No he podido resistir la tentación
EL FINAL
Todo lo que empieza tiene un final. Le he cogido cariño a este blog. Mi primer blog. Pero me he quedado sin espacio y además no sé muy bien porqué me he cansado un poco. Ahora me cuesta escribir en él, cuando antes las palabras fluían casi solas. Le tengo cariño porque lo he pasado bien escribiendo, he conocido a gente interesante que escribe mejor que yo y he hecho algunas amistades a distancia. Cuando empecé a escribir no podía imaginar que me duraría tanto ni que sería accesible para tanta gente. Ha sido una agradable sorpresa. Nunca ha sido este un blog demasiado personal, en realidad me he inventado cosas, he adornado historias, me he inventado amigos que no existen... y qué? Creo que el anonimato me ha dejado explicar entre líneas más cosas de mí de lo que pudiera parecer a simple vista. No soy capaz de escribir de otra manera ni de contar lo que hago desde que me levanto hasta que me acuesto. Ahora me voy. Seguramente seguiré escribiendo por ahí, oculto en algún sitio, con otro nombre. O quizás me pueda la nostalgia y algún día me anime con "gotas de lluvia/versión 2.0". Quien sabe...
A todos los que en algún momento habeis estado ahí: Muchas gracias y hasta la vista. Ha sido un placer.
A todos los que en algún momento habeis estado ahí: Muchas gracias y hasta la vista. Ha sido un placer.

EN EL MOLINO DEL OLVIDO
Llevo una temporadita en que no ando muy fino. Ni tengo tiempo, ni tengo ganas, ni tengo ideas... y seguramente esto último sea lo más grave. A veces siento un cansancio infinito, seguramente acumulado de vidas anteriores pues me parece demasiado grande para haberlo acaparado en esta. Cosas que antes me tranquilizaban ahora no lo hacen: Pasar la tarde mirando el mar, leer un buen libro, ver (otra vez) "Desayuno con diamantes"... En fín, yo que sé...
Tengo muchas cosas que decir. Pero no sé cómo hacerlo ni si quiero hacerlo tampoco. Supongo que es una de esas crisis que todos estamos abocados a pasar tarde o temprano.
Un poquito de paciencia por favor... que estoy en el molino del olvido. Pensando.
Tengo muchas cosas que decir. Pero no sé cómo hacerlo ni si quiero hacerlo tampoco. Supongo que es una de esas crisis que todos estamos abocados a pasar tarde o temprano.
Un poquito de paciencia por favor... que estoy en el molino del olvido. Pensando.

CON LETRAS DE OTRO
Hace días mi amiga invisible dsd me propuso participar en un juego. Suelo ser reticente a participar en estos juegos blogueros encadenados, sólo he hecho hasta ahora una excepción y esta va a ser la segunda porque, tratándose de libros, la cosa me pierde.
Se trataba de colgar aquí un párrafo con el que nos identifiquemos de algún libro que hayamos leido. Esto que puede parecer sencillo para mí no lo es tanto. Constantemente cuando leo me tropiezo con mi vida escrita con las letras de otro. Cosas que pensaba que sólo yo conocía de mí mismo me asaltan al volver una página y releo con sorpresa frases que he pensado yo o sucesos que forman parte de un pasado feliz o amargo, no importa, que de alguna manera el autor ha vivido también. Sensaciones. sentimientos...
En fín. Podría haber escogido otro pero he escogido este. Es de un autor prácticamente desconocido en España. El libro no se ha editado aquí que yo sepa.
" Antes de marcharse derribó los libros de las estanterías y encendió con ellos una hoguera en el patio, justo al lado de donde estaba enterrado su perro. El aire de la tarde venía cargado con el olor de la lluvia y él pensó que tendría tiempo de quemarlo todo. Después buscaría su maleta en el desván y metería en ella un par de camisas. Nada más. Cuando ella llegase a contarle sus mentiras sería tarde, ya llovería y unas brasas humeantes en el patio serían la única huella de que él estuvo allí. Todo quedaría limpio finalmente y cuando amaneciese de nuevo él estaría lejos olvidando lo más rápido posible todo lo ocurrido desde aquella tarde fatídica en que la encontró en la cola de un cine. Sólo esa sería su venganza; no dejar que ella supiese hasta qué punto conocía él su pasado y que en realidad no lo engañó nunca.
La lluvia apagó la hoguera y dejó a Hamlet y a Mi Lady y a Mathias Hoepke con la palabra en la boca. Acabando siempre sus frases en un borde quemado. Contempló los restos con la maleta en la mano, empapado, mientras las gotas bajaban por su cara, por su cuello, por sus brazos, como un torrente furioso. Y así se quedó. Pálido y mojado.
Ella se sentó a su lado, a la luz de una vela y mientras los envolvía la noche comenzó a contarle sus mentiras. Aullaba un perro y él bebía en silencio mientras hacía ver que la escuchaba."
Extraido de "Sinfonía número 13 en Re mayor para cuervos y orquesta" de Marcel Tennembaum
C'est tout. No voy a pasar el testigo a nadie pero quien quiera recogerlo es libre de hacerlo.Yo voy a perderme por ahí un rato.
Se trataba de colgar aquí un párrafo con el que nos identifiquemos de algún libro que hayamos leido. Esto que puede parecer sencillo para mí no lo es tanto. Constantemente cuando leo me tropiezo con mi vida escrita con las letras de otro. Cosas que pensaba que sólo yo conocía de mí mismo me asaltan al volver una página y releo con sorpresa frases que he pensado yo o sucesos que forman parte de un pasado feliz o amargo, no importa, que de alguna manera el autor ha vivido también. Sensaciones. sentimientos...
En fín. Podría haber escogido otro pero he escogido este. Es de un autor prácticamente desconocido en España. El libro no se ha editado aquí que yo sepa.
" Antes de marcharse derribó los libros de las estanterías y encendió con ellos una hoguera en el patio, justo al lado de donde estaba enterrado su perro. El aire de la tarde venía cargado con el olor de la lluvia y él pensó que tendría tiempo de quemarlo todo. Después buscaría su maleta en el desván y metería en ella un par de camisas. Nada más. Cuando ella llegase a contarle sus mentiras sería tarde, ya llovería y unas brasas humeantes en el patio serían la única huella de que él estuvo allí. Todo quedaría limpio finalmente y cuando amaneciese de nuevo él estaría lejos olvidando lo más rápido posible todo lo ocurrido desde aquella tarde fatídica en que la encontró en la cola de un cine. Sólo esa sería su venganza; no dejar que ella supiese hasta qué punto conocía él su pasado y que en realidad no lo engañó nunca.
La lluvia apagó la hoguera y dejó a Hamlet y a Mi Lady y a Mathias Hoepke con la palabra en la boca. Acabando siempre sus frases en un borde quemado. Contempló los restos con la maleta en la mano, empapado, mientras las gotas bajaban por su cara, por su cuello, por sus brazos, como un torrente furioso. Y así se quedó. Pálido y mojado.
Ella se sentó a su lado, a la luz de una vela y mientras los envolvía la noche comenzó a contarle sus mentiras. Aullaba un perro y él bebía en silencio mientras hacía ver que la escuchaba."
Extraido de "Sinfonía número 13 en Re mayor para cuervos y orquesta" de Marcel Tennembaum
C'est tout. No voy a pasar el testigo a nadie pero quien quiera recogerlo es libre de hacerlo.Yo voy a perderme por ahí un rato.
UNA PINICULA ROMÁNTICA
El botín de Rochefort
Estaba yo en un cibercafé escribiendo un post diferente a este que finalmente voy a escribir cuando he sentido una voz a mi espalda:- Qué haces robando?
Me he girado a tiempo de ver a un hombre de mediana edad agachado junto a mi mochila y a otro, de pie, a su lado que había descubierto el pastel.
- No, no...
Ha dicho el que estaba agachado en busca de su botín. No se le ha ocurrido nada más supongo.
- Largo de aquí ladrón. Aquí no se viene a robar.
El otro se ha levantado y lo he visto mejor. Era un hombre alto y moreno, vestido con bastante decencia y pinta de árabe. Una antigua cicatriz recorría una de sus mejillas. Se ha marchado mientras su descubridor (un empleado del cibercafé) lo increpaba y todos los clientes miraban por encima de sus monitores.
La verdad es que he estado un poco lento. Pensaba que no se había llevado nada. Pero sí.
He abierto mi mochila, mi mochila negra, contenedor de manías y aficiones y enseguida he visto que faltaba un libro. Era un libro antigüo, pequeño y bien encuadernado. Las hojas eran de papel biblia (ese papel tan fino que hace que donde caben 200 hojas de papel normal quepan 800 del otro) y con el lomo dorado. Mi libro favorito. Los tres mosqueteros y 20 años después. Las dos novelas juntas, una detrás de otra en una edición de 1966.
Pensándolo ahora me sorprende el botín elegido. En la mochila llevo también la cámara de fotos digital, por ejemplo.
He salido a la calle corriendo, he llegado hasta la esquina. Pero no ha habido suerte. Adiós Athos, Porthos, Aramis y D'artagnan. Os buscaré este domingo en el mercadillo de libros usados de San Antonio.
Y tú caballero Rochefort...el de la cicatriz en la cara, transmutado desde las páginas de un libro. Volveremos a vernos, te lo prometo.
Papa, te prometo que jugaremos a la plei.
No se de qué me sorprendo, pero no puedo evitarlo. Mi hijo tiene habilidades de político. Y voy a explicarme bien: Ya escribí aquí que juega demasiado a la videoconsola. No tuve más remedio que racionar el tiempo que pasa delante de la pleisteishon y él ha contraatacado con una estrategia más propia de un político discutiendo sobre el estatut que de un niño de cinco años.A veces voy a recogerlo a casa de su abuela y mientras le pongo el abrigo para salir me dice muy serio:
- Papa, te prometo que luego jugaremos a la plei. Te lo prometo eh?
El jodío. Como si el interesado en jugar a la pleisteishon fuese yo y no él y con gran sacrificio por su parte me estuviese haciendo un favor.
En ocasiones como esa no puedo evitar una sonrisa. Le cojo de la mano como siempre para salir y le digo: Vale hijo, muy bien, gracias.
Y él se pone serio repasando mentalmente los juegos que tiene y escoge el que más le apetece para hacerme el favor de jugar un rato. El elemento.
Hijos de puta con teléfono móvil.
Pues nada, que he leido en los periódicos la noticia de la detención de dos hombres (no los llamo personas como podeis ver) por agredir a cualquiera que les viniera en gana para grabarlo en vídeo con un teléfono móvil. Luego colocaban el vídeo en internet o se lo enseñaban a sus colegas y se echaban unas risas.
La cosa era como sigue: Los dos detenidos se paseaban en coche por la ciudad buscando una víctima (ya me imagino: mujer sola, anciano, indigente desmejorado...vamos quien no tuviese pinta de poder meterles el móvil por ese sitio donde les cabe, los valientes), se bajaban del coche y mientras uno grababa, el otro, el más fuerte, la emprendía a golpes con la desprevenida víctima mientras le insultaba y humillaba lo más crudamente posible. Sonríe willy que te estamos grabando, decía en una ocasión el que sostenía el teléfono para hacerse el gracioso. Luego se montaban en el coche entre risas y dejaban a la víctima apaleada tirada en el suelo entre sollozos.
Si yo fuese un tertuliano radiofónico me pondría seguidamente a hablar de "la cultura de la violencia" (qué gilipollez!) o de el concepto de diversión asociado a la violencia entre los jóvenes (tenían 27 y 28 años los mendas, pero ahora se deja de ser joven a los 40). Estaría bien. Pero no soy tertuliano de radio ni tengo porqué ser políticamente correcto. No pertenezco a ningún partido político, no pertenezco a ninguna asociación, no se me conocen filias o fobias publicamente. Vamos que soy uno cualquiera con una conexión adsl, así que me puedo despachar a gusto:
A ese par de hijos de puta los metía en el patio de una prisión a la hora del recreo. Con un cartelito en las espaldas que explicase por qué estaban allí. Y repartía unos móviles con cámara entre los internos. Que los presos para estas cosas tienen sus códigos y tampoco estan afiliados a ningún sitio.
Me apuesto lo que querais a que se les quitaban las ganas de grabar para toda la vida. Y si de eso saliera un vídeo, lo podrían enviar a Yonkis.com para que nos riéramos todos.
Pero no, lástima, todo esto son divagaciones mías, que soy un descerebrado sin carnets de nada. El juez los ha puesto en la calle sólo acusados de unas faltas (ni siquiera delito) de agresión y lesiones. Cuando vengamos a darnos cuenta tendremos que salir a la calle con una pistola, como nuestros primos los yanquis, para evitar que nos vengan dos hijos de puta con teléfono móvil. Y nos graben.
La cosa era como sigue: Los dos detenidos se paseaban en coche por la ciudad buscando una víctima (ya me imagino: mujer sola, anciano, indigente desmejorado...vamos quien no tuviese pinta de poder meterles el móvil por ese sitio donde les cabe, los valientes), se bajaban del coche y mientras uno grababa, el otro, el más fuerte, la emprendía a golpes con la desprevenida víctima mientras le insultaba y humillaba lo más crudamente posible. Sonríe willy que te estamos grabando, decía en una ocasión el que sostenía el teléfono para hacerse el gracioso. Luego se montaban en el coche entre risas y dejaban a la víctima apaleada tirada en el suelo entre sollozos.
Si yo fuese un tertuliano radiofónico me pondría seguidamente a hablar de "la cultura de la violencia" (qué gilipollez!) o de el concepto de diversión asociado a la violencia entre los jóvenes (tenían 27 y 28 años los mendas, pero ahora se deja de ser joven a los 40). Estaría bien. Pero no soy tertuliano de radio ni tengo porqué ser políticamente correcto. No pertenezco a ningún partido político, no pertenezco a ninguna asociación, no se me conocen filias o fobias publicamente. Vamos que soy uno cualquiera con una conexión adsl, así que me puedo despachar a gusto:
A ese par de hijos de puta los metía en el patio de una prisión a la hora del recreo. Con un cartelito en las espaldas que explicase por qué estaban allí. Y repartía unos móviles con cámara entre los internos. Que los presos para estas cosas tienen sus códigos y tampoco estan afiliados a ningún sitio.
Me apuesto lo que querais a que se les quitaban las ganas de grabar para toda la vida. Y si de eso saliera un vídeo, lo podrían enviar a Yonkis.com para que nos riéramos todos.
Pero no, lástima, todo esto son divagaciones mías, que soy un descerebrado sin carnets de nada. El juez los ha puesto en la calle sólo acusados de unas faltas (ni siquiera delito) de agresión y lesiones. Cuando vengamos a darnos cuenta tendremos que salir a la calle con una pistola, como nuestros primos los yanquis, para evitar que nos vengan dos hijos de puta con teléfono móvil. Y nos graben.
Los famosos 5 hábitos extraños (y lo que te rondaré morena)
Pues eso. Que no me he librado del famoso juego de los 5 hábitos extraños que corre por el mundo blogueril y aunque no me hacía mucha gracia la idea de escribir sobre lo mismo que cientos de miles de personas, el hecho de que 2 hermosas y queridas damas como trebol y Marivip me hayan invitado a la vez a participar desde sus respectivos blogs...pues hace que no pueda decir que no (ay! que no haría yo por vosotrasssss).
Así que ahí van mis hábitos extraños esos (bueno para mí no lo son, pero son los demás los que deben juzgar). A saber: Llevo el reloj en la mano derecha y tiene que tener la esfera negra y con manecillas, nada de números digitales. Sumergible y con la correa de acero o alumino para que resistan el agua. A veces me pego un trocito minúsculo de post-it en la esfera con alguna palabra clave que me recuerde algo que tengo que hacer. Siempre estoy leyendo como mínimo tres o cuatro libros a la vez, sobre diferentes temas para ir saltando de uno a otro dependiendo del estado de ánimo o lo que me apetezca en el momento. (A mí esto me parece lo más normal del mundo pero todo el mundo se sorprende. ) Cuando salgo a la calle suelo pararme un momento y mirar al cielo. Observo las nubes para averigüar la dirección del viento. (Esto debe de ser heredado de mis antepasados cazadores de mamuts, que buscaban así el itinerario mas seguro cuando salían de sus cavernas jeje.) Normalmente visto de negro. Suelo anotar las frases que me llaman la atención de los periódicos y libros que leo. No soporto salir a la calle con los zapatos sucios.(Consecuencia de mis tiempos en el ejército). Suelo guardar siempre una baraja de poker en la mochila. Nunca se sabe... Cuando monto en el metro o el tren suelo ir mirando a los pasajeros. Cuando encuentro a alguno que me llame la atención lo escruto y me invento una biografía mental que a veces utilizo en mis historias.
Me gustan los pájaros y si me topo con alguno que no reconozco retengo su imagen para buscarlo en una guía de campo cuando vuelvo a casa.
Bueno...cuantos van? me parece que más de 5. Y podría continuar... No sé pero me estoy asustando. No me había dado cuenta pero creo que soy un tío de lo más rarito.
Así que ahí van mis hábitos extraños esos (bueno para mí no lo son, pero son los demás los que deben juzgar). A saber:
Bueno...cuantos van? me parece que más de 5. Y podría continuar... No sé pero me estoy asustando. No me había dado cuenta pero creo que soy un tío de lo más rarito.
Ya he visto el final alternativo de Titanic: el barco no se hunde.
Quería colgar aquí un video casero de mi hijo cuando abrió el paquete que contenía "la ratonera"; uno de los regalos que había pedido en su carta a los reyes magos (ver post más abajo) y que esperaba con verdadera ilusión. No he sabido encontrar la manera, aunque creo que os hubiera gustado ver su reacción. En lugar de eso voy a hablar del final alternativo de titanic. Es que me han regalado la peli.
Pues sí. Que han sacado un dvd de titanic para coleccionistas plagadito de extras. Y con un espectacular final alternativo: el barco no se hunde. Sólo muere el mayordomo del malo, que resbala en la cubierta con una piel de plátano y cae al agua, pero es que se lo merecía porque se tira toda la película fastidiando al pobre Leonardo di Caprio.
Las escenas aquellas en que se veía a todo el mundo congelado en el agua las han quitado. Eran demasiado duras y quizás se arriesgaban a que calificasen la peli como "para mayores de 18 años". Eso sí, para compensar se ve gente estornudando en la cubierta.
Y el cameo simpático lo tiene David Meca, que se desvió un poco de la travesía a nado que estaba haciendo (Alicante- Nueva York) para salir en la peli y salvar a 12 niños que se estaban ahogando. Al final al titanic lo remolca el barco del capitán pescanova, que estaba por allí también y si os fijais bien vereis en la cubierta a Santiago Segura comiendo palitos de marisco y con una camiseta que dice:
Y es que cuando sacan la edición especial en dvd de cualquier peli (no hace falta que sea titanic). Mis primos los yanquis nos pueden sorprender con cualquier cosa.
Sonando: La música adicional compuesta para los extras de la edición especial de la versión alargada del pack de la trilogía del señor de los anillos.
Pues sí. Que han sacado un dvd de titanic para coleccionistas plagadito de extras. Y con un espectacular final alternativo: el barco no se hunde. Sólo muere el mayordomo del malo, que resbala en la cubierta con una piel de plátano y cae al agua, pero es que se lo merecía porque se tira toda la película fastidiando al pobre Leonardo di Caprio.
Las escenas aquellas en que se veía a todo el mundo congelado en el agua las han quitado. Eran demasiado duras y quizás se arriesgaban a que calificasen la peli como "para mayores de 18 años". Eso sí, para compensar se ve gente estornudando en la cubierta.
Y el cameo simpático lo tiene David Meca, que se desvió un poco de la travesía a nado que estaba haciendo (Alicante- Nueva York) para salir en la peli y salvar a 12 niños que se estaban ahogando. Al final al titanic lo remolca el barco del capitán pescanova, que estaba por allí también y si os fijais bien vereis en la cubierta a Santiago Segura comiendo palitos de marisco y con una camiseta que dice:
"Torrente 4. Nos hacemos unas pajillas".
Y es que cuando sacan la edición especial en dvd de cualquier peli (no hace falta que sea titanic). Mis primos los yanquis nos pueden sorprender con cualquier cosa.
Sonando: La música adicional compuesta para los extras de la edición especial de la versión alargada del pack de la trilogía del señor de los anillos.
Los guantes del rey Baltasar
Lo he leído hoy en la prensa:
Me entran ganas de acabar el post aquí y dejar pensando al que lea esto. Pero no, lo siento. Si alguien lee habitualmente lo que escribo (yo no pierdo la esperanza), sabrá que sobre este tema ya colgué un post sin palabras, y no voy a repetirlo.
Ese “africano” como eufemísticamente lo llama el titular del periódico tiene un nombre: se llama Paul y llegó a España desde Camerún buscando una vida mejor. Salió de su país a la edad en que aquí los jóvenes se fuman su primer porro, o sea, muy pronto y tuvo que atravesar cinco países para al final, una noche sin luna, conseguir al fin esquivar a los guardias marroquies, encaramarse a la valla fronteriza, aguantar el dolor de las cuchillas incrustadas en lo alto clavándose en sus manos, saltar al otro lado esquivando a la guardia civil y perderse en un bosque oscuro y desconocido, pero que ya era España.
Mañana, día 5 de Enero, esas manos que probablemente aún conservan las cicatrices de aquellos cortes, se enfundarán unos guantes blancos para repartir caramelos a los niños. Los policías que le hacen cambiar de acera por miedo a que le pidan los papeles escoltarán su carroza en el desfile. Los abuelos, los padres y los enanos le saludarán con la mano viéndole pasar subido allí arriba y rodeado de pajes menudos con la cara tiznada de negro. Sin salir de su asombro (supongo yo), Paul lanzará sacos y sacos de caramelos en su recorrido por Madrid. Tomará en brazos a los más pequeños que le susurrarán al oído sus anhelos: un coche teledirigido, un videojuego, una muñeca…
Me pregunto si Paul dejó en su país hijos o sobrinos; y si estos creen en los reyes magos.
Mañana muchos niños dormirán esperando el Alba soñando con esos juguetes que les ha de traer el rey Baltasar, un rey Baltasar de sonrisa luminosa y guantes blancos que esconden cicatrices. Cuando termine el desfile Paul entregará su turbante de fantasía, su capa y sus guantes impolutos y caminará hasta el albergue que durante tres meses le ha proporcionado una ONG, se irá a dormir pensativo, supongo yo. Quizás soñará con su familia, con su madre a la que siempre cuenta mentiras bienintencionadas por teléfono y con un nuevo trabajo, no tan fugaz como la estrella de Oriente que le guiará mañana. Mientras tanto miles de niños soñarán con él y desearán que sea generoso y que no se olvide de ellos. Lo hará seguro. Me niego a pensar que el rey Baltasar sea una mala persona.
“Un africano que saltó la valla de Melilla consigue su primer trabajo como rey Baltasar en Madrid”.
Me entran ganas de acabar el post aquí y dejar pensando al que lea esto. Pero no, lo siento. Si alguien lee habitualmente lo que escribo (yo no pierdo la esperanza), sabrá que sobre este tema ya colgué un post sin palabras, y no voy a repetirlo.
Ese “africano” como eufemísticamente lo llama el titular del periódico tiene un nombre: se llama Paul y llegó a España desde Camerún buscando una vida mejor. Salió de su país a la edad en que aquí los jóvenes se fuman su primer porro, o sea, muy pronto y tuvo que atravesar cinco países para al final, una noche sin luna, conseguir al fin esquivar a los guardias marroquies, encaramarse a la valla fronteriza, aguantar el dolor de las cuchillas incrustadas en lo alto clavándose en sus manos, saltar al otro lado esquivando a la guardia civil y perderse en un bosque oscuro y desconocido, pero que ya era España.
Mañana, día 5 de Enero, esas manos que probablemente aún conservan las cicatrices de aquellos cortes, se enfundarán unos guantes blancos para repartir caramelos a los niños. Los policías que le hacen cambiar de acera por miedo a que le pidan los papeles escoltarán su carroza en el desfile. Los abuelos, los padres y los enanos le saludarán con la mano viéndole pasar subido allí arriba y rodeado de pajes menudos con la cara tiznada de negro. Sin salir de su asombro (supongo yo), Paul lanzará sacos y sacos de caramelos en su recorrido por Madrid. Tomará en brazos a los más pequeños que le susurrarán al oído sus anhelos: un coche teledirigido, un videojuego, una muñeca…
Me pregunto si Paul dejó en su país hijos o sobrinos; y si estos creen en los reyes magos.
Mañana muchos niños dormirán esperando el Alba soñando con esos juguetes que les ha de traer el rey Baltasar, un rey Baltasar de sonrisa luminosa y guantes blancos que esconden cicatrices. Cuando termine el desfile Paul entregará su turbante de fantasía, su capa y sus guantes impolutos y caminará hasta el albergue que durante tres meses le ha proporcionado una ONG, se irá a dormir pensativo, supongo yo. Quizás soñará con su familia, con su madre a la que siempre cuenta mentiras bienintencionadas por teléfono y con un nuevo trabajo, no tan fugaz como la estrella de Oriente que le guiará mañana. Mientras tanto miles de niños soñarán con él y desearán que sea generoso y que no se olvide de ellos. Lo hará seguro. Me niego a pensar que el rey Baltasar sea una mala persona.
Un consomé hace milagros.
Estos días estoy leyendo en los periódicos que el polo norte se está descongelando. Por lo visto un equipo de investigadores que hacía un reconocimiento aéreo de su habitat, detectó 40 osos polares nadando en mar abierto y sin posibilidad de encontrar ningún bloque de hielo en las cercanías adonde subirse para no morir ahogados.
En eso andaba yo pensando el otro día cuando, por la mañana, al ir a coger el coche para trabajar, me encontré con que se había convertido en un témpano redundantemente helado.
No es que tuviese encima una capita de hielo, que pudiese quebrarse como se quiebra el azucar quemado que cubre la crema catalana, a golpe de cucharilla. Cuando digo que estaba helado quiero decir eso. Más frío que el corazón del doctor Mengele.
Como tenía que ir a trabajar en coche sin más remedio, comencé intentando retirar el hielo del parabrisas con un papel. Daba risa.
Mi coche no tiene aire acondicionado, ni elevalunas eléctrico ni dispositivo antivaho (suponiendo que exista eso). Es un coche antiguo. De cuando el capitán trueno hizo la mili y donde la imaginación tiene que suplir todas las comodidades que le faltan, así que allí estaba yo, con un resfriado diciéndome hola buenas y dándole vueltas al coco para conseguir conducir mi coche sin matarme a la primera curva. Porque el parabrisas no me hubiera dejado ver a las playmates del año aunque las hubiera tenido sentadas a todas encima del capó. Y yo para eso tengo mucha vista.
Se me ocurrió darle una utilidad después de tantos años al mechero del coche (porque yo no fumo).
Ese complemento imprescindible (hasta que la ley antitabaco prohiba fumar en los vehículos) que suele estar en el salpicadero y cuando lo aprietas se pone incandescente. Pues yo lo usé para dar viajecillos desde el salpicadero hasta el parabrisas y aplicarlo contra el hielo con la esperanza de deshacerlo un poco.
Al final obtuve un agujerito del tamaño de una nuez y tras 20 minutos de retraso decidí abrir la ventanilla del conductor (para ver algo más) y llegar hasta la primera gasolinera, que distaba unos cuatro kilómetros y allí buscar alguna solución con los nuevos medios que estarían a mi alcance.
Aún era de noche y durante el camino estuve a punto de morir varias veces. Yo sólo, sin más vehículos implicados.
Cuando llegué a la gasolinera, un sólo empleado fregaba el suelo con una fregona y un cubo lleno de escarcha. Le pregunté si tenía agua caliente en algún sitio, o algo que pudiera usar para quitar el hielo del parabrisas, pero sin pensarlo mucho me dijo que no. Entonces la ví.
Estaba allí en un rincón esperándome con sus botones encendidos: café solo, café con leche, leche sola, consomé...
COMSOMÉ. Un caldito que tomamos en España para reanimarnos de resfriados y resacas hecho con algúna pastilla de avecrem y agua caliente. Así que saqué unas monedas y pulsé el botón.
Aún estoy viendo la cara del empleado de la gasolinera (un paquistaní sin imaginación) mirándo por la ventana como le tiraba a mi coche el consomé por encima.
Es lo que tiene el invierno. Algunas mañana hace un frío sobrenatural y hay que ingeniarse soluciones aprovechando esta neurona que Dios me ha dado.
En eso andaba yo pensando el otro día cuando, por la mañana, al ir a coger el coche para trabajar, me encontré con que se había convertido en un témpano redundantemente helado.
No es que tuviese encima una capita de hielo, que pudiese quebrarse como se quiebra el azucar quemado que cubre la crema catalana, a golpe de cucharilla. Cuando digo que estaba helado quiero decir eso. Más frío que el corazón del doctor Mengele.Como tenía que ir a trabajar en coche sin más remedio, comencé intentando retirar el hielo del parabrisas con un papel. Daba risa.
Mi coche no tiene aire acondicionado, ni elevalunas eléctrico ni dispositivo antivaho (suponiendo que exista eso). Es un coche antiguo. De cuando el capitán trueno hizo la mili y donde la imaginación tiene que suplir todas las comodidades que le faltan, así que allí estaba yo, con un resfriado diciéndome hola buenas y dándole vueltas al coco para conseguir conducir mi coche sin matarme a la primera curva. Porque el parabrisas no me hubiera dejado ver a las playmates del año aunque las hubiera tenido sentadas a todas encima del capó. Y yo para eso tengo mucha vista.
Se me ocurrió darle una utilidad después de tantos años al mechero del coche (porque yo no fumo).
Ese complemento imprescindible (hasta que la ley antitabaco prohiba fumar en los vehículos) que suele estar en el salpicadero y cuando lo aprietas se pone incandescente. Pues yo lo usé para dar viajecillos desde el salpicadero hasta el parabrisas y aplicarlo contra el hielo con la esperanza de deshacerlo un poco.Al final obtuve un agujerito del tamaño de una nuez y tras 20 minutos de retraso decidí abrir la ventanilla del conductor (para ver algo más) y llegar hasta la primera gasolinera, que distaba unos cuatro kilómetros y allí buscar alguna solución con los nuevos medios que estarían a mi alcance.
Aún era de noche y durante el camino estuve a punto de morir varias veces. Yo sólo, sin más vehículos implicados.
Cuando llegué a la gasolinera, un sólo empleado fregaba el suelo con una fregona y un cubo lleno de escarcha. Le pregunté si tenía agua caliente en algún sitio, o algo que pudiera usar para quitar el hielo del parabrisas, pero sin pensarlo mucho me dijo que no. Entonces la ví.
Estaba allí en un rincón esperándome con sus botones encendidos: café solo, café con leche, leche sola, consomé...
COMSOMÉ. Un caldito que tomamos en España para reanimarnos de resfriados y resacas hecho con algúna pastilla de avecrem y agua caliente. Así que saqué unas monedas y pulsé el botón.
Aún estoy viendo la cara del empleado de la gasolinera (un paquistaní sin imaginación) mirándo por la ventana como le tiraba a mi coche el consomé por encima.
Es lo que tiene el invierno. Algunas mañana hace un frío sobrenatural y hay que ingeniarse soluciones aprovechando esta neurona que Dios me ha dado.
Por si los reyes magos leen mi blog.


No me llames Mariano, llámame Wilkins.
Hace mucho tiempo que tengo la sensación de que pensamos que todo lo que viene de los Estados Unidos es la biblia en verso. Tenemos la manía de anglofonizarlo todo y de querer sumergirnos en un mundo que culturalmente no es el nuestro. Vienen los guiris a pasearse por nuestras playas con la litrona en la mano y las ganas de vomitar diciendo: oushitmygood! y nos creemos que eso debe ser estar a la última. Antiguamente veías a un tío rubio con las mejillas colorás y las bermudas de flores y la riñonera colgando por encima del pito y sabíamos automáticamente que hablaba inglés. Pero ahora los imitamos.
En un país como este, con una dieta mediterránea que hace posible el bacalao al pil pil, los bocadillos de jamón ibérico con tomate y aceite de oliva, el gazpacho y la horchata de chufa, el vino de rioja, el cava catalán (y español), las anchoas del cantábrico, el centollo gallego, los bocadillos de calamares, el rabo de toro con patatas,los pimientos del piquillo rellenos de merluza, la tortilla de patatas, la crema catalana, los postres de las monjas, el lomo embuchado o la paella valenciana, nos empeñamos en comer un bigmac, una doble wuoperconqueso o un chikenfrito, o como coño se llame eso, en una bandejita de plástico. No tenemos remedio.
A ver si nos enteramos de que nuestra cocina es la mejor del mundo, que nuestro idioma es el más rico del mundo,nuestras mujeres las más hermosas y más generosas del mundo, que tenemos un país donde no hay huracanes ni fallas de San Francisco, con un sol que ya lo quisieran para sí los ingleses, con kilómetros y kilómetros de costa por todos lados. Tenemos un país en el que se puede vivir sin necesidad de que tengamos que llevar un arma metida en el pantalón por miedo a que nos pregunten la hora. Tenemos a Cervantes y a Quevedo Y a Goya y a Picasso y a Dalí y a García Lorca y a Velazquez y a Camarón y a Serrat. Es cierto que "Carmen" la escribió un francés, pero ella era española. Seguramente porque en Francia no hubo nunca mujeres como esa.
Tenemos también una historia atormentada, más llena de sombras que de luces, con períodos de absoluta oscuridad y fogonazos de grandeza, como país antigüo que somos, aunque de eso ya no se acuerda ni Cristo.
Ahora nadie quiere llamarse Manolo, ni Antonio ni Felisa ni Mercedes. Suena Mejor Jennifer, Christina, Elisabeth, Eric o Deivid. Supongo que los gustos también evolucionan pero me temo que a este paso nos daremos cuenta de lo que tenemos y empezaremos a proteger lo nuestro cuando los cerdos se críen con bellotas en los bosques de California. Y el jamón tengamos que importarlo. Y si no, al tiempo.
En un país como este, con una dieta mediterránea que hace posible el bacalao al pil pil, los bocadillos de jamón ibérico con tomate y aceite de oliva, el gazpacho y la horchata de chufa, el vino de rioja, el cava catalán (y español), las anchoas del cantábrico, el centollo gallego, los bocadillos de calamares, el rabo de toro con patatas,los pimientos del piquillo rellenos de merluza, la tortilla de patatas, la crema catalana, los postres de las monjas, el lomo embuchado o la paella valenciana, nos empeñamos en comer un bigmac, una doble wuoperconqueso o un chikenfrito, o como coño se llame eso, en una bandejita de plástico. No tenemos remedio.
A ver si nos enteramos de que nuestra cocina es la mejor del mundo, que nuestro idioma es el más rico del mundo,nuestras mujeres las más hermosas y más generosas del mundo, que tenemos un país donde no hay huracanes ni fallas de San Francisco, con un sol que ya lo quisieran para sí los ingleses, con kilómetros y kilómetros de costa por todos lados. Tenemos un país en el que se puede vivir sin necesidad de que tengamos que llevar un arma metida en el pantalón por miedo a que nos pregunten la hora. Tenemos a Cervantes y a Quevedo Y a Goya y a Picasso y a Dalí y a García Lorca y a Velazquez y a Camarón y a Serrat. Es cierto que "Carmen" la escribió un francés, pero ella era española. Seguramente porque en Francia no hubo nunca mujeres como esa.
Tenemos también una historia atormentada, más llena de sombras que de luces, con períodos de absoluta oscuridad y fogonazos de grandeza, como país antigüo que somos, aunque de eso ya no se acuerda ni Cristo.
Ahora nadie quiere llamarse Manolo, ni Antonio ni Felisa ni Mercedes. Suena Mejor Jennifer, Christina, Elisabeth, Eric o Deivid. Supongo que los gustos también evolucionan pero me temo que a este paso nos daremos cuenta de lo que tenemos y empezaremos a proteger lo nuestro cuando los cerdos se críen con bellotas en los bosques de California. Y el jamón tengamos que importarlo. Y si no, al tiempo.
Los Trofeos del jefe
El otro día descubrí en un rincón del almacen de la empresa donde trabajo los trofeos de caza del jefe. Trece craneos blanquísimos con cornamenta incluida de todos los tipos y estilos. No sabía yo de la existencia de tantos tipos de cuernos diferentes siendo como soy un tiñalpa que hace años que no pisa un zoológico y que sólo ve los documentales de fauna ibérica de Félix Rodriguez de la Fuente. El caso es que allí estaban todos escondiditos para que no los vean los empleados y vayan a pensar que yo... que me gusta cazar por diversión y todo eso.
Montados en su trozo de madera y con su plaquita dorada debajo con las iniciales del jefe y la fecha y el lugar donde fueron cazados, aún no lucían en todo su esplendor pues estaban a medio desembalar pero seguramente volarán de allí pronto y fuera de las horas laborables. El caso es que de los trece, diez fueron conseguidos casi de una tacada según reza en las plaquitas. En Sudáfrica, durante la semana santa del año pasado.
Me imagino a mi jefe montado en un land rover (porque no creo que se llevase hasta allí uno de sus todoterrenos), con su escopeta nuevecita de trinca y más peligro que Willy fogg con un abono de transporte. El guía negro de rigor le iria señalando las piezas sobre las que disparar. Ese no, que tiene los cuernos pequeños aún, ese tampoco que es hembra y está embarazada. Y mi jefe, que no se diga, bajaría el arma comprensivo y echaría un trago de agua mineral de su cantimplora comprada en Coronel tapioca mientras el guía negro, tímido él, aprovechaba para apartar la boca del cañón de la trayectoria de su coco.
Mientras yo pasaba la semana santa dándole a la tecla,leyendo y jugando a hacer circuitos para coche con pinzas de la ropa con mi hijo, he descubierto de golpe lo que hacía mi jefe por aquel entonces y es que debe ser duro tener una pared más vacía que la hucha de un ludópata y sentarse junto a la chimenea con las visitas a la hora del whisky y las anécdotas y mirar para allá y no ver ni un solo cuerno sobre el que sostener una bonita historia de tiros, valentía y emoción.
Yo que ya no me acuerdo de lo que es un tiro desde que disparaba a las latas en el campo de tiro jugándome la ronda de cervezas con mis compañeros de mili, no puedo contar ese tipo de historias. Que pena.
Esta tarde me preguntaba sobre qué escribiría hoy mientras volvía al trabajo una hora y media después de acabada mi jornada laboral porque me había olvidado allí la tarjeta del cajero automático y la necesitaba para pasar el fín de semana. Y se me ocurre esto. Qué cosas.
Montados en su trozo de madera y con su plaquita dorada debajo con las iniciales del jefe y la fecha y el lugar donde fueron cazados, aún no lucían en todo su esplendor pues estaban a medio desembalar pero seguramente volarán de allí pronto y fuera de las horas laborables. El caso es que de los trece, diez fueron conseguidos casi de una tacada según reza en las plaquitas. En Sudáfrica, durante la semana santa del año pasado.
Me imagino a mi jefe montado en un land rover (porque no creo que se llevase hasta allí uno de sus todoterrenos), con su escopeta nuevecita de trinca y más peligro que Willy fogg con un abono de transporte. El guía negro de rigor le iria señalando las piezas sobre las que disparar. Ese no, que tiene los cuernos pequeños aún, ese tampoco que es hembra y está embarazada. Y mi jefe, que no se diga, bajaría el arma comprensivo y echaría un trago de agua mineral de su cantimplora comprada en Coronel tapioca mientras el guía negro, tímido él, aprovechaba para apartar la boca del cañón de la trayectoria de su coco.
Mientras yo pasaba la semana santa dándole a la tecla,leyendo y jugando a hacer circuitos para coche con pinzas de la ropa con mi hijo, he descubierto de golpe lo que hacía mi jefe por aquel entonces y es que debe ser duro tener una pared más vacía que la hucha de un ludópata y sentarse junto a la chimenea con las visitas a la hora del whisky y las anécdotas y mirar para allá y no ver ni un solo cuerno sobre el que sostener una bonita historia de tiros, valentía y emoción.
Yo que ya no me acuerdo de lo que es un tiro desde que disparaba a las latas en el campo de tiro jugándome la ronda de cervezas con mis compañeros de mili, no puedo contar ese tipo de historias. Que pena.
Esta tarde me preguntaba sobre qué escribiría hoy mientras volvía al trabajo una hora y media después de acabada mi jornada laboral porque me había olvidado allí la tarjeta del cajero automático y la necesitaba para pasar el fín de semana. Y se me ocurre esto. Qué cosas.
