REDUCCIÓN DE HIPOCRESÍA INTERNA
En este post me desvío un tanto de la temática general del blog para hablar sobre un tema de actualidad, y que por su enorme gravedad requiere un momento de reflexión por parte de tod@s.
D. Pedro Schwartz Girón, catedrático de "Historia de las Doctrinas Económicas" expone en un artículo el problema de la condonación de la deuda externa. Aquí recojo un fragmento:
"Es muy generosa la actitud del Grupo de ocho naciones ricas G-8 al condonar la deuda contraída por catorce naciones africanas con los Estados y la organizaciones internacionales, pero profundamente equivocada. Los gobiernos de África deberían seguir obligados a devolver el dinero que deben y han malbaratado, aunque sea haciendo que los dictadores y sus familias los saquen de los paraísos fiscales donde los han escondido. La suma de lo que piensan condonar debería ir directamente a proyectos y empresas privadas, y a programas de alfabetización y salud dirigidos a los individuos necesitados. Toda nueva ayuda a los gobiernos debería someterse a estrictas condiciones de transparencia y buena gestión."
El tema es complejo. Qué duda cabe que todos estamos a favor, en mayor o menor medida de la condonación de la deuda externa. Y ¡ay! del que diga lo contrario. Pero no es menos cierto que tras las palabras bonitas, las reuniones de países ricos con apretones de manos, y los titulares que venden periódicos, se esconde una realidad que no estamos dispuestos a asumir:Existe una enorme corrupción en los países del tercer mundo. En una sociedad en la que la gente no come, en la que el soborno es el pan de cada día (¿triste metáfora,no?), la estabilidad política y social brilla por su ausencia y la justicia no existe, ¿Cómo se va a conseguir que la ayuda que llega a cuentagotas se destine a quienes la necesitan?, ¿Cómo se controla que el poco dinero que hay se consuma en políticas que hagan crecer al país y no a la buena vida de unos pocos?
Otro hecho del que no nos podemos evadir es la enorme hipocresía que desprenden los dirigentes del primer mundo. ¿Cómo pretendemos mejorar las condiciones de vida de los más pobres reduciendo su deuda externa si luego les cortamos la única posibilidad que tienen de crecer? Me explico: es evidente que los países del tercer mundo, al carecer de inversión y capital suficiente para manejar tecnologías avanzadas, basan la mayor parte de su P.I.B. en la agricultura. Es su producto final más numeroso. Es casi la única (por no decir la única) materia con la que pueden comerciar con el exterior, y así poder introducir bienes de mayor carga tecnológica que de otra manera no podrían adquirir. Y qué hace el primer mundo? Le cierra las puertas. Así de sencillo. Simplemente por egoismo, y porque a sus agricultores no les viene bien contar con competencia de otras zonas del mundo. Como ejemplo más evidente de ello nos encontramos con la Política Agraria Común (P.A.C.).
Estas son dos de los problemas más graves con los que cuenta la gente que al final es la perjudicada, aquellos que tienen poco o nada. En las cumbres y reuniones del G8 se habla de condonar cantidades ridículas, si las comparamos con la inyección que podría suponer otro tipo de políticas destinadas al crecimiento económico y de nivel de vida del tercer mundo. Pero no interesa. Y mientras no interese... el norte será cada vez más norte y el sur cada vez más sur.Artículos de interés:
Resultado de la conferencia de la Organización Mundial del Comercio en Honk Kong
Las penurias financieras del sur
Informe sobre el Desarrollo Humano 2005







