su paso por el mundo y aunque se le fué la mano y quemó la casa no lo consiguió. Se salvó una foto. En ella se ve a la tia Jacinta con ochenta años, a lomos de una mula, sonriendo a la cámara,mientras al fondo, borroso pero distinguible, se aprecia a un hombre que acaba de dar un traspiés y con cara de sorpresa se ha quedado congelado mientras caía de espaldas.
Comentario:
¡si es que hay cada gafe suelto!Muy original la historia y bastante divertida :), me han gustado mucho sus aventuras, me da que los que la rodeaban no se apenarían mucho por su muerte...un beso
Comentario:
Jajajajajajajjajja, te ha quedado fantástico, y el papelito que me has asignado me ha parecido fantástico.
Comentario:
¡Qué tia! Parece ser que no consiguió borrar nada, ¡menos mal!Lo que persistió fue la vida. Precioso y original el relato, ¡enhorabuena!





