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GAMBITO DE PEÓN (El Cuento Breve)
El espacio para tus brevísimos y casi invisibles cuentos. Aquí no hay jugada imposible.
Acerca de
Dirigido por Ricardo Sumalavia. Las colaboraciones se recibirán en la dirección: rsumala@yahoo.com Los cuentos no deben exceder las 500 palabras.
Sindicación
 
Sobre el microcuento
Si para el escritor Julio Cortázar el cuento ganaba por knock-out, la ficción breve no gana, sólo es un contradictorio y placentero golpe sostenido.
 
La colección

Paseaba yo por la feria de cosas usadas cuando descubrí la colección de discos, todos de la misma época y de dos autores. Tras cierto regateo, me llevé las obras de Jobim y de Chopin.
Llegué a mi casa ávido por escuchar la reciente adquisición y empecé a paladear disco tras disco durante toda una tarde exquisita. Descubrí, con curiosidad, que todos los discos de Chopin sonaban peor que los de Jobim. Eso no me molestó porque realmente mi favorito era este último. Sin embargo, me puse a pensar en el detalle y supuse que seguramente el mal sonido de los discos de Chopin se debiera a que éste fuera el compositor favorito del anterior dueño. Supe que mi uso dañaría más a Jobim. Me di cuenta de que el futuro comprador oiría mejor a Chopin. Pensé que un día un comprador podría escuchar sólo a uno de los dos y que el siguiente cliente sería estafado por un feriante más eterno que la buena música.

Ignacio Fernández de Palleja (Uruguay)
 
Todos los nombres

Nada de lo que decía aquel presidente se cumplía. Un día, rebelado en contra de su destino, dijo:
-Esto es así como que me llamo Alberto... –y vaciló al ver que lo que se decía se transformaba en una falsedad, tras lo cual se corrigió- Juan Carlos –lo que dio lugar a una nueva corrección- Osvaldo..., Roberto..., Richard...
La transmisión televisiva siguió por un rato mostrando los cambios de nombre del mandatario, hasta que tuvo que cortarse por motivos comerciales. Se corrieron rumores de que el presidente siguió adjudicándose sucesivos nombres falsos hasta que fue vencido por el sueño. Se extendió la teoría de que tenía infinitos nombres, por lo que la masa creyó que era Dios. Lo reeligieron.

Ignacio Fernández de Palleja (Uruguay)

 
El cuento perfecto

En pleno atardecer de un verano, aquel año un hombre ojeroso miraba el mar. Era el tercer día sin probar alimento y estaba cansado de pensar en cómo escribir un cuento perfecto. Entonces escribió su nombre sobre la arena humeda. Apenas si pudo reconocerse en ese nombre. Le parecía otro nombre, otro mar. Sorpredido meditaba en ello. Hasta que una ola inmensa y vigorosa innundó toda la playa.

Wilmer Molina. (Perú)