El cantar de los cantares
Cristianos como eran, Bradley y su novia se esperaron a la noche de bodas. Rodeado de las Montaňas Ozark, esa abrasadora tarde de junio en que el sol parece sobarnos las axilas (como bola de desodorante), y las narices, el joven conducía bastante a gusto, sintiendo la frialdad del aire acondicionado deslizarse por sus manos. Mientras aceleraba, un poco impaciente, pensó en el hotel: tembloroso, imaginó el Cantar de los cantares que le aguardaba. Ya no sería pecado posar sus manos en esos lugares de su esposa que tantas veces había evitado.
Fue en cuestión de segundos. La bondad que lo caracterizaba a ojos de su comunidad lo condujo a un brusco giro de timón para esquivar una inocente ardilla; saltarina, atontada por el calor, pobrecilla, cruzó la hirviente franja de asfalto … el joven terminó sus días con el cráneo destrozado en el nosocomio del pueblo. Jill se sintió la virgen María sin Jesús y sin José el resto de sus días.
La viuda virgen, se dijo Jill, para sí, en la alcoba nupcial, con una sonrisa que sintió le desdibujaba el pecado, al momento en que su segundo esposo, que no había tenido la paciencia de Bradley, pastor también, estaba a punto de salir del cuarto de baño del hotel en Hot Springs, dispuesto a gozar una luna de miel anticipada en más de varias, muchísimas ocasiones.
Nelson Ricardo Ramírez (Perú)
Hoja de afeitar
Yo posaba desnuda, cada día, entre las nueve y el mediodía. Y cada día, un hombre sentado al extremo izquierdo de la primera fila me dibujaba durante tres horas. Luego, exactamente a mediodía, él sacaba de su bolsillo una hoja de afeitar y, sin quitarme los ojos de encima, rasgaba meticulosamente su dibujo. Yo no me atrevía a moverme, yo lo miraba hacer. Enseguida él dejaba el taller, abandonando detrás de sí los pedazos de mí misma. La escena se repitió doce veces. El décimo tercer día no vine a trabajar.
Sophie Calle (ésta es una traducción bastante libre de uno de los textos de esta notable artista francesa aparecido en Des histoires vraies, Actes Sud, 2002.)
Sophie Calle (ésta es una traducción bastante libre de uno de los textos de esta notable artista francesa aparecido en Des histoires vraies, Actes Sud, 2002.)
Guerra avisada
A medianoche escucho que algo rasguña la madera de una de las puertas de mi casa. Me levanto, cojo el palo de escoba que está a mi lado y escucho con atención. Ahí está de nuevo. Me pongo los zapatos, voy hacia la puerta y pego la oreja a ella. Un débil gemido se cuela por las rendijas. Apoyo un hombro sobre la puerta y abro con cuidado, para evitar que alguien se me eche encima empujándola. A la altura de mis rodillas, aparece un par de ojos, borrosos por la oscuridad, que me piden permiso para entrar. Dejo que mi perro pase, pero de todas maneras trato de ver hacia fuera, asomándome por filo de la puerta. No hay nada. Nunca hay.
Luis Gallardo (Perú)
El gigante
Era un tipo de una dimensión desproporcionada, demasiado alto. Con decirte que cuando él quería mirar al cielo tenía que agachar la mirada.
Orlando Mazeyra Guillén (Arequipa, Perú)
Homosapiens
No me gustan las mujeres: tienen el pene muy escondido.
Orlando Mazeyra Guillén (Arequipa, Perú)
Taxi
Algún cliente lo encontró por ahí y lo dejó en recepción pensando que se trataba de uno de las salamandras del acuario. Pero no se parece en nada a una salamandra. Deben haberlo pensado porque ver a un pez fuera del agua, empujándose con las aletas sobre el piso, no es creíble. Es del tamaño de un gato, tiene los ojos saltones y la boca siempre está entreabierta y moviéndose, como la de alguien que trata de recuperar el aliento. A los huéspedes les causa mucha gracia esa cara de desubicado. Ya se ha vuelto una costumbre escucharlo al amanecer arrastrarse por el hall de entrada y verlo acercarse al escritorio de la recepción; entonces si, como ahora, me ha tocado el turno de la noche, lo cojo por la panza y lo pongo sobre el escritorio y le digo una tontería como: “Bueno señor, ha sido un verdadero gusto tenerlo con nosotros y nos apena sobremanera que haya decidido usted retirarse con tanta premura. Si me lo permite, solicitaré un taxi que lo lleve a…”
En este momento juraría que las comisuras de su boca se acaban de torcer hacia arriba.
Luis Gallardo (Perú)
En este momento juraría que las comisuras de su boca se acaban de torcer hacia arriba.
Luis Gallardo (Perú)
Ronca, tú ronca, maldita
Coral ronca por las noches. Coral es muy fácil de voltear cuando ronca por las noches, basta con la yema de dos deditos de nada para ponerla de costado y que cesen sus ronquidos. Es esto algo que me tranquiliza mucho porque pienso que el día que se porte mal, sólo tendré que esperar a que caiga la noche para sacarla rodando de la cama hasta la calle.
Lenisio Dimas, Barcelona.
Nuevas jugadas, nuevos pensamientos
Ante todo, un feliz 2008 a todos. Este año sigue Gambito de peón. La regularidad de los posteos no sólo depende de los envíos de microficciones, sino de la calidad de los mismos. Pero eso quiero agradecer a quienes, a pesar de que no he colocado varias de sus colaboraciones, perseveran en sus envíos, y por ende en su escritura. Muchos lo ha tomado como un reto, no contra mí, por supuesto, sino con la escritura misma. Esto me parece genial.
Este año también quiero agregar más reflexiones en torno a la microficción. En tiempos recientes se vienen publicando algunas teorías sobre la microficción, pero veo que se ahonda más en sus aspectos formales. Me gustaría que alguién reflexione sobre el porqué de este resurgimiento del género (si es que cabe hablar de resurgimiento). Habría que ser ingenuos para creer que se trata de modas o ventajas editoriales. Me aventuro a dar una razón -que ameritará mayor desarrollo, sin duda-. En las últimas décadas del XX se hablaba mucho de la posmodernidad y, en el caso de la narrativa, se destacaba como uno de sus rasgos distintivos la fragmentación. Pues bien, creo que esa práctica llevó, paradójicamente, a muchos escritores a otorgarle cierto cierto carácter autónomo al fragmento. En el fragmento se potenció la libertad expresiva, el sincretismo, narrar, pensar, poetizar, etc. Si vemos un poco más atrás, cosa no muy distinta sucedió con el haiku. Rastreando sus orígenes, se dice que derivó de la última estrofa del tanka. Y ya vemos lo que representa el haiku, y no sólo para la literatura japonesa.
Suelto esta reflexión, muy breve por cierto.
Este año también quiero agregar más reflexiones en torno a la microficción. En tiempos recientes se vienen publicando algunas teorías sobre la microficción, pero veo que se ahonda más en sus aspectos formales. Me gustaría que alguién reflexione sobre el porqué de este resurgimiento del género (si es que cabe hablar de resurgimiento). Habría que ser ingenuos para creer que se trata de modas o ventajas editoriales. Me aventuro a dar una razón -que ameritará mayor desarrollo, sin duda-. En las últimas décadas del XX se hablaba mucho de la posmodernidad y, en el caso de la narrativa, se destacaba como uno de sus rasgos distintivos la fragmentación. Pues bien, creo que esa práctica llevó, paradójicamente, a muchos escritores a otorgarle cierto cierto carácter autónomo al fragmento. En el fragmento se potenció la libertad expresiva, el sincretismo, narrar, pensar, poetizar, etc. Si vemos un poco más atrás, cosa no muy distinta sucedió con el haiku. Rastreando sus orígenes, se dice que derivó de la última estrofa del tanka. Y ya vemos lo que representa el haiku, y no sólo para la literatura japonesa.
Suelto esta reflexión, muy breve por cierto.





