Uno nunca sabe
El enigma seguía vigente, "vivito y coleando", diría mi abuela. ¿Por qué quería terminar la novela si todavía la primera página estaba sin rastros de historia? La tomé, la palpé, e inclusive la olí con ansia. Le di la vuelta y todo era blanco, blanco y blanco. No había enigma entonces: no sabía escribir, nunca supe hacerlo. "Coge una lampa y ayuda en la chacra", diría mi abuela. Le tendría que hacer caso o empezar con esa frase. Uno nunca sabe.
Orlando Mazeyra
Orlando Mazeyra





