La broma
Siempre fue un bromista. Incluso el día en que se atoró con una aceituna negra y se puso a hacer muecas de asfixia todos rieron a carcajadas. Al menos durante un par de minutos.
Lily Castillo, Perú
Vapores
Cuando salió de la ducha, ese hombre horrible ya no estaba parado frente a él, mirándolo. Es lo bueno de tomar duchas calientes, pensó. El vapor empaña el espejo.
Lily Castillo, Perú
Mutis
Leo el periódico en un restorán y de pronto un muchacho de unos veinte años se acerca y toma mi portafolios. Levanto la mirada para ver qué ocurre. Él me sonríe, saca una hoja de afeitar antigua del bolsillo, se corta el antebrazo varias veces y me dice: "¡A ver, pues, viejo de mierda, qué me vas a hacer!" Sin dejar de mirarlo, suspiro largamente. Acto seguido suelto el periódico, tomo el cuchillo para mantequilla que está sobre la mesa, me corto la cabeza de cuajo y la dejo frente a él. Luego de unos segundos de incredulidad, el chico huye despavorido. Llamo al mozo para que retire mi cabeza, y, mientras acomodo el periódico para volver a la página que estaba leyendo, no puedo evitar soltar la frase "mocoso insolente" por la abertura de mi garganta. Entonces me doy cuenta de que en su huida el chico se llevó mi maletín, que allí tenía todo mi dinero, que no voy a poder pagar la cuenta, que no hay forma de que regrese a casa y que voy a tener que pedirle al mozo algo de plata para no tener que pasar la noche en el parque. Vierto lo que queda del café sobre mi cuello y luego observo atentamente la taza vacía, en silencio, sintiéndome un perfecto imbécil.
Luis Gallardo, Perú





