Blogs.ya.com Quitar publicidad
gotas de lluvia en la ventana
Si quieres saber de que va échale un vistazo porque es jodidamente dificil describirlo ;-)
Acerca de
Nací hace algunos años bajo el signo de geminis y la lámpara de la habitación de mi abuela (es que nací en su casa jeje),fuí al colegio cuando no existian los bollycaos,hice la mili en Ceuta al ritmo de tambores y zambombas,aprendí algunos chistes en Lepe, me quemé con la salsa rosa de un coctel de gambas,jugué a futbol con uno que una vez le pidió un autógrafo a Maradona y en reconocimiento a mis méritos en la cría del champiñon; en París le pusieron mi nombre a un champiñon y luego se lo comieron. En fín...que méritos tengo pocos y si tengo alguno probablemente no sea muy confesable...que se le va a hacer.
Sindicación
 
Un consomé hace milagros.
Estos días estoy leyendo en los periódicos que el polo norte se está descongelando. Por lo visto un equipo de investigadores que hacía un reconocimiento aéreo de su habitat, detectó 40 osos polares nadando en mar abierto y sin posibilidad de encontrar ningún bloque de hielo en las cercanías adonde subirse para no morir ahogados. En eso andaba yo pensando el otro día cuando, por la mañana, al ir a coger el coche para trabajar, me encontré con que se había convertido en un témpano redundantemente helado. No es que tuviese encima una capita de hielo, que pudiese quebrarse como se quiebra el azucar quemado que cubre la crema catalana, a golpe de cucharilla. Cuando digo que estaba helado quiero decir eso. Más frío que el corazón del doctor Mengele.
Como tenía que ir a trabajar en coche sin más remedio, comencé intentando retirar el hielo del parabrisas con un papel. Daba risa.
Mi coche no tiene aire acondicionado, ni elevalunas eléctrico ni dispositivo antivaho (suponiendo que exista eso). Es un coche antiguo. De cuando el capitán trueno hizo la mili y donde la imaginación tiene que suplir todas las comodidades que le faltan, así que allí estaba yo, con un resfriado diciéndome hola buenas y dándole vueltas al coco para conseguir conducir mi coche sin matarme a la primera curva. Porque el parabrisas no me hubiera dejado ver a las playmates del año aunque las hubiera tenido sentadas a todas encima del capó. Y yo para eso tengo mucha vista.
Se me ocurrió darle una utilidad después de tantos años al mechero del coche (porque yo no fumo). Ese complemento imprescindible (hasta que la ley antitabaco prohiba fumar en los vehículos) que suele estar en el salpicadero y cuando lo aprietas se pone incandescente. Pues yo lo usé para dar viajecillos desde el salpicadero hasta el parabrisas y aplicarlo contra el hielo con la esperanza de deshacerlo un poco.
Al final obtuve un agujerito del tamaño de una nuez y tras 20 minutos de retraso decidí abrir la ventanilla del conductor (para ver algo más) y llegar hasta la primera gasolinera, que distaba unos cuatro kilómetros y allí buscar alguna solución con los nuevos medios que estarían a mi alcance.
Aún era de noche y durante el camino estuve a punto de morir varias veces. Yo sólo, sin más vehículos implicados.
Cuando llegué a la gasolinera, un sólo empleado fregaba el suelo con una fregona y un cubo lleno de escarcha. Le pregunté si tenía agua caliente en algún sitio, o algo que pudiera usar para quitar el hielo del parabrisas, pero sin pensarlo mucho me dijo que no. Entonces la ví.
Estaba allí en un rincón esperándome con sus botones encendidos: café solo, café con leche, leche sola, consomé...
COMSOMÉ. Un caldito que tomamos en España para reanimarnos de resfriados y resacas hecho con algúna pastilla de avecrem y agua caliente. Así que saqué unas monedas y pulsé el botón.
Aún estoy viendo la cara del empleado de la gasolinera (un paquistaní sin imaginación) mirándo por la ventana como le tiraba a mi coche el consomé por encima.
Es lo que tiene el invierno. Algunas mañana hace un frío sobrenatural y hay que ingeniarse soluciones aprovechando esta neurona que Dios me ha dado.
 
Por si los reyes magos leen mi blog.




 
No me llames Mariano, llámame Wilkins.
Hace mucho tiempo que tengo la sensación de que pensamos que todo lo que viene de los Estados Unidos es la biblia en verso. Tenemos la manía de anglofonizarlo todo y de querer sumergirnos en un mundo que culturalmente no es el nuestro. Vienen los guiris a pasearse por nuestras playas con la litrona en la mano y las ganas de vomitar diciendo: oushitmygood! y nos creemos que eso debe ser estar a la última. Antiguamente veías a un tío rubio con las mejillas colorás y las bermudas de flores y la riñonera colgando por encima del pito y sabíamos automáticamente que hablaba inglés. Pero ahora los imitamos.
En un país como este, con una dieta mediterránea que hace posible el bacalao al pil pil, los bocadillos de jamón ibérico con tomate y aceite de oliva, el gazpacho y la horchata de chufa, el vino de rioja, el cava catalán (y español), las anchoas del cantábrico, el centollo gallego, los bocadillos de calamares, el rabo de toro con patatas,los pimientos del piquillo rellenos de merluza, la tortilla de patatas, la crema catalana, los postres de las monjas, el lomo embuchado o la paella valenciana, nos empeñamos en comer un bigmac, una doble wuoperconqueso o un chikenfrito, o como coño se llame eso, en una bandejita de plástico. No tenemos remedio.
A ver si nos enteramos de que nuestra cocina es la mejor del mundo, que nuestro idioma es el más rico del mundo,nuestras mujeres las más hermosas y más generosas del mundo, que tenemos un país donde no hay huracanes ni fallas de San Francisco, con un sol que ya lo quisieran para sí los ingleses, con kilómetros y kilómetros de costa por todos lados. Tenemos un país en el que se puede vivir sin necesidad de que tengamos que llevar un arma metida en el pantalón por miedo a que nos pregunten la hora. Tenemos a Cervantes y a Quevedo Y a Goya y a Picasso y a Dalí y a García Lorca y a Velazquez y a Camarón y a Serrat. Es cierto que "Carmen" la escribió un francés, pero ella era española. Seguramente porque en Francia no hubo nunca mujeres como esa.
Tenemos también una historia atormentada, más llena de sombras que de luces, con períodos de absoluta oscuridad y fogonazos de grandeza, como país antigüo que somos, aunque de eso ya no se acuerda ni Cristo.
Ahora nadie quiere llamarse Manolo, ni Antonio ni Felisa ni Mercedes. Suena Mejor Jennifer, Christina, Elisabeth, Eric o Deivid. Supongo que los gustos también evolucionan pero me temo que a este paso nos daremos cuenta de lo que tenemos y empezaremos a proteger lo nuestro cuando los cerdos se críen con bellotas en los bosques de California. Y el jamón tengamos que importarlo. Y si no, al tiempo.
 
Los Trofeos del jefe
El otro día descubrí en un rincón del almacen de la empresa donde trabajo los trofeos de caza del jefe. Trece craneos blanquísimos con cornamenta incluida de todos los tipos y estilos. No sabía yo de la existencia de tantos tipos de cuernos diferentes siendo como soy un tiñalpa que hace años que no pisa un zoológico y que sólo ve los documentales de fauna ibérica de Félix Rodriguez de la Fuente. El caso es que allí estaban todos escondiditos para que no los vean los empleados y vayan a pensar que yo... que me gusta cazar por diversión y todo eso.
Montados en su trozo de madera y con su plaquita dorada debajo con las iniciales del jefe y la fecha y el lugar donde fueron cazados, aún no lucían en todo su esplendor pues estaban a medio desembalar pero seguramente volarán de allí pronto y fuera de las horas laborables. El caso es que de los trece, diez fueron conseguidos casi de una tacada según reza en las plaquitas. En Sudáfrica, durante la semana santa del año pasado.
Me imagino a mi jefe montado en un land rover (porque no creo que se llevase hasta allí uno de sus todoterrenos), con su escopeta nuevecita de trinca y más peligro que Willy fogg con un abono de transporte. El guía negro de rigor le iria señalando las piezas sobre las que disparar. Ese no, que tiene los cuernos pequeños aún, ese tampoco que es hembra y está embarazada. Y mi jefe, que no se diga, bajaría el arma comprensivo y echaría un trago de agua mineral de su cantimplora comprada en Coronel tapioca mientras el guía negro, tímido él, aprovechaba para apartar la boca del cañón de la trayectoria de su coco.
Mientras yo pasaba la semana santa dándole a la tecla,leyendo y jugando a hacer circuitos para coche con pinzas de la ropa con mi hijo, he descubierto de golpe lo que hacía mi jefe por aquel entonces y es que debe ser duro tener una pared más vacía que la hucha de un ludópata y sentarse junto a la chimenea con las visitas a la hora del whisky y las anécdotas y mirar para allá y no ver ni un solo cuerno sobre el que sostener una bonita historia de tiros, valentía y emoción.
Yo que ya no me acuerdo de lo que es un tiro desde que disparaba a las latas en el campo de tiro jugándome la ronda de cervezas con mis compañeros de mili, no puedo contar ese tipo de historias. Que pena.
Esta tarde me preguntaba sobre qué escribiría hoy mientras volvía al trabajo una hora y media después de acabada mi jornada laboral porque me había olvidado allí la tarjeta del cajero automático y la necesitaba para pasar el fín de semana. Y se me ocurre esto. Qué cosas.