Así de loco te puedes volver
Un día horrible, y hay que ver el sol cómo luce. Bien... esto es muy bueno, 377 palabras incontestables, te lo mando, lo he escrito yo. Dice así: Así de loco te puedes volver.
A ese tipo lo andaban buscando, había carteles con su foto colgados por todo el barrio. Se había desorientado, loco de amor o de atar o de algo. Lo reconocí estando sentados los dos en la parada del autobús, un cartel pegado a un árbol a la altura de su cabeza me facilitaba la comparación. Vale que las orejas me hacían dudar un poco, pero es que tenía que ser él, quizás las orejas las había tomado prestadas de otra persona, de otra foto, de otro tipo colgado en otro cartel al que estuvieran buscando en otro barrio. Estaba por llamar al móvil de contacto cuando del autobús que justo llegaba se bajó, ahora sí, el tipo de la foto. Se sentó en el mismo banco que yo y que el otro tipo, quién sabe si a la espera de enlazar con otro autobús o simplemente víctima de la desorientación que se le suponía. Era mucho más él que el otro, pero sin terminar de serlo; o se había quitado la peluca o el pelo no era el pelo; el pelo del otro era mucho más el pelo del tipo que andaban buscando; pero las orejas del segundo en cambio eran las orejas, igualitas igualitas. Seguía yo en duda, porque no os he hablado de la nariz, la nariz todavía me faltaba. Tardó en llegar, la nariz, la traía el candidato número tres que apareció caminando con un periódico bajo el brazo, se sentó en el único hueco que en el banquito quedaba, nos tuvimos que apretar un poco, noté un cierto fastidio por tanta proximidad entre los que ya estábamos sentados. Los estuve contemplando a los tres largo rato, cruzando algunas miradas, pensando que de su mezcla salía el tipo del retrato, y preguntándome de qué forma se procedería en estos casos. Tuve tiempo todavía de ver aparecer una cuarta versión saliendo de un portal con una bolsa de basura, y todavía una quinta paseando el Pequinés del vecino de abajo; y abstraído como estaba ni tan siquiera me di cuenta de cómo el sospechoso número uno sacaba su teléfono móvil, de cómo decía, “Lo he encontrado, está aquí” de cómo me sujetaban entre todos para retenerme y trataban de tranquilizarme diciéndome que todo iría bien.
Lenisio Dimas





